Por qué los millennials en Noruega (a diferencia de otros) son más ricos que generaciones anteriores
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Por qué los millennials en Noruega (a diferencia de otros) son más ricos que generaciones anteriores

Los ingresos entre los jóvenes noruegos aumentaron un 13% respecto a generaciones anteriores inmediatas. Una tendencia diferente a la de la mayoría de países de su entorno. Pero ¿puede mantenerse esta época dorada?
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Por Maddy Savage BBC
30 de julio, 2018
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Los jóvenes del mundo occidental están en camino de convertirse en la primera generación en crecer más pobres que sus padres, según múltiples estudios.

Esto se debe principalmente a las deudas universitarias y los altos precios de las viviendas que afectan a las personas nacidas entre principios de los 1980 y los 2000, que viven en EE.UU., Reino Unido y en muchos otros países de esta región.

Pero los los millennials noruegos contrarrestan esta tendencia. ¿Por qué?

Jóvenes ricos

Conocido por su pasado vikingo, los deportes de nieve y sus asombrosos fiordos, Noruega está ganándose un nuevo título como la única gran economía de Europa donde los jóvenes se convierten en ricos.

Las personas de unos treinta años en el país tienen un ingreso familiar anual promedio de 460.000 coronas (US$56.200, aproximadamente).

Ellas experimentaron un aumento del 13% en el ingreso en comparación con la Generación X (nacidos entre 1966 y 1980) cuando tenían la misma edad.

Estas cifras provienen de la Base de Datos de Ingresos de Luxemburgo y se analizaron en un informe reciente sobre los ingresos generacionales para la Fundación Think Tank The Resolution de Reino Unido.

Si se compara con gente joven en otras economías fuertes, los millennials estadounidenses tuvieron un descenso del 5% en sus ingresos y los alemanes una caída del 9%.

La tasa de desempleo juvenil de Noruega (entre los jóvenes de 15 a 29 años) también es baja, con un 9,4%, en comparación con el promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) del 13,9%.

“Afortunado”

Aleksander AarnesDerechos de autor de la imagenMADDY SAVAGE
Image captionAleksander Aarnes tiene 25 años y trabaja en un supermercado y gana US$1.700 al mes.

En la capital noruega, Oslo, no es difícil encontrar jóvenes locales que muestren su buena fortuna.

“Voy al teatro y al cine una vez al mes. Puedo salir a comer y beber con amigos… Me voy de vacaciones”, dice Aleksander Aarnes, un graduado de 25 años.

Aarnes aspira a construir una carrera escribiendo obras de teatro musicales, pero por lo pronto financia su estilo de vida trabajando solo uno o dos turnos a la semana en un supermercado en Korsvoll, un suburbio de Oslo, y además comparte un apartamento con un amigo.

“Soy muy consciente de la situación afortunada en la que estoy… No tengo que sacrificar demasiado para seguir la carrera que quiero”, dice.

El salario por hora de Aarnes es de 164 coronas noruegas (alrededor de US$20), que aumenta con los turnos de fin de semana y noche. Descontando los impuestos (que son comparativamente altos en Noruega) le quedan alrededor de 14.000 coronas (US$1.700) al mes.

Por otro lado, Øystein, un analista de negocios de 31 años llena su BMW con mercadería para una barbacoa. No quiere compartir su nombre completo, porque dice que “a pesar de que Noruega es rica, la gente no quiere hablar de lo rico que son personalmente”.

Pero admite que ganó lo suficiente como para comprar un apartamento de dos habitaciones frente al mar cuando tenía 27 años y regularmente se va de vacaciones a EE. UU. y Asia.

¿Qué hizo Noruega para ser diferente?

Hilde BjørnlandMADDY SAVAGE
Bjørnland opina que un enfoque igualitario de distribución de riqueza contribuyó a una fuerte satisfacción con la vida y a la falta de malestar social en Noruega.

Una gran parte del actual estilo de vida de los jóvenes noruegos se debe al rápido crecimiento económico del país entre 1980 y 2013, impulsado por el sector de petróleo y gas.

Pero como explica Hilde Bjørnland, profesora de economía de la escuela BI Norwegian Business en Oslo, lo importante no es la cantidad de dinero que gana Noruega, sino lo que hace con él.

“En lugar de que unos pocos obtengan mucho, muchas personas tienen acceso a esta riqueza”, dice.

Noruega depositó las ganancias del petróleo en el fondo soberano de riquezamás grande del mundo que a su vez gana dinero invirtiendo en más de 9.000 compañías. Actualmente vale alrededor de US$1 billón.

A pesar de este ahorro, los impuestos se mantienen altos y los salarios mínimos son negociados por los sindicatos.

Bjørnland argumenta que un enfoque igualitario de distribución de riqueza contribuyó a una fuerte satisfacción social en Noruega.

Como también la atención de la salud subsidiada, los beneficios del seguro de desempleo que alcanzan hasta un 60% del salario anterior por 2 años, los bajos costos de cuidado de los niños y un sistema de licencia parental que aseguran una alta participación de las mujeres en el mercado laboral.

La educación gratuita en la mayoría de las escuelas y universidades públicas y el fácil acceso a los préstamos junto con las altas tasas de empleo para los estudiantes también son parte del rompecabezas.

“No es tan difícil encontrar un trabajo aquí y siempre está bien remunerados”, dice Gabriella Sanzana, una chilena de 27 años, que está haciendo una maestría en derechos humanos mientras trabaja tiempo parcial como camarera.

“Tengo que pagar muchos impuestos, pero realmente no me importa, porque sé que (el Estado)te da muchas cosas al mismo tiempo”.

¿Un futuro seguro?

Gabriella SanzanaMADDY SAVAGE
Gabriella Sanzana es chilena, tiene 27 años y está en Noruega estudiando una maestría, pero no le resultó difícil encontrar un trabajo de medio turno bien pao.

A pesar del brillante presente de Noruega, existen preocupaciones sobre cómo mantener el éxito.

Según un informe de la OCDE, el número de oportunidades de trabajo para jóvenes de 15 a 29 años no coincide con la cantidad necesaria para una creciente población joven que aumentó en un 18% entre 2007 y 2016.

La inmigración representa un gran porcentaje de ese aumento y el desempleo entre la población nacida en el extranjero de Noruega es de alrededor del 10%.

Kristian Heggebø, investigador del Centro de Investigación del Trabajo y el Bienestar de la Universidad Metropolitana de Oslo, sostiene que si bien los estudiantes internacionales bien educados y los trabajadores migrantes de otras partes de Europa “tienden a tener éxito en el mercado de trabajo”, hay “discriminación en el mercado laboral contra las minorías étnicas”.

Sociedad fragmentada

Ove George, de Nigeria y desempleado, dice que cree que las conexiones son clave para conseguir trabajo en Noruega.

“El último trabajo que tuve fue a través de un amigo noruego y después de eso realmente no conseguí un buen trabajo”, explica.

Kayad Mahammed, de 19 años y nativo de Djibouti, trabaja para una compañía de medios y dice que le fue “fácil” conseguir un trabajo. Pero asegura que para muchos inmigrantes “es difícil hacerse rico”, y terminan aferrándose a trabajos de nivel inicial por temor a quedar desempleados.

Mientras tanto, a pesar del orgullo del país escandinavo por su igualitarismo, hay indicios de que la desigualdad también está aumentando.

Oslo, NoruegaMADDY SAVAGE
Después de un impresionante crecimiento económico entre 1980 y 2013, Noruega lidera múltiples rankings mundiales de riqueza y bienestar.

Las cifras de la OCDE sugieren que la proporción de noruegos que ganan menos de la mitad del ingreso promedio nacional fue del 8,1% en 2015, frente al 6,9% en 2004, con los jóvenes en mayor riesgo que cualquier otro grupo. (Aunque sigue siendo bajo para los estándares mundiales; la proporción en EE.UU. es del 16,8% y del 10,9% en Reino Unido).

Aquellos que terminan fuera del sistema pueden sentirse más vulnerables en Noruega, sostiene Sebastian Königs, autor del informe Investing in Youth: Norway(Invertir en la juventud: Noruega) de la OCDE.

“Para los jóvenes noruegos que están en desventaja y tienen problemas sociales, encontrar su lugar en la sociedad puede ser mucho más difícil”, dice. “Como en general a todos les está yendo tan bien, esto se convierte en un estigma“.

Esa persona tiene seis veces más probabilidades de sentirse deprimida que otros jóvenes noruegos, nueve veces más propensos a tener problemas de salud y más riesgo de permanecer fuera del mercado laboral a largo plazo.

El precio del éxito

Según Bjørnland, incluso los noruegos más ricos deberían desconfiar sobre el futuro. “Están acostumbrado a pasar un buen rato… lo dan por hecho”, dice.

Argumenta que Noruega necesita trabajar más duro para diversificar sus industrias para seguir siendo competitivo en el futuro.

Los empleadores deberán estar más abiertos a atraer talento internacional para cubrir los puestos de trabajo.

Y los jóvenes noruegos que están “acostumbrados a poder trabajar donde quieran” deberían “centrarse más en dónde se necesitan las habilidades” para mantener el mismo nivel de vida.

¿Soluciones?

Inmigrantes en NoruegaMADDY SAVAGE
Los datos de la OCDE sugieren que la proporción de noruegos que ganan menos de la mitad del ingreso promedio nacional fue del 8,1% en 2015, frente al 6,9% en 2004.

A pesar de los desafíos, muchos expertos creen que todavía se puede aprender mucho de Noruega.

En el país, los vínculos estrechos entre la educación, el empleo y los servicios sociales apoyan a los jóvenes en las primeras etapas de sus carreras, destaca Sebastian Königs, de la OCDE.

Todos los graduados de escuelas noruegas reciben una llamada de seguimiento para analizar sus opciones si no ingresan en el mercado de trabajo o no realizan más estudios.

“Esto no se trata del tamaño del país (son 5,1 millones), sino de la cantidad de recursos que está dispuesto a invertir en él”.

Mientras tanto, Kristian Heggebø cree que si Noruega se ve obligada a remodelar su economía en el futuro, seguirá prosperando por su enfoque igualitario y red de seguridad para los jóvenes.

“Si mantenemos estos componentes en su lugar, estoy seguro que mantendremos un nivel alto, simplemente porque tenemos una manera (de lidiar con) las dificultades que es más humana“.

Lee este artículo en inglés.

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La carrera contrarreloj de Alemania por llevar ante la justicia a los últimos criminales nazis

La justicia alemana intenta ajustar cuentas con los últimos responsables vivos del Holocausto, todos ellos mayores de 90 años de edad.
Por BBC
14 de febrero, 2021
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Tienen más de 90 años de edad y el dudoso honor de ser considerados como los últimos criminales nazis en enfrentar la justicia.

No formaron parte del alto mando militar de Adolf Hitler, ni comandaron algún escuadrón de las SS. Eran guardias de seguridad, secretarias o empleados administrativos que trabajaron en los campos de exterminio del Tercer Reich y ahora, más de 75 años después del final de la II Guerra Mundial, finalmente están enfrentando a la justicia.

El martes pasado, fiscales en Alemania acusaron a un hombre de 100 años de edad por ayudar en el asesinato de 3.518 personas que fallecieron mientras él trabajaba como guardia de la SS en el campo de concentración de Sachsenhausen, ubicado a unos 35 kilómetros de Berlín.

La semana anterior, una mujer de 94 años de edad que trabajó como secretaria en el campo de concentración de Stutthof (Polonia) fue imputada como cómplice en 10.000 casos de asesinato e intento de asesinato por su trabajo en apoyo a las atrocidades que se cometieron allí.

Aunque ahora es nonagenaria, dado que era menor de 21 años cuando ocurrieron esos hechos, es probable que esta mujer termine siendo juzgada ante una corte juvenil.

Entrada del campo de exterminio de Auschwitz.

Getty Images
Las investigaciones recientes han logrado imputar a varios exfuncionarios del campo de exterminio de Auschwitz.

Sus casos forman parte de un pequeño grupo de empleados de bajo nivel del régimen nazi que en los últimos años han estado siendo investigados por las autoridades alemanas en un último esfuerzo por ajustar las cuentas pendientes con el pasado nazi: una carrera contrarreloj pues cada vez quedan menos sobrevivientes de aquella época.

Persiguiendo los crímenes del Tercer Reich

Pero, ¿por qué se está investigando ahora a exfuncionarios que ni siquiera tenían puestos de mando durante el Holocausto?

Las indagaciones sobre las atrocidades cometidas por el Tercer Reich comenzaron formalmente en 1943, cuando se creó una comisión internacional para investigar los delitos cometidos por las potencias del Eje. Su trabajo llegó a la imputación de 36.000 funcionarios alemanes y japoneses, de los cuales al menos 10.000 fueron condenados en juicios realizados hasta 1948.

Imagen de los juicios de Nuremberg.

Getty Images
Muchos de los principales líderes nazis fueron condenados en los juicios de Nuremberg.

Al mismo tiempo, entre 1945 y 1949, los tribunales en la zona de Alemania occidental dictaron unas 4.600 condenas por crímenes del nazismo.

Sin embargo, tras el establecimiento de la República Federal Alemana (RFA) en 1949, decayó el interés de seguir persiguiendo los crímenes nazis y, de hecho, se dictaron numerosas amnistías e incluso se aprobó una legislación que permitió que antiguos soldados nazis accedieran a cobrar pensiones.

“Durante la década de 1950, en Alemania occidental no había mucho deseo de perseguir los crímenes nazis, lo que resultó en un verdadero escándalo en el resto del mundo. Alemania oriental, en particular, impulsó una campaña de propaganda que destacaba cómo había antiguos líderes nazis en posiciones destacadas tanto en el sector privado como en el sector público. Eso fue verdaderamente embarazoso para el gobierno de la RFA”, explica Devin Pendas, profesor del Boston College especializado en la historia de los juicios contra los nazis tras la II Guerra Mundial.

La respuesta de la RFA fue la creación en 1958 de la Oficina Central de Investigación de Delitos del Nacional Socialismo, que es la instancia que hasta ahora se sigue encargando de indagar sobre estos temas.

Ficha de Adolf Hitler en la la Oficina Central de Investigación de Delitos del Nacional Socialismo.

Getty Images
La Oficina Central de Investigación de Delitos del Nacional Socialismo tiene un archivo con más de 1,7 millones de fichas de personas y eventos relacionados con los crímenes del Tercer Reich.

Algunos expertos han señalado que esta agencia gubernamental hizo un muy buen trabajo durante las décadas siguientes, mientras otros destacan que había mucha resistencia de parte de las autoridades judiciales alemanas ante estas investigaciones, Pendas cree que estos dos hechos coexistieron.

“Claramente, muchos jueces y fiscales estaban renuentes en las décadas de 1950, 1960 y 1970 de procesar con fuerza los crímenes nazi, en parte, porque muchos de ellos habían estado trabajando en el Poder Judicial durante el Tercer Reich pero también porque no querían lavar ante el mundo los paños sucios de su país”, dice Pendas a BBC Mundo.

“Pero también es cierto que la Oficina Central y muchos fiscales y jueces individuales se tomaron esto muy en serio, sacando a la luz mucha evidencia y prestando un gran servicio al llevar ante las justicia muchas de estas atrocidades”, agrega.

El trabajo de la Oficina Central se vio limitado además por varias cuestiones legales como el hecho de que las leyes alemanas no contenían disposiciones específicas para procesar crímenes de guerra y por las normas vigentes entonces sobre prescripción de los delitos, que dificultaban que muchos de los casos pudieran ser llevados a juicio después de 1960.

Una fila de mujeres prisioneras en el campo de concentración nazi de Auschwitz.

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Se estima que más de un millón de personas, la mayoría judíos europeos, murieron en el campo de Auschwitz.

Esta dependencia gubernamental sufrió además un fuerte revés cuando, en 1969, la Corte Suprema revocó la condena de un antiguo miembro de las SS que trabajó como dentista en el campo de Auschwitz (Polonia) con el argumento de que trabajar en un campo de exterminio no era un crimen en sí mismo.

Como resultado de ese dictamen, la Oficina Central debió abandonar una investigación sobre la Oficina Central de Seguridad del Reich, una dependencia del ministerio de Interior controlada por las SS que era la principal responsable para ejecutar la política de asesinatos masivos de Hitler.

A estas limitaciones hay que sumar el hecho de que la Oficina Central es una entidad pequeña, dotada de poco personal y solamente tiene la potestad para investigar los casos, pues una vez que encuentra evidencias de posibles hechos punibles debe pasar los expedientes a los fiscales que son los responsables finales de llevar a juicio a los presuntos criminales.

El impulso del 11 de septiembre

Todas estas restricciones redujeron la capacidad de acción de la Oficina Central durante muchos años.

Pero las cosas cambiaron a partir de 2007, cuando un tribunal alemán condenó a 15 años de cárcel al marroquí Mounir el Motassadeq por haberle transferido dinero a Marwan al Shehhi, el presunto responsable de estrellar el vuelo 175 de United Airlines en contra de la torre sur del World Trade Center en Nueva York, según la Comisión que investigó los ataques del 11 de septiembre de 2001.

Mounir el Motassadeq

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Mounir el Motassadeq fue condenado a prisi[on por haber enviado dinero a uno de los atacantes del 11-S.

Este precedente impulsó al entonces fiscal de la Oficina Central Thomas Walther a buscar el enjuiciamiento de guardias y otros funcionarios de los campos de concentración, aunque no hubieran participado directamente de estos crímenes.

Siguiendo esta argumentación se logró que en 2011 un tribunal alemán condenara a John Demjanjuk, un antiguo guardia del campo de exterminio de Sobibor (Polonia), por colaborar con el asesinato de las 28.000 personas que fueron muertas allí.

“Se volvió más fácil conseguir una condena. Hasta entonces tenías que demostrar que alguien había estado involucrado directamente en una muerte. En este caso, la Fiscalía argumentó que -y el tribunal estuvo de acuerdo- que dado que estos campos eran centros de exterminio, cualquiera que hubiera pertenecido al personal nazi que estaba allí contribuyó con esas muertes. Ya no tenías que demostrar que un guardia mató a alguien en ese campo, basta con demostrar que había sido un guardia que trabajó allí”, explica Pendas.

Justicia e historia

La condena de Demjanjuk le dio un nuevo impulso al trabajo de la Oficina Central, que durante la última década ha remitido a los fiscales más de 200 casos para su imputación.

Thomas Walther

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El abogado Thomas Walther impulsó el enjuiciamiento de exfuncionarios de bajo nivel que trabajaron en los campos de concentración nazis.

No se trata de una cifra menor cuando se considera que esta agencia gubernamental solamente cuenta con un puñado de investigadores, que para armar los casos tienen que buscar información en distintas partes del mundo y que, por su avanzada edad, muchas veces los presuntos criminales mueren antes de que el expediente esté concluido.

Sin embargo, hasta ahora, solamente se han producido un puñado de condenas, incluyendo la de Oskar Groening, un exmiembro de las SS conocido como el “contador de Auschwitz”, pues trabajó en las oficinas de este campo de exterminio y, entre otras cosas, se encargaba de contar el dinero robado a las víctimas.

En 2015, Groening, quien entonces tenía 94 años de edad, fue sentenciado en 2015 a cuatro años en prisión por haber facilitado el asesinato de 300.000 prisioneros. Sin embargo, falleció en 2018 sin haber ingresado en prisión a la espera del resultado de sus apelaciones.

Oskar Groening

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Oskar Groening, el llamado “contador de Auschwitz” falleció sin pagar su condena.

Reinhold Hanning fue condenado en 2016 -a los 95 años de edad- por cooperar con la muerte de 170.000 personas en Auschwitz, donde trabajó como guardia de las SS. Aunque durante el juicio dijo estar avergonzado por haber presenciado las muertes sin hacer nada para evitarlas, negó ser culpable de las mismas y apeló la sentencia. Murió al año siguiente sin haber ido a la cárcel.

En 2020, una corte de Hamburgo sentenció a Bruno Dey, un exguardia del campo de concentración de Stutthof, por haber colaborado con el asesinato de las 5.230 personas fallecidas en ese centro mientras él trabajó allí.

Sin embargo, como él era adolescente cuando ocurrieron los hechos fue procesado por un tribunal juvenil y fue recibió una sentencia suspendida de dos años de cárcel.

Bruno Dey.

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Bruno Dey intentó ocultar su rostro usando carpetas en las audiencias del juicio en el que fue condenado por colaborar en el asesinato de 5.230 personas.

Aunque han tenido mucha visibilidad, el hecho de que se trate de juicios contra exfuncionarios de bajo rango que ahora están tan mayores y que, hasta ahora, no han cumplido sus sentencias de forma efectiva ha llevado a algunos críticos a cuestionar si tiene sentido seguir con estos procesos.

“Creo que no hay ninguna razón para que una persona tenga inmunidad ante la justicia criminal debido a que era un funcionario de bajo rango”, dice Todd Buchwald, exembajador y coordinador especial de Justicia Criminal Global de Estados Unidos, a BBC Mundo.

Indica que estos juicios tienen muchos objetivos incluyendo llevar a la justicia a algunos de los responsables de las terribles atrocidades que se cometieron, crear un registro histórico de lo que ocurrió y fortalecer el mensaje disuasorio para todos aquellos funcionarios de bajo nivel que en el futuro se encuentren en una situación en la que se vean tentados a pensar que por su bajo rango no pagarán por estos crímenes.

“No está bien ayudar a perpetuar semejantes atrocidades, así que conviene reforzar el mensaje disuasorio de cara al futuro”, señala Buchwald.

“Los crímenes que se cometieron en Alemania fueron tan devastadores que entiendo bien el esfuerzo por intentar llevar ante la justicia a quienes tuvieron responsabilidad en lo ocurrido”, concluye.

 

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