Cómo las bombas de Hiroshima y Nagasaki inspiraron el nacimiento de Godzilla
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Cómo las bombas de Hiroshima y Nagasaki inspiraron el nacimiento de Godzilla

Aunque Godzilla se parece más a un tiranosaurio rex que a un engendro entre un gorila y una ballena, desde el principio tuvo una relación sutil, pero íntima, con la radiación y las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki.
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9 de agosto, 2018
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¿Una bestia nuclear, combinación entre un gorila y una ballena?

Eso es Godzilla, nada más y nada menos. En un principio, Godzilla no era Godzilla, era Gojira, una combinación entre las palabras japonesas “gorira” (gorila) y “kujira” (ballena).

El cambio, al parecer, se dio entre la película original japonesa, de 1954, y la adaptación estadounidense, de 1956. El nombre nació gracias al apodo de un hombre corpulento que trabajaba en los estudios de Toho, la casa productora de la película.

Y aunque Godzilla se parece más a un tiranosaurio rex que a un engendro entre un gorila y una ballena, desde el principio tuvo una relación sutil, pero íntima, con la radiación y las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki.

Godzilla en Shinjuku, Japón.

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Godzilla es uno de los grandes símbolos de Japón. Arriba de las oficinas y cines de Toho, el mayor exhibidor de películas en Japón, una figura gigante de Godzilla observa las calles del distrito de Shinjuku.

“En aquellos días, los japoneses sentían verdadero horror por la radiación, y ese horror es lo que hizo a Godzilla tan grande. Desde el principio simbolizó la venganza de la naturaleza contra la humanidad“, afirmó en 1984 Tomoyuki Tanaka, el productor de Godzilla, quien creó al monstruo junto al director Ishiro Honda, el experto en efectos especiales Eiji Tsuburaya y el compositor Akira Ifukube.

Un vínculo “sutil” con las bombas

Desde un principio, ninguno de ellos quería que la película fuera vista como antiestadounidense ni como una venganza, desde el cine, contra las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Querían lograr un efecto diferente.

En 1954, después de regresar de un frustrante viaje de negocios para intentar hacer películas en Indonesia, el avión en el que viajaba Tomoyuki Tanaka pasó por las islas Bikini, en las que unos años antes la tripulación de un atunero japonés sufrió las consecuencias de la radiación tras la explosión de una bomba de hidrógeno que estaba siendo desarrollada por Estados Unidos.

Hongo nuclear en atolón de Bikini.

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Las pruebas nucleares que Estados Unidos realizó en el Atalón de Bikini hacen que hoy, más de 70 años después, esté prohibido habitar el lugar por cuenta de la radiación.

Fue en ese punto del aire donde, según The New York Times, a Tanaka se le ocurrió hacer la historia de un monstruo nuclear que emergía de las aguas.

Pero durante el trabajo con su equipo creativo, las relaciones entre Godzilla y las bombas se fueron depurando y haciendo sutiles.

“Pienso que mostrar visualmente que la bomba creó al monstruo, eso hubiera sido ir demasiado lejos y no me habría sorprendido si la gente hubiera protestado por una película así”, afirmó Ishiro Honda, el director de la película, en su biografía escrita por Steve Ryfle y Ed Godziszewski.

Honda también confiesa que “no quería hacer referencia al Dragón Afortunado, el barco pesquero japonés. Si hubiera querido eso, habría mostrado a la criatura naciendo de la explosión. El guión fue escrito con la “especulación” de que la criatura fue un resultado de esa prueba nuclear'”.

Devastación en Hiroshima

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Ishiro Honda fue soldado en la segunda guerra mundial y cuando las bombas cayeron sobre las dos ciudades, él estaba prisionero en China.

Sin embargo, Honda sí buscaba dar la sensación de “un temor invisible. La creación de una bomba atómica se ha convertido en un problema universal. Sentía que ese miedo atómico iba a estar colgado de nuestros cuellos por toda la eternidad”.

De hecho, en su biografía los autores afirman que “en Godzilla, Honda alude de manera directa y en repetidas veces a la guerra, la bomba y a los sobrevivientes de Hiroshima y Nagasaki. Se muestran aviones de guerra, tanques y convoyes militares. El embate del monstruo es una onda de choque en cámara lenta, su aliento radiactivo incinerando gente, autos y edificios”.

Honda fue soldado en la segunda guerra mundial y cuando las bombas cayeron sobre las dos ciudades él estaba prisionero en China.

Siete meses después, de regreso a su hogar, pasó por Hiroshima y vio el paisaje de devastación.

Godzilla

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Se estima que ha habido cerca de 32 versiones cinematográficas de Godzilla.

Metáfora del temor de una época

Godzilla no era ni un dinosaurio, ni un gorila, ni una ballena. Era la metáfora del poder destructivo de una bomba atómica.

Como el mismo Honda declaró: “si Godzilla hubiera sido un dinosaurio u otro animal, habría sido asesinado con una sola bala de cañón. Pero si fuera igual a una bomba atómica, no sabríamos qué hacer. Por lo tanto, tomé las características de una bomba atómica y las apliqué a Godzilla“.

Así, Godzilla fue, ante todo, la reacción del cine al mayor temor de una época.

Hoy, por ejemplo, Godzilla podría nacer de una catástrofe ambiental irreversible, o de una guerra nuclear entre Estados Unidos e Irán o Corea del Norte.

De hecho, en 1992, el periodista David Milner le preguntó a Honda al respecto: “Godzilla nació como una reacción al desarrollo de armas nucleares. Como la guerra nuclear ya no es una amenaza tan grande como lo fue antes, muchos fanáticos creen que Godzilla ahora debería usarse para abordar las preocupaciones ambientales. ¿Estás de acuerdo con esto?”.

Su respuesta fue clara y concisa: “Sí, estoy de acuerdo”.


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AFP

México inició en mayo una ruta aérea para expulsar al sur a miles de migrantes

Casi 20 mil personas fueron trasladadas en 140 vuelos desde ciudades como Reynosa, Nuevo Laredo, Juárez o Saltillo a Tapachula y Villahermosa. Desde esos puntos, el INM los trasladaba a la frontera con Guatemala.
AFP
14 de noviembre, 2021
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El guatemalteco Fernando Monterroso fue expulsado de México junto a su mujer y su hijo de 1 año el pasado 8 de septiembre. Funcionarios del Instituto Nacional de Migración (INM) los trasladaron desde el aeropuerto de Tapachula, Chiapas, hasta la frontera de Talismán, un paso remoto ubicado a una hora de Tecún Umán, el principal puente internacional entre México y Guatemala. Junto a ellos fueron obligados a abandonar el país por esta frontera 150 personas originarias de Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua. Todos formaban parte de un grupo más grande que fue capturado en una nave de Cadereyta, Nuevo León, el 31 de agosto.

En total, el INM anunció el “rescate” de 327 personas, de los que 120 serían niños, niñas y adolescentes, aunque documentos obtenidos por Animal Político señalan que, finalmente, fueron contabilizados 270. El instituto que dirige Francisco Garduño no explicó qué ocurrió con los 57 restantes.

“Estábamos esperando a que nos levantasen para ir a Reynosa. De repente, llegó la policía y nos agarró por sorpresa. Se sintió mal, lloramos todos. Vas buscando el sueño americano y que ellos te lo corten se siente feo”, explicó Monterroso.

El caso fue utilizado por el canciller Marcelo Ebrard para denunciar las malas condiciones en las que son trasladados los migrantes por las redes de tráfico de personas. Sin embargo, ninguno de ellos tuvo oportunidad de quedarse en México. Todos fueron detenidos, encerrados y expulsados del país, a pesar de que la Ley de Migración no permite que los menores de edad ni los familiares que los acompañan sean detenidos.

Su expulsión también está en un limbo, ya que no fueron registrados por las autoridades de Guatemala como deportados. Animal Político quiso saber cuál es la base legal para estas devoluciones, pero al cierre de la edición el INM no había dado una respuesta.

Te puede interesar: México inicia vuelos de “repatriación voluntaria” de migrantes haitianos

El viaje de Monterroso y su familia es ejemplo de un formato de expulsión que lleva funcionando desde el mes de mayo. Aviones fletados por el INM trasladan a migrantes centroamericanos desde poblaciones del norte como Reynosa, Tamaulipas, Juárez, Chihuahua, o Saltillo, Coahuila, hasta Tapachula, Chiapas, y Villahermosa, Tabasco. Allí son recibidos por funcionarios migratorios que los trasladan por carretera hasta la frontera, donde los obligan a dirigirse a Guatemala.

Según datos obtenidos por Animal Político a través de solicitudes de transparencia, entre el 25 de mayo (fecha en la que salieron los primeros vuelos desde Reynosa y Juárez) hasta el 30 de agosto, un total de 18 mil 965 personas fueron trasladadas a través de esta ruta aérea.

Entre las personas expulsadas había migrantes que fueron detenidos por las autoridades mexicanas, como Monterroso y su familia, y también otros interceptados por la Border Patrol de EU, devueltos a México en aplicación del Título 42, que permite las expulsiones exprés con la excusa de la COVID-19, y de ahí retornados a Guatemala.

En total, entre mayo y agosto despegaron 140 vuelos que transportaban a 8 mil 111 guatemaltecos, 5 mil 794 hondureños, 3 mil 284 salvadoreños y 1 mil 777 migrantes de otras nacionalidades. De ellos, 11 mil 496 eran hombres adultos, 4 mil 396 eran mujeres adultas, 1 mil 396 hombres menores acompañados por un adulto, 1 mil 356 mujeres menores acompañadas de un adulto, 252 niños sin acompañante y 145 niñas sin acompañante.

El origen de los vuelos desde Texas

En agosto, EU comenzó a fletar vuelos desde Texas hasta Tapachula y Villahermosa, en los que son expulsados migrantes que fueron capturados en la frontera. Sin embargo, la documentación obtenida por Animal Político permite saber que se trata de una ruta que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ya estaba empleando desde dos meses atrás.

Datos del Instituto Guatemalteco de Migración señalan que desde agosto, 16 mil 850 personas fueron expulsadas por la frontera de El Ceibo, Tabasco; 22 mil 582 por la de Talismán y 33 mil 236 por la de Tecún Umán. Se trata de números incompletos, ya que no contabiliza, por ejemplo, las personas devueltas por El Ceibo antes del mes de agosto. Para comprender la dimensión de estas expulsiones, que no son consideradas deportaciones ya que no siguen ningún proceso legal acordado con las autoridades del país receptor: México dejó en la frontera con Guatemala a 35 mil 610 hondureños, una cifra ligeramente superior al número de hondureños legalmente deportados, 35 mil 373 hasta el mes de agosto.

Los traslados aéreos son realizados por la empresa Magnicharters, propiedad de Grupo Aéreo Monterrey SA de CV, una compañía especializada en charters turísticos que recibió dos contratos millonarios con el INM para el traslado de migrantes. En total, son dos contratos por un monto de entre 68 millones de pesos y 170 mdp el primero, y entre 80 y 250 mdp el segundo. La empresa presta servicios tanto para el traslado de migrantes dentro de esta ruta hacia el sur como para las deportaciones regulares a Guatemala o Haití.

Muchos de los expulsados regresan posteriormente a Tapachula, Chiapas, donde quedan atrapados durante meses.

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