Depresión: en 2020 será la principal causa de discapacidad en México
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Depresión: en 2020 será la principal causa de discapacidad en México

Newsweek en Español entrevistó a los científicos que recientemente encontraron los genes de esta enfermedad que, como problema de salud mental pública, será el principal reto de sanidad en la próxima década.
Por Elizabeth C. Velázquez y Manuel Lino/ @DanielleLupin @manuelino_ / Newsweek en Español
22 de julio, 2018
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Los informes policiales recabados por agencias informativas internacionales como Associated Press reportaron que tanto el chef Anthony Bourdain, como la diseñadora de modas Kate Spade se ahorcaron. Luego de que se supo de su muerte, personas cercanas a ambos se atrevieron a hablar de la tristeza y desolación que sufrían.

La actriz Rose McGowan escribió que el chef había pedido ayuda médica antes de quitarse la vida, pero que no había hecho caso de las recomendaciones. En tanto que el esposo de la diseñadora reconoció públicamente que su esposa sufría de caídas emocionales fuertes y que estaba lidiando con ello.

La Organización Mundial de la Salud pronostica que para el año 2020 la depresión será la segunda causa de discapacidad en el mundo, y la primera en países en vías de desarrollo como México.

No es exagerado decir que hay una epidemia mundial de depresión. Este es, sin duda, un término poco usual para un problema de salud mental pero, por mucho que queramos considerar que este tipo de padecimientos “se cuece aparte”, la verdad es que, desde mayo de este año, se sabe que la depresión tiene características similares a enfermedades como el cáncer o la diabetes tipo II: existe una predisposición genética que se desencadena por factores medioambientales.

No solo eso, el más extenso estudio de genética de la depresión que se ha hecho encuentra que todos los humanos tenemos, en mayor o menor medida, factores genéticos de riesgo del Trastorno Depresivo Mayor o TDM.

VARIANTES GENÉTICAS

En mayo pasado se publicó en la revista Nature un metaanálisis genético, coautoría de alrededor de 300 científicos de 161 instituciones de diversos países, donde se comparan los resultados de estudios realizados en 135,458 casos de TDM y 344,901 controles.

El resultado fue que se encontraron nada menos que 44 genes asociados directamente a la depresión. Treinta de ellos no se conocían antes. Además, hallaron otros 153 que pueden tener cierta influencia en el padecimiento.

En ese sentido, preguntarse por el riesgo de padecer depresión “es como preguntarse qué tan altos somos. Todos tenemos ciertos genes que determinan qué tan altos somos. La depresión es más compleja, pero hay tantos componentes genéticos que es imposible no tener algunos de ellos. La pregunta es, entonces, cuántos tienes”, comenta a Newsweek en Español Gerome Breen, investigador del Departamento de Genética Social y Psiquiatría del Desarrollo del King’s College de Londres y uno de los coautores principales del estudio.

Hasta antes de este metaanálisis, aunque existían diversos indicios de la gran importancia que tienen los genes en el desarrollo del TDM, no había sido posible demostrarla. Se pensó que esto probablemente se debía a que “hay muchos genes involucrados, cada uno de los cuales tiene poca influencia”. Se requería de una gran cantidad de personas; medio millón fueron suficientes.

“Pasamos diez años trabajando en esto, invitamos a los investigadores de todos los centros clínicos y de investigación que pudimos para que compartieran sus datos con nuestro estudio”, comenta la investigadora en genética estadística Cathryn Lewis, de la División de Medicina Genética y Molecular del King’s College de Londres y otra de las coautoras principales del estudio.

Y después de tanto trabajo, la primera conclusión del artículo es aparentemente simple y hasta boba: “La depresión mayor es un trastorno cerebral”.

“¿Significa esto que no solo se trata de un trastorno de las emociones sino del cerebro como órgano?”, le preguntamos a la Dra. Lewis.

Su respuesta es afirmativa. “La genética que encontramos es una de las muy pocas evidencias sólidas que existen de que la depresión es un trastorno del cerebro. Mostramos que las variantes genéticas que encontramos tienen impacto en el cerebro, en especial en las neuronas”. Es decir, se trata de un problema biológico.

Imagen: Adobe Stock

CARGA EXCESIVA

Tampoco hay duda de que la salud mental pública será el principal reto de sanidad que deberán enfrentar la mayoría de los países en la próxima década.

Según cifras de la Organización Mundial de Salud (OMS) dadas a conocer en 2016, “los trastornos mentales comunes están en aumento en todo el mundo. Entre 1990 y 2013, el número de personas con depresión o ansiedad ha aumentado en cerca de un 50 por ciento, de 416 millones a 615 millones. Cerca de 10 por ciento de la población mundial está afectado, y los trastornos mentales representan un 30 por ciento de la carga mundial de enfermedad no mortal”.

En México, estos padecimientos ocupan el cuarto lugar en complicaciones médicas, y la depresión es uno de los más frecuentes.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) señala que 29.9 por ciento de los habitantes mayores de 12 años sufren algún nivel de depresión ocasional, mientras que 12.4 por ciento los experimenta de manera frecuente.

Además, la depresión es el principal problema en materia de salud mental pública por ser el principal padecimiento que afecta a las personas de entre 14 y 35 años y, sobre todo, por ser la primera causa mundial de suicidio y la cuarta como discapacidad, en relación con la pérdida de años de vida saludable.

En México estas cifras son aún más alarmantes, ya que la posiciones escalan hasta convertirse en la primera razón para el deterioro en la calidad de vida entre mujeres y la novena para los hombres. Las estadísticas también señalan que tan solo en 2016 se registraron 6,370 suicidios en el país.

La depresión está ligada también a otros trastornos como la ansiedad o el consumo de sustancias adictivas y es la principal enfermedad afectiva entre pacientes con enfermedades crónico-degenerativas como el cáncer o la diabetes.

Es importante mencionar que la depresión, además de afectar las funciones físicas, mentales y sociales de quien la padece, produce niveles importantes de discapacidad. Se calcula que las personas con alguna de las variantes de esta enfermedad pierde en promedio 2.7 días más de trabajo que aquellas mentalmente sanas.

A pesar del fuerte impacto que tiene esta enfermedad en México, el número de personas que no sabe que la padece es muy alto, debido a que la desestima, tarda en buscar la asistencia adecuada o, cuando la busca, no la encuentra.

ASÍ SE COMPORTA

Lo primero que se debe saber sobre la depresión es que se trata de una enfermedad clínica severa y que va más allá de solo “sentirse triste” por algunos días.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos (NIMH, por sus siglas en inglés), aunque los síntomas pueden ser muy variados, existen signos de alerta que pueden llevar a la confirmación de este padecimiento mental, entre ellos está el agotamiento físico extremo, la hipersomnia alternada con periodos de insomnio prolongado, dolor crónico y alteraciones bruscas del humor.

Existen diversas herramientas para determinar si se padece depresión y en qué grado. Son pruebas que deben ser aplicadas por un especialista en salud mental.

La depresión tiene diversos tipos y grados, e incluso puede presentarse junto con otras enfermedades mentales. Los cuadros más frecuentes se asocian a cambios bruscos en las rutinas, como el nacimiento de un hijo, o bien a cambios de clima, o a lugares con pocas horas de sol al día; los más graves se asocian a la violencia, el maltrato o el estrés causado por situaciones “como perder el trabajo, tener una niñez complicada, divorcios, la muerte de un ser querido, la mala salud”, comenta la Dra. Lewis.

También se puede experimentar depresión recurrente durante diversas etapas de la vida, e incluso puede convertirse en una enfermedad crónica. Cuando este padecimiento alcanza sus mayores grados puede llegar a fases psicóticas.

La distimia, o trastorno depresivo persistente, es uno de los niveles más avanzados de esta enfermedad, y se cree que está profundamente relacionado con factores genéticos. Igual que, como ahora sabemos, el trastorno depresivo mayor.

En cualquiera de sus grados o formas, la depresión afecta el ambiente laboral o escolar de quien la padece, e incluso tiene repercusiones en los lazos afectivos que se forman.

ANTIDEPRESIVOS, ¿SÍ O NO?

La verdad es que se sabe poco sobre qué es, a nivel del funcionamiento cerebral, lo que provoca la depresión. Hasta ahora, se sabe a grandes rasgos que está relacionada con neurotransmisores como la serotonina, la norepinefrina, y la dopamina.

Cada una de estas sustancias tiene un papel particular en el funcionamiento del cerebro. La noradrenalina, por ejemplo, cumple una función excitatoria; la serotonina y la dopamina tienen que ver con las sensaciones de bienestar, placer, la motivación y el deseo.

Los medicamentos antidepresivos modifican la forma de actuar de alguno de estos neurotransmisores en el cerebro. Los más comunes son los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, ya que no presentan efectos secundarios graves y logran producir un mayor nivel de esta sustancia en el cerebro.

Sin embargo, la farmacología de los padecimientos mentales es aún incierta y varía mucho de paciente a paciente sin que se sepa bien por qué. De acuerdo con el Royal College of Psychiatrists, después de tres meses de tratamiento con antidepresivos, las personas mejoran entre un 50 por ciento y un 65 por ciento, lo que no es mucho mejor que la mejora que experimentan si reciben placebos, que es entre 25 y 30 por ciento.

Es importante señalar que la utilización de estos medicamentos pocas veces causa adicción, pero que interrumpir el tratamiento puede causar recaídas graves o cuadros más complicados.

ESTIGMA DE LA SALUD MENTAL

Uno de los obstáculos más grandes para la salud mental es el estigma que rodea a las enfermedades psiquiátricas. Los enfermos mentales deben enfrentar no solo las complicaciones de su padecimiento, también sufren de marginación social, económica y laboral.

Entre los principales retos que afrontan las personas mentalmente enfermas destacan la falta de oportunidad laboral, problemas interpersonales, dificultades para acceder a servicios de salud mental pública y la difusión constante de estereotipos a través de los medios de comunicación masiva.

Sumado a los retos de estos trastornos, muchos pacientes psiquiátricos también deben lidiar con la falta de apoyo en el entorno social y familiar. La idea general de que los padecimientos mentales son menores o que pueden curarse con solo desearlo, con “echarle ganas”, es a menudo una fuente más de estrés y frustración para muchos enfermos y dificulta que busquen la ayuda que tanto necesitan.

Este hecho puede ayudar a explicar, por ejemplo, por qué en todos los países hay más mujeres con diagnóstico de depresión. Según el estudio publicado en Nature, la diferencia no está, para nada, en la genética; “muy probablemente lo que sucede es que los hombres están en ambientes más estresantes y no suelen reportar su depresión ni buscar ayuda”, comenta Gerome Breen.

Además, la depresión no viene sola. “Sabemos que hay familias que tienen padecimientos psiquiátricos y que se presentan como una mezcla: si alguien tiene TDM, entonces los otros miembros de su familia pueden tener ese u otros trastornos. Los problemas de salud mental son lo que llamamos poligénicos, están causados por cientos y quizá hasta miles de variantes genéticas, y algunas de ellas probablemente son similares en diversos padecimientos”.

Así, en el metaanálisis se encontró que la carga genética que aumenta el riesgo de padecer TDM está también relacionada con esquizofrenia, ansiedad, desorden bipolar, el trastorno de déficit de atención e hiperactividad y la anorexia nerviosa.

También encontraron relaciones cercanas con fenómenos externos que no son enfermedades mentales, como haber fumado o la edad de la primera menstruación. Los más significativos fueron el peso corporal (que no se esperaba), el insomnio y hasta el número de años de educación.

Para colmo, el estigma de las enfermedades mentales se da también en el orden macroeconómico. A pesar de las cifras y de contar con un programa de acción específico de atención en salud mental, los recursos asignados en México a atender esta área representan apenas el 2 por ciento del presupuesto federal en materia de salud.

NO TODO ES DEPRIMENTE

Ante tan oscuro (y, bueno, deprimente) panorama, conviene señalar que la finalidad de estos grandes estudios, el de la OMS y el publicado en Nature, no es aumentar nuestro estrés, sino ayudar a encontrar salidas.

Tanto Lewis como Breen opinan que haber localizado los genes asociados a la depresión permitirá empezar a encontrar las bases biológicas de la depresión y a entender qué sucede en el cerebro deprimido. Esto permitirá, eventualmente, tener mejores herramientas para tratar la enfermedad e incluso para prevenirla.

Pero eso puede tardar 10, 20 o 30 años. Hay muchas cosas que se pueden hacer mientras tanto.

Lewis explica que “aunque haya predisposición genética, el ambiente es crucial en el desarrollo de la depresión. Por estudios de gemelos sabemos que los genes aportan alrededor del 40 por ciento del riesgo y el otro 60 por ciento proviene del ambiente y, afortunadamente, el medio ambiente puede ser modificado” ya sea a escala gubernamental, con políticas públicas, pero también a niveles más cercanos, en el lugar de trabajo, en lo familiar y lo individual.

A escala de política pública, “si solo se pudiera hacer una cosa para combatir la depresión, esa tendría que ser asegurarse de que la gente tenga acceso a ayuda clínica. Hay muchas personas que no tienen diagnóstico, ni acceso al tratamiento que necesitan”, dice Lewis.

Si se pudieran hacer más cosas, “habría que reducir la pobreza, la drogadicción, asegurarse de que hay buenas escuelas, atender la salud física”, dice Breen. “Hay que tener en cuenta que la depresión no siempre es un problema menor, puede haber casos tan severos en términos de su impacto sobre el individuo como con cualquier otro desorden psiquiátrico”, agrega.

Para que esas grandes medidas lleguen algún día a llevarse a cabo, más que el incentivo de mitigar las pérdidas por ausentismo laboral, la OMS ofrece otro: evitar las enormes pérdidas que ya se tienen.

El costo financiero de las enfermedades mentales en países en vías de desarrollo equivale al 4 por ciento del producto interno bruto (PIB) del país, esto sin añadir la pérdida de productividad laboral que se da como consecuencia de estos padecimientos.

Pero se calcula que los países (sean de ingresos bajos, medios o altos) que durante 15 años inviertan en tratamientos para la depresión (principalmente en asesoramiento psicosocial y los medicamentos antidepresivos), tendrían un rendimiento de alrededor de 400 por ciento, entre las mejoras en productividad laboral y salud de los habitantes.

Y este mismo rendimiento, sigue la OMS, se puede obtener en las empresas si dejan de llevar a cabo prácticas que estresan a sus trabajadores, como políticas inadecuadas de seguridad y protección de la salud; prácticas ineficientes de gestión y comunicación; escaso poder de decisión del trabajador; bajo nivel de apoyo a los empleados y falta de claridad en las tareas y objetivos.

A escala personal, hay muchas recomendaciones, hacer ejercicio, comer saludablemente, tener redes de apoyo de amigos y familiares, pero quizá la principal es animarse a preguntar y pedir ayuda. Tal como lo haríamos si tuviéramos cáncer o diabetes.

“Aquí no hay nadie a quien culpar, sino al estigma de la soledad, al estigma de pedir ayuda, al estigma de la enfermedad mental. Debemos hacer más y ser mejores. Anthony, nuestro amigo, lo querría de esa manera”, declaró la actriz y amiga del chef, Rose McGowan.

 

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El país que rechaza la vacuna contra la COVID-19 y dice que "no hay coronavirus"

El gobierno de Tanzania lleva meses insistiendo en que el país está libre de covid-19, por lo que no hay planes de vacunación. La BBC habló con una familia que lamenta la muerte de un hombre que pudo haber tenido la enfermedad.
8 de febrero, 2021
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Una semana después de que Peter (no es su verdadero nombre) llegara a casa del trabajo con tos seca y sin sentido del gusto, lo llevaron al hospital. Murió en cuestión de horas.

No le habían hecho la prueba de COVID. Y según el gobierno de Tanzania, que lleva meses sin publicar datos sobre el coronavirus, el país está “libre de COVID-19″.

En este país de África Oriental hay pocas pruebas y tampoco hay planes para un programa de vacunación.

Es casi imposible calcular el verdadero alcance del virus y solo una pequeña cantidad de personas pueden hablar oficialmente sobre el tema.

Pero declaraciones públicas recientes insinúan una realidad diferente a la presentada por el gobierno, en un momento en que algunos ciudadanos, como la esposa de Peter, lamentan en silencio la muerte de miembros de la familia sospechosos de haber tenido el virus.

funcionarios de Tanzania

BBC
La ministra de Salud, Dorothy Gwajima (centro), dio una conferencia de prensa para demostrar cómo hacer un batido de verduras que, según dijo, sin proporcionar pruebas, protegería contra el coronavirus.

Varias familias de Tanzania han tenido experiencias similares pero han optado por no hablar, por temor a represalias del gobierno.

Mientras tanto, el gobierno británico ha prohibido la entrada en el país a todos los viajeros que lleguen desde Tanzania, y Estados Unidos advirtió que no se viaje al país debido al coronavirus.

Una campaña negacionista

Desde junio del año pasado, cuando el presidente John Magufuli declaró el país “libre de COVID-19”, él y otros altos funcionarios del gobierno se han burlado de la eficacia de las mascarillas, cuestionado que las pruebas de detección funcionen y se han reído de países vecinos, que han impuesto medidas sanitarias para frenar el virus.

Magufuli también advirtió, sin proporcionar ninguna evidencia, que las vacunas contra el coronavirus podrían ser dañinas y, en cambio, instó a los tanzanos a usar la inhalación de vapor y medicamentos a base de hierbas, ninguno de los cuales ha sido aprobado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como tratamiento.

El presidente Magufuli

Reuters
El presidente Magufuli es un escéptico del coronavirus y las vacunas.

No está claro por qué el presidente ha expresado tanto escepticismo sobre las vacunas, pero recientemente dijo que los tanzanos no deberían ser utilizados como “conejillos de indias”.

“Si el hombre blanco pudo inventar las vacunas, ya debería haber encontrado una vacuna para el sida, el cáncer y la tuberculosis“, dijo Magufuli, quien a menudo se presenta a sí mismo como un oponente al imperialismo occidental.

La OMS no está de acuerdo

“Las vacunas funcionan y animo al gobierno a prepararse para una campaña de vacunación contra la COVID”, dijo el Doctor Matshidiso Moeti, director para África de la OMS.

El médico agregó que la organización está lista para apoyar al país.

Cabina de inhalación de vapor

AFP
Las autoridades dicen a los tanzanos, sin proporcionar pruebas, que el vapor les ayuda a protegerse contra el coronavirus.

Pero la ministra de Salud, Dorothy Gwajima, reiteró la postura de Magufuli sobre las vacunas, y agregó que el ministerio tenía “su propio procedimiento sobre cómo recibir los medicamentos, y lo hacemos tras estar satisfechos con el producto”.

Hizo esos comentarios en una rueda de prensa esta semana en la que un funcionario demostró cómo hacer un batido con jengibre, cebollas, limones y pimienta; una bebida que ayudaría a prevenir la contagio del coronavirus, dijeron sin proporcionar pruebas.

“Debemos mejorar nuestra higiene personal, lavarnos las manos con agua corriente y jabón, usar pañuelos, vapor de hierbas, hacer ejercicio, comer alimentos nutritivos, beber mucha agua y remedios naturales con los que está dotada nuestra nación“, insistió Gwajima.

Pero esto, dijo, no porque el virus esté en el país. Los tanzanos deben estar preparados porque el virus está “asolando” a los países vecinos, acotó.

Escepticismo

Algunos médicos del país se muestran escépticos sobre la postura del gobierno.

“El problema aquí es que el gobierno les está diciendo a los tanzanos que la mezcla de vegetales, que tiene beneficios nutricionales, es todo lo que necesitan para mantener a raya al coronavirus, pero no es el caso”, le dijo a la BBC un médico local que habló de forma anónima, y agregó que la gente debe tomar precauciones contra el virus.

Pero la doctora Gwajima, el presidente y otros tres altos funcionarios son los únicos que pueden dar información sobre la COVID-19 en el país, según una directiva de Magufuli.

En una medida sin precedentes, sin embargo, los líderes de la Iglesia católica en el país rompieron su silencio recientemente y advirtieron al público que cumpla las medidas de salud para frenar la propagación del virus.

“La COVID no ha terminado, está aquí. No seamos imprudentes, tenemos que protegernos, lavarnos las manos con agua y jabón. También tenemos que volver a usar mascarillas”, dijo Yuda Thadei Ruwaichi, obispo de Dar es Salaam, la ciudad más poblada de Tanzania.

El secretario de la Conferencia Episcopal de Tanzania, Charles Kitima, le dijo a BBC que la iglesia ha observado un aumento en los servicios funerarios en las áreas urbanas.

Un oficial de seguridad dispensa agua clorada a un pasajero en el Hospital Nacional Muhimbili en Dar es Salaam.

AFP
Los funcionarios fomentan el lavado de manos y un estilo de vida saludable para prevenir las infecciones por coronavirus, pero niegan que haya infecciones en el país.

“Estábamos acostumbrados a tener una o dos misas de réquiem por semana en parroquias urbanas, pero ahora tenemos ceremonias diarias. Definitivamente, algo anda mal“, dijo.

La ministro de Salud dijo que ese tipo de declaraciones son alarmistas. La falta de datos oficiales hace que sea difícil que haya una discusión pública informada.

“Usen mascarillas – y no solo por el coronavirus”

No obstante, el gobierno de Tanzania no niega por completo el coronavirus. Hubo momentos en los que incluso pareció reconocer que el virus podría existir en el país.

En enero, días después de que Dinamarca informara que dos de sus ciudadanos que visitaron Tanzania dieron positivo por la variante sudafricana más transmisible del virus, Magufuli culpó a los tanzanos que viajan al extranjero por “importar un nuevo y extraño coronavirus.

Mchembe visitando pacientes

Ministerio de Salud de Tanzania/ Twitter
Mabula Mchembe (dcha.), del Ministerio de Salud, dijo que los pacientes del país con problemas respiratorios no tienen covid-19.

Después de visitar dos hospitales, Mabula Mchembe, secretario permanente del Ministerio de Salud, dijo que los pacientes con problemas respiratorios padecían hipertensión, insuficiencia renal o asma, en lugar de coronavirus.

Pero una declaración posterior en la cuenta de Twitter del Ministerio de Salud de que “no todos los pacientes ingresados en el hospital tienen coronavirus”, dio a entender que había algunos entonces que sí tenían el virus.

El viernes se informó en el sitio de noticias Mwananchi que Mchembe alentó a la gente a usar mascarillas “no por el coronavirus, como algunos piensan, sino para prevenir enfermedades respiratorias”.

Pero un hecho que ha complicado la posición del gobierno es el anuncio público del partido de la oposición ACT Wazalendo de que uno de sus altos funcionarios, Seif Sharif Hamad, y su esposa, dieron positivo del virus.

El gobierno no ha hecho declaraciones públicas sobre la condición de Hamad, ni ha respondido a las repetidas solicitudes de comentarios de la BBC para este artículo.

El líder opositor tanzano Maalim Seif Sharif Hamad (izq.) tomando precauciones en su saludo para evitar la dispersión del virus en Zanzíbar, Tanzania, el 3 de marzo de 2020.

AFP
El líder opositor tanzano Maalim Seif Sharif Hamad (izq.) saludando con el pie en Zanzíbar, Tanzania, el 3 de marzo de 2020.

El 21 de enero, el día en que Peter comenzó a sentirse mal, una noticia local cobró mucha repercusión en todo el país.

Los administradores de una conocida escuela internacional se retractaron de un comunicado en el que anunciaron que no ofrecerían más clases físicas a uno de sus grupos porque un estudiante dio positivo en coronavirus.

La retractación se produjo después de que la dirección se reuniera con las autoridades gubernamentales de la región, informó el sitio de noticias The Citizen.

La escuela dijo que lamentaba la “circulación de información falsa” y que continuaría con las operaciones con normalidad.

Esta sensación de seguir adelante como si nada hubiera ocurrido es lo que el gobierno ha estado alentando, pero la esposa de Peter se lamenta de que, como tanto otros tanzanos, ella y su difunto esposo no tomaran precauciones para protegerse.

Su falta de cautela no sorprende, dado que el presidente y otros altos funcionarios del gobierno han enfatizado continuamente que “no hay coronavirus en el país.


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