19 de septiembre al cuadrado (fotogalería)

Las fotografías que tomé del desastre ese 19 de septiembre del 2017 no fueron publicadas en ningún medio en su momento. Me llevó casi un año regresar al archivo para revisar el trabajo de esos días.

19 de septiembre al cuadrado (fotogalería)
Derrumbe del edificio ubicado en la esquina de Laredo y avenida Amsterdam, en este lugar 7 personas perdieron la vida.

Es una broma, una mala broma. ¿Hoy es 19 de septiembre? ¿Es otro 19 de septiembre?

La sacudida y el ruido que siguen al golpe en las plantas de los pies anuncian la llegada de todos los miedos. Todos los temores juntos en una milésima de tiempo, como en las películas cuando una nave sale del hiperespacio: miedo a morir, miedo a perder el pequeño mundo que nos circunscribe, miedo animal, miedo potenciado y acelerado por una furia invisible.

Cobro conciencia del sonido que son capaces de emitir todos los objetos que hay en la casa, resuenan juntos sin armonía y ese ruido termina por regresarme a la realidad del momento eterno. Las cosas vuelan de los libreros y las paredes se retuercen. El instinto primitivo toma el control de la voluntad y solo queda espacio para huir.

En medio del desmadre, la alerta sísmica comienza a sonar, es un elemento más de desconcierto y estrés, parece pedir ayuda en vez de cumplir su objetivo. Los gritos en la calle confirman que no soy el único que está viviendo esto tan intensamente. La fuerza que nos sacude me hace recordar que lo que siento no es nuevo, sino exactamente la misma sensación que en 1985. Tomar fotografías durante un terremoto es como surfear: estás en medio de una situación que escapa a tu control.

Las únicas imágenes que conservo del 85 las llevo en la memoria. Tenía 12 años y tuve que caminar desde Río Mixcoac hasta el Casco de Santo Tomás para regresar a casa. Lo que viví entonces me marcó para siempre. Las grietas en el pavimento, los cuerpos tapados con sábanas y manteles sobre las aceras de la avenida Insurgentes, las cadenas humanas sobre los derrumbes. La energía se sentía en todas partes y quería ser parte de lo que estaba viendo. Unos meses más tarde logré hacerme de la primera cámara de 35 milímetros.

Una extraña oportunidad

Intensidad: 7.1 grados, aceleración sísmica horizontal: 226 centímetros sobre segundo al cuadrado, tipo de desplazamiento: interplaca. Los elementos de la ecuación son una verdad científica que no comprendemos y no nos dicen nada que ayude a reconciliarnos con la realidad.

Si la probabilidad de tener un accidente aéreo es de 1 entre 1.3 millones aproximadamente, ¿cuál era la probabilidad de que otro terremoto golpeara a la Ciudad de México en la misma fecha, 32 años después? Es como que si los habitantes de esta ciudad hubiéramos coincidido en escoger un mismo número de la lotería y hubiéramos acertado. ¿Imposible?

La Ciudad de México podría ser declarada la capital de las coincidencias improbables? A nivel personal es algo que no quieres volver a vivir, pero como fotógrafo es una oportunidad única y aquí comenzó el desdoblamiento entre el periodista y la persona común.

Durante muchos años me he imaginado las fotografías que hubiera tomado durante el terremoto de 1985 de haber tenido la oportunidad. Como si se tratara de una aberración del tiempo-espacio, la posibilidad estaba ahí. Me dirigí, en una bicicleta con las llantas medio ponchadas, hacia la zona de la Roma – Condesa  sin tener certeza de qué me iba a encontrar. Llegué a la calle de Puebla en donde encontré el primer edificio colapsado. Comencé a revivir aquella caminata que hice 32 años atrás. De alguna manera no iba solo, me acompañaba ese niño de 12 años que fui, el escenario no era muy distinto al del 85. El Ejército ya estaba ahí, pero ¿qué hacían tropas de la Marina con rifles de asalto estableciendo un perímetro de seguridad alrededor del edificio de Álvaro Obregón 286?

Como fotógrafo siempre dudo tener los nervios para estar a la altura de las circunstancias. Ese día no hubo espacio para la duda. Recorrí los lugares en donde me enteré que había derrumbes y me fue posible llegar, intentaba hacer una lectura profesional de los hechos. No es lo mismo hacer este trabajo cuando estás en un lugar ajeno a ti, que hacerlo en tu propia ciudad, es una prueba que nunca antes había vivido.

Me trasladé a la esquina de Laredo y la Avenida Amsterdam. Comencé a identificar entre los escombros las bolsas para equipo fotográfico que vende un colega, caí en cuenta que el derrumbe era el edificio en donde él vivía. Al mirar con detalle, identiqué diapositivas tiradas, computadoras. Cuando pregunté a los rescatistas si habían encontrado personas vivas, me dieron la descripción de mi colega Wesley Bocxe, pero me indicaron que iba en malas condiciones. Me quedo quieto pensando cuándo fue la última vez que lo vi, trato de no desconcentrarme y seguir tomando fotos. Horas después otros compañeros confirman la noticia, está vivo pero en estado crítico.

Al llegar a la colonia Del Valle, reconozco entre las filas de voluntarios a periodistas que están sacando escombros con las manos, me dan ganas de sumarme al grupo pero decido no bajar la cámara y continuar tomando fotos. Me encuentro con más conocidos que solamente me dirigen la mirada y asienten mientras acarrean escombros en cubetas. Todos se han transformado en alguien más, son una masa poderosa actuando para ayudar sin importar el riesgo.

El sol se está poniendo y las condiciones para fotografiar son limitadas. Salgo del lugar y unas chicas se me acercan para ofrecerme agua y preguntarme si necesito algo, me quedo sin palabras. Yo no necesito nada (pienso) ahí hay gente bajo los escombros y yo estoy acá con mis cámaras en vez de ponerme a ayudar. El conflicto interno es grande.

Días después del terremoto seguí recorriendo las calles de la ciudad y encontré una manta que pedía “no tomar fotos por respeto a las víctimas”. ¿Y la memoria? ¿no hay espacio o respeto para recordar? ¿Cuáles son las consecuencias colectivas e individuales ante un hecho de esta dimensión? ¿Para qué más pueden servir las fotos sino para apelar a la memoria que previene y sana?

Las fotografías que tomé del desastre ese 19 de septiembre del 2017 no fueron publicadas en ningún medio en su momento. Me llevó casi un año regresar al archivo para revisar el trabajo de esos días. Lo recordaba difusamente. Al editar las fotografías encontré las fotos tomadas por el niño de 12 años que viajó en el tiempo aquel día improbable.

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