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Del idilio al rechazo: el tabaco
La historia del tabaco en la época contemporánea pasó de promoverlo a prevenir su consumo.
Por Redacción Animal Político
30 de agosto, 2018
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Tras la Segunda Guerra Mundial, los profesionales de la salud comenzaron a preguntarse por qué la gente moría de una enfermedad hasta entonces poco frecuente. En 1954, Richard Doll descubrió la relación entre el consumo de cigarros y el cáncer de pulmón. Este científico británico también era fumador, pero lo dejó tras entrevistar a centenares de pacientes.

Con la evidencia médica sobre lo dañino que resultaba fumar comenzó la lucha de las tabacaleras por mantener a sus consumidores, incluso usando en sus anuncios publicitarios a dentistas y médicos. Los carteles se aventuraban a afirmar que 20,679 psiquiatras avalaban a los fumadores como personas más tranquilas. Sin evidencia científica real, los anuncios aseguraban que fumar estaba indicado para curar el asma —aunque no para menores de seis años —.

Hace 10 años, la Biblioteca Pública de Nueva York organizó una exposición con los anuncios de cigarro que se utilizaron en Estados Unidos, entre 1927 y 1954. Esas imágenes imprimieron en el imaginario colectivo ideas como “los beneficios de fumar para adelgazar y aliviar la tos”. Eran anuncios que vinculaban al cigarro como símbolo de distinción y elegancia. Los primeros anuncios estaban dirigidos a fomentar el estereotipo de masculinidad y después comenzaron a dirigirse a las mujeres con leyendas que enfatizaban el aroma suave o mentolado de las nuevas marcas.

Las tabacaleras pagaban a los  actores de la época dorada de Hollywood para que fumaran en las películas, aunque no fueran fumadores habituales. Esta relación fue documentada por Stanton Glanzt, investigador del Centro de Investigación y de Educación sobre el Control del Tabaquismo de la Universidad de California, quien revisó contratos de inicios del cine hablado en los años 20 hasta la llegada de la televisión en los años 50. Glanzt incluso ha declarado que clásicos cinematrográficos, como Casablanca, contribuyeron a fomentar el consumo de cigarro.  

Las muertes causadas por tabaquismo fue un dato contundente para modificar la relación con el cigarro —7 millones de personas, en 2017, según la Organización Mundial de la Salud—, por lo que la publicidad sobre el consumo de tabaco ha sido severamente acotada. Las cajetillas deben contener leyendas e imágenes que adviertan a los consumidores sobre el riesgo a su salud con fotografías de pulmones podridos, dentaduras amarillentas y encías dañadas, hasta escenas de fumadores y fetos muertos.

Si hubo una época en que los médicos recomendaban fumar, se vendían cigarros en las farmacias y hasta Santa Claus aparecía fumando en los anuncios publicitarios, hoy es un tema que las autoridades sanitarias han asociado a medidas regulatorias estrictas y campañas de salud para desmotivar el consumo de tabaco.

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