Por qué algunas personas pierden la memoria en una borrachera (y qué dice de su salud)
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Por qué algunas personas pierden la memoria en una borrachera (y qué dice de su salud)

Es frecuente escuchar comentarios de personas que no recuerdan qué hicieron mientras estaban bebidos. Sin embargo, el alcohol no tiene ese efecto sobre todo el mundo. ¿A qué se debe esta diferencia?
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Por Melissa Hogenboom BBC Future
11 de julio, 2018
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Fue otro despertar, lamentablemente familiar, para Sarah Hepola. Gran parte de su memoria de la noche anterior estaba en blanco. Ella recuerda haber hablado con personas en una fiesta, pero después una sombra cayó sobre sus recuerdos.

¿Cómo llegó allí? ¿En qué lugar le pusieron el sello que tenía en su mano? ¿Quién compró la pizza? ¿Quién era el hombre a su lado?

“Yo estaba como, bueno, eso es raro, no sé lo que sucedió… Me reí un poco, me pareció normal”, recuerda.

Este tipo de pérdida de memoria le ha sucedido una y otra vez a Hepola, y desde muy temprana edad. A menudo sentía como si “debajo de mí se abriera una trampa, en forma de puerta secreta… Me despertaba al día siguiente y era como si estuviera en un lugar diferente“, dice ella.

Estaba experimentando apagones inducidos con alcohol, un término coloquial con consecuencias potencialmente graves. Como la palabra sugiere, en este estado todos los recuerdos de la noche, después de un punto, se oscurecen. Algunos bebedores experimentan apagones de fragmentos, menos severos, donde solo se pierden pedazos de la memoria.

Los apagones regulares de Hepola no le hicieron prender las alarmas en ese momento. Solo, al verlo en perspectiva, se dio cuenta de que tenía una relación “conflictiva” con el alcohol, experiencias sobre las que ha escrito en un libro.

Si este tipo de amnesia después de beber alcohol suena familiar, es porque los apagones son sorprendentemente comunes.

Mujer borracha en una silla en la calleDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionMujeres con antecedentes de agresión sexual son más propensas a ser revictimizadas si están en un apagón inducido por el alcohol, según expertos.

Un análisis sugiere que más de la mitad de los bebedores universitarios han experimentado algún nivel de apagón cuando se les preguntó sobre sus hábitos de bebida, mientras que una encuesta a más de 2.000 adolescentes, recién salidos de la secundaria, reveló que 20% había experimentado un apagón en los últimos seis meses.

Hace quince años no hubiéramos aceptado que estos fenómenos fueran comunes“, dice Aaron White, del Instituto Nacional sobre Abuso de Alcohol y Alcoholismo en Estados Unidos.

Ha pasado la mayor parte de su carrera estudiando la embriaguez. “Ahora todos somos conscientes de que personas sufren apagones”.

Los científicos están revelando más cosas acerca de por qué ocurren los apagones y por qué afectan a unos más que a otros, ayudándoles a comprender mejor este fenómenoy, con un poco de suerte, a prevenir sus consecuencias negativas.

Durante muchas décadas se pensó que solo los alcohólicos sufrían apagones de memoria por embriaguez. Esa idea solo cambió hasta que lo demostraron los estudios recientes. Una extraña serie de experimentos, que hoy no serían aprobados por ética, revelaron algunas ideas sorprendentes.

A fines de la década de 1960, un investigador llamado Donald Goodwin reclutó a alcohólicos en hospitales y centros de trabajo para identificar qué sucede cuando un recuerdo, en estado de embriaguez, desaparece.

Descubrió que de cada 100 alcohólicos, más de 60 experimentaron apagones regulares, algunos totales y otros fragmentarios.

También reveló que las personas que experimentan un apagón pueden actuar de una manera notablemente coherente. Por ejemplo, mostró que durante la intoxicación los sujetos usaron la memoria inmediata “sin impedimento” e, incluso, fueron capaces de realizar cálculos simples. Pero los olvidaban 30 minutos después.

Hombre borracho con botella en vía públicaDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEspecialistas afirman que no siempre las personas tienen que parecer intoxicadas con alcohol para sufrir un apagón.

En etapas posteriores de los experimentos, administró whisky a los alcohólicos (hasta 18 onzas, o medio litro, en cuatro horas) y les presentó situaciones pensadas para “proporcionar experiencias memorables, que las personas sobrias no tienen dificultad para recordar”.

En uno les mostró pornografía a los participantes, y luego les hizo preguntas detalladas sobre lo que habían visto. En otro, con una sartén en la mano, preguntó a las personas si tenían hambre. Cuando respondieron, les dijo que la sartén tenía ratones muertos dentro. 30 minutos después, los sujetos borrachos habían olvidado estos recuerdos y no podían recordar los eventos al día siguiente. Sin embargo, podían recordar estos eventos hasta dos minutos después, revelando que su memoria a corto plazo estaba funcionando.

Aunque estos experimentos fueron hechos con alcohólicos, prepararon el terreno para comprender, incluso, cómo los no alcohólicos actúan durante un apagón. Hoy, estos experimentos siguen siendo influyentes en parte porque −por razones éticas obvias−los científicos no pueden inducir con alcoholla pérdida de memoria de sus participantes. En su lugar, deben basarse en cuestionarios de eventos pasados.

Los fragmentos de memoria, que se pierden por completo durante un apagón, revelan qué sucede en el cerebro. Se cree que el hipocampo −la estructura del cerebro responsable de entrelazar información entrante y crear recuerdos de los eventos cotidianos− se daña de manera momentánea. Así, las personas con daños graves en esta área no pueden crear nuevos recuerdos.

Según White, que ha estudiado el proceso a nivel celular con cerebros de roedores, el alcohol interrumpe los circuitos cerebrales centrales, que crean recuerdos episódicos, es decir, de momentos y lugares específicos.

“Creemos que gran parte de lo que sucede es que el alcohol suprime el hipocampo, dejándolo inhabilitado para crear este registro continuo de eventos”, dice. “Es como un espacio en blanco en una grabación”.

En ratas, White demostró que hay dosis de alcohol donde las células cerebrales “aún funcionan”, y que con dosis más altas quedan inactivas por completo. Eso explica que, en los apagones parciales, solo se pierden fragmentos.

Pero White también explica otro fenómeno: mientras esto pasa, otras dos áreas importantes del cerebro, que alimentan la información del hipocampo sobre qué sucede en el mundo, también se suprimen cuando bebemos alcohol. Se trata del lóbulo frontal −el área de razonamiento del cerebro, que usamos cuando prestamos atención a algo−, y la amígdala −el área que nos advierte sobre el peligro−.

Hombre en una barra de bar con vino y cervezaDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLos apagones son más comunes en personas con pesos corporales más bajos.

Factores de riesgo

Ahora también conocemos otros factores que influyen en los apagones, como beber con el estómago vacío o cuando se ha dormido poco.

Otro riesgo importante tiene que ver con qué tan rápido se consume alcohol, porque cuanto más rápido bebemos, más rápido aumenta nuestro nivel de alcohol en la sangre. Un nivel de alcohol en la sangre de entre 0,20% y 0,30% puede inducir un apagón total. Ese nivel podría alcanzarse, durante cuatro horas, con 15 o más bebidas promedio que se consiguen en el Reino Unido, según el sexo y el peso corporal.

Pero los niveles de alcohol en la sangre no explican por qué solo algunas personas pierden pedazos enteros de su memoria, mientras que otras que beben cantidades similares no lo hacen. Un estudio de 2016, dirigido por Ralph Hingson, también del Instituto Nacional sobre Abuso de Alcohol y Alcoholismo, proporcionó algunas respuestas.

“La frecuencia con la que las personas reportaron exceso y estado de embriaguez en el último mes tuvo un rol, al igual que si fumaron y tomaron más de una droga psicoactiva”, dice.

Los apagones son más comunes en personas con pesos corporales más bajos. También son más comunes entre los estudiantes universitarios, conocidos por beber alcohol antes de ir a reuniones sociales o fiestas, y eso hace que su nivel de alcohol en la sangre aumente de manera veloz”, dice Hingson.

Las mujeres también experimentan apagones más a menudo. Suelen ser, en promedio, más pequeñas que los hombres y tienen un mayor porcentaje de grasa corporal, así que sus cuerpos tienen menos agua para diluir el alcohol que beben. Por eso, su nivel de alcohol en la sangre aumenta más rápido.

En 2017, Amie Haas, de la Universidad de Palo Alto, en California, descubrió que las mujeres suelen sufrir apagones con tres bebidas menos que los hombres. Un estudio de 2015 mostró que las mujeres que consumieron solo una bebida más de lo habitual, tuvieron 13% más de probabilidades de desmayarse que los hombres.

Aparte de las diferencias de sexo, podría haber un componente genético que dicte quién es más propenso a sufrir apagones. Por ejemplo, suelen serlo los hijos de mamás con problemas de alcohol.

Otro estudio, realizado en más de 1.000 pares de gemelos, descubrió que existen conexiones genéticas que inciden en la mitad de los apagones experimentados.

La diferencia genética parece desarrollarse también en el cerebro. Un estudio longitudinal de adolescentes entre 12 y 21 años, dirigido por Reagan Wetherill de la Universidad de Pensilvania, mostró que ciertas personas que abusaron del alcohol y experimentaron apagones, fueron menos capaces de reprimir sus acciones. Es posible ver esto en escáneres cerebrales, incluso antes de que bebieran alcohol.

Reunión de Alcohólicos anónimosDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLos apagones suelen ser momentos de punto de quiebre, en los que las personas aceptan su problema y buscan ayuda profesional.

“En general, parece haber vulnerabilidades cerebrales y genéticas que ponen en riesgo a una persona”, dice.

Peor aún, los estudios en ratones sugieren que el consumo excesivo de alcohol produce cambios adicionales en el cerebro. También es preocupante que las mismas personas que son más propensas a apagones −adolescentes y estudiantes universitarios− se encuentren en una edad más vulnerable en el aspecto físico. “Cada vez hay más evidencia de que, en particular, si eres más joven, no es seguro para un cerebro en desarrollo”, dice Haas.

Eso se debe a que los adolescentes son más sensibles a los efectos del alcohol que los adultos. Una razón para esto es que el lóbulo frontal del cerebro es el último en desarrollarse, alrededor de los 25 años.

Los pasadizos del consentimiento

Al igual que los factores de riesgo, las consecuencias de los apagones no solo son peores para los adolescentes, sino también para las mujeres.

Haas y sus colegas demostraron que las mujeres que experimentan apagones eran más propensas, durante él, a participar en conductas sexuales de riesgo, en comparación con los hombres y bebedores que no los sufren. Estas mujeres también mostraron más sentimientos de arrepentimiento al día siguiente.

La evidencia también muestra que las mujeres con antecedentes de agresión sexual son más propensas a ser revictimizadas si están en un apagón inducido por el alcohol, en comparación con los bebedores compulsivos que no perdieron el conocimiento. Esto se debe a que corren el riesgo de tomar decisiones equivocadas cuando están bajo la influencia del alcohol, en especial cuando se trata de evaluar situaciones que podrían ser peligrosas. Además, también están en riesgo después, porque no pueden confiar en sus recuerdos.

Esto significa que hay un círculo vicioso. Aquellos que experimentan apagones pueden ser más vulnerables, en el momento, a atacantes potenciales. Pero si intentan presentar cargos después, también son vulnerables a que se desestimen sus casos.

Eso es cierto, incluso, en lugares donde hay un “consentimiento afirmativo”, donde hay asalto sexuale a menos que alguien haya indicado su voluntad. “Si se trata de situaciones en que ‘él dijo / ella dijo’, se debe confiar en la evidencia para determinar si se otorgó o no el consentimiento”, dice Wetherill.

Si una de las partes sufrió un apagón, eso complica las evidencias. Por ejemplo, en Canadá el consentimiento es necesario. Hace poco, en una investigación de Globe & Mail, encontró que los tribunales privilegian a las denunciantes tan ebrias que pudieron haber sufrido un apagón parcial, pero, al mismo, no consideran una fuente de información confiable a un denunciante que sufrió un apagón.

Jóvenes borrachos al aire libreDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionUn buen primer paso para protegerse de los apagones alcohólicos es monitorear la ingesta de bebidas y pedirle a sus amigos que hagan lo mismo.

En Estados Unidos, mientras tanto, las leyes varían según el estado. La mayoría de las legislaciones dicen que alguien que está “incapacitado mentalmente ” no puede dar su consentimiento. Pero Nueva York, por ejemplo, dice que la incapacidad mental es válida legalmente solo si se recibió de manera involuntaria una bebida o droga, no por haber elegido beber.

Los estados que incluyen el haber consumido alcohol de manera voluntaria, por otro lado, suelen incluir la advertencia de que el acusado debe haberse dado cuenta, de manera razonable, de que la persona estaba incapacitada. Pero dado que las personas que sufren un apagón pueden parecer altamente funcionales, los acusados pueden argumentar que no se dieron cuenta.

“Es complicado porque la gente puede perder el conocimiento y parecer bastante sobria”, dice White. “No siempre tienes que intoxicado para sufrir un apagón”.

Sarah Hepola tiene una amplia experiencia en este tipo de desconexión. Ella dice que, durante sus apagones, solía ser funcional. Participaba en conversaciones y respondía a bromas, de la misma manera que los sujetos de Goodwin podían realizar cálculos. Solo quienes la conocían bien podían reconocer su aspecto de “ojos vidriosos y desenchufados” al momento de sufrir un apagón. “Era como si nadie estuviera en casa… como si estuviera hablando pero no asimilaba las cosas que me decían”, dice ella.

Sin importar cómo ella era vista por los demás, Hepola sabe que no estaba en sus cabales. Definitivamente creo que mis decisiones se vieron perjudicadas”, dice Hepola. “Fui muy impulsiva, salvajemente descuidada y exhibicionista, incluso agresiva en el plano sexual, a veces de una manera que no tenía sentido para mí al día siguiente… según lo que la gente me decía”.

“Un individuo puede sufrir un apagón de consciencia y parecer estar dando su consentimiento, pero en realidad no tienen consciencia o la capacidad de darlo”, advierte el Amherst College en su política de mala conducta sexual.

De manera similar, la Universidad de Michigan afirma: “Según la ley, una persona que está intoxicada no puede dar consentimiento a la actividad sexual, lo que significa que la intimidad sexual con alguien que está ‘incapacitado mentalmente ‘ cumple con la definición legal de agresión sexual”.

Por esta razón, no es sorprendente que una persona que experimenta apagones de manera regular sea también más propensa a experimentar otras consecuencias negativas del consumo de alcohol, desde las más mundanas −incumplir a las citas o llegar tarde al trabajo− a las más grave −como sufrir una lesión o una sobredosis de sustancias ilegales−. Esto hace que los apagones sean un marcador útil y una forma de predecir comportamientos perjudiciales.

Por estas razones, las preguntas sobre apagones por alcohol se utilizan cada vez más en cuestionarios y mecanismos de detección que buscan determinar si alguien es un bebedor aficionado o problemático.

Detectando apagones

Mary-Beth Miller, una psicóloga especialista en adicciones de la Universidad de Misuri, descubrió una técnica de intervención simple que podría ayudar a los consumidores a reducir el consumo de alcohol, que implementó en primera instancia en veteranos del ejército y luego en bebedores universitarios.

La intervención se llama “retroalimentación normativa personalizada”. Es un cuestionario en línea que pregunta a las personas sobre sus hábitos de bebida e informa cuánto beben en comparación con otras personas de edad y antecedentes similares.

Los apagones, descubrió el equipo, sirven como una “situación de quiebre, después de la cual las personas pueden aprender y tener más probabilidades de responder a la intervención”.

Los cuestionarios para detección sobre consumo de alcohol ahora preguntan de manera rutinaria acerca de experiencias con apagones previos, algo que facilita encontrar a las personas que necesitan ayuda. No es eficaz, por ejemplo, preguntar solo sobre la cantidad de alcohol que ha bebido una persona. “Si estás buscando apagones de manera específica, la evaluación será más precisa, en lugar de tratar de intervenir a todas las personas que ingresan a la clínica”, dice Miller.

Adolescentes sirviéndose cervezaDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionUn análisis encontró que más de la mitad de los bebedores universitarios han experimentado algún nivel de apagón por alcohol.

Estas intervenciones no requieren mucho tiempo ni son costosas, condiciones que hacen que Miller tenga la esperanza de que ella y sus colegas puedan aprovecharlas para desarrollar intervenciones más efectivas.

Ella espera fomentar una cultura de la bebida en la que las personas entiendan que “no es necesario perderse por completo para pasar un buen rato“.

Otros investigadores esperan que preguntar sobre los apagones previos ayude a reducir otros tipos de conductas de riesgo. “En definitiva, es interesante que un apagón es una de las consecuencias más negativas del consumo de alcohol, y podría ser un indicador para problemas más complejos”, dice Haas.

Para aquellos que experimentan apagones regulares, un buen primer paso es monitorear mejor su propia ingesta de alcohol y pedirles a sus amigos que hagan lo mismo. Es más fácil decirlo que hacerlo.

Hepola puede ver señales de alerta si mira al pasado. Incluso en ese momento ella sabía que “no quería estar tan borracha”, pero seguía sin poder parar de beber.

“Algunos comportamientos desordenados se vuelven material para chistes y se normalizan, y algunas veces nos distanciamos del daño emocional y físico que causa ”, dice Hepola.

Ahora, ella ha estado sobria durante ocho años y se alegra de no caer en las trampas oscuras de la pérdida de memoria. En este momento, su vida se ha vuelto mucho más sencilla, dice.

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Desaparecidos en México: 'Encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé'

La crisis de desaparecidos en México suma ya más de 83.500 personas. Muchas madres se han organizado para buscar a sus familiares, incluso en fosas clandestinas. Cecilia Delgado encontró a su hijo en una de ellas.
4 de marzo, 2021
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La noche del 2 de diciembre de 2018 fue la última vez que vieron con vida a Jesús Ramón Martínez Delgado.

Estaba en su negocio en Hermosillo, Sonora, cuando dos policías que llegaron en una patrulla lo subieron en una camioneta que los seguía.

Su madre, Cecilia Delgado, comenzó entonces una búsqueda sin descanso. Primero por hospitales, cárceles, municipios cercanos. Después, en fosas clandestinas, donde lo encontró tras dos años de buscarlo sin descanso.

Su historia es un relato del horror que viven miles y miles de familias en México, donde suman ya más de 83.550 desaparecidos.

BBC Mundo contactó a la fiscalía del estado de Sonora. La vocera dijo que no puede dar mucha información porque es un caso en investigación. Pero la fiscal del estado, Claudia Indira Contreras, ha prometido justicia a Delgado y castigar “a quien sea que resulte culpable”.

Esta es la historia de Cecilia Delgado contada en primera persona


Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cortesía Cecilia Delgado
Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cuando mi hijo desapareció le prometí que lo iba a encontrar.

“Hijo, te prometo que te voy a regresar a casa. Te lo prometo, hijo de mi alma. Así me tarde toda una vida, así te tenga que buscar en el infierno“, le dije.

Después de dos años cumplí mi promesa. No como yo quería, pero lo encontré.

Todavía cierro mis ojos y lo veo en esas condiciones en las que estaba. No se lo merecía.

La noche de su desaparición, Jesús Ramón estaba con un amigo en su negocio, un expendio de cervezas, cuando llegaron una patrulla estatal y otra camioneta, una Chevrolet Silverado blanca con doble cabina.

Además del video de la cámara CCTV hay testigos de que dos policías lo subieron a la camioneta blanca y se lo llevaron. Nadie volvió a verlo vivo.

En la policía estatal me dijeron que me iban ayudar, que me iban a regresar a mi hijo. Me pidieron que me fuera y aseguraron que me iban a llamar. Jamás lo hicieron.

Tuve que encontrar a mi hijo yo sola porque ellos no hicieron su trabajo.

Cecilia Delgado

Lorenza Sigala
A la fecha Cecilia Delgado ha ayudado a exhumar 194 cadáveres.

Mi hijo tenía 34 años cuando se lo llevaron. Era muy alegre, le encantaba la música, bailar, cantar. Me llamaba “mi reina”, siempre me decía que me amaba y me lo demostraba.

Dejó tres hijos. La más pequeña tiene apenas 5 años. Es la que más sufre por la ausencia de su padre. “Abuela, ¿por qué te tardaste tanto en encontrar a mi papá?”, me pregunta llorando sin consuelo. Es algo que me duele en el alma.

Muerta en vida

Que un hijo desaparezca es lo más terrible que le puede pasar a una madre.

Me robaron todo. Me dejaron muerta en vida.

Poster de Buscadoras por la paz

Cortesía Cecilia Delgado
La desaparición de Jesús Ramón llevó a que Cecilia fundara “Buscadoras por la paz”.

Esos dos años fueron el infierno. Siempre pensando: “¿Dónde estará, estará comiendo, lo matarían, qué le harían?”. Es un dolor inimaginable que me carcome por dentro. Nunca jamás en la vida pensé que existiera tanto dolor.

En las noches, en la soledad y la oscuridad, la incertidumbre pega todavía más.

Todavía voy caminando y siento que es solo el cuero, porque yo ya estoy muerta por dentro. Yo estoy muerta.

Perdí las ilusiones de todo, las ganas de vivir. Solo me movía el saber que si yo no buscaba a mi hijo, nadie lo iba a hacer. Que si yo moría, nadie lo iba a encontrar.

Empecé a buscarlo por hospitales, cárceles, en muchos de los municipios de Sonora.

Luego empecé a excavar fosas clandestinas. Aunque en mi corazón siempre desee que estuviera vivo. Y se lo pedía a dios.

Me uní a un par de colectivos que excavan fosas clandestinas. Y luego, fundé el mío, Buscadoras por la Paz Sonora.

“Buscamos tesoros”

La mayoría de veces nos enteramos de la ubicación de esas fosas, donde han enterrado cuerpos, por llamadas anónimas.

Vamos allí armadas. Nuestras armas son el pico, la pala y una varilla. Vamos a donde sea, al campo, al monte, incluso a casas. Aquí el clima es extremo, el calor a veces supera los 50 grados centígrados, vemos cómo el vapor sale de la tierra. Otras veces, un frío que congela.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Lorenza Sigala
Las mujeres del colectivo buscan incansablemente a sus hijos.

Pero nada nos detiene. Es más grande el amor que tenemos por nuestros hijos, que la dureza del clima, el hambre o el miedo.

Vamos a buscar a nuestros tesoros.

Para nosotros son tesoros porque los encontramos en fosas clandestinas que tenemos que excavar. Y son, por desgracia, cadáveres.

Aún así, con todo el horror que esto significa, el encontrarlos y darles una sepultura digna nos da una relativa paz.

Sacamos a esos tesoros de la oscuridad, de esos hoyos donde después de matarlos los entierran de una manera tan vil, tan cruel que no me explico como pueda existir gente así, sin corazón, que pueda hacer tanto daño.

¿Qué pudieron haber hecho para que les hagan todo lo que he visto? Son cosas tremendas. Se ensañan de una forma bestial, igual con hombres que con mujeres.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Cortesía
El colectivo “Buscadoras por la paz” es uno de varios similares que operan en México.

Recuerdo cómo encontramos a un muchacho, creo que era un jovencito porque sus pies eran muy chiquitos. Estaba encadenado. Encadenadas sus piernas y con candado. Sus manos, amarradas con un alambre. Enterrado a más de metro y medio de profundidad.

A otros los encontramos calcinados a tal punto que será imposible identificarlos. Me duele en el alma. Pienso en sus madres, que nunca podrán encontrarlos.

“La realidad de México”

Muchos nos critican porque hacemos transmisiones en vivo en redes sociales de nuestras búsquedas. Las imágenes que se ven son muy fuertes y nos dicen que somos amarillistas.

Pero es la realidad que estamos viviendo. No es de dios que nosotros tengamos que sacar a nuestros hijos de esos lugares tan feos. De esos hoyos que incluso a veces ponen a cavar a la persona que van a matar.

Si hacemos los videos es porque queremos que la gente vea nuestra labor, lo que estamos pasando. A nadie le gusta. A mí no me gusta andar excavando fosas clandestinas. Pero es la realidad de México.

Las desapariciones forzadas están a la orden del día. Los que se indignan por ver un video, mejor que se indignen con las personas que matan a otras y con las autoridades que no hacen su trabajo.

A nosotros no nos correspondería, con todo y el dolor que cargamos, estar sacando a nuestros hijos de ahí.

Sabemos que a la mayoría de los desaparecidos los vamos a encontrar muertos, es muy raro el que regresa vivo. Y a estas alturas encontrar sus cadáveres es un privilegio.

Además, las víctimas y sus familias son revictimizadas. Es muy común que digan que si los mataron es que “andarían en algo malo”, que estaban de una manera u otra ligados al narcotráfico.

Eso es una vil mentira. Yo conozco a muchos, muchos que se han llevado que eran totalmente inocentes. Hay de todo: hombres, mujeres, jóvenes e incluso niños.

Y de los que hicieron algo malo, pues que lo procesen judicialmente, no que pongan a la familia en este infierno.

Quienes se los llevan muchas veces pertenecen al crimen organizado, pero a veces también algunas autoridades están coludidas con ellos, como fue el caso de mi hijo.

En México han matado a madres y padres por buscar a sus hijos. Por eso, muchos nos preguntan si no tenemos miedo. La verdad es que no. Y no lo digo solo por mí, sino porque lo veo en mis compañeras.

No tenemos miedo. El miedo más grande fue perder a nuestros hijos y ya lo vivimos.

Si hubiera sido posible, yo hubiera dado mi vida. La hubiera dado una y mil veces a cambio de la de mi hijo.

“Yo desenterré a mi hijo”

Después de dos años de búsqueda sin descanso, encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé.

Yo misma desenterré a mi hijo. Fue algo terrible.

Fue el 25 de noviembre de 2020, exactamente dos años después que lo viera por última vez.

Buscábamos cuerpos en un lugar donde había una docena de fosas.

Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar.

Supe que era él por los brackets en sus dientes, por su muela del juicio y porque en su cráneo todavía tenía su cabello. Su pelo castaño, con sus rulitos que no le gustaban y que siempre se peinaba con mucho gel para que no se le vieran. (Llora sin consuelo).

Después vi su ropa. Y comprobé que sí, que era mi niño.

Grité y grité. “No, no, no. No puede ser”, repetía llorando.

Pero sabía que era cierto.

Las pruebas de ADN que llegaron días después solo volvieron a confirmarlo.

Me derrumbé. El mundo se me vino abajo. A pesar de todo, esperaba un milagro.

"Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar". ", Source: Cecilia Delgado, Source description: , Image:

Yo quería tener las cenizas de mi hijo en mi casa, pero mis otros dos hijos me insistieron que no. Que tenía que dejarlo en el panteón, para que yo pudiera seguir viviendo de alguna forma.

El 8 de diciembre lo enterramos.

Durante seis horas le cantamos sus canciones, le tocamos música y bailamos. Así como él en alguna ocasión me había dicho, medio en broma, medio en serio, que quería que hiciéramos cuando muriera.

Yo le dije que se callara, que estaba loco. Que primero iba a morir yo.

Ni en mis peores pesadillas hubiera podido imaginar que me lo iban a arrebatar así.

Por eso quiero decirles a todos en México que no esperen a pasar por lo mismo que yo, que nosotras, las miles de madres que estamos así, no queremos que le pase a nadie más.

La búsqueda sigue

A la semana de encontrar a mi hijo, volví a agarrar mi pala e irme al monte con mis compañeras.

Desde que desapareció Jesús Ramón he encontrado con los distintos colectivos un total de 194 tesoros. Pero la situación es tan terrible que esta búsqueda no puede parar.

Moisés Reynoso

Cortesía Cecilia Delgado
Ahora Cecilia también busca a su sobrino, Moisés Alfonso Reynoso.

Hace siete meses también desapareció mi sobrino Moisés Alfonso Reynoso Delgado, de 28 años, hijo de mi hermana. Igual que a mi hijo yo le prometí que lo iba a encontrar.

También les he prometido a otras madres que no me detendré hasta que encontremos a sus hijos. Y las promesas se cumplen.

Por desgracia hay todavía miles y miles de tesoros por desenterrar.


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