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Yuri Cortez: la historia detrás del fotoperiodista que robó cámara en la semifinal entre Croacia e Inglaterra
El trabajo del fotoperiodista salvadoreño Yuri Cortez, de AFP, no solo ha resaltado en las canchas del Mundial de Rusia, también ha cubierto conflictos bélicos y protestas.
Por Fernando Montes de Oca
11 de julio, 2018
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El enfrentamiento entre Croacia e Inglaterra en la semifinal de Rusia 2018 tuvo una historia paralela en la que estuvo involucrado un fotoperiodista de la agencia internacional de noticias, AFP: el salvadoreño Yuri Cortez. Durante la celebración del delantero croata Mario Mandzukic y sus compañeros, en el minuto 109 del encuentro, se acercaron al área de prensa al grado de tirar al suelo al corresponsal: “comenzaron a empujarse entre ellos con los que venían a celebrar y entonces sentí cómo la silla se fue para abajo”, relató Cortez al diario deportivo Récord.

El angular de la cámara estaba listo para disparar y, aún durante el explosivo festejo, Yuri no dejó de fotografiar: “les tomé fotos encima mía”. El remate de esta historia fue cuando el defensa Domagoj Vida le pidió disculpas con un beso en la frente.

Poco después de la euforia, el combinado balcánico se colaba a la final del Mundial, la primera en su historia, donde se enfrentará a la selección francesa el próximo domingo en Moscú.

La guerra civil en El Salvador lo forjó como periodista

Yuri Cortez pasa los 50 años. Su interés por la fotografía y el periodismo comenzó durante su infancia, cuando vivió los conflictos sociales de El Salvador. En los ochenta, el país centroamericano vivía una guerra civil que duraría 12 años. La juventud de Cortez estuvo marcada por el conflicto armado en el que se reclutaban a jóvenes para llevarlos a la guerrilla, según detalló en una entrevista que ofreció al portal Reversos: “me despertó mucho la atención el hecho de que el ejército, la policía y todos reprimían en las calles, había masacres en las manifestaciones y poca posibilidad de denunciar las cosas porque los medios existían oficialmente en ese tiempo, pero respondían a la política del gobierno”, señaló.

La censura que imperaba en el país, en donde los conflictos internos sólo se conocían a través de los medios internacionales, lo motivó a estudiar periodismo. Durante su época de estudiante, Yuri comenzó una agencia de noticias que proveía de material a diversos medios, según cuenta en la misma entrevista. Diversas agencias internacionales le compraban sus fotografías y con eso se mantenía. El conflicto en El Salvador se acrecentó durante las elecciones de 1991, donde un corresponsal de Reuters fue asesinado, y uno más herido. Esa desgracia provocó un giro en la carrera de Yuri, pues fue llamado para ser contratado de forma inmediata, aunque posteriormente AFP le ofreció una oportunidad más atractiva y aceptó. Lleva más de 25 años trabajando en ese lugar.

Corresponsal de conflictos bélicos

En 1992, una vez terminados los conflictos en El Salvador, Yuri Cortez se muda a Perú a cubrir el golpe de Estado del presidente Alberto Fujimori. Sus fotografías de la violencia magnificada en ese país, como la explosión de coches bomba, aumentaron su popularidad.

Luego de estas experiencias, se interesó en cubrir los conflictos bélicos en Jerusalén, Irak y Afganistán: “una vez emboscaron el convoy (en Irak) en el que yo estaba, unos soldados que iban en el vehículo de delante donde explotó la mina… me tocó vivir ese momento de tensión en el que los soldados estaban en pánico y disparaban a lo que fuera”, detalló a Reversos.

Familiares de un oficial de policía caído en acción participan en un desfile-homenaje a él y otros dos miembros de la corporación muertos. AFP.

El trabajo del fotógrafo incluye la cobertura de grandes e importantes sucesos, como las ceremonias por el fallecimiento de Gabriel García Márquez y del cantautor mexicano Juan Gabriel; las marchas en CDMX en protesta por Ayotzinapa o la aprobación de la Ley de Seguridad Interior; las visitas de Barack Obama y Donald Trump a México; la boda de Gisele Bündchen y el jugador de americano Tom Brady, de los New England Patriots; el sismo del 19 de septiembre de 2017 en la Ciudad de México y, el más reciente, la semifinal de Croacia contra Inglaterra.

Fans de Juan Gabriel rinden un tributo en Garibaldi. AFP.

Protestas en el Senado mexicano por la Ley de Seguridad Interior. AFP.

Mensaje de una madre de uno de los estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa. AFP.

A pesar de su caída, Yuri no dejó de fotografiar el festejo de los croatas. AFP.

Actualmente, Yuri Cortez reside en México, y a través de sus fotografías informa al mundo lo que sucede en nuestro país porque, como él concluyó en la entrevista a Reversos: siempre “los ojos del mundo están puestos en México”.

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Getty Images
La difícil situación de los miles de médicos cubanos que se quedaron en Brasil tras la llegada de Bolsonaro al poder
Más de 2,500 médicos cubanos decidieron quedarse en Brasil tras retirarse Cuba del programa "Más Médicos" y ahora son considerados desertores por el gobierno de La Habana. BBC Mundo habló con varios de ellos sobre la difícil situación a la que se enfrentan.
Getty Images
19 de marzo, 2019
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“Antiguamente nos veían como dioses, hoy en día nos ven como nada”.

La doctora cubana Yulia Molina Hernández no sabe qué otras puertas tocar para salir de la situación en la que se encuentra.

Molina llegó a Brasil hace cinco años como parte del programa internacional “Mais Medicos” (Más Médicos), una iniciativa puesta en marcha en 2013 por la entonces presidenta de Brasil Dilma Rousseff para facilitar la atención médica básica en áreas desfavorecidas y remotas del país.

El pasado mes de noviembre, Cuba anunció su retirada del programa por las condiciones impuestas por el nuevo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro.

La decisión dejó a más de 8,000 médicos cubanos ante el dilema de regresar a la isla o permanecer en Brasil y ser considerados desertores por el gobierno cubano.

Más de 2,500 optaron por quedarse y ahora denuncian la precariedad en la que se encuentran: no pueden ejercer la medicina y tampoco encuentran otro tipo de trabajos.

“Uno se cansa de ser explotado”

“Realmente liberarme o romper con Cuba -soy de la opinión de que no soy desertora porque nunca me interesó ser militar y nunca lo fui- es algo que ya venía pensando hacía mucho tiempo”, le cuenta la médica Surizaday Fernández a BBC Mundo.

“Uno se cansa de ser explotado, al final pierdes años de vida, pierdes tiempo de estar con tu familia, pierdes muchas cosas. Tenía la decisión tomada”.

Pese a esto, Fernández, de 31 años, quedó paralizada cuando se enteró de que Cuba se retiraba del programa Más Médicos.

“Iba caminando y me quedé en shock, no sabía si ir para adelante o para atrás. Al ganar Bolsonaro sabía que Cuba nos iba a recoger, pero no imaginé que fuera así”.

Fernández vivía entonces en Cunha Porã, un pequeño municipio en el estado de Santa Catarina, en el sur del país, desde donde se trasladó a otros municipios para poder encontrar empleo.

Ahí empezó su odisea, semejante a la de muchos de sus colegas.

Una difícil búsqueda

Tras el anuncio de la retirada de Cuba del programa Más Médicos, Bolsonaro dijo que los doctores cubanos que quisieran quedarse en el país recibirían asilo y podrían trabajar como médicos si revalidaban su título.

Sin embargo, la realidad está siendo mucho más complicada, como relata el médico Joan Rodríguez.

“Llegué a Brasil en junio de 2017 y estuve trabajando normal hasta la cancelación del programa. Aguanté dos meses con los ahorros que tenía. A finales de diciembre pasado, el gobierno brasileño creó un edital, que es como una convocatoria pública, para cubrir las 8,500 plazas que el gobierno cubano había sacado.

“Los cubanos pudimos inscribirnos, pero el día antes de poder optar a una plaza se nos eliminó el derecho. Se nos dijo que podíamos ir a las policías federales de cada estado para pedir refugio.

“Nos dieron un papel, la solicitud de refugio, con el que pudimos ir al Ministerio de Trabajo y pedir una cartera de trabajo, que es como el permiso para poder trabajar en Brasil”, explica.

La cartera de trabajo no le ha servido de mucho hasta ahora.

“Cuando caen en cuenta de que somos cubanos y que éramos integrantes del programa Más Médicos, ahí se nos cierran todas las puertas de trabajo“, lamenta.

“Muchas personas cuando se enteran de que somos médicos nos dicen que no nos pueden ofrecer trabajo porque nuestro nivel jerárquico es superior.

“Fuimos médicos, sí, pero hoy en estos momentos no somos nada, somos como cualquiera, necesitando trabajo para poder subsistir”, sostiene.

BBC Mundo intentó conocer la posición del Ministerio de Salud de Brasil, pero hasta el momento de publicación de esta nota no obtuvo respuesta.

Mala situación económica

Yulia Molina ha chocado con los mismos obstáculos que Rodríguez.

Su historia es similar a la de sus colegas, aunque con matices. Ella no salió del programa cuando Cuba lo cerró, sino hace dos años porque estaba embarazada, con una amenaza de embarazo pretérmino, y Cuba le exigía regresar en ese estado.

“Como no quise regresar para no poner en riesgo mi vida ni la de mi hijo, ellos me dieron como desertora. ‘O te vas o te quedas’. Esa fue la opción que me dieron, y me quedé”, le dice Molina a BBC Mundo.

Esta médica de 34 años vive en el nordeste del país, donde la economía no atraviesa su mejor momento.

“La entrada de dinero donde vivo es mucho más pobre porque las cosas son mucho más caras. Lo que compras en el sur por un precio, aquí te lo venden por el doble. Llevo dos años sin trabajar.

“No encuentro trabajo porque soy doctora, me da igual, ¡yo solo quiero trabajar!, ‘pero usted es una doctora’, me dicen.

“Son trabas que nos colocan, sin motivo ninguno. Lo que hay es una xenofobia con cualquier extranjero, no solo con los cubanos. Antiguamente nos veían como dioses, hoy en día nos ven como nada”, expone.

Molina se considera afortunada porque al menos su esposo tiene trabajo. Dice conocer a muchos compatriotas que están pasando por situaciones muy delicadas.

“Conozco casos de gente que viven 15 en una casa para poder pagar la renta, alimentándose de la forma menos saludable posible, colegas que están desesperados, muchos pensando en salir en caravanas”.

Objetivo Estados Unidos

Los médicos cubanos con los que habló BBC Mundo coinciden en que la opción de la revalidación del título es prácticamente inalcanzable. El principal obstáculo, cuentan, es que el gobierno cubano les retiene la documentación y sin estos papeles no hay nada que puedan hacer.

Volver a Cuba está fuera de la ecuación. Al ser considerados desertores, estos médicos no pueden regresar a la isla hasta dentro de ocho años. Si el gobierno cubano decidiera hacer excepciones y permitirles el retorno, los doctores temen el trato que recibirían.

Así, Yulia Molina, Joan Rodríguez, Surizaday Fernández y la mayoría de sus colegas paralizados en Brasil tienen la mirada puesta en Estados Unidos.

“El futuro de nosotros es bien incierto. Nos hemos dado cuenta de que en este país no nos podemos quedar. A principios del mes de enero, el senador republicano Marco Rubio llevó la propuesta de reapertura en EE.UU. del parole que Obama cerró en enero de 2017″, señala Rodríguez.

El parole del que habla el médico es el Programa de Permisos para Profesionales Médicos Cubanos (CMPP, por sus siglas en inglés) que se puso en marcha en 2006 y por el que se le permitía al personal médico cubano que estaba en otros países (es decir, que no estaban en Cuba ni Estados Unidos) solicitar permiso de ingreso en una embajada o consulado estadounidense.

El 12 de enero de 2017, EE.UU. y Cuba firmaron un acuerdo para normalizar su relación en políticas migratorias y el Departamento de Seguridad Nacional estadounidense dio por terminado el CMPP.

Molina tiene la misma esperanza que Rodríguez.

“La única alternativa real sería la apertura del parole que es por lo que estamos luchando hoy en día. Esto no es una historia, no es que estemos fingiendo. Y no es que vaya a mejorar, no es que veamos un mejor futuro en Brasil”.

Por su parte, Fernández tiene claro que no se va a quedar de brazos cruzados.

“Cuando decidí quedarme fuera de Cuba decidí tirar hacia adelante. Asumí que no ejercería la medicina por mucho tiempo, quizá nunca más”, admite.

Yo no voy para atrás ni para coger impulso. Siempre con la esperanza de que el parole se abra y tener la oportunidad de, más adelante, hacer otra formación. En EE.UU. tienen programas de estudio, más posibilidades de empleo, de tener una vida normal, digna.

“Estudié seis años que me costó mi sacrificio, mi esfuerzo y el de mi familia, de más nadie. No admito que una persona venga a tratarme como si yo fuera basura. Yo trabajo en lo que sea, en lo que me toque, pero que se me respete“.


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