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Del humo ritual al humo prohibido
Desde que comenzó a cultivarse hace 6 mil años o más, el tabaco se ha fumado, untado, bebido y comido. Valorada como planta ritual y medicinal, incluso como moneda de cambio, ha estado presente en el desarrollo de la sociedad.
Por Redacción Animal Político
23 de agosto, 2018
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Quáuhyetl, así llamaban los mayas al tabaco. Fumaban las hojas secas de esa planta para sellar compromisos y aliviar el cansancio, para preparar al guerrero para el combate, para disponer a la tierra para su fertilidad. El ritual del sik’ar que significa fumar dio su nombre al “cigarro”.

Cristóbal Colón llevó a Europa la exhuberancia y el aroma de esta planta. Los historiadores identifican el uso de la planta de tabaco en la cultura maya en Chiapas, Campeche y Yucatán, donde encontraron vestigios arqueológicos que documentan el uso ritual de la Nicotina tabacum, nombre científico del tabaco.

Entre los europeos, la planta ganó prestigio medicinal que duraría décadas. 1560, Jean Nicot, embajador de Francia en Portugal, envió tabaco en polvo a la corte de París para que la reina Catalina de Médicis aliviara las jaquecas de su hijo, el futuro rey Francisco II. Le funcionó. Los médicos llegaron a confiar en el tabaco como una panacea para remediar decenas de enfermedades distintas.

La planta también se convirtió en moneda de cambio para comprar esclavos y pagar sueldos en los estados sureños de Estados Unidos, por lo que la corona española reconoció el potencial comercial del tabaco proveniente de sus colonias americanas y, en el siglo 17, se inauguró la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, primera en su tipo y un logro industrial destacado para su tiempo.

Fumar se convirtió en una costumbre generalizada y costosa, pues los cigarros se elaboraban a mano. Cuando terminaba el siglo XIX, se desarrolló una máquina capaz de fabricar cien mil cigarros diarios, atendiendo el consumo de tabaco provocado por las grandes guerras. Nadie veía con malos ojos que los soldados norteamericanos llevaran cajetillas entre sus provisiones.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la relación casi idílica con el tabaco se modificó al descubrirse el vínculo entre el consumo de cigarros y el cáncer de pulmón. La manera de mirar al tabaco se modificó paulatinamente ante la evidencia científica que año con año confirmaba los daños a la salud causados por fumar, al grado de que hoy se promueven los espacios libres de humo y se apoyan las iniciativas para desmotivar el consumo de cigarros.

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