1968: Renuncia el rector de la UNAM; la solución al conflicto, jamás por la fuerza o la violencia, dice
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1968: Renuncia el rector de la UNAM; la solución al conflicto, jamás por la fuerza o la violencia, dice

"Es obvio que la autonomía ha sido violada. A ningún hombre sensato escapará que no estaba en nuestras manos la solución del problema", expuso Javier Barros Sierra, en su renuncia.
Especial
Por Viétnika Batres
24 de septiembre, 2018
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Nota del editor: Desde el 23 de julio, Animal Político presenta materiales periodísticos para conocer los hechos, nombres y momentos clave del movimiento estudiantil del 68 que se vivió en México.

La cronología se publica en tiempo real, a fin de transmitir la intensidad con que se vivieron esos días y se tenga, así, una mejor comprensión de cómo surgió y fue frenado a un precio muy alto el movimiento político social más importante del siglo XX.
 
Queda mucho por saber y entender: 50 años después aún no sabemos por qué una riña estudiantil –como muchas que hubo previamente– detonó la brutal represión del gobierno.
 
Lo que es cierto es que el 68 fue, es mucho más que la masacre del 2 de octubre. Hubo un contexto que lo explica. Y eso es lo que les presentamos aquí.

Ciudad de México, 23 de septiembre de 1968.- El rector Javier Barros Sierra entregó su renuncia a la Junta de Gobierno de la de la Universidad Nacional Autónoma de México, se informó este lunes. En su exposición de motivos, argumentó: “Sin necesidad de profundizar en la ciencia jurídica, es obvio que la autonomía ha sido violada. A ningún hombre sensato escapará que no estaba en nuestras manos la solución del problema (…) Los problemas de los jóvenes sólo pueden resolverse por la vía de la educación, jamás por la fuerza, la violencia o la corrupción. Esa ha sido mi norma de acción”.

A cuatro días de la toma militar de Ciudad Universitaria, Barros Sierra precisó en su carta de renuncia: “Me parece importante añadir que, de las ocupaciones militares de nuestros edificios y terrenos, no recibí notificación oficial alguna, ni antes ni después de que se efectuaron”.

El rector tomó la decisión de dejar su cargo, dice, “por habérsenos impedido realizar, al menos en parte, las funciones esenciales de la Universidad” y porque “es insostenible mi posición como rector, ante el enfrentamiento agresivo y abierto de un grupo gubernamental”.

Asimismo, mencionó a la otra parte del conflicto. “Repetidamente dijimos a los jóvenes que debían seguir, en sus luchas, los caminos de la razón, de la ley y del diálogo, sin incurrir en provocaciones ni en actos violentos. En esa tarea nos tropezamos con la incomprensión y aun con el encono de algunos, tanto adentro como afuera. Ojalá, dicho sea de paso, que los estudiantes recapaciten ahora en su conducta y contribuyan, en la parte que les toca, a que se restablezca la tranquilidad pública, marco indispensable para el avance de la democracia y de la justicia de México”.

Y ante la oleada de críticas y descalificaciones por parte de legisladores y funcionarios priistas, respondió: “Estoy siendo objeto de una campaña de ataques personales, de calumnias, de injurias y difamación. Es bien cierto que hasta ahora proceden de gentes menores, sin autoridad moral, pero en México todos sabemos a qué dictados obedecen. La conclusión inescapable es que quienes no entienden el conflicto ni han logrado solucionarlo, decidieron a toda costa señalar supuestos culpables de lo que pasa, y entre ellos me han escogido a mí”.

Por ello, concluyó Barros Sierra, “es insostenible mi posición como rector, ante el enfrentamiento agresivo y abierto de un grupo gubernamental. En estas circunstancias, ya no le puedo servir a la Universidad, sino que resulto un obstáculo para ella. En virtud de las consideraciones anteriores, me veo en la imperiosa necesidad de presentar a ustedes mi renuncia irrevocable”.

Los ataques al rector

La entrada del Ejército a Ciudad Universitaria, el pasado miércoles 18, ocasionó una serie de reacciones. Para empezar, la condena por parte del propio rector:

“La ocupación militar de la Ciudad Universitaria ha sido un acto excesivo de fuerza que nuestra casa de estudios no merecía. De la misma manera que no mereció nunca el uso que quisieron hacer de ella algunos universitarios y grupos ajenos a nuestra institución. La atención y solución de los problemas de los jóvenes requieren comprensión antes de violencia. Seguramente podrían haberse empleado otros medios. De las instituciones mexicanas y de nuestras leyes y tradiciones se derivan instrumentos más adecuados que la fuerza armada. Así como apelé a los universitarios para que se normalizara la vida de nuestra institución, hoy los exhorto a que asuman, donde quiera que se encuentren, la defensa  moral de la Universidad Nacional Autónoma de México y a que no abandonen sus responsabilidades. La Universidad necesita, ahora más que nunca, de todos nosotros”.

Esta declaración desató la ira del régimen. Desde varios frentes se lanzaron ataques contra el rector de la UNAM: la Cámara de Diputados, dirigentes del PRI y personajes cercanos al oficialismo.

Destacaron, “por su ruindad y vileza, Pedro Ojeda Paullada, Jorge de la Vega Domínguez, Luis M. Farías, José de las Fuentes Rodríguez y Octavio Hernández”, este último un diputado priista de mediano nivel y quien se lanzó así contra Barros Sierra: “El señor rector inició una política (…) una conducta que, por lo que hace a su pasividad, tiene a mi modo de ver, mucho de criminal, y por lo que hace a sus actos, muchos matices de delirio”.

El jueves 19, al día siguiente de la entrada del Ejército a CU, Luis M. Farías, presidente de la Gran Comisión de la Cámara de Diputados, intentó justificar la medida y –al igual que el secretario de Gobernación, Luis Echeverría– pidió a la Universidad, ya que no le fue posible restablecer el orden por sus propios medios, agradecer la medida adoptada por el gobierno federal y solicitar que le sean devueltos los edificios para destinarlos a los fines para los que fueron creados: la enseñanza y la investigación.

Los tres sectores del Partido Revolucionario Institucional –campesino, obrero y popular– manifestaron su confianza en el gobierno de la República ya que, afirmaron, las instalaciones de CU se habían convertido en focos de agitación, anarquía, ataque a las instituciones, con el deliberado propósito de subvertir el orden público. Para las fuerzas vivas del PRI no se trató de un acto excesivo de fuerza, ni atentó contra la libertad. 

Por el contrario, el PAN sí consideraba que la autonomía universitaria ha sido violada por el gobierno al ordenar la ocupación militar de la Ciudad Universitaria. Pedía, por tanto, la restauración del orden con el cese de la “ilícita intervención” del gobierno y la libertad de los detenidos.

El 21 de septiembre, la diputación en pleno del PRI respaldó a Luis M. Farías, después de que éste juzgó que el rector era “impotente para resolver problemas internos de la casa de estudios”.

Así que los diputados priistas “descubrieron” que Barros Sierra era el culpable del conflicto estudiantil.

“Había un culpable señalado y ahora sólo era necesario proceder. Esforzarse por cumplir lo mejor posible, ser el más violento, el que ataca con más saña. La patria estaba en peligro. No se detuvieron ante nada: la ofensa personal, las alusiones al nombre del abuelo que no supo defender como hombre”, lamentó Luis González de Alba, integrante del Consejo Nacional de Huelga (CNH).

Barros Sierra pagó cara al osadía de desafiar al régimen. “Su independencia y rectitud, su disenso ejemplar frente al poder, le valieron los más abyectos ataques y ofensas personales”.

Pero no todos los priistas se dejaron llevar por la cargada. Ayer, domingo 22, Raúl Cervantes Ahumada, profesor universitario y ex senador, renunció a su militancia de más de 38 años en el PRI por la “actitud del partido y de sus voceros frente al atentado cometido por el Ejército contra la Universidad y los injustos cuanto vergonzantes ataques contra el señor rector”.

El hecho estuvo precedido por una inusual intervención en tribuna en la Cámara de Diputados, en la que el líder de la mayoría priista, Guillermo Morfín, pidió “respetuosamente” que el Ejército abandone Ciudad Universitaria y manifestó “estar de acuerdo con la conducta observada por el rector”. Los panistas lo ovacionaron de pie.

Poco les duró el gustó. Ayer sábado 21, al término de una reunión con el presidente del PRI, Alfonso Martínez Domínguez, Morfín se retractó de su defensa y dijo que –siempre sí– “es justificada la acción para restablecer el orden”.

Aparte, este domingo comenzó a circular una declaración en las redacciones de los diarios y en oficinas públicas, en la cual 180 periodistas exigen al presidente de la República, Gustavo Díaz Ordaz; al Congreso y a la Suprema Corte de Justicia de la Nación “el restablecimiento del orden constitucional. El respeto a las garantías  individuales traducido en: el retiro de las tropas de la C y planteles del IPN. El cese a la represión. El respeto al derecho de reunión, asociación y expresión y el cese a la campaña de desprestigio que se ha desatado contra la UNAM y la elevada investidura de su rector”.

El CNH difundió su postura: “Frente a un poder público cada vez más reaccionario y desprestigiado, se levanta una lucha cada vez más popular y decidida”.

Además, en pleno ensayo general para la inauguración de los Juegos Olímpicos en el estadio de la Ciudad Universitaria, inusitadamente los integrantes del Pentatlón Deportivo Militar Universitario desfilaron en silencio y levantaron la mano derecha haciendo “la V de la victoria”, símbolo del movimiento estudiantil.

Luego confirmaron que fue en protesta por la ocupación militar de la UNAM. Aunque los organizadores del ensayo aseguraron que no se percataron del hecho, hasta El Heraldo de México, alarmado, dio cuenta de lo sucedido.

Solidaridad con Barros Sierra

Los dirigentes del Consejo Nacional de Huelga se enteraron la noche anterior de la renuncia de Barros Sierra y lo buscaron para intentar disuadirlo, pero no tuvieron suerte. “Otras autoridades de la Universidad, directores de escuelas y facultades, habían estado con él y no cambiaría de opinión”.

El anuncio del rector originó una cadena de reacciones, que fue definida por Gilberto Guevara Niebla, líder del CNH, como una “avalancha inconmensurable de expresiones en su apoyo de alumnos, maestros, directores, colegios profesionales, intelectuales, artistas, etcétera”.

Por ejemplo, el sindicato que aglutina a los maestros de la UNAM advirtió este mismo lunes que “si la Junta de Gobierno acepta la renuncia del rector Barros Sierra, los 7 mil profesores dimitirán en masa”.

Cuando el cronista Carlos Monsiváis, que ha seguido de cerca los acontecimientos, se enteró de que Barros Sierra no estaba dispuesto a tolerar los ataques e injurias alentados por Díaz Ordaz, llegó a una conclusión:

“El presidente contra un ciudadano. El enfrentamiento es desproporcionado, sobre todo porque el poder casi absoluto de Díaz Ordaz se siente ultrajado. Con la renuncia, Barros Sierra consolida un entendimiento de los hechos opuesto al que Díaz Ordaz encarna. La autoridad moral de Barros Sierra se acrecienta y entonces tocarlo hubiese desatado algo próximo a la guerra civil. En él se concentran los valores de la resistencia a la-barbarie-desde-arriba”.

REFERENCIAS: 

Barros Sierra, Javier, Conversaciones con Gastón García Cantú, Siglo XXI, México, 1972, p.174.

Álvarez Garín, Raúl, La estela de Tlatelolco, Ed. Ítaca, 2002, México, p. 74.

Guevara Niebla, Gilberto, “El Ejército toma Ciudad Universitaria”, La Crónica de Hoy, 12 de septiembre de 2017. En www.cronica.com.mx/notas/2017/1055968.html.

Monsiváis, Carlos, Democracia, primera llamada: el movimiento estudiantil de 1968, Conaculta y gobierno del estado de Colima, México, 2010, p. 122. En www.mty.itesm.mx/dhcs/deptos/ri/ri-802/lecturas/nvas.lecs/1968-monsi/mc0286.htm.

Gómez Nashiki, Antonio, “1968. Cronología del movimiento estudiantil mexicano”, Nexos, 1 de enero de 1988. En https://www.nexos.com.mx/?p=4996

Ramírez, Ramón, El movimiento estudiantil de México, julio-diciembre 1968, Era, México, 1969, p331.

Ramírez, Ramón, op. cit., p330.

González de Alba, Luis, Los días y los años, Ed. Era, México, 1971, p. 136.

Hernández Navarro, Luis, “El rector Barros Sierra en el 68”, La Jornada Semanal, núm. 1042, 22 de febrero de 2015. En www.jornada.unam.mx/2015/02/22/sem-luis.html.

Jardón, Raúl, 1968: El fuego de la esperanza, Siglo XXI Editores, México, 1998, p. 83.

Diego Ortega, op. cit.

Ídem. Dice el autor: “La declaración era suscrita por reporteros y redactores de los diarios de esta capital, pero no la publicó ningún periódico sino, semanas después, la Revista de la Universidad, sin incluir los nombres de los firmantes debido al clima represivo imperante. La prensa podía estar vendida, como señalaba la consigna  estudiantil, pero no todos los periodistas”.

Diego Ortega, op. cit.

González de Alba, op. cit., p. 137.

Guevara Niebla, op. cit.

Gómez Nashiki, op. cit.

Monsiváis, op. cit., p. 122.

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Consecuencias del covid-19: 'Mi fatiga no se parecía a nada que hubiera experimentado antes'

La fatiga crónica es uno de los síntomas que experimentan miles de pacientes recuperados de covid-19, incluso aquellos que no estuvieron tan enfermos como para estar hospitalizados. Jade cuenta cómo fue su caso.
22 de septiembre, 2020
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Jade Gray-Christie

Zoë Savitz/BBC News
Jade Gray-Christie nunca fue hospitalizada, pero meses después de haberse recuperado sufre fatiga crónica.

Si has leído noticias de personas con coronavirus que experimentaron síntomas “permanentes”, puede que la historia de Jade Gray-Christie te resulte familiar. Ella tenía síntomas “leves” y no fue hospitalizada, pero su vida dio un vuelco desde que se enfermó en marzo.

Antes de la pandemia, Jade tenía una vida muy ocupada.

Esta londinense, de 32 años de edad, compaginaba un gratificante trabajo dando apoyo a jóvenes de entornos desfavorecidos con una vida social activa, e iba al gimnasio tres veces por semana.

Pero en las primeras horas de la mañana del 15 de marzo, Jade llegó a casa tras un largo día de trabajo y supo que algo no iba bien.

“Me sentía fatal. Tenía mucho calor y mucho frío, y no paraba de toser, toser y toser”, me contó en voz baja, con dificultad para respirar.

A medida que pasaron los días, Jade, que es asmática y vive sola, comenzó a sentirse peor y más asustada.

Llamó al 111 (el número de emergencias). Le enviaron una ambulancia, pero los paramédicos se negaron a entrar. “Me hablaron a través de la ventana y me preguntaron qué me pasaba”, dice ella.

Jade Gray-Christie

Zoë Savitz/BBC News
Los paramédicos no quisieron entrar a casa de Jade.

Tumbada en la cama y sin apenas poder pronunciar las palabras, Jade explicó que tenía problemas para respirar y que le dolía mucho el pecho.

Le dijeron que tenía la típica “tos covid”, pero por su edad no podían llevarla al hospital. Eres joven y tu cuerpo es lo suficientemente fuerte como para recuperarse, le dijeron.

Jade se sorprendió. “¿Qué hago con mi respiración? Soy asmática. Vivo sola, así que si pasa algo no tengo a nadie que me ayude“, les comentó.

Pero ellos le respondieron que no se llevaban a nadie menor de 70 años por si pudiera contagiar a alguien más en el hospital.

“Comprendí lo que decían, pero al mismo tiempo estaba muy mal y no sabía qué iba pasar. Por las noches sentía miedo al acostarme”, dice Jade.

Con el tiempo, parecía mejorar poco a poco. Pero cada vez que pensaba que estaba recuperándose, sus síntomas volvían.

En mayo, se sintió lo suficientemente bien como para comenzar a trabajar desde casa a tiempo parcial. Tenía dolor en el pecho y a veces se sentía cansada, pero pensó que se las podría arreglar.

Hasta que a finales de mes, algo cambió.

Durmiendo 16 horas al día

“Mi pecho volvió a empeorar. Me costaba respirar y no podía salir de la cama”, dice ella. “Mi fatiga no se parecía a nada que hubiera experimentado antes”.

Los inhaladores de Jade

Zoë Savitz/BBC News
Jade tiene un inhalador para el asma y recibió dos más para tratar la covid.

Los meses pasaron con pocas mejoras. A veces dormía más de 16 horas al día y le costaba hacer las actividades diarias para cuidar de sí misma.

Cuando hablé con Jade a fines de julio, me contó que su médico le había dicho que tenía fatiga posviral, pero no le dieron ningún consejo sobre cómo manejar sus síntomas, más allá de que estableciera una rutina para dormir y despertar.

La idea era aprender estrategias de recuperación para ayudar a mejorar su calidad de vida y estabilizar su salud.

Pero a Jade le costó entender cómo aplicarlo a su vida. Mantener una rutina le resultaba casi imposible, ya que a menudo se despertaba agotada y se volvía a dormir.

“Cuando hablé con el médico sobre mis mareos, el hecho de que me hubiera desmayado y también sobre mi fatiga, me dijo abiertamente que no sabía cómo ayudarme y que el virus todavía es muy nuevo. Esto, por supuesto, me hizo sentirme aún peor “, comenta.

“Si los médicos no podían ayudarme, ¿entonces quién?”, se preguntó.

Jade Gray-Christie usando su laptop

Zoë Savitz/BBC News
Jade se sintió desesperada; no sabía a quién pedir ayuda.

Covid “de largo plazo”

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que no comprende por completo la covid-19.

Dice que los plazos de recuperación típicos son de dos semanas para pacientes leves, y hasta ocho para los que están graves, pero reconoce que hay personas como Jade que continúan teniendo síntomas durante más tiempo.

En tales casos, dice la OMS, los síntomas pueden incluir fatiga extrema, tos persistente o intolerancia al ejercicio. El virus puede causar inflamación en los pulmones, los sistemas cardiovascular y neurológico, y el cuerpo puede tardar mucho en recuperarse.

La experiencia de Jade le ha ocurrido a otras decenas de miles de personas,y se conoce como “covid de largo plazo”.

Barbara Melville, administradora de un grupo de apoyo en Facebook para este tipo de pacientes, explica que muchos de ellos dicen que no tienen acceso al cuidado y apoyo que necesitan, que no les toman en serio o que les dicen que sus síntomas son causados por ansiedad.

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BBC

Cómo conservar la energía si tienes fatiga

  • Para lidiar con la fatiga, los terapeutas ocupacionales usan “las tres pes”: planificación, pacing (ritmo) y priorización
  • Esto implica identificar estrategias para facilitar las cosas y gestionar la energía de forma más eficaz
  • Por ejemplo, si la ducha es agotadora, inténtalo en otro momento del día o siéntate en lugar de quedarte de pie
  • Divide las actividades en tareas más pequeñas y distribúyelas a lo largo del día
  • Planifica de 30 a 40 minutos de descansos entre actividades

Lauren Walker, Royal College of Occupational Therapists, Reino Unido

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BBC

¿Dónde deja esto a los pacientes? Para muchos es una cuestión de paciencia.

En el caso de Jade, su salud sigue con altibajos, pero ahora recibe sesiones de fisioterapia y de terapia ocupacional en la clínica covid del centro hospitalario University College Hospital de Londres.

Sus jefes han sido un gran apoyo, lo cual ha marcado la diferencia. Le dijeron que habían visto muchos casos similares.

“Fue un gran alivio,”, dice ella, tras haber pasado muchos meses sintiendo que tenía que demostrar que lo que le estaba ocurriendo no estaba “todo en su cabeza”.

Al final, recibió una carta confirmando su diagnóstico de covid-19 esta semana.

Jade planea ahora trabajar desde casa por el resto del año, con horas y responsabilidades reducidas, y le han aconsejado que divida su día, trabajando en períodos de dos horas con pequeños descansos en el medio.

Está contenta de poder volver al trabajo y de tener su mente activa.

jade en la puerta de su casa

Zoë Savitz/BBC News
A la joven inglesa le gusta haber vuelto a trabajar.

Barbara Melville advierte que no todos los empleadores son tan comprensivos y afirma que ha leído muchas historias en su grupo de apoyo de personas obligadas a regresar al trabajo demasiado pronto.

“Tienen miedo de no poder alimentar a sus familias. El descanso y la regulación del ritmo de vida son un privilegio“, comenta a la BBC.

Otros le han dicho que sufren discriminación en el trabajo porque no pueden proporcionar pruebas de que tenían la enfermedad, a pesar de que no hubo tests disponibles durante meses, y no se les dieron los ajustes que necesitaban para trabajar de manera segura.

Sin embargo, tiene la esperanza de que esta crisis lleve a un cambio cultural en cómo se trata a las personas que viven con problemas de salud a largo plazo.

“La covid ha puesto de relieve las desigualdades y esta es una oportunidad para empezar a hacer algo“, señala.

Jade dice que tras haberse enfermado sintió realmente que su vida se acababa. Solo cuando comenzó a recibir apoyo, atención y comprensión las cosas comenzaron a cambiar para ella.

Ahora siente que puede encontrar una manera de hacer frente a su nueva normalidad.

Fotografía de Zoë Savitz

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

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