Un menor migrante sin acompañantes: así llegó a EU el abuelo de Donald Trump
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Un menor migrante sin acompañantes: así llegó a EU el abuelo de Donald Trump

No sabía inglés y también, como tantos otros inmigrantes, fue acogido durante varios años en la casa de una hermana mayor que se había instalado en Estados Unidos antes que él.
21 de julio, 2018
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Parecía un inmigrante como cualquier otro. Llegó a Nueva York luego de un largo y duro viaje de varios días con la intención de buscar fortuna para enviar dinero a la familia -madre y cuatro hermanos- que había dejado en su pueblo natal.

No sabía inglés y también, como tantos otros inmigrantes, fue acogido durante varios años en la casa de una hermana mayor que se había instalado en Estados Unidos antes que él.

Su legado, sin embargo, sería muy distinto al de otros. 122 años después de su llegada al centro de Castle Garden, en el extremo sur de Manhattan, su nieto se convertiría en el 45º presidente de Estados Unidos: Donald Trump.

Un emigrante económico

Friedrich Trump (o Trumpf, como fue registrado su apellido al llegar al nuevo continente) tenía 16 años de edad cuando el 19 de octubre de 1885 contempló por primera vez la bahía de Nueva York, donde por entonces aún se estaba ensamblando la Estatua de la Libertad.

Centro de Castle Garden.

Getty Images
Ubicado en el extremo sur de Manhattan, Castle Garden era el principal centro de llegada de inmigrantes a Nueva York antes de la apertura de Ellis Island.

Había hecho una travesía de unos 10 días desde la ciudad de Bremen a bordo del barco de pasajeros S.S. Eider.

Tenía un billete de steerage, una categoría equivalente a tercera clase, lo que significa que no disponía de un cuarto sino que viajaba en un espacio abierto en el que estaban todos los pasajeros juntos sin nada de privacidad.

“Tenía un catre para dormir y, en los días en los que el mar estaba en calma, recibía una comida. Nada sofisticado”, cuenta a BBC Mundo Gwenda Blair, autora del libro The Trumps: Three Generations of Builders and a President (Los Trump: tres generaciones de constructores y un presidente).

Es poco probable que hubiera sido un viaje agradable.

Los pasajeros que viajaban en esa categoría pasaban casi dos semanas encerrados en un área sin baños, ni duchas, ni nada. Y cuando se mareaban, vomitaban en el sitio, algo que, según Blair, explica el hecho de que en aquella época se hablara con frecuencia del mal olor que tenían los recién llegados.

Trump viajaba solo, sin la compañía de ningún adulto, pero tenía un claro propósito.

“Era un inmigrante económico. No hace falta adivinarlo porque él dijo que emigró para ganar dinero para ayudar a su madre. Él y su hermana mayor enviaban remesas“, agrega la biógrafa, quien señala que luego otra hermana seguiría los pasos de ambos.

La familia tenía algunas tierras en Kallstadt, un pequeño pueblo vinícola que entonces tenía menos de 1.000 habitantes, pero quedaron con grandes deudas cuando el padre murió.

Imagen actual de Kallstadt.

Getty Images
La localidad de Kallstadt, en Baviera, tenía menos de 1.000 habitantes cuando Frederick Trump emigró a Estados Unidos.

Ante las dificultades para pagar las cuentas y alimentar tantas bocas, Katherine, la madre de Friedrich lo envió a una ciudad cercana a aprender el oficio de barbero.

Luego de dos años y medio, trabajando siete días a la semana de sol a sol para pagar por su entrenamiento y manutención, el joven regresó a su pueblo solo para descubrir que Kallstadt era un pueblo demasiado pequeño como para necesitar otro barbero.

Enfrentado a un futuro poco promisorio y a la perspectiva de tener que prestar el servicio militar durante tres años, el joven optó por irse de casa una noche rumbo al nuevo mundo, dejando una nota a su madre en la que explicaba sus razones.

Minar a los mineros

Al llegar a Nueva York, Friedrich fue recibido por su hermana Katherine y por el marido de esta, Fred Schuster, también nativo de Kallstadt, quienes le acogieron en su casa en el Lower East Side de Nueva York.

“Entonces era una zona de la ciudad muy poblada por inmigrantes, en la que se hablaban muchos otros idiomas además del inglés, principalmente alemán. Sería como lo que hoy es el Harlem hispano para alguien que venga de El Salvador”, comenta Blair.

Lower East Side de Nueva York a finales del siglo XIX.

Getty Images
A finales del siglo XIX, el Lower East Side de Nueva York era una zona muy poblada por multitud de inmigrantes que hablaban distintas lenguas.

Luego de trabajar como barbero esos primeros años, Friedrich abandona Nueva York para probar suerte en el noroeste.

Primero, se estableció en Seattle, donde en 1892 votó por primera vez en unas elecciones presidenciales, justo después de haberse convertido en ciudadano estadounidense.

En aquel entonces, el trámite de naturalización era extremadamente sencillo: solo se requería haber vivido 7 años en el país y aportar el testimonio de alguien que diera fe de que el aspirante tenía “un buen carácter”.

Al nacionalizarse, también aprovechó para cambiarse el nombre. A partir de ahora se llamaría: Frederick Trump.

En Seattle también cambió de actividad económica, dejando el trabajo como barbero para dedicarse a abrir restaurantes y pequeños hoteles para atender a la gran cantidad de personas que estaban llegando a esa zona del país.

“Durante los siguientes 8 años, abrió varios locales de comida. Primero en Seattle y, luego, en el Yukón, en varias poblaciones donde se vivía la fiebre del oro. Él hizo lo que se llamaba ‘minar a los mineros’.

Nunca trabajó en las minas sino que prestaba servicios a quienes lo hacían. Por eso se mudaba a los sitios donde ellos estaban”, comentó Blair.

Comercios para atender a los mineros en el Yukón.

Getty Images
Trump aprovechó la fiebre del oro para ganar dinero ofreciendo servicios a los mineros en el Yukón.

“Le terminó yendo muy bien. Cuando se fue del Yukón en el año 1900 tenía una fortuna que valdría el equivalente a unos US$500.000 en la actualidad”, agregó.

Rico y deportado

Convertido en un hombre acaudalado, Trump regresó por primera vez en 15 años a Kallstadt, donde conoció a Elizabeth Christ, la hija de un vecino de la casa familiar que era 11 años menor que él.

En agosto de 1902, la pareja se casó y se mudó a Nueva York, donde nació su primera hija y Frederick volvería a trabajar como barbero y como gerente de un hotel y restaurant.

Pero Elizabeth extrañaba Alemania por lo que en 1904 retornaron allí con la intención de establecerse definitivamente.

Elizabeth Christ y Frederick Trump.

Getty Images
Los abuelos paternos de Donald Trump emigraron a Estados Unidos procedentes de Alemania.

Las cosas, sin embargo, no resultaron como estaba previsto.

En 1905, Frederick recibió una carta de las autoridades de Baviera en la que negaban su petición de repatriación y le ordenaban abandonar el país en el plazo de ocho semanas.

¿La razón?

Consideraban que su viaje a Estados Unidos, ocurrido 20 años antes, tuvo como objetivo evadir el servicio militar obligatorio, una falta que tenía como castigo la pérdida de la ciudadanía alemana.

Además, había incumplido con la obligación de notificar a las autoridades su intención de ausentarse del país.

Desesperado, Frederick escribió una carta dirigida a Leopoldo, príncipe regente de Baviera, en la que le rogaba que les permitiera permanecer en el país.

En el texto contaba cómo se había hecho rico en Estados Unidos y cómo sus vecinos de Kallstadt “se alegraron de haber recibido a un ciudadano capaz y productivo”.

“¿Por qué deberíamos ser deportados? Esto es muy, muy duro para una familia. ¿Qué pensarán nuestros conciudadanos si personas honestas tienen que hacer frente a semejante decreto, sin mencionar las grandes pérdidas económicas que ocasionará?”, escribió Trump.

Sus ruegos fueron en vano.

Para junio de 1905, ya estaban de vuelta en Nueva York.

Donald Trump y su padre, Fred Trump.

Getty Images
Fred Trump, el padre del actual presidente de EE.UU., nació poco después de que la familia tuviera que abandonar Alemania.

Poco después nacería Frederick Christ Trump, el padre del actual presidente de Estados Unidos.

Tras el regreso, Frederick volvió a trabajar como barbero durante un tiempo hasta que inició un pequeño negocio de bienes raíces.

Frederick Trump.

Getty Images
Frederick Trump falleció en 1918 por una epidemia de gripe.

Comenzó a comprar terrenos y pequeñas propiedades en Queens, una zona de la ciudad que rápidamente se urbanizaría en los años siguientes y que sería la semilla del futuro imperio inmobiliario que él no pudo desarrollar al morir víctima de una epidemia de gripe en 1918.

Había llegado al país con una maleta y un billete de tercera clase.

Ahora dejaba a su familia bien acomodada. Como inmigrante había cumplido su sueño americano.


 

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Cuartoscuro

IMSS anuncia programa de pre alta hospitalaria de pacientes para liberar camas COVID en CDMX

Los pacientes que serán dados de alta son aquellos que presentan un cuadro clínico leve y que pueden continuar con la atención en su casa.
Cuartoscuro
26 de enero, 2021
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El Instituto Mexicano del Seguro Social anunció un programa de pre alta hospitalaria en Ciudad de México para pacientes con COVID que puedan terminar el tratamiento en casa.

En videoconferencia de prensa, el titular del IMSS, Zoé Robledo, aclaró que en este programa solo entran los pacientes con un cuadro clínico leve y que pueden continuar con la atención en su domicilio.

El objetivo es desocupar esas camas y usarlas para los pacientes que apenas inician con la enfermedad y presentan una situación delicada.

Robledo detalló que en algunos casos los pacientes aún requieren de oxígeno, por lo que no son dados de lata hasta que tienen el tanque en su casa, mismo que es proporcionado por el IMSS.

Señaló que del 24 de diciembre al 25 de enero, entre la Ciudad de México y el Estado de México se han solicitado 938 tanques de oxígeno (589 en CDMX y 349 en Edomex) para seguir el tratamiento en casa, de los cuales solo se han podido instalar 474 (225 en CDMX y 249 en Edomex), lo cual se debe al desabasto de cilindros que hay en la zona metropolitana.

En el mismo periodo, entre ambas entidades, se han registrado 826 egresos de pacientes. De éstos, 518 fueron en la capital y 308 en el Edomex.

Esto significa que hay pacientes que ya pueden ser dados de altas pero no es posible por la falta de un tanque en su domicilio.

Zoé Robledo explicó que el otorgamiento de oxígeno se da a todos los pacientes, aunque no sean derechohabientes del IMSS.

‘Por amor a la vida regresen los cilindros’

En tanto, el titular de la Profeco, Ricardo Sheffield, pidió a la ciudadanía regresar los tanques de oxígeno que ya no utilizan, para que sea usado por un paciente que sí lo necesita.

“Por amor a la vida, devuelvan los cilindros, puede ser la gran diferencia para salvar la vida de otra persona”, comentó Sheffield.

Esta petición también fue hecha por Zoé Robledo, pues el tener más cilindros ayudaría a atender todas las solicitudes hechas por los pacientes que pueden ser dados de alta.

Para regresar el cilindro, las personas solo tienen que marcar a los teléfonos de Infra o Medigas. 

Por otro lado, Sheffield señaló que a diario tiene reuniones con los distribuidores más importantes de oxígeno, como Infra y Medigas, con el fin de que no suban sus precios y se atienda la demanda del producto en el Valle de México.

Agregó que ya se publicó un acuerdo en la gaceta de la CDMX, para que el 70% del oxígeno industrial que se produce sea para uso medicinal.

Igualmente se emitió un decreto para que el trámite del cambio de oxígeno industrial a médico sea lo más rápido posible por parte de la Cofepris.

Sheffield agregó que están trabajando con las aduanas del país con el fin de importar oxígeno del sur de Estados Unidos, y traerlo al centro del país.

Finalmente, la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, agradeció el trabajo conjunto entre dependencias para llevar a cabo estas acciones e informó que en la última semana se ha logrado una estabilización en los ingresos hospitalarios, así como una ligera disminución en la hospitalización.

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