Se amparan contra el Inegi por no contar asentamientos irregulares
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Elizabeth Ruiz / Cuartoscuro.com

Se amparan contra el Inegi por no contar asentamientos irregulares

La organización civil TECHO pidió a un juez que el Inegi cuente los asentamientos irregulares y las condiciones de vida de las personas que los habitan, para propiciar el diseño de políticas públicas que garanticen el derecho a la vivienda junto con otros derechos consagrados en la Constitución.
Elizabeth Ruiz / Cuartoscuro.com
29 de agosto, 2018
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La organización civil TECHO interpuso un amparo para que una autoridad judicial obligue al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) a contar el número de asentamientos irregulares que existen en el país y las características de quienes los habitan.

“Ojalá no tuviéramos que recurrir a este tipo de medidas para tener esa información, pero el gobierno que va de salida nunca se interesó por el tema de los asentamientos. Esperamos que el nuevo gobierno sí lo haga, aunque no ha dicho nada sobre el punto de generar esa información”, explica Enrique Cano, director social de TECHO México.

Contar los asentamientos irregulares es indispensable para el diseño de políticas públicas que garanticen el derecho a la vivienda de las personas que se ven obligadas a vivir en ellos, junto con otros derechos consagrados en la Constitución, considera la organización.

“Las causas estructurales que dan pie a los asentamientos informales son la baja oferta de suelo asequible y adecuado, sumado a los niveles de pobreza y desigualdad del país. Sin información no podemos avanzar en la construcción de un México más justo”, señala Cano.

Leer: Mitos sobre la población en asentamientos informales

TECHO, una organización latinoamericana con presencia en varios países que busca ayudar a superar la situación de pobreza que viven millones de personas en asentamientos informales, ha denunciado que en México no hay la información mínima sobre estos asentamientos ni mucho menos sobre quienes los habitan: no se sabe cuántos asentamientos de ese tipo existen en el país, cuánta gente habita en ellos, en qué condiciones y si tienen acceso a los servicios básicos.

De acuerdo con estimaciones de ONU Hábitat, en América Latina más de 104 millones de personas viven en asentamientos informales​, equivalente al 23.5 % de la población total. Algunos países del continente han hecho ya un censo, como Argentina, pero México aún no cuenta con uno.

 

Por ello la organización presentó un amparo en contra del Inegi, después de una solicitud de información  vía Transparencia en la que preguntó al instituto cuántos asentamientos informales existen en el territorio nacioal, cuántos hay en cada entidad, cuál es el número de personas que los habitan, cuántos son mujeres y cuántos se autoadscriben como indígenas.

“Fueron 15 preguntas en total, nos contestaron que no tenían la información”, dice Cano. Si bien el INEGI aclaró que durante el levantamiento del Censo Nacional de Gobiernos Municipales y Delegaciones 2017 se captaron datos sobre asentamientos irregulares, “para TECHO resultan ambiguos e incompletos. Además no son públicos y no cuentan la totalidad de la población”. Se espera que el próximo miércoles se publique en el Diario Oficial de la Federación la fecha en la que se resolverá el recurso o si la revisión de éste se alargará.

Leer: Las ciudades invisibles de la AMLÓpolis

De acuerdo con TECHO, la falta de información es uno de los principales obstáculos para diseñar políticas públicas y garantizar que habitantes de asentamientos irregulares cuenten con servicios públicos básicos.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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Por qué cada vez más indios cruzan la frontera entre México y EU; así es su largo viaje

En el último año se ha disparado el número de personas de la India que buscan asilo en EU, muchos de ellos perseguidos por su religión, sus ideas políticas o su orientación sexual.
27 de octubre, 2022
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Abiertamente gay en una región especialmente conservadora del Punjab en la India, Jashan Preet Singh tuvo una vida muy dura por mucho tiempo.

Singh, de 24 años, estaba acostumbrado a la discriminación diaria en su ciudad natal, Jalandharm, donde sufría el acoso y las palizas de sus vecinos y su familia, que en gran medida le había dado la espalda.

Pero lo que sucedió a finales del año pasado fue aún más grave.

“Unas 15 o 20 personas intentaron matarme”, declaró a BBC desde Fresno, California. “Me escapé de allí y salvé mi vida. Pero cortaron varias partes de mi cuerpo”.

El ataque le dejó un brazo mutilado y un pulgar cercenado.

La fuga de Singh le llevó en un viaje por Turquía y Francia para alcanzar finalmente la frontera entre México y Estados Unidos, a casi 12.800 km de distancia, donde cruzó a California para comenzar una nueva vida en el país norteamericano.

Durante años la llegada de inmigrantes indios a EU venía siendo lenta pero constante, con decenas e incluso cientos cada mes.

En 2022, sin embargo, las cifras se han disparado.

Desde el inicio del año fiscal (el pasado octubre) las autoridades estadounidenses han detenido a una cifra récord de 16.290 ciudadanos indios en la frontera con México.

El máximo anterior era de poco más de la mitad, 8.997, en el año 2018.

Los expertos enumeran una serie de razones para este aumento: el clima de discriminación en India, el fin de las restricciones por la pandemia, la percepción de que la actual administración de EU recibe a los solicitantes de asilo y el crecimiento de las redes de contrabando.

Migrantes de India detenidos en la frontera de EE.UU. y México. . El número de inmigrantes indios detenidos en la frontera ha aumentado constantemente desde 2014. .

Aunque algunos migrantes indios van a EU por razones económicas, muchos huyen de la persecución, asegura Deepak Ahluwalia, un abogado de inmigración que ha representado a ciudadanos de este país en Texas y California.

Estos abarcan desde musulmanes, cristianos o hindúes de “casta baja” hasta miembros de la comunidad LGBT que temen la violencia de nacionalistas hindúes extremos, así como partidarios de movimientos secesionistas y agricultores de la región de Punjab, sacudida por protestas desde 2020.

Las condiciones de vida de muchas de estas personas se han deteriorado en los últimos años, según los observadores internacionales.

Decisiones difíciles

Tomar la decisión de dejar su país no fue fácil para Singh.

Primero consideró mudarse a otra ciudad india, pero temía que lo trataran igual de mal.

“No hay una cultura de mente abierta hacia las personas homosexuales”, asegura. “Ser gay allí es un gran problema”.

India solo despenalizó el sexo entre personas del mismo género en 2018, y el matrimonio sigue siendo ilegal.

El hermano de Singh lo puso en contacto con una “agencia de viajes” india, en realidad una sucursal de una sofisticada y costosa red de contrabando.

Ciudadanos indios procesados por funcionarios de inmigración de EE. UU. después de cruzar la frontera

Getty Images
Ciudadanos indios procesados por funcionarios de inmigración de EU después de cruzar la frontera el 26 de septiembre.

Esta lo llevó primero a Turquía, donde “la vida era muy dura”, y luego a Francia, donde consideró quedarse, pero no pudo encontrar trabajo. Fueron más de seis meses de viaje.

Al final su “agente de viajes” hizo los arreglos para que se uniera a un pequeño grupo de indios que se dirigían a EU, donde muchos, también él, tenían familiares.

“Nos cobró mucho dinero”, dijo Singh. “De Francia me llevó a Cancún, y de ahí a Ciudad de México y al norte“.

Un viaje aún más complicado

Los migrantes como Singh suelen ver Estados Unidos como “la puerta de entrada definitiva” a una vida mejor, afirma Ahluwalia, el abogado.

Sin embargo, la enorme distancia hace que el viaje a los EU sea extremadamente complicado.

Tradicionalmente los inmigrantes indios que llegan a la frontera entre Estados Unidos y México han usado servicios de contrabando “de puerta a puerta”, con viajes organizados desde India hasta América del Sur.

A menudo les guían por todo el camino y viajan en pequeños grupos con sus compatriotas que hablan el mismo idioma, en lugar de hacerlo individualmente o solo con miembros de la familia.

Estas redes a menudo comienzan con “agentes de viajes” en India que subcontratan partes del trayecto a grupos criminales asociados en América Latina.

Jessica Bolter, analista del Instituto de Políticas Migratorias con sede en Washington DC, explicó que la afluencia de migrantes indios también está aumentando como resultado del “efecto llamada” que se produce cuando quienes han usado estos servicios los recomiendan a amigos o familia en la India.

“Naturalmente crecen y atraen a más migrantes”, dijo, aunque matizó que “por supuesto, eso no sucede sin que primero los migrantes quieran irse“.

La experiencia de Manpreet, un joven de 20 años de Punjab que pidió ser identificado solo por su nombre de pila, es la típica de quienes usan la ruta del sur.

Vocal crítico del partido gobernante BJP (Partido Bharatiya Jannata) de India, huyó del país tras ser perseguido por sus ideas políticas.

De Ecuador tomé un bus a Colombia y de Colombia otro a Panamá“, recordó Manpreet en una entrevista con BBC desde California.

“Desde allí, en un barco, (fui a) Nicaragua y Guatemala, luego a México, y entré a EU”.

Migrantes indios en un campamento humanitario en Panamá en 2019

Getty Images
Migrantes indios en un campamento humanitario en Panamá en 2019.

Un comienzo nuevo e incierto

Una vez en Estados Unidos, los inmigrantes como Singh inician un largo proceso legal para solicitar asilo.

La mayoría de las veces comienza con lo que los funcionarios estadounidenses denominan una “entrevista de miedo creíble”, en la que deben convencer a las autoridades de que se enfrentarán a una persecución si regresan a casa.

“Este primer paso es el más importante”, explica Ahluwalia.

Si el agente “considera que no hay un miedo creíble, su caso nunca avanzará. Eso es desastroso”.

Si, de lo contrario, cree que los temores son fundados, es probable que el aspirante a solicitante de asilo reciba un aviso para comparecer ante un juez de inmigración que considerará su petición.

El proceso es largo, con tiempos de espera de varios años -algo que últimamente se ha convertido en norma en EU- sin la garantía de un resultado positivo.

Singh, mientras, vive en Estados Unidos desde finales de junio y está ahorrando dinero para contratar a un abogado.

Aunque su viaje fue largo y nadie le garantiza un futuro estable en el país norteamericano, es mejor que la otra alternativa que tenía, asegura.

“Siempre iba a temer por mi vida”, afirma. “Desde que estoy aquí, nunca he sentido algo así”.


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