1968: El gobierno acepta dialogar; irán estudiantes al Zócalo
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1968: El gobierno acepta dialogar; irán estudiantes al Zócalo

El secretario de Gobernación, Luis Echeverría, aseguró que el gobierno está abierto a “cambiar impresiones" con el Consejo Nacional de Huelga y conocer en forma directa “las demandas que formulen".
Por Viétnika Batres
24 de agosto, 2018
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Nota del editor: Desde el 23 de julio, Animal Político presenta materiales periodísticos para conocer los hechos, nombres y momentos clave del movimiento estudiantil del 68 que se vivió en México.

La cronología se publica en tiempo real, a fin de transmitir la intensidad con que se vivieron esos días y se tenga, así, una mejor comprensión de cómo surgió y fue frenado a un precio muy alto el movimiento político social más importante del siglo XX.
 
Queda mucho por saber y entender: 50 años después aún no sabemos por qué una riña estudiantil –como muchas que hubo previamente– detonó la brutal represión del gobierno.
 
Lo que es cierto es que el 68 fue, es mucho más que la masacre del 2 de octubre. Hubo un contexto que lo explica. Y eso es lo que les presentamos aquí.

Ciudad de México, 23 de agosto de 1968.- El Consejo Nacional de Huelga (CNH) y la Coalición de Maestros de Enseñanza Media y Superior Pro Libertades Democráticas informaron este viernes que la Secretaría de Gobernación le ha comunicado “por teléfono” la aceptación del Ejecutivo para realizar el diálogo público.

Esto, luego de que el día anterior el titular de esa dependencia, Luis Echeverría, diera a conocer que “el gobierno, ajeno a cualquier tipo de prejuicios, está dispuesto a examinar, en unión de los sectores interesados, por conducto de los funcionarios competentes, en sus respectivas esferas, los puntos de vista de los auténticos maestros y estudiantes”.

En un comunicado que leyó ante periodistas, Echeverría aseguró que el gobierno está abierto a “cambiar impresiones con ellos” y conocer en forma directa “las demandas que formulen y las sugerencias que hagan, a fin de resolver en definitiva el conflicto que ha vivido nuestra capital en las últimas semanas y que ha afectado en realidad, en mayor o menor grado, a todos sus habitantes.

“Es su propósito esencial –siguió– que las instituciones docentes vuelvan a la completa normalidad y que sus alumnos puedan concluir satisfactoriamente el año escolar, sin que por ello tenga que interrumpirse su diálogo con las autoridades”.

A pesar de la violenta represión que han sufrido los estudiantes por parte de granaderos y militares, que incluso ha causado un número desconocido de muertos, Echeverría leyó: “El innegable respeto que el gobierno ha demostrado hacia las manifestaciones estudiantiles de carácter pacífico contribuye a afirmar la atmósfera de libertades democráticas de que gozamos los mexicanos y que preserva nuestra Constitución, sin más límite que respeto al orden público”.

Finalmente, planteó “un diálogo franco y sereno que desembocará en la solución de este lamentable problema”, en tanto que el CNH propuso enseguida que el gobierno “fije lugar, fecha y hora para iniciar las pláticas, con la única condición de que sean públicas”.

Al conocer la declaración del secretario de Gobernación –y aspirante a suceder en la presidencia a Gustavo Díaz Ordaz–, los estudiantes y profesores de las instituciones educativas en huelga, respondieron: “Confiamos que ahora, el dialogo público en el que desde un principio hemos insistido no sea de nuevo rehuido, y que para ello el Poder Ejecutivo designe a los funcionarios que considere competentes”.

Los representantes estudiantiles insistieron en que el diálogo sea cubierto por la prensa y transmitido en vivo por radio y televisión; además mencionaron el Auditorio Nacional, la explanada de CU o Zacatenco como posibles sedes.

Heberto Castillo, dirigente de la Coalición de Maestros, añadió que es conveniente que la aceptación al diálogo por parte de las autoridades, se haga por escrito y se indique fecha y lugar, “para no sembrar la desconfianza entre los estudiantes”.

Esta es la primera vez que una instancia del Ejecutivo federal “se dirige a los estudiantes que protestamos”, destacó Gilberto Guevara Niebla, representante estudiantil de la Facultad de Ciencias de la UNAM.

Independientemente del anuncio de Gobernación, el CNH acordó mantener la convocatoria que hizo ayer a la manifestación para el día 27 de este mes, cuyo destino será el Zócalo. Ahí realizará un mitin y, posteriormente, algunos contingentes se quedarán a hacer “guardia” frente a Palacio Nacional. Su expectativa es alta, pues prevé la participación de hasta medio millón de personas, entre estudiantes, profesores, padres de familia, obreros y campesinos.

De modo que se ha enfocado a la organización de la marcha, que partirá del Museo de Antropología, en Chapultepec, a las cuatro de la tarde, aunque después de una muy larga discusión por “el telefonazo”.

El “telefonazo”

La solicitud de Echeverría “de que nos comunicáramos ‘por teléfono’ para establecer los primeros contactos desató un agrio debate” –que duró cinco horas– en el Consejo Nacional de Huelga, reconoció, Raúl Álvarez Garín, uno de sus dirigentes.

El estudiante de Matemáticas lamentó que se hayan elaborado carteles y pintas en las escuelas del ala de Humanidades de la UNAM en contra del “telefonazo”, bajo el supuesto, dijo, “de que el simple hecho de responder al llamado tendría implicaciones negativas”.

Por otro lado, reveló que durante la tortuosa discusión en el Consejo “algunos delegados utilizaron paladinamente un argumento deleznable: ‘no estamos preparados para el diálogo’. Por fortuna, esto no se conoció por fuera del CNH, porque hubiera sido desastroso”, comentó.

Este acercamiento entre los estudiantes y el gobierno, se da luego de dos intentos fallidos de diálogo. El primero cuando los diputados no acudieron a un encuentro con integrantes del CNH en Ciudad Universitaria; y luego el intento del regente del Distrito Federal, Alfonso Corona del Rosal –que no prosperó porque pretendía hacerlo con la Federación de Estudiantes Técnicos (FNET), rechazada como interlocutora por el movimiento estudiantil.

Encienden la flama olímpica

Mientras tanto, en Olimpia, Grecia, este 23 de agosto, la actriz Maria Moscholiu encendió la antorcha olímpica y a las dos de la madrugada (tiempo de México) partió hacia la Ciudad de México, donde tendrán lugar los Juegos Olímpicos a partir del 12 de octubre próximo.

Referencias

Diego Ortega, Roberto, “1968: El ambiente y los hechos. Una cronología”, Nexos, 1 de septiembre de 1978. Consultado en https://www.nexos.com.mx/?p=3199

Poniatowska, Elena, La noche de Tlatelolco. Testimonios de historia oral, Ed. Era, México, 1971.

Gómez Nashiki, Antonio, “1968. Cronología del movimiento estudiantil mexicano”, Nexos, 1 de enero de 1988. Consultado en  https://www.nexos.com.mx/?p=4996

Diego Ortega, op. cit.

Guevara Niebla, Gilberto, La libertad nunca se olvida. Memoria del 68, Ed. Cal y Arena, México, pp. 206 y 207.

Gómez Nashiki, op. cit.

“50 años del 68”, suplemento especial, Gaceta UNAM. Consultado en http://www.gaceta.unam.mx/festivales-artisticos-contra-la-represion/

Álvarez Garín, Raúl, La estela de Tlatelolco, Ed. Ítaca, 2002, México, p. 58.

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El eclipse que salvó la vida de Cristóbal Colón en su cuarto viaje a América

Por sus conocimientos de astronomía, Cristóbal Colón pudo saber que habría un eclipse mientras estaba en Jamaica. Te contamos cómo lo utilizó para no morir de hambre.
11 de octubre, 2020
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Ilustración de Colón mostrando el eclipse a los nativos. Camille Flammarion 1879.

Getty Images
Hubo un eclipse el 29 de febrero de 1504 y Colón lo supo aprovechar para salvarse del hambre.

Son muchos los historiadores que coinciden en que Cristóbal Colón, el primer navegante europeo que llegó a América, fue un hombre sumamente astuto.

Pese a que tenemos pocas certezas sobre su vida, hay consenso en que su inteligencia y rapidez lo ayudaron en varias oportunidades, tanto a conseguir lo que buscaba como a salvarse de aprietos y necesidades.

Una de esas ocasiones se dio en 1504 cuando el Almirante estaba varado en Jamaica durante su cuarto y último viaje al continente.

Y para lograr lo que quería de los nativos de la isla recurrió a sus extensos conocimientos astronómicos.

“Un genio del engaño”

Colón partió en 1502 hacia América con el propósito de hallar un estrecho marítimo hacia Asia.

Pero tras más de un año navegando había perdido dos embarcaciones y las otras dos estaban muy deterioradas, lo que les impedía continuar.

Así que él y un centenar de hombres terminaron varados en el norte de Jamaica.

Imagen en 3D de las carabelas de Colón.

Getty Images
En su cuarto viaje a América, Colón quedó varado en Jamaica tras el naufragio y deterioro de sus embarcaciones.

No era la primera vez que Colón llegaba a esta isla ni tampoco la había llamado así.

El navegante llegó allí en 1494 y la bautizó como la isla Santiago. Sin embargo, nunca se refirió a ella con ese nombre en su diario del cuarto viaje. Siempre usó Jamaica.

Esa denominación deriva del nombre original de los aborígenes arahuacos que es Xaymaca o Yamaya que significa “tierra de madera y agua”.

El genovés envió a un grupo, comandado por uno de sus colaboradores Diego Méndez de Segura, en canoa a la isla La Española en busca de ayuda para rescatarlos.

Mientras esperaban consiguió intercambiar con los nativos algunas de sus posesiones por comida. Sin embargo, pasaban los días y los meses y el rescate no llegaba.

A finales de 1503, la relación con los indígenas empezó a deteriorarse.

“Se amotinaron y no le querían traer de comer como solían”, cuenta Méndez de Segura en su testamento.

Las memorias de Méndez de Segura y detalles de este último viaje fueron publicadas en 1825 por Martín Fernández de Navarrete en el libro “Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV”.

Si querían sobrevivir, tenían que hacer algo. Y Colón diseñó un plan tan genial como perverso: atemorizar a los aborígenes con un eclipse que ocurriría el 29 de febrero de 1504, justo el día extra de ese año bisiesto.

Retrato de Cristóbal Colón

Getty Images
Colón supo usar la astronomía para engañar a los nativos de Jamaica en 1504.

Y el navegante sabía por sus estudios que no sería cualquier eclipse, sino uno lunar que teñiría al satélite natural de la Tierra de rojo como la sangre. Podía presentarlo como un castigo divino del cual los nativos no podrían escapar.

“Colón era un genio del engaño. Y esta era una idea salvadora”, le dice a BBC Mundo Antonio Bernal, divulgador científico del Observatorio astronómico de Fabra, en Barcelona, España.

El episodio está extensamente narrado en el libro “El Memorial de los Libros Naufragados”, del historiador inglés Edward Wilson-Lee, sobre el que puedes leer más en el link que sigue.

Dios está enojado

Según el relato de Méndez, “Él (Colón) hizo llamar a todos los caciques y les dijo que se maravillaba de que no le llevaran comida como solían, sabiendo, como les había dicho, que había venido allí por mandato de Dios”.

Les dijo “que Dios estaba enojado con ellos y que se los mostraría aquella noche por señales que haría en el cielo; y como aquella noche era el eclipse de la Luna, casi todo se oscureció”.

Colón reforzó la idea de que Dios provocaba el eclipse por enfado, “porque no le traían de comer y ellos le creyeron y se fueron muy espantados y prometieron que le traerían siempre de comer“, dice el libro de Fernández de Navarrete.

Eclipse lunar de julio de 2018

Getty Images
El eclipse de Luna suele teñir al satélite natural de la Tierra en rojo por unos minutos.

Colón sabía a qué hora empezaba el eclipse y que la Luna se volvería roja.

“El eclipse de Luna tiene dos partes principales: una es el principio, que es la parte parcial, en la que la Luna se ve parcialmente oscura. Y cuando está toda negra, empieza la segunda parte que es la de totalidad”, explica Bernal.

“Este eclipse tenía, además, una característica especial: la Luna se eclipsaba cuando todavía estaba sin salir, debajo del horizonte”, añade.

Entonces cuando apareció en el cielo ya se vio parcialmente oscura.

“Y después de la totalidad, los eclipses de Luna hacen que esta se vea roja, por refracción de la atmosfera terrestre“, detalla.

Esto se debe a que la luz solar no llega directamente a la Luna, sino que parte ella es filtrada por la atmósfera de la Tierra y os colores rojizos y anaranjados se proyectan sobre el satélite natural.

¿Pero por qué estaba Colón tan seguro de que habría un eclipse?

El almanaque

Cristóbal Colón tenía muchos conocimientos a su haber: sabía de navegación, hablaba varias lenguas, y “tenía una escritura muy bonita”, según cuenta Consuelo Varela, profesora de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), de España.

“Él era un hombre con una gran capacidad y un ansia de conocer y aprender. Quizás la característica que resaltaría de Colón es su empeño en saber las cosas”, le dice a BBC Mundo la historiadora española experta en temas americanos y en Colón.

Pero sobre todo “Colón conocía el cielo”, agrega Bernal. “Conocía las estrellas y se guiaba por ellas”.

El Almirante era un aficionado a la astronomía y se sabe que en sus viajes llevaba consigo un calendario de eclipses: el almanaque Regiomontano.

Este fue confeccionado por el astrónomo y matemático alemán Johann Müller (1436-1476), cuyo apodo era precisamente “Regiomontano”, que proviene de la traducción latina del nombre de la ciudad alemana donde nació: Königsberg y que significa (Montaña real o Montaña Regia).

Parte del almanaque de Regiomontano con dos agujas móviles para calcular el movimiento de la Luna.

Gentileza Biblioteca de la Universidad de Glasgow
El almanaque Regiomontano contaba con dos agujas móviles para calcular el movimiento de la Luna.

Los calendarios y almanaques impresos eran extremadamente populares en los siglos XV y XVI y proporcionaban a la gente los conocimientos básicos necesarios para planificar sus rutinas diarias.

“Los fenómenos celestes servían para muchas cosas: primero para orientarse, y segundo, la meteorología se predecía con los fenómenos celestes. Hoy sabemos que eso es un error, pero en ese tiempo no se sabía”, explica Bernal.

El almanaque de Regiomontano, en particular, era muy utilizado porque sus cálculos eran muy precisos.

Su creador registró varios eclipses de Luna y su interés lo llevó a hacer la importante observación de que la longitud en el mar se podía determinar calculando distancias lunares.

Incluso en 1472 observó un cometa, 210 años antes de que el astrónomo Edmund Halley lo viera “por primera vez”, destaca la Universidad de Glasgow en sus archivos y colecciones especiales, que cuenta con una copia de este calendario impreso en 1482.

Estas dos páginas del almanaque de Regiomontano describen los eclipses de Sol y Luna. En el extremo derecho inferior está señalado el eclipse de Luna del 29 de febrero de 1504 que utilizó Cristóbal Colón.

Gentileza Biblioteca de la Universidad de Glasgow
Estas dos páginas del almanaque de Regiomontano describen los eclipses de Sol y Luna. En el extremo derecho inferior está señalado el eclipse de Luna del 29 de febrero de 1504 que utilizó Cristóbal Colón.

Se trataba de una ayuda indispensable para cartógrafos, navegantes y astrólogos.

Fue esa la herramienta que Colón utilizó para “predecir” el eclipse lunar del 29 de febrero de 1504 y salvarse a él y a sus hombres de morir de hambre, hasta que en junio de ese año finalmente llegaron los refuerzos que tanto esperaban.

“Colón era un hombre enormemente listo y esa era la única forma que tenía de asustar a los indios. El sobresalto que se debieron dar los pobres indígenas“, dice bromeando Consuelo Varela.


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