Las voces de los capos en Las Guerras Ocultas del Narco (capítulo de regalo)
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Cuartoscuro Archivo

Las voces de los capos en Las Guerras Ocultas del Narco (capítulo de regalo)

La investigación periodística de Juan Alberto Cedillo, hecha libro, incluye cientos de expedientes del archivo histórico de la Secretaría de la Defensa Nacional y testimonios de capos en la corte de Texas.
Cuartoscuro Archivo
Por Verónica Santamaría
26 de agosto, 2018
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Al periodista Juan Alberto Cedillo cubrir temas policiacos, desde hace una década, le dejó noches de insomnio ante los constantes acontecimientos de violencia. Comidas sin saborear. Lapsus en los que actuaba sin medir los riesgos. Sucesos que lo llevaron a presenciar y documentar la sangrienta situación que comenzaba a vivir y que actualmente vive México.

“Me tocaron temas muy difíciles. Cubrí la masacre de Allende y luego investigué el tema a profundidad. La masacre de Allende es lo peor que le ha sucedido a este país, oí los testimonios de víctimas y para esto tenía casi 10 años cubriendo San Fernando, Tamaulipas, los secuestros, cosas terribles y pensaba que estaba un poco racionalizando, un poco ingenuo a la crisis de toda esta situación”, dijo en entrevista con Animal Político, en el marco de la presentación oficial de su libro: Las Guerras Ocultas del Narco.

Castillo argumentó que la situación de cómo se ha vivido esta violencia en la provincia “no se entiende ni se ve la dimensión desde la Ciudad de México”, donde escribir una nota, para para un reportero local, puede ser causa de que lo maten “y no estoy exagerando”.

La investigación

Las Guerras Ocultas del Narco es una investigación periodística que se recoge a partir de los testimonios de los capos del narcotráfico que han testificado en juicios de las cortes de Texas. Acontecimientos en los que el periodista estuvo presente.

Se trata de juicios donde los capos del Cártel del Golfo y los Zetas testifican a favor de la Fiscalía.

“En el libro son estos capos los que cuentan la historia, cómo operaron, cómo se dividieron, cómo tocaban la droga, cómo la pasaban, qué autoridades en los Estados Unidos corrompen la frontera para cruzar la droga”, dijo Cedillo.

Además de estos testimonios judiciales, el libro cuenta con los documentos de wikileaks y la revisión de cientos de archivos de la Secretaría de Defensa Nacional (Sedena), con documentación de declaraciones ministeriales, “pero teniendo como fondo también que yo cubrí todo eso”.

La narcocultura

De acuerdo con el autor, en la década de los 80 nadie se hubiera imaginado que México estaría sumido en una ola de violencia avasalladora e incontrolable, el país “tenía una relación de reconocimiento, de pacificación, había pobreza, corrupción, pero nada comparado con que íbamos a tener 31 mil muertos por mes, si alguien -hace 30 años- te habría dicho que México iba a estar así nadie le habría creído”.

Castillo explicó que la violencia, tal como la conocemos ahora, empezó en Nuevo Laredo. “Fue en 2004 que el narcotráfico se transformó en un fenómeno social, es decir el narcotráfico venía operando durante muchos años como un asunto muy pequeño y, a partir de 2004, esto se transformó y se convirtió en un fenómeno social que explotó con una violencia inusitada”.

“No se puede ser simplista y decir: es violencia, es la corrupción, es la pobreza es la corrupción o es la injusticia social. Ahí hay cambios de familias del noreste. La narcocultura, la injusticia social, la corrupción, la complicidad de autoridades. Todo eso generó  un fenómeno social que transformó la vida de México”.

Amenazas y crisis

Cubrir temas de narcotráfico y delincuencia organizada en uno de los países más violentos para ejercer el periodismo como lo es México deja amenazas de muerte y sentimientos encontrados al estar frente a un victimario, como quien entre risas burlonas narra cómo descuartizó a una familia entera.

“Siempre tienes amenazas de muerte, tienes riesgos y creo que los colegas de Ciudad de México han exagerado esos riesgos. Sí hay muchos riesgos, sí hay amenazas, yo tuve amenazas donde fueron a romper la tubería de mi casa, cuando escribí un artículo sobre las pandillas y el narcotráfico y entendí el mensaje. Me retiré tres meses escribiendo cosas más simples”.

Cedillo agregó: “los capos nunca perduran, siempre se caen. Una de las cosas que más les preocupaba a los cárteles es que no estuvieras escribiendo para la contra, por eso es muy importante si el editor nos cambiaba y daba una interpretación de que a los Zetas digan que a ese reportero le estaban pagando para publicar contra nosotros, entonces cada nota tiene que ir bien reflexionada y pensada de cómo la iban a leer ellos, esto es para bajar el riesgo y, si en Ciudad de México, un editor le mete mano me está poniendo en riesgo”.

Juan Alberto Cedillo nació en Ciudad de México y radicó en Monterrey, Nuevo León. Tiene estudios en Historia por la Universidad de Nuevo León. Ha dedicado 20 años de carrera periodística en cubrir temas de crimen organizado. Los medios para los que ha escrito son: Revista Expansión, El Financiero, y Proceso. Tiene escritos otros tres libros que hacen referencia a archivos desclasificados de Estados Unidos.

Con autorización del sello editorial Grijalbo y el autor, Animal Político te obsequia un capítulo de regalo de Las Guerras Ocultas del Narco de Juan Alberto Castillo.

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Kate McHenry

'La pérdida de olfato por coronavirus hizo que la carne me sepa a gasolina'

Un fenómeno llamado parosmia ha dejado a algunos sobrevivientes de coronavirus en un mundo de esencias distorsionadas.
Kate McHenry
31 de agosto, 2020
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Perder la facultad de oler y degustar son dos síntomas asociados a la COVID-19.

Mientras muchos han recuperado sus sentidos, otros sufren un fenómeno llamado parosmia en el que tienen los sabores y olores distorsionados.

Para Kate McHenry, el agua de la pila deja un hedor horrible. Eso, junto a otro desagradable olor que destila al ducharse, significa que incluso el aseo se ha convertido en algo que debe enfrentar.

“Mi champú favorito tiene ahora el olor más asqueroso del mundo”, dijo McHenry.

Tras caer levemente enferma en marzo, esta inglesa de 37 años fue incapaz de oler algo durante cuatro semanas. Su sentido regresó poco a poco, pero a mediados de junio las cosas “empezaron a oler muy raras” y fueron reemplazadas por un “hedor químico horrible”.

Este hecho ha cambiado la vida de McHenry. Ha perdido peso, tiene ansiedad y añora el placer de comer, beber y socializar. Su problema es tan fuerte que este hedor le desborda incluso en lugares donde simplemente se cocina comida.

Le aterra pensar que ha perdido el sentido de olfato para siempre.

Kate McHenry y su pareja Craig Gordon.
Kate McHenry

Kate se siente culpable cuando su pareja le pregunta qué le apetece comer.

“Me encanta las buenas comidas, salir a restaurantes y beber con amigos, pero todo eso se ha ido. La carne me sabe a gasolina y el prosecco a manzana podrida. Si mi novio Craig se come un curry el olor es horrible. Le sale de sus poros y es difícil estar cerca de él”.

“Me entristezco cuando cocino en las tardes. Craig me pregunta qué quiero comer y me siento mal porque no hay nada que me apetezca. Sé que todo tendrá un sabor horrendo. Me asusta quedarme así para siempre”.

Comida que McHenry puede comer.

Kate McHenry
La pasta con queso es uno de los pocos platos que McHenry puede tolerar.

Las personas con covid-19 pueden perder su sentido del olfato porque el virus daña los nervios terminales de sus narices.

La parosmia puede producirse cuando esos nervios se regeneran y el cerebro es incapaz de identificar debidamente el olor real de algo.

Esta condición está habitualmente vinculada a los resfriados comunes, la sinusitis y las lesiones en la cabeza. Los que los sufren describen oler a quemado, humo de cigarro o carne podrida. En algunos casos el olor es tan fuerte que induce al vómito.

Aunque los profesionales reconocen que la parosmia es un signo de recuperación del olfato, para algunas personas puede tardar años en pasar.

Pasquale Hester

Pasquale Hester
Pasquale Hester afirma que lidiar con la parosmia le quita fuerzas.

Lavarse los dientes con sal

Para Pasquale Hester, también de Inglaterra, la pasta de dientes es uno de sus peores enemigos.

El gusto químico que desprende le produce tantas arcadas que ha empezado a lavarse los dientes con sal, que sabe normal para ella.

Como muchos otros afectados por coronavirus, pasaron semanas hasta que mejoró su sentido del olfato. Pero entonces comió curry por su cumpleaños en junio y se dio cuenta de lo distorsionado que estaba su gusto.

“Escupí la comida porque sabía a pintura. Algunas cosas se toleran mejor. El café, el ajo y la cebolla son lo peor. Puedo comer judías verdes y queso. Lo que me está pasando me afecta. No se lo desearía ni al peor enemigo”, dice Hester.

Lo que comer Pasquale Hester

Pasquale Hester
Un plato de judías verdes y queso es de lo poco que Pasquale puede comer.

Brooke Jones empezó con síntomas en abril y dio positivo por covid-19 una semana más tarde. Describe casi todo lo que huele como “carne podrida con algo sacado de una granja”.

Esta estudiante de 20 años hizo una lista de comida que puede tolerar: gofres tostados, pepino y tomate. Lo demás le disgusta.

“Trato de imaginarme el sabor de las cosas. Si como comida china, incluso si no sabe tan bien, me convenzo de que en realidad no está tan mal”.

Brooke Jones

Brooke Jones
Brooke Jones perdió el sentido del gusto y del olfato.

Impacto psicológico

Se desconoce el número de infectados por covid que han tenido parosmia, pero se estima que cientos de miles han perdido el olfato o gusto de forma temporal.

La profesora Claire Hopkis, presidenta de la Sociedad Rinológica Británica, advierte que hay una “creencia incorrecta generalizada” de que la pérdida de olfato por el virus es a corto plazo”.

“Sí, hay una gran probabilidad de recuperación, pero también muchas personas que perderán este sentido por un período largo de tiempo y ese impacto se está infravalorando“, agrega la especialista.

El olfato juega un rol importante en la memoria, el estado de ánimo y las emociones. Aquellos que sufren alguna disfunción se sienten recluidos.

“Cuando intento explicarlo, algunos piensan que es gracioso. Sé que las secuelas del coronavirus pudieron ser mucho peores, pero me afecta y asusta que nadie es capaz de confirmar si mejorará”, confiesa Jones.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

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