Para qué servían los aterradores silbatos de la muerte, uno de los grandes misterios de la cultura azteca
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Para qué servían los aterradores silbatos de la muerte, uno de los grandes misterios de la cultura azteca

Los silbatos aztecas son uno de los hallazgos arqueológicos menos comprendidos por los investigadores. Sin embargo, hay varias teorías sobre sus usos.
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Por BBC Mundo
2 de agosto, 2018
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Los silbatos hoy en día son usados por policías, salvavidas en las playas o niños en fiestas infantiles.

Pero en la antigüedad, culturas como la de los aztecas también los usaron.

Por décadas, los arqueólogos en México han encontrado en varios yacimientos arqueológicos, a lo largo y ancho del país, flautas y pitos de roca, arcilla y hueso.

Los sonidos que emiten estos silbatos parecen imitar al viento y a ciertas aves, pero hay unos que han llamado la atención en particular, y son los que producen gritos y aullidos aterradores.

Flautas e instrumentos aztecas

Cortesía Héctor Montaño, INAH
Los aztecas fabricaron gran cantidad de instrumentos de viento.

En 2014, se hizo viral el video de un silbato fabricado como hacían los aztecas por el músico mexicano Xavier Quijas Xyayotl que emitía un ruido perturbador.

Pero, ¿para qué usaban los aztecas estos silbatos?

Los primeros hallazgos

El ingeniero José Luis Franco investigó desde 1960 los silbatos encontrados en yacimientos arqueológicos a lo largo y ancho de México.

Según explica el etnomusicólogo Gonzalo Sánchez Santiago en la revista Arqueología Mexicana, Franco los llamó “silbatos bucales” y encontró que todos compartían una forma de paralelepípedo, con una ranura en uno de los cantos y perforaciones en ambas caras que forman algo conocido como “cámara de caos”, una especie de resorte de aire que brindaba máxima potencia al sonido.

Años después, el ingeniero Roberto Velázquez Cabrera hizo una exhaustiva investigación, en la que identificó un grupo de silbatos que él mismo llamó “silbatos de la muerte”.

Este término surgió en 1999, a raíz del hallazgo de los restos de un hombre, de cerca de 20 años de edad, que había sido sacrificado en lo que es hoy el yacimiento arqueológico de Tlatelolco, en Ciudad de México.

Lugar arqueológico de Tlatelolco

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Tlatelolco fue el último bastión de los aztecas durante la conquista. El complejo arqueológico fue tragado por la ciudad.

En cada una de sus manos, el arqueólogo Salvador Guilliem Arroyo encontró dos silbatos de cerámica, decorados con la forma de una calavera humana.

Velázquez Cabrera, además, pudo manipular un silbato con una pieza rota, a través de la cual se podía ver, intacto, su diseño interior. Ese en particular fue encontrado por el arqueólogo Francisco Rivas Castro en el sitio arqueológico de Mazatepetl, en la delegación Magdalena Contreras, en Ciudad de México.

“Un modelo de potencia similar al del Mazatepetl, lo podemos moldear y armar en cerca de diez minutos, pero tuvimos que practicar más de un año, para producir copias que generen un nivel similar de potencia acústica”, escribió Velázquez Cabrera en un artículo titulado “Silbato de la muerte”.

Pirámide de Mazatepetl.

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Mazatepetl, en la delegación Magdalena Contreras de Ciudad de México, es un sitio arqueológico en el que hoy se practican rituales religiosos católicos, tanto así que hoy se le conoce como “Cerro del Judío”.

¿Rituales, guerra o salud?

Existen varias referencias al uso de silbatos en algunas crónicas de la época colonial.

El misionero franciscano Bernardino de Sahagún describió cómo en una fiesta dedicada a Tezcatlipoca, dios azteca de la noche, se “sacrificaba un joven honrado como representación del dios en la tierra, guarnecido con todos sus atributos, entre ellos un silbato, con el que producía un sonido semejante al del viento nocturno por los caminos”.

Esto explicaría por qué los restos del joven sacrificado en Tlatelolco tenía dos silbatos de calaveras en sus manos. Ese lugar arqueológico era un templo de Ehecatl, dios azteca del viento.

Templo de Ehecatl, dios azteca del viento, encontrado en 2014 en Ciudad de México.

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En la demolición de un viejo supermercado en 2014, apareció este templo de Ehecatl, dios azteca del viento, en Ciudad de México.

“El hecho que dos silbatos de la muerte se hayan encontrado entre las manos de un personaje sacrificado de un entierro en un recinto ceremonial de Ehecatl indica que se pudieron usar en rituales de la muerte relacionados con ese personaje y/o algo de su mitología asociada como el viento, para llamar la lluvia, si ese era el propósito de los sacrificios humanos”, escribió Velázquez Cabrera.

Ehecatl

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Las figuras de Ehecatl, dios azteca del viento, se caracterizan por lucir un pico de pájaro en la boca. Esa forma es similar al corazón sonoro de los silbatos aztecas.

Velázquez Cabrera reconoció el uso bélico que también pudieron tener estos silbatos.

Además, encontró que la boquilla no tenía ninguna utilidad sonora, sino que servía para “dejar libres las manos para otros usos, como la formación de un resonador externo variable con las manos o para manejar al mismo tiempo otro artefacto”.

Así, podrían haber empuñado armar o tambores mientras rugían con el silbato.

El ingeniero, además, pensó en aplicaciones para la salud. “Si se tocan dos silbatos de la muerte simultáneamente, se producen batimentos infrasónicos complejos que generan estados de alterados de conciencia; sicodélicos y alucinógenos”, comentó en 2008 en una conferencia en el Museo del Templo Mayor, en Ciudad de México.

Flautas e instrumentos aztecas

Cortesía Héctor Montaño, INAH
El sitio arqueológico de Bonampak, en el estado de Chiapas, México, es muy rico en murales precolombinos que han permitido echar un vistazo a la vida cotidiana de los habitantes de la época. Aquí, se pueden ver indígenas tocando flautas.

“Por ejemplo, un silbato grande puede generar sonidos dañinos o batimentos infrasónicos que pueden tener efectos negativos en la salud, o, en el caso contrario pueden contribuir a la salud física y mental de las personas que los perciben”, afirmó Velázquez Cabrera.

Fallecido en febrero pasado, Velázquez Cabrera criticó que algunos investigadores despreciaran los silbatos aztecas “porque los consideran juguetes”, y afirmó que existe una “falta de políticas y programas de investigación y la ausencia de personal, instalaciones y equipos especializados e institucionales interesadas para desarrollar los estudios requeridos en este campo mexicano”.

Quizás por ello, el verdadero uso del silbato azteca sigue siendo un misterio.


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Cuartoscuro

Detienen a tercer implicado en la desaparición de jóvenes Karla y Cristoper en un bar de Azcapotzalco

La Fiscalía capitalina informó que junto con la Procuraduría de Hidalgo y de la Guardia Nacional detuvieron al sujeto por el cargo de desaparición forzada cometida por particulares agravada.
Cuartoscuro
8 de octubre, 2021
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Autoridades de la Ciudad de México detuvieron a Saúl “N”, un tercer presunto responsable de la desaparición de Karla Ramírez y Cristoper Aguilar, el 28 agosto del 2020 en el bar El Barquito, ubicado en la colonia San Miguel Amantla, alcaldía Azcapotzalco.

La Fiscalía capitalina informó que junto con la Procuraduría de Hidalgo y de la Guardia Nacional detuvieron al sujeto por el cargo de desaparición forzada cometida por particulares agravada.

De acuerdo con la versión oficial, las investigaciones del caso ubicaron al presunto responsable en un domicilio del municipio de Atotonilco de Tula, Hidalgo, donde fue detenido tras una orden de cateo.

“El hombre fue trasladado para su certificación médica, a fin de ser llevado posteriormente a la Ciudad de México para quedar a disposición del juez de control que lo requirió”, informó la Fiscalía en un comunicado, sin precisar la presunta relación del detenido con la desaparición de los jóvenes en agosto de 2020.

Los otros dos detenidos por el caso son Iván “N”, alias el Cartier, propietario del establecimiento donde fueron vistos los jóvenes por última vez, y Diego “N”, alias el Didi, quien se encuentra en el Reclusorio Preventivo Varonil Oriente.

Karla Elena Ramírez Murrieta y Cristoper Aguilar Hernández, dos jóvenes de 20 años, desaparecieron el 28 de agosto de 2020 tras acudir a una fiesta celebrada en un bar de la alcaldía Azcapotzalco, en la Ciudad de México.

A la medianoche se registró un pleito en el lugar y se escucharon balazos, por lo cual los amigos de Karla y Cristoper huyeron del bar, perdiendo de vista a ambos.

Familiares de los jóvenes recibieron videos en los que se observan dos cuerpos que coinciden con las características de los desaparecidos, tirados afuera del bar instantes después de la gresca; sin embargo, cuando acudieron al lugar los cuerpos ya no estaban.

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