La iniciativa de murales callejeros que mejora el entorno de las colonias inseguras de México
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La iniciativa de murales callejeros que mejora el entorno de las colonias inseguras de México

El Colectivo Tomate interviene con pinturas y trabajo social en comunidades afectadas por la violencia o la pobreza en distintas ciudades del país
Por Itxaro Arteta
18 de agosto, 2018
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Leobardo llevaba 50 años viviendo en la colonia Ventura Puente, una de las que más delitos registra en Morelia, Michoacán, y nunca había cruzado palabra con algunos de sus vecinos, como Luis, el dueño de una tiendita del barrio. Un proyecto cultural para mejorar su entorno los hizo conocerse, hablar y estrechar lazos como comunidad.

Ese es uno de los objetivos principales del proyecto Ciudad Mural, llevado por el Colectivo Tomate a colonias de todo el país con problemas de inseguridad, exclusión o pobreza, a las que les cambian el rostro con la creación de coloridos murales.

Alfredo Atala, integrante del colectivo, explicó en entrevista que la idea no es solo ir a pintar un lugar, sino involucrar a la comunidad y con eso fortalecer el tejido social deteriorado.

“Al final del proyecto, don Leobardo nos dijo: ‘Está tan bonito su proyecto que hasta incluso entre nosotros nos conocimos’. Y nos decía: ‘Es que nos devolvieron la confianza, sobre todo en tiempos en que la violencia nos ha separado, ha hecho que la confianza no se dé tan sencillo’. Y eso nos da mucha alegría escucharlo”, contó.

Además de mejorar el aspecto del barrio, los murales plasman la historia e identidad de sus habitantes. Así, en esta colonia cercana al centro de Morelia, la dueña de una estética pidió que el tema central de su mural fuera la mujer, otra fachada se iluminó con una representación de un danzante típico de Michoacán, y en la casa de Leobardo, su padre primero se resistía a la idea de que unos extraños les pintaran las paredes, pero terminó feliz con un dibujo que incluye los rostros de sus tres nietas.

Ventura Puente ahora luce 34 murales pintados por más de 20 artistas, que abarcan alrededor de mil 300 metros cuadrados y beneficiaron a 136 vecinos directamente.

Fue la tercera ciudad en la que actuó durante este año el Colectivo Tomate, que ya está empezando su siguiente proyecto en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, y piensa en otras cuatro ciudades antes de cerrar 2018.

Puente Ventura, Morelia

Puente Ventura, Morelia

Pintura que une y da visibilidad

El proyecto de Ciudades Murales nació hace casi 10 años en Puebla, en el barrio de Xanenetla, que en ese entonces sufría tanta inseguridad que “ni los taxistas se atrevían a entrar”, según Atala. Tres jóvenes interesadas en hacer trabajo social con el arte tuvieron la idea de los murales, y así nació el Colectivo Tomate, que con el tiempo empezó a crecer y ya ha intervenido en unas 15 ciudades de todo el país.

Más allá de embellecer el área, la iniciativa ha provocado una serie de beneficios en cadena, aseguró Atala. Xanenetla se fue haciendo famoso por sus pinturas, de modo que empezó a atraer a gente que antes no hubiera paseado por sus calles. Ahora hay dos recorridos turísticos que pasan por ahí, los murales de la colonia se mencionan en varias páginas de atractivos de Puebla, y hasta en Wikipedia existe la entrada “Barrio de Xanenetla”.

Ante esto, el gobierno también se preocupó por mejorar la zona con mayor seguridad, mejores servicios públicos, y actualmente está trabajando para que el cableado sea subterráneo y permita apreciar mejor las fachadas decoradas.

“Hemos logrado hacer visible comunidades que a veces están marginadas por el estigma. Hacemos ruido que lleva a políticas públicas a estos lugares. Y la misma comunidad adquiere también consciencia, se reconoce a sí misma con necesidades y con posibilidades de exigir, de buscar al servicio público para atender sus problemas. Entonces se fortalece a la comunidad al interior, se fortalecen las relaciones”, afirmó Atala.

Un caso más reciente es el del Cerro de la Campana, en Monterrey, Nuevo León, intervenido este mismo año. El proyecto se llamó Colosal, ya que fue mucho más grande: 25 mil metros cuadrados en 300 casas para dibujar un ave en el monte, una figura que los mismos habitantes escogieron inspirados en sus propias historias de migración, tanto de otras zonas del país, como hacia Estados Unidos.

Pocos saben que en este cerro, considerado parte del cinturón de pobreza de Monterrey, creció el músico de vallenato Celso Piña. Pero ahora, contó Atala, sus habitantes notan que cuando la gente pasa por ahí, se detiene en sus coches a mirar la colonia, le toman fotos, y eso los ha hecho sentir importantes.

Más que murales

Las pinturas son el resultado visible de un trabajo mucho más amplio, que incluye análisis sociológicos e históricos y casi dos meses de trabajo.

El primer paso, detalló Atala, es llegar a una colonia que han identificado con el tejido social debilitado. Un equipo toca puertas para conocer a los vecinos y ofrecerles la idea, aunque al principio mucha gente desconfía o simplemente no se interesa. Pero una vez que alguna casa céntrica les ha dado autorización, pintan lo que llaman mural de apertura, y entonces la actitud de los vecinos empieza a cambiar.

A la par, el Colectivo lanza una convocatoria para juntar alrededor de 20 artistas locales o externos con una condición principal: tienen que querer trabajar en equipo, tanto con otros artistas, como con la familia de cada casa que van a intervenir. Cuando todo está listo, pasan unos 15 días pintando e interactuando con la comunidad.

Puente Ventura, Morelia

Puente Ventura, Morelia

Los habitantes reciben un taller de comunicación no violenta. Y los artistas, en uno de los proyectos en Chiapas, también tomaron un curso sobre cultura zoque.

Por todo esto, el proyecto de una Ciudad Mural tiene un costo de aproximadamente 1.7 millones de pesos (aunque el cerro de Monterrey, por su dimensión, costó 8 millones), que se financian, principalmente, con inversión de la empresa de pinturas Comex, y a veces con apoyos de gobiernos locales o mediante otros proyectos privados de los que el colectivo saca dinero.

Del mantenimiento ya no se encargan, pero están seguros de que no hace falta.

“Nos hemos dado cuenta de que el proyecto se genera de tal manera, y los murales se crean de tal forma, que las mismas familias se apropian de él y son las que lo defienden, lo procuran. El resultado a lo largo de los años nos ha mostrado que los, digamos, grafiteros, no pintan encima. La misma gente los mantiene, incluso a veces hasta los retocan”, señaló Atala.

Historias entretejidas: la niña del balcón

El proyecto de murales no solo ha enriquecido la vida de las comunidades en las que se pinta, sino también la de los artistas que participan. Ese fue el caso de José Manuel Gómez, JM, un ilustrador de Mexicali que participó en Morelia y al que una niña de cuatro años logró inspirar y conmover hasta las lágrimas.

Con su acento norteño y malhablado, JM recordó entre risas que empezó el proyecto de malas por varios detalles de logística que habían salido mal y porque le asignaron la pared de una bodega vacía, por lo que no iba a interactuar con ninguna familia.

Lucy balcón, Puente Ventura, Morelia

Pero desde el primer día, lo desconcertó una cabecita que asomaba de un balcón cercano a la bodega y le gritaba a todos los que veía en la calle. Era la pequeña Luciana, que ve pasar la vida desde ese balcón, entonces gris. Sus papás no quisieron que el Colectivo pintara su casa, no dejaban a la niña ir a asomarse, y al principio ni siquiera le prestaban agua a JM para lavar sus brochas.

Sin embargo, Lucy jugaba todo el tiempo con él, le hacía bromas, platicaba, y se volvió su compañera. Así que cuando le contó que las mariposas eran su animal favorito, él decidió incluirlas. “Las mariposas que yo ponga en mi mural, van a ser para ti”, le dijo.

El último día, JM sentía la espina clavada de no haber pintado la casa de su nueva amiga. A pesar de los rechazos previos, fue a tocar la puerta y pedir que lo dejaran pintar sólo el balcón. Los papás de Lucy pusieron de pretexto que no era su casa, que fuera con otra persona, y esa a su vez lo mandó con otra… hasta que finalmente logró el permiso. Así que fue corriendo por material y una escalera, porque faltaba una hora para considerar terminado el proyecto, y otros tres artistas se entusiasmaron y lo ayudaron para tenerlo listo.

“Imagínate, es el muro más chiquito de todos, es cosa de un metro por un metro, y tiene a cuatro artistas, que de las historias que yo les contaba de Lucy estaban fascinados, porque la niña tiene una energía y una curiosidad impresionantes. Y eso lo gestioné yo, no lo gestionó el colectivo, eso me hizo entender el verdadero poder de esto: ellos nos dan el material y nos ponen en el lugar, y nosotros somos los que hacemos el impacto”, contó emocionado.

Antes de dejar Morelia, fue a regalarle unas acuarelas a la pequeña, le dejó todos sus datos a su mamá y le ofreció que cualquier día, pasen los años que pasen, lo busque si Lucy necesita algo. Su sorpresa fue que apenas en el aeropuerto, recibió una videollamada: era Lucy, que ahora todos los días platica con él.

“Puso la camarita del celular en el piso y me enseñó que se puso a pintar con acuarelas en la pared… tengo screenshot de eso porque yo, no manches, estaba llorando. Digo, todo lo que hizo el esfuerzo de ir todos los días, de saludarla, de estar de terco con que la dejaran salir, y que la niña me viera pintando”, explicó.

“Sí entiendo por qué no la dejaban; es que simplemente no conocen lo que estábamos haciendo. Esas colonias están rezagadas, no hay un museo ahí, tal vez trabajan todo el día y no van a ir el fin de semana a una galería, no tienen acceso a eso. Entonces, yo creo que lo mejor del proyecto es que le podemos llevar arte a todo: vas por la calle, vas a tu casa y tienes una galería personal, hecha por artistas de todo México con estilos, colores, mensajes positivos. Y ya cambió totalmente su perspectiva, la mamá ya me comenta en redes sociales, que gracias por lo que hicimos, que estuvo muy padre, y es ahorita la familia más entusiasmada”.

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Por qué una calle en Carolina del Norte se llenó de banderas mexicanas

La familia Zambrano, de Wilmington, Carolina del Norte, obtuvo una inesperada muestra de solidaridad de sus vecinos después de recibir una nota amenazante contra la bandera mexicana en su porche.
12 de octubre, 2020
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Casas de Wilmington con banderas mexicanas

Familia Zambrano
Los vecinos de la familia Zambrano se solidarizaron con un emotivo gesto.

La carta estaba dirigida al “jefe del hogar” y en cuatro líneas (cargadas de insultos) expresaba su propósito.

“Cuando hijos de p*** como ustedes izan su m***** de bandera mexicana, eso significa guerra. La segunda enmienda da el derecho y el deber de usar armas para eliminar de mi país a personas como tú y tu familia”.

BAJEN LA BANDERA O SENTIRÁN MI IRA“.

Jessica Zambrano dijo que tuvo que releerla para “no malinterpretar el propósito” de lo que decía.

Pero la carta era muy clara: alguien no estaba de acuerdo con que hubiera una bandera mexicana izada al lado de una estadounidense en la entrada de su casa en Wilmington, Carolina del Norte.

En esa ciudad del sureste de Estados Unidos, donde más del 75% de la población es blanca, menos del 10% de sus habitantes son latinos. El estado ha sido un bastión conservador desde la década de 1960.

La casa de la familia Zambrano.

Familia Zambrano
Jessica Zambrano dice que las banderas frente a su casa están para honrar el origen binacional de su familia.

Los Zambrano son mexicano-estadounidenses y, orgullosos de ello, decidieron mostrarlo en su porche.

Tras conocerse la amenaza, sus vecinos dieron una muestra de solidaridad que llamó la atención en redes sociales y en medios locales y nacionales de EE.UU.

La calle se llenó de banderas mexicanas.

Una casa en Wilmington con una bandera mexicana

Familia Zambrano
Una casa en Wilmington con una bandera mexicana

Familia Zambrano

“Vecinos solidarios, haciéndole saber a esta persona que sus creencias no son bienvenidas aquí. Nos lo expresaron en un momento de necesidad y estamos eternamente agradecidos“, escribió Jessica Zambrano en Facebook.

Investigación en marcha

La estadounidense Jessica Zambrano está casada con Gustavo Zambrano, un hombre originario de Michoacán, México, que tiene la doble nacionalidad.

“Aunque también es ciudadano estadounidense, eso no borra de dónde viene”, explica la mujer en un mensaje con miles de reacciones en Facebook.

“Tenemos una bandera mexicana en nuestro porche. Bueno, a la persona que envió esta carta claramente no le gustó eso. Y sintió que era su ‘deber’ informárnoslo”, añade.

Una casa en Wilmington con una bandera mexicana

Familia Zambrano
Una casa en Wilmington con una bandera mexicana

Familia Zambrano

La Oficina del Alguacil del condado de New Hanover le dijo a BBC Mundo que, tras recibir la denuncia de la amenaza, se inició una investigación junto al Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) y el Servicio Postal de EE.UU.

Jessica Zambrano le contó a BBC Mundo que la semana pasada habló con un detective: “Todavía están investigando”.

El derecho a tener armas

La Segunda Enmienda de la Constitución de EE.UU., a la que hace referencia la carta, garantiza el derecho de los estadounidenses a poseer y portar armas, pero su significado ha sido motivo de debate durante décadas.

Trump con simpatizantes en Wilmington

Reuters
El presidente Trump estuvo en Wilmington, Carolina del Norte, en septiembre, donde encabezó un mitin. El estado es clave para su reelección.

“Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas“, dice el texto constitucional.

El sentido de “milicia bien ordenada” que procure la “seguridad de un Estado libre” ha sido debatido históricamente entre quienes consideran que es un deber personal cuidar la soberanía de EE.UU., y otros que opinan que eso era reflejo de una época que ha quedado superada.

Una casa en Wilmington con una bandera mexicana

Familia Zambrano

“Debemos exponerlo y enfrentarlo”

Para Zambrano, las “acciones y comentarios” de líderes de EE.UU. en los últimos tiempos han sido “gasolina” para “grupos extremistas que se sienten validados en sus creencias”.

“El racismo y la xenofobia corren por las venas de este país. Están incrustados profundamente en nuestros vecindarios, escuelas, lugares de trabajo, en todas partes. Debemos exponerlo y enfrentarlo”, agregó Zambrano, que considera que el remitente de la carta “no representa a la mayoría de los verdaderos estadounidenses“.

Una casa en Wilmington con una bandera mexicana

Familia Zambrano

Unos días después de su publicación, a comienzos de octubre, la calle donde vive la familia Zambrano se llenó de banderas mexicanas.

“El gran apoyo que recibimos de nuestros amigos y familiares nos dio paz. Nos dio la esperanza de que algún día haya un lugar donde no exista un comportamiento como este. Donde nuestros niños no se sentirán amenazados por el color de su piel, de dónde vienen, el idioma que eligen hablar en público o simplemente por quiénes son”, expresó Zambrano.


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