En los últimos 6 años, además de María, cuatro mexicanas han sido asesinadas fuera del país

No solo es el caso de María Trinidad, en Costa Rica. En los últimos años cuatro connacionales han sido asesinadas en el extranjero y en la mayoría de estos feminicidios los culpables obtuvieron penas bajas.

En los últimos 6 años, además de María, cuatro mexicanas han sido asesinadas fuera del país
Jacob García / Cuartoscuro.com

Cuatro mexicanas, además de María Trinidad Matus, han sido asesinadas en el extranjero. María Salguero, la geofísica y activista que por iniciativa propia ha elaborado el mapa de los feminicidios en México para ponerle nombre y rostro a cada mujer que asesinan en el país, ha hecho el registro de estos crímenes y señala que en todos los casos los asesinos recibieron penas bajas. Estas cuatro mujeres, como María Trinidad que fue asesinada el pasado 5 de agosto en Costa Rica, merecen ser nombradas y recordadas.

Berenice Osorio de Viana

Hace siete años, Berenice conoció a Tom, un joven belga, en Puerto Vallarta. Luego de unos meses, decidieron vivir en Bélgica en unión libre. Llegaron a la casa del padre y los hermanos de él. La cohabitación era difícil. El padre era un hombre depresivo que maltrataba a la madre de Tom, hasta que ella falleció en un accidente.

La relación empezó pronto con problemas. Comenzaron las agresiones físicas contra Berenice. En 2013, alertados por los vecinos, entraron policías a la casa y encontraron a la mexicana con la cara llena de sangre. En otra ocasión, Tom trató de estrangularla. La tenía amenazada con matarla si lo dejaba. Sin dinero propio, Berenice no encontró la forma de volver a México.

Nunca le dijo nada a su familia. Cuando se dio la noticia de su muerte, diversos medios difundieron que durante meses sus padres perdían contacto con ella. Después del asesinato de su hija, llegaron a la conclusión de que Berenice se escondía mientras se le quitaban los moretones y las huellas de las golpizas. A Facebook subía fotos simulando que tenía una familia feliz. Tampoco se acercó al consulado mexicano para pedir ayuda.

El 9 de enero de 2018, Tom apuñaló a Berenice en el corazón, mientras las hijas de ambos, de dos y seis años, dormían. Luego él mismo la llevó al hospital, en Santa Elizabeth, en Herentals. Llegó cargándola. Ahí mismo lo detuvieron.

Berenice no sobrevivió. Su asesinato disparó una alerta entre las mujeres de la comunidad mexicana en Europa. “Lejos de casa, sin hablar el idioma local, sin dinero ni redes de apoyo es fácil quedar aisladas y vulnerables, es probable que haya más casos de maltrato como el de Berenice”, dice Salguero.

A Tom lo condenaron a 15 años de cárcel, en un país donde las sentencias más altas suelen rondar los 20 o 22 años, por los bajos niveles de criminalidad, explica la geóloga. Los padres de Berenice han pedido la custodia de sus dos nietas, lo que todavía está en proceso.

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Adriana Morales de Florencio

Adriana tenía 23 años y estudiaba Administración Turística en la Benemérita Universidad de Puebla, de donde era originaria. Trabajaba en un crucero que solía hacer parada en la Isla de Bonaire, cerca de Venezuela, y ahí conoció a Raysley Sambo, de 44 años. La pareja se veía cuando la mexicana desembarcaba. Tenían entre seis y siete horas para estar juntos antes de que el barco volviera a partir.

El 20 de abril de 2017, Adriana bajó del crucero, alrededor del mediodía. Una cámara local la captó caminando con un hombre de más o menos 1.85 de estatura; era Sambo. La mexicana no regresó al barco, que partió sin ella sin que nadie se percatara de su ausencia. Fue la familia de la joven la que dio la alerta de su desaparición. Desde ese día no podían contactarla. Iniciaron la búsqueda pidiendo apoyo por redes sociales.

Diez días después, la policía de Bonaire les notificó que habían encontrado un cadáver con las características de Adriana. La familia se rehusó en un principio a creer que era ella y que estaba muerta. Al final tuvieron que aceptarlo. Las autoridades localizaron el cuerpo de la joven enterrado en un lugar de la costa.

Después de confirmar que Adriana estaba embarazada y de las declaraciones de testigos del lugar quienes aseguraron que la mexicana había estado preguntando ese día por una clínica de aborto, la línea de investigación más fuerte apuntó hacia que ella esperaba un bebé de Sambo, pero había decidido abortar. Él, pese a estar casado y tener tres hijos, no estaba de acuerdo con eso. Al parecer la pareja peleó y el hombre mató a la joven.

El 31 de enero de 2018 se emitió la sentencia contra Sambo por 17 años de cárcel. La defensa de la familia la catalogó como injusta. El juez argumentó que no se podía comprobar la premeditación, por lo tanto no era posible fijar una pena más alta.

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Cécile Denise Acosta Reynaud

Cécile Acosta y Martín Manrique, ambos mexicanos, habían sido pareja, pero estaban separados. Tenían una hija, de la que Martín tenía la custodia temporal. El matemático se mudó a la India, a estudiar un posdoctorado y se llevó a la niña. Cecile los siguió, se instaló también en ese país, en la regional de Kerala, a 16 horas de donde vivía su expareja. Empezó a estudiar danza, gracias a una beca que obtuvo, y visitaba regularmente a su hija. Cecile tenía 36 años.

La mexicana había planeado irse unos días de vacaciones con la pequeña. No pudo concretar esos planes. El 11 de abril de 2012, después del reporte de un poblador, la policía del distrito de Virudhunagar, en el estado sureño de Tamil Nadu, encontró el cuerpo parcialmente calcinado de una mujer dentro de una maleta abandonada a las afueras de la ciudad.

No pudieron establecer entonces de quién se trataba. Fue hasta el 15 de abril, un día después de que Martín reportara su desaparición, que las autoridades concluyeron que se trataba de Denise.

En los medios se publicó que el principal sospechoso de su muerte era su expareja y padre de la niña. Circuló la versión de que él la había matado durante una pelea justo por la pequeña. Aparentemente Denise quería llevársela a vivir a Francia.

Manrique fue encarcelado durante tres meses en la prisión de Chennai, en la provincia de Tamil Nadu, pero salió libre el 24 de julio de ese 2012, por la ausencia de una acusación formal y la falta de “hoja de cargos”, aunque la madre de Cecile declaró a los medios que no habían hecho la acusación porque confiaron en la actuación justa de las leyes.

Selena Graciano Macedo

Selena estaba en un viaje por Europa acompañada de su hermano, Emmanuel. Luego de andar por Portugal, Roma, Inglaterra, Francia, Alemania y Rusia, habían llegado a Croacia, a la ciudad de Split, donde recorrieron los lugares turísticos. Subieron al mirador (o Belvedere) de Marja. Ahí se separaron. Él quería descansar y ella subir a la cima a tomar unas fotos. Eran las 5 pm del 22 de agosto de 2012.

Emmanuel no supo más de Selena. Cinco horas más tarde, cuando vio que su hermana no volvía, acudió a denunciar la desaparición. 20 rescatistas la buscaron esa noche en Marjan. En las fachadas y negocios de la ciudad se colocó su ficha de búsqueda. Hubo un gran operativo para localizarla, con helicópteros y lanchas. Cuatro días después, rescatistas encontraron su cuerpo en la grieta de un barranco, en la zona de la cima del mirador. Estaba enterrado bajo hojas y piedras.

El cuerpo de Selena tenía un gran corte en el cuello. Nada más. No había signos de abuso sexual. Cerca del lugar, las autoridades encontraron la cámara de la joven, eso descartaba que el ataque hubiera sido por robo. Con las huellas y el material genético recabados en el lugar del crimen, iniciaron las investigaciones.

Después de detener e interrogar a decenas de personas, la policía se quedó con un sospechoso: un joven de 28 años, desempleado, con estudios medios y antecedentes penales por delitos menores. En julio de 2013, pasado casi un año del crimen, un tribunal provincial condenó al croata Edi Misic por el asesinato de la turista mexicana.

La fiscalía había exigido 40 años de prisión, por haberse tratado de un asesinato “grave y brutal”, muy poco común en ese país. Pero el juez determinó que no podía probarse que la mexicana hubiera estado consciente durante el crimen o que sufriera. La condena para Edi Misic fue de 15 años.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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