Cómo es la Casa Grande del Pueblo, la lujosa nueva sede del gobierno de Bolivia y hogar de Evo Morales
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Cómo es la Casa Grande del Pueblo, la lujosa nueva sede del gobierno de Bolivia y hogar de Evo Morales

Este edificio reemplaza al Palacio Quemado y es un moderno rascacielos vidriado de 29 pisos en el casco histórico de La Paz. Para el gobierno es un símbolo de la nueva Bolivia pero sus críticos cuestionan su costo, sus lujos y su impacto arquitectónico.
Reuters
18 de agosto, 2018
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Su nombre oficial es la Casa Grande del Pueblo pero muchos en Bolivia lo llaman el Palacio de Evo.

La nueva sede presidencial de Bolivia costó US$34 millones -algunos medios locales afirman que bastante más- y es un moderno rascacielos vidriado de 29 pisos que se impone sobre los edificios coloniales de poca altura característicos del casco histórico de la ciudad.

El edificio, que fue inaugurado por el presidente Evo Morales el pasado 9 de agosto, fue construido en la plaza Murillo de La Paz, detrás de la vieja sede de gobierno, utilizada desde el siglo XIX y apodada el Palacio Quemado desde que fue incendiado en 1875.

Al lado, está la Catedral Metropolitana y a pocos metros el Palacio Legislativo.

En sus 120 metros de altura, la Casa Grande del Pueblo alberga las oficinas de la presidencia, la vicepresidencia y cinco ministerios del Poder Ejecutivo.

También es la residencia oficial del jefe de Estado y de ahí surgió uno de los varios puntos de controversia en torno a su creación.

La Casa Grande del Pueblo en construcción, en 2017

Getty Images
La construcción del nuevo edificio tardó cuatro años y se alzó directamente detrás del viejo Palacio Quemado.

El diario local Página Siete reveló en un informe que el nuevo alojamiento de Morales consiste en una suite de lujo de más de 1,000 metros cuadrados que incluye un gimnasio, una sala para masajes, un jacuzzi y un sauna.

El medio informó que el vestidor del presidente tiene 47 metros cuadrados y su habitación 61.

“Como comparación, las viviendas sociales que entrega el gobierno suelen tener 61 metros cuadrados, para acoger a una familia completa. La suite de Morales equivale a la extensión de 17 casas populares”, resaltó el diario en su artículo.

“Una necesidad para el pueblo”

La ministra de Comunicación, Gisela López, fue la encargada de responder a las críticas sobre el proyecto.

“Por eso, este nuevo edificio, una necesidad para el Ejecutivo, una necesidad para el pueblo, se llama la Casa del Pueblo, porque nuestro gobierno gobierna con el pueblo”, dijo López, quien se rehusó a negar o confirmar las revelaciones que dio Página Siete.

López también aseguró que el edificio “no es de lujo” y aclaró que el Estado pagó un promedio de US$1.000 por metro cuadrado, cuando “las edificaciones oscilan entre US$1.500 a US$1.200 el metro cuadrado”.

El propio Morales rechazó las acusaciones sobre el alto costo del nuevo edificio, afirmando que de hecho le ahorrará dinero al Estado, porque alojará a cinco ministerios que en la actualidad alquilan instalaciones por valor de unos US$20 millones por año.

Centro de La Paz, Bolivia.

Getty Images
Los edificios altos están prohibidos en el centro de La Paz.

Pero las críticas van más allá de quienes consideran que la Casa Grande del Pueblo es un “proyecto de vanidad” del primer presidente indígena del país, quien hace días se convirtió en el mandatario que más tiempo ha gobernado Bolivia.

Prohibido

Más allá de los lujos y de los debates sobre el costo real del proyecto, también hay muchos que cuestionan el impacto urbanístico del nuevo edificio.

La obra se realizó a pesar de una norma municipal que prohíbe expresamente la construcción de edificios elevados en el centro histórico de La Paz.

Morales pudo pasar por alto ese impedimento con el apoyo del parlamento, que es controlado por su partido.

La Casa Grande del Pueblo es tan alta que es visible desde casi todos los puntos de la ciudad. Y muchos consideran que el moderno edificio, con frente espejado y helipuerto en la azotea, rompe la estética del casco viejo paceño, lleno de casonas de estilo colonial.

El contraste es aún más fuerte de noche: cuando cae el sol se desplieguen unas luces led que adornan la fachada del edificio.

La Casa Grande del Pueblo iluminada de noche

Getty Images
Así se ve La Casa Grande del Pueblo de noche.

Pero durante un discurso para inaugurar la nueva sede, el presidente afirmó que el objetivo es justamente romper con el pasado, y sus raíces europeas.

“Hoy día dejamos el palacio colonial para venirnos a la Casa Grande del Estado Plurinacional de Bolivia gracias a la lucha y a la unidad del pueblo boliviano”, afirmó Morales.

Vestigio colonial

El Palacio Quemado -que será transformado en un museo– está en el lugar donde los españoles instalaron el primer Cabildo. Según el mandatario, es un vestigio del colonialismo y un símbolo de los gobiernos neoliberales que despojaron al Estado de su riqueza, su patrimonio y su memoria.

El nuevo edificio recoge elementos indígenas: su diseño se inspiró en los centros ceremoniales de las ruinas de Tiahuanaco y los diferentes espacios llevan nombres de líderes indígenas y regiones ancestrales del país.

La Casa Grande del Pueblo por dentro, durante su inauguración.

Getty Images
La nueva sede de gobierno tiene muchos detalles de la cultura indígena.

Para Morales y sus simpatizantes, el edificio representa a la nueva Bolivia, uno de los países que más ha crecido económicamente en América Latina en la última década.

En cambio, los críticos del gobernante consideran que es un proyecto fastuoso que busca “glorificar” e “inmortalizar” al presidente indígena, quien ya ha dicho que buscará un cuarto período presidencial en 2019.

Uno de sus históricos rivales, el empresario Samuel Doria Medina, consideró “un derroche” la nueva sede presidencial y propuso usar el edificio para tratar a enfermos de cáncer.

“Deje de lado esos lujos de rey, que ese nuevo palacio sea hospital“, fustigó a través de las redes sociales.

Más allá del debate sobre si era o no un gasto necesario y de los aplausos de algunos y los abucheos de otros por la ruptura arquitectónica que significa, lo cierto es que este edificio representa un nuevo tiempo político en Bolivia.

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AFP

Biden advierte que el huracán Ian puede ser el 'más letal' en la historia de Florida

Biden señaló que aún no tiene los números claros, pero que recibió informaciones sobre pérdida de vidas humanas, tras el paso del huracán Ian en Florida.
AFP
Por AFP
29 de septiembre, 2022
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El presidente estadounidense Joe Biden advirtió este jueves que el huracán Ian puede haber sido el “más letal” en la historia de Florida y afirmó que viajará al lugar “cuando las condiciones lo permitan”.

“Este podría ser el huracán más letal en la historia de Florida”, dijo después de una visita a los locales de la agencia a cargo de los desastres naturales (FEMA) en Washington.

“Los números (…) aún no están claros, pero recibimos informaciones que dan cuenta de una sustancial pérdida de vidas” por el huracán, que ha devastado partes de este estado del sureste de Estados Unidos.

“Cuando las condiciones lo permitan, iré a Florida”, dijo. Añadió que también prevé visitar el territorio insular caribeño de Puerto Rico, que todavía se recupera del huracán Fiona.

Ian, degradado a tormenta tropical, tocó tierra el miércoles por la tarde como huracán de categoría 4 (en una escala de 5) en el suroeste de Florida, antes de continuar su paso por el estado, con fuertes vientos y lluvias torrenciales.

Todavía es demasiado pronto para hacer una evaluación, pero algunos daños materiales ya eran visibles unas horas después del paso del huracán.

Lee: Huracán Ian provoca inundaciones catastróficas en la costa oeste Florida tras tocar tierra como categoría 4

En el puerto de Fort Myers, algunas embarcaciones quedaron parcialmente sumergidas y otra encalló en la orilla.

La mañana de este jueves, más de 2,6 millones de viviendas o comercios permanecían sin luz, de un total de 11 millones, según el sitio especializado PowerOutage.

Huracán Ian deja inundaciones en Florida

Suzanne Clarke camina hacia el apartamento de su hija hundiéndose en el agua hasta la cintura. Arrastra un kayak con ella y cuando llega a la vivienda, sube a sus dos nietas pequeñas a la embarcación y las empuja hacia una carretera más alta donde ha aparcado su coche.

El edificio donde vive su hija en McGregor, una pequeña ciudad del suroeste de Florida, se inundó el miércoles después de que el huracán Ian hiciera desbordarse el cercano río Caloosahatchee.

“Estoy muy estresada, esto ha sido muy duro”, dice Clarke, de 54 años. “Vine temprano, el agua estaba muy alta y me asusté”.

Un día después del paso del huracán Ian, los habitantes del condado de Lee, uno de los más afectados por el temporal, comprueban bajo un sol radiante los daños sufridos en las últimas horas.

En Iona, un pueblo situado a unos 10 km de McGregor, una calle se inundó y sólo unos pocos coches altos se atreven a rodar sobre el agua.

Ronnie Sutton es uno de sus habitantes. Pasó la noche en casa de un amigo en Cabo Coral, a unos 10 km al sur de ahí, y aún no ha podido llegar hasta su vivienda, pero da por hecho que el agua lo destruyó todo.

“Es terrible. Supongo que este es el precio a pagar por estar al nivel del mar. A veces se vuelve contra ti”, lamenta este hombre de 67 años.

Barcos en medio de la carretera

En Fort Myers, una ciudad tranquila de unos 83 mil habitantes, la subida del río Caloosahatchee empujó decenas de barcos pequeños amarrados en la marina hasta las calles del centro, donde reposan ahora sobre la tierra firme.

Tom Johnson asistió en primera fila a las inundaciones desde su apartamento situado al lado del puerto, en el segundo piso de un sencillo edificio de dos plantas.

El miércoles por la tarde, vio cómo el huracán empujaba dos barcos hacia el patio del complejo de viviendas en cinco minutos.

“Me asusté porque nunca había vivido algo así”, dice señalando las dos embarcaciones. “Oí los ruidos más terribles, con cosas volando por todas partes, las puertas volando”, añade este hombre de 54 años cuya casa no sufrió daños.

Lee: Huracán Ian se fortalece a categoría 4 y se acerca a Florida tras dejar destrozos en Cuba

Una de sus vecinas, Janelle Thil, no tuvo la misma suerte. Su apartamento de la planta baja empezó a inundarse y hubo de pedir ayuda a unos habitantes del edificio para poder salir de ahí.

“Tomaron mis perros. Salté por la ventana y nadé hasta ahí”, dice señalando la vivienda vacía de la segunda planta donde se refugió con otras personas.

Esta mujer de 42 años acaba de limpiar el fango que entró a su casa y ahora hace recuento de las pocas pertenencias que no perdió en la inundación.

“Lloré un poco cuando regresé a mi apartamento, abrí la puerta y tuve que esperar cinco minutos a que saliera toda el agua”, cuenta. “Amaba mi casa, pero estoy viva y eso es lo principal”, añade resignada.

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