Afectados por derrame en Río Sonora exigen a la SCJN cancelar proyecto en zona contaminada
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Andrea Vega

Afectados por derrame en Río Sonora exigen a la SCJN cancelar proyecto en zona contaminada

Comités de Cuenca Río Sonora pidieron a la SCJN declarar inconstitucional la autorización otorgada a Grupo México para ampliar un proyecto de explotación de minerales, que se encuentra en la misma zona donde hace cuatro años se registró el peor desastre ambiental en la historia del país.
Andrea Vega
21 de agosto, 2018
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La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) emitirá en estos días su fallo sobre el amparo interpuesto por los representantes de los Comités de Cuenca Río Sonora (CCRS) en el que exigen se declare inconstitucional la autorización otorgada por la SEMARNAT a la minera Buenavista del Cobre, de Grupo México, para la ampliación de una presa de jales, estructura donde se almacenan desechos derivados de la explotación de minerales.

La presa se está construyendo en la misma zona donde hace cuatro años se derramaron 40 millones de litros de sulfato de cobre acidulado. Esos desechos provenían de la misma minera de Grupo México, que los almacenaba en una pileta de lixiviación, donde se utilizaba ácido sulfúrico y agua para separar metales de otros sólidos. El derrame contaminó los ríos Bacánuchi y Sonora, y afectó a más de 22 mil personas de los municipios de Arizpe, Banámichi, Huepac, San Felipe de Jesús, Aconchi, Bavícora y Ures.

Los representantes de los Comités de Cuenca Río Sonora, donde se aglutinan los pobladores afectados, aseguraron en una manifestación frente a la SCJN que la presa de jales ya autorizada por la SEMARNAT tiene 80 mil veces más capacidad que la pileta de lixiviación implicada en el desastre ambiental de 2014, considerado el peor en la historia del país.

“Ese derrame nos cambió la vida. Desde entonces no tenemos agua potable. Ya no queremos sembrar. Tenemos duraznos, pero nos da miedo comerlos. Hay rumores de que nos van a mover más lejos por la ampliación de la presa. Nosotros no queremos irnos, de aquí somos”, dice María Elena Bustamante, habitante de Bacánuchi y representante de los CCRS.

Los pobladores aseguran que nunca se les consultó sobre el proyecto de la presa. “Nunca nos tomaron en cuenta para decidir, como no nos han tomado en cuenta antes, pese a las afectaciones que hemos tenido, por eso interpusimos el amparo”.

Luis Miguel Cano, abogado de PODER, organización que lleva el caso, explicó que el recurso legal se interpuso en el Juzgado Noveno de Distrito de Agua Prieta, con competencia para resolver sobre los asuntos de Cananea, donde se encuentra la mina.

En entrevista, Cano describió que este juzgado dictó sentencia en contra y dijo que los demandantes no tenían ni siquiera legitimación para interponer el recurso, porque sólo la población de Cananea podía cuestionar el proyecto. “Como si el derrame de 2014 no hubiera afectado a la gente de río abajo. Lo que la mina hace afecta a toda la zona”.

Ante la resolución en contra, los pobladores interpusieron un nuevo recurso de inconformidad. El Tribunal Colegiado de Circuito de Sonora en Materia Penal y Administrativa les dio la razón. Revocó la decisión del juzgado local y determinó que el tema de fondo era tan importante que debía conocerlo la SCJN. La Segunda Sala lo admitió en abril pasado.

El asunto está en el orden del día de este miércoles que la Suprema Corte debe atender. La regla común es que los asuntos se resuelvan el día que quedan listados, pero hay la posibilidad de que la votación del proyecto de sentencia se difiera para la próxima semana.

La Corte, señala el abogado, tiene dos opciones. Se puede comportar como mero juzgado de legalidad y decir que la Ley General de Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente tiene lagunas y omisiones y que no dispone en ningún lado que proyectos como éste, una presa de jales, deben abrirse a la participación informada de la gente “o puede estar a la altura de un tribunal constitucional, a la altura de sus remuneraciones, y defender la constitución, en primer lugar”.

En la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos el derecho a la participación está mencionado, aunque de forma vaga, aclara el abogado, en el artículo 26, donde se estipula que la planeación nacional del desarrollo tiene que ser democrática y debe estar abierta a participación.

Las leyes internacionales sí la contemplan con mayor claridad, entre ellas el Artículo 23 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, el Artículo 25 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Convenio de Escazú (acuerdo regional, próximo a firmarse, sobre el acceso a la información, la participación pública y el acceso a la justicia en asuntos ambientales en América Latina y el Caribe), del que México fue impulsor.

Organizaciones de defensa de derechos humanos y del medio ambiente, como ProDESC, CEMDA, SERAPAZ, FUNDAR, GREENPEACE y OXFAM se sumaron a la demanda ante la SCJN y entregaron un Amicus Curiae, documento dirigido a los ministros de la Segunda Sala, en el que exponen elementos jurídicos sobre el derecho a la participación pública en asuntos ambientales.

Representantes de otros movimientos como el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT-Atenco), Mexicali Resiste y los defensores del agua de Tlanixco, Estado de México, se unieron al acto público afuera de la Suprema Corte en apoyo a los pobladores de Sonora.

Si el fallo de la corte es favorable para los pobladores, la SEMARNAT deberá dejar sin efectos la autorización para la presa y el proyecto deberá suspenderse, hasta que la comunidad reciba información y pueda opinar. “Un fallo así sentaría precedente para otros casos similares”, afirma Cano.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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Los miniórganos creados por científicos que revolucionan el conocimiento sobre COVID

Desde minipulmones a minivasos sanguíneos. Técnicas desarrolladas hace pocos años permiten evaluar rápidamente posibles tratamientos y entender mejor cómo el coronavirus afecta a diferentes partes del cuerpo.
5 de diciembre, 2020
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Imagina tomar un puñado de células humanas de diferentes tipos y, después de una serie de procedimientos, transformarlas en un órgano en miniatura, que funciona y puede ser observado a simple vista.

Esto ya es posible hoy: los miniórganos (u organoides, nombre preferido entre los científicos) son una herramienta poderosa, que ayuda a comprender cómo el SARS-CoV-2, el coronavirus responsable de la pandemia actual, causa daños en diferentes partes de nuestro cuerpo.

Gracias a esta tecnología, los expertos evaluaron varios tratamientos posibles y entendieron rápidamente que la covid-19 no era solo una enfermedad que afectaba al sistema respiratorio, sino que tenía repercusiones en el corazón, intestino, riñones e incluso en el cerebro.

¿Pero cómo se crea un miniórgano? ¿Y qué ventajas tiene en comparación con otros métodos más antiguos, como los cultivos celulares y las cobayas de laboratorio?

Volver al pasado para proyectar el futuro

La materia prima básica para la construcción de un organoide son las células simples presentes en la piel o el sistema urinario. Tras la selección, los científicos realizan un procedimiento que hace que estas unidades se conviertan en células madre.

Es como si esas células retrocedieran en el tiempo. A través de una transformación genética se vuelven células madre nuevamente”, señaló la neurocientífica Marília Zaluar Guimarães, del Instituto D’Or de Investigación y Educación, en Río de Janeiro (IDor).

La descripción de este proceso biológico y la tecnología capaz de hacerlo factible le valieron al británico John Gurdon y al japonés Shinya Yamanaka el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 2012.

Placa de petri circular con pequeñas esferas dentro que representan los minicerebros

Getty Images
Esta ilustración muestra el tamaño de minicerebros en una placa de Petri y cómo pueden ser apreciados a simple vista.

Pero esa es apenas una parte de la historia. Después de que las células “retroceden en el tiempo”, es preciso realizar otro paso. “Hacemos que estas células madre se diferencien y se especialicen nuevamente”, agregó Guimarães, quien también es profesora de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) en Brasil.

En otras palabras, es posible tomar una célula de la piel y, siguiendo unos pocos pasos, lograr una metamorfosis para que se convierta en una neurona o en un glóbulo rojo.

La gran ventaja es que los organoides no son solo un montón de células que pueden ser analizadas con la ayuda de un microscopio. Hablamos aquí de formaciones más complejas, que agrupan a más de un tipo de célula y, a menudo, son visibles a simple vista. Realmente se trata de un órgano en escala reducida.

“Los minicerebros, por ejemplo, son esféricos, pero no tienen la misma forma que el órgano real. Lo que nos permite saber que esa estructura se asemeja al original son sus características celulares y bioquímicas”, explicó el biólogo Daniel Martins de Souza, de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) en Brasil.

Los orígenes

En una perspectiva histórica, la posibilidad de construir miniórganos es muy reciente. Los científicos solo han podido avanzar significativamente en este tema en los últimos 10 años.

Pero en este período breve los organoides ya hicieron grandes contribuciones a la ciencia. Uno de los mayores ejemplos de esto ocurrió durante la epidemia de Zika, que preocupó al mundo en 2015 y 2016.

Bebé en Brasil que padece microcefalia con una médica

Getty Images
Investigaciones con las nuevas técnicas permitieron demostrar que el Zika afecta las células del sistema nervioso e inhibe su crecimiento, provocando el síndrome congénito que causa microcefalia en bebés.

Transmitido por la picadura del mosquito Aedes aegypti, el virus causa síntomas relativamente simples, como fiebre baja, dolor y enrojecimiento de los ojos.

Pero la explosión de casos de microcefalia (cuando el bebé nace con un cráneo y un cerebro más pequeños de lo habitual) en la región noreste del país fue una señal de alerta: ¿podría una infección de zika durante el embarazo estar relacionada con esta complicación grave?

La sospecha se confirmó gracias a la investigación con organoides. En el laboratorio, un equipo liderado por el neurocientífico Stevens Rehen, de UFRJ e IDor, utilizó minicerebros para demostrar que el Zika en realidad afecta las células del sistema nervioso e inhibe su crecimiento, provocando el síndrome congénito asociado con la infección, que causa microcefalia y otros problemas de salud en los bebés.

“Esta fue la primera vez que se utilizó el modelo de los organoides para comprender una enfermedad viral”, recordó Guimarães.

Las ventajas

En las últimas décadas, los cultivos celulares y las cobayas han sido los principales medios para realizar estudios preliminares con candidatos a fármacos o vacunas.

La idea es comprender cómo actúan estas nuevas moléculas a una escala menor y más controlada antes de pasar a los ensayos clínicos con seres humanos.

Estas metodologías también permiten comprender cómo una determinada enfermedad afecta al organismo, aunque sea en forma simplificada.

Ilustración que muestra coronavirus y el cuerpo de un hombre

Getty Images
Sin los organoides, el conocimiento sobre la covid-19 tardaría mucho más en estar disponible.

Pero las alternativas más antiguas tienen una serie de limitaciones, comenzando por su propia simplicidad, que no reproduce las mismas características de la vida real.

“Los organoides, en cambio, están compuestos por diferentes células y tienen una estructura tridimensional. Por eso, tienen funciones más similares a lo que sucede en la realidad“, afirmó el experto en farmacéutica Kazuo Takayama, profesor de la Universidad de Kioto en Japón.

En el caso de las cobayas también existe una limitación en la cantidad de animales disponibles para su uso en experimentos. “Es posible cultivar miniórganos en el laboratorio casi infinitamente, por lo que pueden usarse para probar nuevos medicamentos a gran escala”, agregó Takayama.

Conocimiento optimizado

Durante una pandemia como la que estamos viviendo, este enfoque moderno también permitió acelerar algunos procesos y obtener información esencial rápidamente.

Sin los organoides, el conocimiento sobre la covid-19 tardaría mucho más en estar disponible. Esto, a su vez, obstaculizaría el avance de la ciencia y retrasaría aún más la llegada de métodos seguros y eficaces de diagnóstico, prevención y tratamiento.

Ilustración de un vaso sanguíneo, células de la sangre y un coronavirus

Getty Images
Las investigaciones con miniórganos permitieron entender qué células invade el coronavirus. Actualmente se sabe que el patógeno puede afectar los vasos sanguíneos.

Veamos ejemplos prácticos de cómo sucedió esto en los últimos meses. Ante la emergencia sanitaria mundial, muchos expertos quisieron evaluar si ya existían medicamentos disponibles en el mercado que pudieran combatir el virus o mitigar sus daños.

Muchas de estas terapias se probaron en organoides. Aquellos tratamientos que no funcionaron de inmediato fueron descartados. Y los medicamentos que mostraron algún efecto positivo inicial evolucionaron más rápidamente hacia las siguientes fases de investigación. Imagina cuánto tiempo se ahorró con esta evaluación inicial.

Pero las aplicaciones fueron más allá del área farmacéutica. Investigadores en Japón y Estados Unidos se centraron en los minipulmones y descubrieron que el SARS-CoV-2 invade y destruye células del sistema respiratorio. Esto, a su vez, puede generar una respuesta inflamatoria muy fuerte y dañina para la salud de la persona afectada por la infección.

“En general, los organoides nos permitieron comprender qué células humanas invade el coronavirus y utiliza para replicarse. Nuestro grupo demostró que esto sucede en el intestino, lo que explica los síntomas gastrointestinales que se observan en muchos pacientes”, señaron los investigadores Joep Beumer y Maarten Geurts, del Instituto Hubrecht, en Holanda.

Otro experimento realizado en la Universidad de la Columbia Británica en Canadá y en el Instituto de Biotecnología Molecular en Viena, Austria, construyó vasos sanguíneos en miniatura. De esa forma se pudo observar que el virus de la covid-19 invade el endotelio (la capa interna de las venas y arterias).

Esto tiene dos implicaciones principales. El primero es la formación de coágulos que bloquean el paso de la sangre y pueden desencadenar un ataque cardíaco, un derrame cerebral o una trombosis. En segundo lugar, existe la sospecha de que a través de la circulación sanguínea el patógeno puede “filtrarse” a diferentes áreas del cuerpo y afectar otros órganos importantes.

Las iniciativas no terminan ahí. Se sigue trabajando con organoides para evaluar posibles huellas del coronavirus en el hígado, los riñones, el corazón y el cerebro.

Foto tomada con un microscopio que muestra neuroesferas y coronavirus

Carolina Pedrosa – IDor
Neuroesferas infectadas por SARS-CoV-2. Los puntos azules son los núcleos de las células. La zona verde es el coronavirus.

Los límites

A pesar de tener tantas ventajas, los organoides no son perfectos y no permiten encontrar todas las respuestas.

“Esta es un área que está dando sus primeros pasos y enfrenta importantes desafíos. Muchas de estas estructuras están hechas con células aún inmaduras, lo que significa que no son 100% comparables a los órganos de un adulto“, afirmó Núria Montserrat Pulido, profesora del Instituto de Bioingeniería de Cataluña, España.

La bioquímica Shuibing Chen, de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, destacó la gran variabilidad entre los modelos de miniórganos utilizados por los grupos de investigación.

“Necesitamos estandarizar este material para comprender las aplicaciones de nuestros esfuerzos en el mundo real”, advirtió.

La inversión financiera es otra barrera a considerar en este contexto. “Los materiales que utilizamos son caros y estamos trabajando para crear sistemas rentables”, añadió Chen.

Souza destacó un impedimento más: los miniórganos son (aún) estructuras aisladas, que no interactúan con otros sistemas del cuerpo humano. Por ello no es posible comprender cómo los efectos del coronavirus en los riñones, por ejemplo, repercuten en el corazón o en el intestino.

“Tal vez en el futuro tendremos diferentes organoides conectados, para que interactúen en el laboratorio”, agregó Souza.

Si los organoides ya han aportado tanto conocimiento en sus primeros pasos, imagina lo que podrán hacer cuando sean perfeccionados.


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https://www.youtube.com/watch?v=3KQvURTJmgA

Si los organoides ya han aportado tanto conocimiento en sus primeros pasos, imagina lo que podrán hacer cuando sean perfeccionados.

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