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Cuartoscuro
Hijos de reclusas regresan a clases en las aulas de Santa Martha
Para este ciclo escolar el Cendi ubicado dentro del reclusorio femenil recibió a 62 niños y niñas de entre 45 días de nacidos y cinco años de edad, quienes serán divididos en ocho grupos escolares.
Cuartoscuro
Por Redacción Animal Político
20 de agosto, 2018
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Los hijos de las mujeres internas en el Centro Femenil de Reinserción Social de Santa Martha Acatitla también regresaron a clases este lunes, en el Centro de Desarrollo Infantil (Cendi) “Amalia Solórzano de Cárdenas”.

Para el presente ciclo escolar este centro, que se encuentra al interior del reclusorio femenil, recibió a 62 niños de entre 45 días de nacidos y cinco años, divididos en ocho grupos escolares, tres de lactantes para los más pequeños; dos de maternal, para aquéllos que tienen entre uno y tres años de edad y los tres niveles de preescolar.

Este Cendi cuenta con reconocimiento oficial de la Secretaría de Educación Pública (SEP), por lo que se rige bajo el mismo calendario escolar de las escuelas oficiales.

Leer: Prostitución, hacinamiento y maltratos físicos; violaciones presentes en penales femeniles de México

Actualmente en el penal de Santa Martha se encuentran 58 madres con sus 62 hijos, ubicadas en dormitorios apartados de la población general; además de 16 mujeres embarazadas, quienes tienen garantizada la atención médica durante todo el periodo de gestación.

El Cendi “Amalia Solórzano de Cárdenas” cuenta con un horario de atención de jornada ampliada de clases que va desde las 8 de la mañana hasta las 5 de la tarde.

Hazael Ruiz Ortega, subsecretario de Sistema Penitenciario de Ciudad de México, señaló que ha recibido instrucciones por parte del gobierno capitalino para garantizar los derechos de los niños que viven con sus madres dentro del reculsorio.

Informó que en los últimos años se ha intensificado la colaboración interinstitucional con dependencias locales, como la Secretarías de Salud, Cultura, Educación o el DIF, entre otras, para asegurar que todos los programas del Gobierno de CDMX dirigidos a la infancia, también lleguen a estos niños.

Infancia tras las rejas

Aunque en Santa Martha las reclusas y sus hijos pueden acceder a este derecho para no ser separados la situación no es la misma en el resto del país.

En febrero pasado la Comisión Nacional de Derechos Humanos dio a conocer algunas cifras sobre la situación de las reclusas madres de familia en su Informe Especial sobres la mujeres internas en los Centros de Reclusión de la República Mexicana.

Entre otros abusos que viven las mujeres, el estudio señala que en al menos 10 reclusorios de todo el país se detectó que está prohibida la presencia de menores, negándoles el derecho de convivir con sus madres.

Mientras que en otros 53 centros la presencia de las niñas y niños se permite solo sí nacieron mientras las mujeres estaban presas, y hasta una determinada edad que varía, dependiendo el lugar, entre los 6 meses y los seis años, como es el caso del reclusorio de Santa Martha.

Existen excepciones como en Acapulco y Chilpancingo, ambos en Guerrero, donde los menores pueden permanecer hasta los 12 años.

 

Con información de Notimex.

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AFP
Por qué Emiliano Zapata fue tan importante en la historia de México (y el revolucionario más querido)
Muchos asocian el nombre de Zapata con la Revolución Mexicana en la que “El Caudillo del Sur”, como se le conoce, encabezó una de las luchas campesinas e indígenas más importantes en la historia del país.
AFP
10 de abril, 2019
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Es el personaje más icónico de la Revolución Mexicana. Existen cientos de monumentos en su honor, mientras que incontables calles, escuelas y poblados llevan su nombre.

Hay decenas de películas sobre su vida, y de su lucha se han escrito numerosos libros y ensayos académicos.

Se trata de Emiliano Zapata Salazar, “El Caudillo del Sur”, el héroe más querido del conflicto armado entre 1910 y 1915 que cambió la historia de México.

Este 10 de abril se cumplen 100 años de su muerte. Fue asesinado durante una emboscada en la hacienda de Chinameca, en el estado de Morelos.

Más que otros líderes de la Revolución, como Francisco I. Madero o Pancho Villa, entre los mexicanos Zapata se convirtió en el símbolo de la lucha por justicia y libertad, explican historiadores como Felipe Ávila.

Zapata encabezó un ejército formado por indígenas, campesinos, jornaleros y obreros que pertenecían a los sectores más afectados durante el período conocido como “El Porfiriato”.

El revolucionario luchaba para que se restituyeran las tierras y manantiales entregados a las comunidades desde los tiempos de la Colonia, pero que les fueron despojados por hacendados y empresas extranjeras.

La importancia histórica del personaje y su lucha, explica Ávila, es que sin el zapatismo la Revolución Mexicana hubiera concluido solamente con un relevo en la presidencia del país.

Pero en cambio, coinciden especialistas, el movimiento virtualmente transformó el modelo de país que existía hasta entonces, y lo convirtió en parte en el México actual.

Lucha ancestral

¿Por qué “El Caudillo del Sur” es tan querido por los mexicanos?

Una razón es que la lucha que encabezó es considerada por muchos como la más auténtica y antigua del país.

En su libro “Zapata. La lucha por la tierra, la justicia y libertad”, el historiador Ávila recuerda que el movimiento “es la historia ancestral de los pueblos indígenas y campesinos por defender sus tierras, sus bosques, sus aguas y sus recursos naturales”.

Una lucha que se mantenía desde los tiempos de la Colonia española, y que no logró solucionarse por completo tras la Independencia firmada en 1821.

En las décadas siguientes tras la separación de España, México vivió casi todo el tiempo en conflictos armados como la intervención francesa, la Guerra de Reforma por la separación Iglesia-Estado o la invasión de Estados Unidos, por ejemplo.

Esto duró hasta 1876, cuando Porfirio Díaz asume la presidencia que empezó un período de estabilidad.

Pero no hubo cambio para los campesinos que en casos como Oaxaca o Chiapas, vivían en condiciones de extrema marginación.

Muchos se veían obligados a trabajar como peones en las grandes haciendas porque carecían de tierras propias y quienes sí eran propietarios no tenían dinero para cultivarlas.

Con frecuencia las comunidades indígenas sufrían el despojo de sus terrenos, bosques y manantiales, a pesar de contar con títulos de propiedad emitidos desde el Virreynato.

La situación se agravó durante el Porfiriato. En Morelos, donde en 1879 nació Zapata, los dueños de haciendas e ingenios se apoderaron de miles de hectáreas de los pueblos para sembrar caña de azúcar.

El inicio

Contrario a lo que muchos piensan, Zapata no era pobre.

Los padres del “Caudillo del Sur” eran pequeños ganaderos y poseían algunas hectáreas de tierra, a diferencia de la mayoría de sus vecinos que trabajaban en los cultivos de las haciendas.

Esta condición le permitió una vida sin privaciones, incluso con algunos lujos, como asistir a corridas de toros o peleas de gallos, cuenta el historiador Adalberto Santana.

Pero, como otros propietarios de tierras, Zapata también sufrió el acoso de los grandes hacendados.

Fue elegido como presidente de la Junta de Defensa de Anenecuilco, Morelos, el pueblo donde nació, y junto con otros propietarios de tierras apoyó a Francisco I. Madero en su campaña contra Porfirio Díaz.

El gobierno reprimió a los inconformes y por esta razón el “Caudillo del Sur” emprendió la lucha armada para reclamar las tierras de los hacendados.

En 1910, cuando estalló la Revolución, más del 80% de los campesinos mexicanos no tenían tierras.

La lucha de Zapata era para recuperarlas y por ello en poco tiempo miles de personas se integraron al Ejército Libertador del Sur, como se llamó a su grupo armado.

Plan de Ayala

El espíritu del movimiento se resumió en el Plan de Ayala firmado en 1911, que desconocía el gobierno de Francisco I. Madero.

Los zapatistas afirmaron que el presidente, el principal impulsor de la Revolución, había abandonado su promesa de convocar a una reforma agraria para recuperar sus tierras.

Pero el documento, dicen especialistas como Felipe Ávila, funcionó también como un proyecto de nación.

Con el Plan de Ayala se restableció en los territorios controlados por el zapatismo –estados como Morelos, Guerrero y la zona sur de Ciudad de México, por ejemplo- un modelo de gobierno basado en la autoridad de los pueblos.

Las comunidades que recuperaron sus tierras se convirtieron en un fuerte respaldo durante el período en que el Ejército Libertador del Sur se enfrentó con el gobierno.

La guerra terminó el 10 de abril de 1919 cuando “El Caudillo del Sur” fue asesinado en Chinameca.

Zapata se iba a entrevistar con el general Jesús Guajardo, quién le prometió unirse a la batalla que entonces mantenía contra el gobierno de Venustiano Carranza.

Pero al llegar a la hacienda fue acribillado. La emboscada se considera desde entonces un símbolo de traición que avivó la leyenda sobre el revolucionario.

“Zapata vive”

La lucha de Zapata se convirtió en un símbolo de resistencia en el país.

Por ejemplo, algunos de los movimientos más importantes desde los años 60 del siglo pasado adoptaron al “Caudillo del Sur” como emblema.

En 1994 apareció el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Además, en la última década el ejemplo del revolucionario inspiró la lucha de pueblos y comunidades indígenas contra proyectos extractivos, sobre todo de empresas internacionales.

Pero también Emiliano Zapata se convirtió en un ícono de la cultura popular.

Sobre el revolucionario y su lucha se han escrito cientos de ensayos e investigaciones académicas, y también existen decenas de películas sobre su vida.

La imagen del “Caudillo del Sur” es una de las más utilizadas por creadores en todos los campos.

Algunos lo consideran como un símbolo de la masculinidad, pero al mismo tiempo es protagonista frecuente en las manifestaciones de la comunidad LGBTI.

En todos los casos, en protestas de campesinos o activistas, en obras de teatro o en conciertos musicales, la consigna más frecuente que se escucha en México es: “Zapata vive, la lucha sigue”.


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