A un año del 19S, aún hay campamentos de damnificados en el oriente de CDMX
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Agustín Salgado

A un año del 19S, aún hay campamentos de damnificados en el oriente de CDMX

Algunos damnificados aún viven en tiendas de campaña, instaladas en vía pública. En el oriente de la Ciudad de México antes de pensar en la reconstrucción a fondo perdido, preocupan las condiciones geológicas de la zona.
Agustín Salgado
Por Agustín Salgado @AgustinSalgado
19 de septiembre, 2018
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Carolina y su familia no han logrado regresar a su vivienda desde el 19 de septiembre de 2017. Vive en un campamento instalado en la avenida Derechos Democráticos, a unos 40 metros de su casa. Duerme, junto con su esposo y tres hijos, en una de las tres mil tiendas de campaña que donó el gobierno de China.

La mujer de 36 años, no es la única damnificada de la colonia La Planta, delegación Iztapalapa que aún vive en la calle: al menos una veintena de personas no han regresado a sus domicilios.

En esta zona de la Ciudad de México no se habla de reconstrucción a fondo perdido, aquí lo prioritario es conocer las condiciones geológicas del suelo que habitan. Los hundimientos, socavones y grietas en los límites de Tláhuac e Iztapalapa, identificados desde hace varios lustros, se agudizaron tras el 19S. 

Un estudio realizado por especialistas de la UAM y la UNAM concluyó que la mayor parte de las afectaciones se debían a fallas geológicas detectadas desde antes que ocurriera el sismo de 7.1 grados. 

“Yo nací aquí. La casa tiene más de 40 años. Nos dijeron que era pérdida total, que ya no podíamos vivir en ella. Esta toda inclinada y decidimos venirnos a vivir aquí”, relata Carolina. 

Su vivienda se ubica en Molino Arrocero Manzana 1, Lote 15. El inmueble está apuntalado, las fisuras son evidentes. El sismo provocó un desnivel de, al menos, 30 centímetros en esta calle localizada a un costado del Deportivo Cananea. Todos las casas resultaron dañadas, aun así, algunos vecinos decidieron volver a ellas.

La mayoría de los predios de Molino Arrocero están identificados en Plataforma CDMX, base de datos elaborada por la Comisión para la Reconstrucción, Recuperación y Transformación de la Ciudad de México, para georeferenciar los inmuebles afectados por el 19S.

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Molino Arrocero

El esposo de Carolina, Francisco, es obrero. Una de sus hijas tiene 18 años, la otra 16 y el niño 10. Una cama, una litera y un catre, además de un refrigerador y una mesa, ocupan el interior de la casa de campaña. 

Fueron instalados dos tinacos, que son de uso común para quienes habitan las cinco tiendas que conforman el campamento. 

“El sismo me tocó fuera de mi casa, vimos como se hundió la calle. Varias bardas se cayeron. Lo que queremos es un dictamen del suelo pues nos han dicho que aquí ya no se puede volver a construir”, agrega Carolina. 

Transcurrieron 10 meses para elaborar dictámenes

Al campamento de Derechos Democráticos se suman dos más en esta zona de la ciudad: el primero ubicado en andador Unión y otro más en Revolución esquina con Rosalita. 

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Campamento Derechos Democráticos.

Hermilio Baltazar, uno de los habitantes del campamento de andador Unión, es comerciante: vende productos de limpieza. Durante las últimas semanas no ha trabajado pues se ha dedicado a gestionar ante la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda los dictámenes estructurales de las propiedades de sus vecinos. 

Con lista en mano recorre las calles de la colonia La Planta para informar que ya se encuentran los diagnósticos elaborados por los Directores Responsables de Obra. Documentos que deben de recogerse en las oficinas de la Seduvi, ubicadas en la colonia Roma. En total son 126 dictámenes que fueron entregados el 31 de julio. 

“Se levantó un censo, hay una primera opinión de como se encuentran nuestras casas y ya tenemos fecha y hora para que nos entreguen los dictámenes. Los DRO vinieron a finales de mayo, lo que ahora sigue es el estudio geológico”, explica Hermilio. 

Andador Unión es la continuación de Molino Arrocero. Las casas, ubicadas en ambas calles, fueron identificadas con un número de folio de seis dígitos. El desnivel de 30 centímetros, que provocó el temblor, fue rellenado parcialmente durante los trabajos de reparación del drenaje, pues dicho sistema colapsó el 19S.

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Campamento Revolución Rosalita.

“Yo llevó 28 años aquí. Me vine de un asentamiento ilegal que se conocía como Valle de Luces. En la época de (Carlos) Salinas de Gortari, el Fividesu (Fideicomiso de Vivienda Desarrollo Social y Urbano que desapareció en 2002) nos vendió estos terrenos. Fue a crédito, nos tardamos 15 años en pagarlos. Levante poco a poco mi casa. Ahora tengo 65 años y en esa casa vivíamos mi esposa, mis hijos y mis nietos. En total somos 14 y ahora todos sobrevivimos en el campamento”.

La familia de Hermilio ocupa tres tiendas de campaña. Su casa esta en andador Revolución. A diferencia de Carolina, Hermilio sí cuenta con el apoyo de renta que otorga el gobierno de la Ciudad de México, el dinero que recibe le ha permitido dejar la venta de productos de limpieza y dedicarse, de tiempo completo, a gestionar trámites ante diferentes instancias de la administración capitalina.

El problema de las escrituras 

Más adelante, ya en los límites con la colonia El Molino se encuentra el tercer campamento: 15 tiendas de color azul fueron instadas en las calles de Revolución y Rosalita. 

En una de ellas hay un letrero que anuncia la venta de refrescos. La tienda de campaña es habitada por Mauro Alvarado Martínez, de 56 años: “Vendo dulces para defenderme. Me dijeron que mi casa está sobre una grieta. Duermo aquí en el campamento pero si voy a bañarme allá. Lo que me preocupa es saber si vamos a poder seguir viviendo aquí o nos van reubicar a otra zona donde no haya grietas”. 

campamentos

La vivienda actual de Mauro.

La casa de Mauro se ubica en andador Revolución, manzana 10, lote 24. En ella vivía junto con sus dos hijos, sus nueras y sus nietos. Tras el sismo se quedó solo pues uno de sus hijos opto por rentar y el otro se fue a vivir a la casa que apenas empezaba a levantar. 

“Aquí casi nadie tiene escrituras, en mi caso yo le compre a una señora pues no fue directo con Fividesu. Solo tengo la hoja que firmamos a la hora de la compraventa, entonces me hacen falta algunos documentos y hasta ahora he recibido la ayuda de renta pero ya me dijeron que no me van a dar el dinero hasta que no presente todos los papeles”, refiere Mauro Alvarado. 

Una televisión, un radio, una cama y una mesa donde coloca su mercancía, ocupan parte de la tienda de campaña instalada en la calle de Rosalita. 

Además de los daños materiales, el sismo, también provocó problemas familiares. Es el caso de Marisol Gutiérrez que vivía en la casa de sus padres ubicada en andador Revolución manzana 10, lote 22, tras el 19S optó por salirse junto con sus hijos y esposo. 

“Yo vivía con mi mamá, se cayó una barda, ella sigue viviendo ahí pero a raíz del temblor hubo muchos problemas y ahora vivo aquí en el campamento con mi esposo y mis hijos de que tienen 16, 15 y 12 años. No tengo ayuda renta y hay quien dice que estoy aquí para que me den cosas pero eso no es cierto, vivir en un campamento es muy complicado”. 

¿Cuántos campamentos hay en la CDMX? 

El comisionado para la reconstrucción Edgar Tuingüí aseguró a la agencia de noticias Associated Press que de los 27 campamentos que aún existían en la Ciudad de México, ninguno de ellos estaba habitado y únicamente eran ocupados para vigilar los inmuebles. 

En delegaciones centrales como Benito Juárez, Coyoacán y Tlalpan la afirmación es correcta; no así en las delegaciones del oriente de la ciudad como Tláhuac e Iztapalapa. 

En Villa Coapa, una de las zonas que resultó más afectada con el 19S, los damnificados se turnan para mantener presencia en los campamentos. En la acera oriente de Canal de Miramontes, entre Calzada del Hueso y Las Bombas también fueron instaladas varias tiendas de campaña donadas por la República Popular de China. Los afectados se realizan guardias de ocho horas, algunos de ellos han optado por pagar a un tercero para cubrir con su horario. 

Algo similar ocurre en los campamentos ubicados en calles de la delegación Benito Juárez, como Sevilla 604 y  Zapata 252. 

En algunos puntos ya no hay tiendas de campañas como en Azores 609 y Tokio 519.

En Paseo de Galias, colonia Lomas Estrella, delegación Iztapalapa y en los edificios afectados de División del Norte y Pacífico también ya fueron retirados.

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¿Es posible saber cuál país está haciendo lo correcto ante la COVID-19?

Dominic Wilkinson, profesor de Ética Médica de la Universidad de Oxford, nos ayuda a entender el complejo proceso de tomar decisiones en un contexto como el actual, en el que “la ciencia no nos puede decir qué hacer”.
Getty Images
6 de septiembre, 2020
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“La ciencia no nos puede decir qué hacer”, reflexiona Dominic Wilkinson, profesor de Ética Médica de la Universidad de Oxford, en Inglaterra.

“La ciencia tiene que estar en el centro de la toma de decisiones, pero no te puede decir, por sí sola, qué decisión tomar. Eso se debe hacer sobre la base de la ética“, le dice el doctor a BBC Mundo.

Wilkinson fue consultado en el artículo: “The philosophy of COVID-19: is it even possible to do the ‘right thing’?” (“La filosofía de COVID-19: ¿es posible hacer lo ‘correcto’?)”, publicado en el sitio de la universidad británica.

En el texto se reflexiona sobre el hecho de que en los últimos seis meses, en todos los continentes, autoridades y científicos han estado tratando de determinar qué se debe hacer frente a la pandemia.

“Por primera vez, en mucho tiempo, las consideraciones filosóficas se han convertido en materia de debate político y de conversaciones cotidianas“, indica el blog del que está a cargo Sarah Whitebloom.

“¿Es correcto privar a la gente de su libertad o no; dictar el comportamiento personal o no; cerrar las fronteras o no; para proteger la vida o el servicio sanitario o la economía o no?”, pregunta.

Entre opciones

En ese artículo, el investigador resalta que nuestro conocimiento sobre la COVID-19 ha ido cambiando con el paso de los meses y eso es clave a la hora de tomar decisiones y de juzgarlas.

Profesor Dominic Wilkinson

Cortesía: Dominic Wilkinson
Como profesor, Wilkinson se especializa en ética médica y como médico, en neonatología.

“Entonces” -se plantea en el texto- “¿cómo interpretamos los intentos de los países para abordar la pandemia? ¿Alguien está haciendo lo correcto?”

Según el profesor Wilkinson, ‘No hay una única respuesta correcta, depende de cómo sopesas tus opciones. Debes distinguir entre varias cosas'”.

¿Serían todas las decisiones igualmente validas? “No” -responde- pues hay que tomar en cuenta el contexto: algo que podría ser correcto de implementar en un país, puede no serlo en otro.

Además, pese a la incertidumbre propia de un virus cuyas características y efectos seguimos descubriendo, hay opciones que son erróneas.

Por ejemplo, “recomendar intervenciones no basadas en evidencia (como la cloroquina) podría verse como opciones ‘moralmente incorrectas‘”.

La pandemia nos ha puesto cara a cara con dilemas éticos muy complejos.

“Hay muchos paralelismos con las profundas y difíciles preguntas que enfrentan los países cuando están en guerra“, señala Wilkinson.

La prioridad tiene que ser “salvar vidas”, destaca el profesor que conversó con BBC Mundo.

La entrevista ha sido editada por razones de claridad y concisión.


En términos de qué es correcto hacer. ¿Qué desafíos nos está presentando esta pandemia?

El desafío fundamental es lo que están enfrentando los gobiernos.

En cierto sentido, son problemas con los que las sociedades tienen que lidiar todo el tiempo: cómo equilibrar las diferentes y, algunas veces, contrapuestas necesidades de su población.

Un placa de los pulmones

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Aunque nuestro conocimiento sobre el virus Cov-2 ha aumentado sustancialmente desde que se desató el brote hace seis meses, aún hay incógnitas que se están tratando de responder.

Lo que hace que la cuestión de la pandemia sea tan grave es la escala del problema y la necesidad de hacer concesiones muy difíciles.

Eso implica hacer sacrificios y buscar soluciones intermedias entre el bienestar de unos y de otros. Por ejemplo: entre las personas en riesgo de contraer COVID-19 versus otros miembros de la sociedad y los efectos en su bienestar desde la perspectiva económica y de empleo.

En adición, hay desafíos muy grandes debido a la incertidumbre que existe. Una de las razones que hace esta pandemia tan compleja es que los problemas que está suscitando no son los problemas estándar con los que los gobiernos están acostumbrados a encarar.

Obviamente, las enfermedades infecciosas y los temas de salud pública son asuntos con los que los gobiernos están relativamente familiarizados, aunque no siempre sean simples de enfrentar.

Pero estamos ante una nueva amenaza que trae muchos desafíos e incertidumbre sobre los beneficios, así como también sobre los costos, de las distintas maneras de responder a ella. Por ejemplo: las diversas formas de confinamiento y de distanciamiento social.

Quizás sin notarlo mucho, cada día, todos hemos estado envueltos en consideraciones filosóficas debido a la pandemia. ¿Por qué ocurre eso?

La pandemia ha resaltado ciertos asuntos éticos que son muy difíciles y que ameritan soluciones de compromiso, concesiones.

Una mujer frente a una pantalla

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Varias economías ya han empezado a sentir los efectos de la crisis que desató la pandemia.

Algunos de ellos se presentan en tiempos de normalidad, pero quizás de una forma no tan visible o dramática.

Por ejemplo, evaluar el costo en la economía, en términos de dinero, y la cuestión de las vidas que son salvadas, es un planteamiento con el que están muy familiarizados los gobiernos. No es una pregunta muy cómoda de responder, pero a la que están acostumbrados todo el tiempo:

‘¿Cuánto dinero invierto en mejorar las carreteras para prevenir accidentes de tránsito? ¿Cuánto invierto en fármacos o en el sistema sanitario en general para mejorar la salud de las personas y evitar muertes?’

Le tienen que poner un precio a la cantidad que están dispuestos a pagar para salvar una vida.

Personas fuera de un hospital

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En muchos países, gran parte de la atención médica se ha concentrado en atender a las personas afectadas por la COVID-19.

La misma pregunta, en esencia, se invoca cuando los gobiernos tienen que tomar decisiones sobre cómo intentar balancear los beneficios potenciales de salvar vidas versus el costo económico.

Obviamente, podrías salvar el máximo número de vidas manteniendo a todos los países en confinamientos totales hasta que haya una vacuna disponible. Pero eso va a provocar un costo económico muy grande y, la medida en sí misma, va a cobrarse vidas en diferentes maneras.

Existe evidencia de que las crisis económicas por sí solas acarrean graves consecuencias sanitarias, incluyendo: efectos en las tasas de pacientes con cáncer, personas con enfermedades mentales, suicidios.

Este tipo de cálculos son los que tienen que hacer los gobiernos todo el tiempo, pero en el contexto de esta pandemia se hacen muy visibles.

¿Cuán difícil es para quienes diseñan las políticas públicas tomar decisiones basados en un virus del cual aún se desconocen muchos aspectos porque es muy nuevo?

Es tremendamente difícil.

Hay dos tipos de incertidumbres: la científica y médica, que tiene que ver con el virus: que pasaría si los gobiernos no hacen nada, cuántas vidas se podrán en riesgo, que sucedería si se toman acciones, cuán efectiva será la vacuna cuando esté disponible.

Y está la incertidumbre ética: cómo actuar frente a esta amenaza.

En ese contexto, los diferentes gobiernos tomarán decisiones distintas y no sabremos hasta dentro de muchos años, cuando veamos hacia atrás, qué país hizo la elección que resultó siendo ventajosa, pero ahora es muy difícil saber cuál es la decisión correcta.

En el artículo de la Universidad de Oxford, usted señala que en el actual contexto, algunas decisiones son tomadas de buena fe. ¿Es eso suficiente?

Desde el punto de vista de la ética, todo lo que podemos hacer es tomar decisiones con la información que tenemos.

Médicos en un hospital

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Dilemas éticos y filosóficos que siempre han enfrentado médicos, legisladores y líderes políticos ahora son parte de las conversaciones de muchos ciudadanos en todo el mundo.

Cuando me refiero a tomar decisiones de buena fe, es hacerlo sobre la base de las motivaciones y las intenciones correctas y con la información con la que se cuenta.

Puede pasar que la información que tienes es incorrecta, que las estimaciones de las diferentes opciones terminen siendo erróneas, pero no puedes tomar decisiones sobre la base de información que desconoces.

Algo que tienes que hacer es tomar en cuenta la posibilidad de que puedes estar equivocado. Por eso, los gobiernos tienen que mirar un abanico de diferentes resultados potenciales y la incertidumbre que rodean las estimaciones.

Esa es una de las razones por las cuales no se trata simplemente de seguir la ciencia porque la ciencia no da una sola respuesta sobre lo que pasará o cuál podría ser el efecto de una particular acción.

Se trata más bien de una gama de diferentes posibilidades y sobre la base de eso, tomar las decisiones.

En el artículo se plantea que los esfuerzos internacionales buscan preservar la vida. “¿Pero la vida de quién? ¿un enfermo que sufre de COVID-19, un paciente con cáncer, una persona que pierde su trabajo?” Es un dilema inmenso para enfrentar en tan corto periodo de tiempo desde que comenzó el brote ¿no?

La dificultad es que no hay manera de evitar tomar decisiones. No hacerlo o no actuar es una resolución en sí misma.

Personas aplaudiendo

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Al inicio de pandemia, muchos ciudadanos en todo el mundo coincidieron con sus gobiernos en la necesidad de quedarse en casa.

Dado el número de decisiones que los gobiernos tienen que tomar y de lo cambiante de la situación que están enfrentando, es inevitable que no opten por algo determinado.

Y podrían llegar a tomar resoluciones que serán criticadas y que podrían terminar siendo, a la luz del conocimiento adquirido con posterioridad, no las mejores opciones.

Por eso, tienen que estar preparados para cambiar de idea, para revisar sus puntos de vista a medida que la ciencia evoluciona y para admitir que tomaron una decisión que no fue la mejor.

Muchas personas podrían pensar que, como se trata de una pandemia, la ciencia debería indicar qué se debe hacer, pero usted señala: “La ciencia no puede decirnos a qué valores debemos darle peso”. ¿A qué se refiere?

Cuando hablamos sobre lo que deberíamos hacer, sólo llegaremos a una respuesta con una serie de hechos y un conjunto de valores éticos.

Un ensayo clínico

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“La ciencia tiene que estar en el centro de la toma de decisiones pero no te puede decir, por sí sola, qué decisión tomar. Eso se debe hacer sobre la base de la ética”, indica Wilkinson.

La ciencia no genera valores éticos, la ciencia nos ayuda a entender los hechos.

Cuando queremos actuar en relación a ellos: ¿qué deberíamos hacer?, aparecen los valores éticos.

Por esa razón la ciencia no nos puede decir qué hacer o que deberíamos hacer, la ciencia sólo nos puede decir qué pasaría si actuamos de determinadas maneras.

Nosotros tenemos que decidir cómo balancear diferentes valores éticos que podrían estar en riesgo: cuál es el más importante, a cuál le vamos a dar prioridad, cuál precio estamos dispuestos a pagar y cuál no, y, entonces, tomar una decisión.

Considero que es profundamente engañoso sugerir que la ciencia, en sí misma, es la base de la toma de decisiones.

La ciencia tiene que estar en el corazón de la toma de decisiones pero no te puede decir, por sí sola, qué decisión tomar. Eso se debe hacer sobre la base de la ética.

Usted señaló que “el momento más complicado aún está por venir”, pues nos esperan más decisiones éticas difíciles que van más allá de los confinamientos, por ejemplo: quiénes recibirán las primeras vacunas. “No sabemos todavía qué tolerará la gente, qué harán”. En relación a eso, hay personas que sienten que los confinamientos han afectado sus derechos. ¿En este contexto, es difícil llegar a la decisión con la que todos estemos satisfechos?

La política está familiarizada con la idea de que no puedes complacer a todo el mundo.

Dos mujeres se saludan con una ventana de por medio

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Las medidas para evitar la propagación del coronavirus han tenido impacto en los diferentes grupos de edad.

Uno de los aspectos interesantes es que en las fases iniciales de la pandemia, en muchos países, hubo un amplio apoyo hacia las acciones tomadas por los gobiernos, en algunos casos dramáticas y con un impacto significativo en las vidas de las personas.

Pero algo que se está volviendo evidente es que a medida que pasa el tiempo, parte de ese apoyo se ha disipado y hay más división sobre lo que debe pasar: algunos están a favor de continuar con las restricciones para evitar otras olas (de contagios); otros creen que los gobiernos no pueden seguir imponiendo restricciones y deben relajar las medidas para que la economía se recupere.

Esa es una de las razones por la cual los gobiernos están en una creciente presión para flexibilizar las medidas que tienen que ver con los confinamientos, pero, hasta que no haya una vacuna, la potencial consecuencia de eso es que hayan olas de infecciones, como hemos visto en Europa y en otras partes.

Y existe la posibilidad de que coincida, en el hemisferio norte, con el invierno, que es tradicionalmente una época difícil.

Hay una gama de razones por las cuales algunas de las decisiones más difíciles están por venir.

También ha dicho que no todas las decisiones pueden ser válidas y hace una especial reflexión sobre tratamientos que no han sido probados científicamente.

En la situación actual, los gobiernos tienen más de una opción razonable para escoger.

Personas con mascarillas

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Existe evidencia científica de que el uso de mascarillas ayuda a frenar la propagación del coronavirus.

Para algunas naciones, puede ser razonable continuar con la decisión de mantener el número de casos muy bajo con la implementación de medidas restrictivas.

También pueden haber otros países que se inclinen por medidas más flexibles.

El decir que hay potencialmente más de un enfoque razonable no significa que cualquier enfoque es aceptable.

Claramente hay algunas respuestas que no son razonables y que debemos rechazar, incluyendo las que se apartan significativamente de una comprensión científica de lo que se pone en riesgo o de lo que puede ser útil.

Por ejemplo, quienes rechazan las mascarillas o quienes sugieren medidas que no tienen una base científica o que la ciencia ha demostrado que son perjudiciales.

Considero que es importante criticar cuando gobiernos o personas que hablan en público recomiendan cosas que son irrazonables.

Usted ha dicho que es muy difícil saber qué países están haciendo lo correcto en medio de estas dramáticas circunstancias y que sólo en varios años se podrán saber cuáles fueron las mejores estrategias. ¿Por qué hay que esperar años?

Estando en plena pandemia, es difícil conocer todos los impactos de las decisiones que estamos tomando, algunos no serán visibles por años.

Planeta

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De acuerdo con Wilkinson, el tiempo es clave para poder evaluar el impacto de las medidas que se están tomando en plena pandemia.

Las comparaciones entre países, por ejemplo, sólo se harán patentes con el tiempo.

Cuando veamos todas las diferentes consecuencias en la salud de los pacientes -excluyendo quienes hayan sufrido covid-19- se verá el impacto en quienes sufren de cáncer, quienes no recibieron algún tratamiento, quienes desarrollaron enfermedades mentales o quienes sufren problemas de salud debido a la recesión económica.

Esos efectos no se sabrán hasta después de un tiempo, cuando tengamos suficiente información para juzgar.

Es decir, en su opinión, es casi imposible saber quién está haciendo lo correcto.

Así es. Vale la pena señalar que se puede distinguir entre una decisión correcta y un proceso correcto para tomar esa decisión.

Una trabajadora de la salud

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La pandemia encontró a algunos países mejor preparados que otros para lidiar con sus efectos.

En las decisiones que se han tomado de una manera transparente, el público puede ver por qué los gobiernos están optando por determinadas alternativas, que se trata de decisiones guiadas por la evidencia científica y que son susceptibles a los cambios que se producen en la ciencia y a la incertidumbre que puede conllevar.

Eso es muy importante.

Que son decisiones que están abiertas a las revisiones y al cambio de opinión en el futuro en caso de que varíe la información.

Todas esas características son positivas en el proceso de toma de decisiones y los países en los que se han dado esos elemento, creo que tendrán una mejor probabilidad de justificar sus decisiones, incluso si, en retrospectiva, se les pueda cuestionar por haber tomado las decisiones equivocadas.

Desde la perspectiva de un doctor dedicado a la ética médica, ¿qué lecciones le está dejando esta pandemia?

Uno de los aspectos más sorprendentes es que algunos países se habían preparado extremadamente bien para tomar decisiones difíciles en el contexto de una pandemia, habían hablado con su población con anticipación y les habían dicho:

‘Si alguna vez nos enfrentamos a una pandemia de gripe realmente grave, ¿qué les gustaría que hiciéramos si tuviéramos que tomar decisiones relacionadas, por ejemplo, con los respiradores: ¿quién debería utilizarlos?”

Hace cinco o diez años, comunidades en algunos estados de Estados Unidos participaron en discusiones sobre esas decisiones. Eso las puso en una posición muy fuerte cuando llegó la pandemia para decir: ‘Está bien, ya tuvimos una discusión. Tenemos preparadas algunas pautas, ahora podemos implementarlas’.

Creo que la dificultad cuando estás en el ojo de la tormenta es que no hay una manera significativa de promover conversaciones hipotéticas con la comunidad, porque el desafío es reaccionar y muchas veces se hace de forma instintiva porque ya la tienes al frente.

Y eso podría llevar a que no se tomen las mejores decisiones.

Creo que una de las lecciones importantes es que debemos prepararnos para amenazas muy sustanciales como esta.

A algunos países les ha ido bien en esa preparación y a otros menos bien.

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