Adolescentes muestran en fotos la recuperación tras el sismo en Juchitán, Oaxaca
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Adolescentes muestran en fotos la recuperación tras el sismo en Juchitán, Oaxaca

Tres meses después del terremoto del 7 de septiembre de 2017 en Juchitán, Oaxaca, jóvenes retrataron la recuperación del lugar, luego de que Save The Children organizó un taller para ayudar a los niños de la zona a transitar por el trauma de la tragedia en sus comunidades.
Especial
Por Andrea Vega
7 de septiembre, 2018
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Detrás de ellos estaba el albergue donde dormían en el suelo. Habían perdido sus casas, todas sus cosas. Pero seguían jugando igual. Por eso, Manuel Ramírez, de 13 años, quiso tomarles una fotografía. “Eran varios niños, enfoqué a la niña de la imagen porque era la más alegre. Jugaba y parecía que ya se había olvidado del sismo. Seguro no lo había olvidado, pero todos estábamos haciendo lo posible por salir adelante”.

Tres meses después del terremoto del 7 de septiembre de 2017 en Juchitán, Oaxaca, la ciudad más afectada, Manuel llegó hasta el albergue de la colonia Víctor Yodo. Iba con sus compañeros y su profesor del taller de fotografía que Save The Children organizó para ayudar a los niños de la zona a transitar por el trauma de la tragedia en sus comunidades.

Este 6 de septiembre se inauguró la muestra fotográfica “Desde mi mirada”, en la que los tres participantes más destacados de ese taller expondrán sus fotografías hasta el 29 de septiembre en la Alianza Francesa, en Polanco. Además de las de Manuel, en la muestra también están las imágenes tomadas por Abil Valdivieso Cruz, de 14 años, y Valeria Villalobos Ruiz, de 13 años.

Abil quiso tomar la foto de un señor que iba pasando frente a una casa derrumbada, para demostrar que la vida seguía pese a todo allá en Juchitán. No le salió como quería. Un auto se atravesó justo en el momento en el que disparó la cámara y ahí está el vehículo en medio de la foto.

“No me gustó del todo cuando la vi por primera vez, por el auto, pero fue de las que seleccionaron para estar aquí en la muestra, porque al final plasma lo que quería, la vida sigue en Juchitán”, dice la adolescente.

Valeria muestra la foto que le tomó a una vecina de 104 años. “La vi desde afuera cuando íbamos pasando por su casa. Estaba en la hamaca, tranquila, pese a la emergencia. Pensé que es una mujer muy valiente, por eso quise tomarla”.

Hay otra persona de la tercera edad a la que Valeria le tomó una foto, su abuelo, de 79 años. Es una imagen en blanco y negro que no está dentro de la exhibición, pero que la adolescente muestra en su teléfono cuando se le pregunta cuál es su fotografía favorita entre las que ha tomado.

“La de mi abuelo, dice, no la seleccionaron para mostrarla aquí, pero a mí me gusta porque él es nuestro ejemplo. Nos ha enseñado que tenemos que seguir. Su casa tiene muchos recuerdos para toda la familia. Él vive ahí desde hace 59 años y ahora por las afectaciones de todos los sismos y porque sigue temblando, lo más seguro es que vayan a derrumbarla. Con esa casa se irán muchas cosas, muchos recuerdos y nos da tristeza, a él le da tristeza. Pero seguimos, por eso le puse hombre valiente”.

El taller ayudó a los adolescentes a reconocer no solo las pérdidas más cercanas. “Yo no había salido al centro después del sismo del 7 de septiembre. A mi casa se le afectó una barda, todo el repellado, y en las paredes del interior había también afectaciones. Nos daba miedo dormir ahí por las replicas. Junto con dos familias de vecinos nos fuimos a un terreno vacío. Ni salíamos de la comunidad por el miedo. Hasta que del taller nos llevaron a tomar fotos al centro y vimos todo destruido. Juchitán ya no era como lo recordábamos. Había cambiado todo”.

En el centro, en las comunidades de alrededor, los adolescentes se pusieron a retratar los daños, pero sobre todo a la gente y su empuje para recuperarse. “Vivimos algo muy feo. Pero vimos que las personas estaban en pie, dispuestas a seguir. Las fotografías nos ayudaron a ver eso”, dice Manuel. Esa era la intención.

Save The Children impartió talleres de fotos por primera vez después del sismo de 2016 en Ecuador. El objetivo era desarrollar resiliencia en los adolescentes a través del arte. Ahora, la organización replicó la iniciativa en México.

En los talleres, los adolescentes de Juchitán aprendieron conceptos básicos de fotografía: encuadres, luz, momento decisivo.  De los 47 que participaron en la primera fase, los nueve mejores iniciaron una segunda. Les prestaron cámaras profesionales para tomar las imágenes.  De entre esos nueve salieron los tres expositores de la muestra.

Un jurado conformado por la fotógrafa Elsa Medina, la poeta Natalia Toledo y María Josefina Menéndez, directora general de Save the Children en México, seleccionó a los tres ganadores y 21 fotografías para la exposición.

“Buena parte de las imágenes –comenta Menéndez– retratan a la comunidad juchiteca de manera muy sensible y esperanzadora, a pesar de un contexto que a la fecha sigue muy adverso. Este fue un importante ejercicio de participación, que permitió a las niñas y niños de Oaxaca recoger en imágenes su sentir y compartirlo con toda la comunidad, dando congruencia al trabajo y al mismo nombre del proyecto: Desde mi Mirada”.

En las imágenes los tres jóvenes evitaron presentar una ciudad en ruinas. Las fotografías muestran a los habitantes de un lugar que está trabajando para resurgir. “Retrataron a su comunidad de forma digna y sensible”, dice Menéndez.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg. 

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El eclipse que salvó la vida de Cristóbal Colón en su cuarto viaje a América

Por sus conocimientos de astronomía, Cristóbal Colón pudo saber que habría un eclipse mientras estaba en Jamaica. Te contamos cómo lo utilizó para no morir de hambre.
11 de octubre, 2020
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Ilustración de Colón mostrando el eclipse a los nativos. Camille Flammarion 1879.

Getty Images
Hubo un eclipse el 29 de febrero de 1504 y Colón lo supo aprovechar para salvarse del hambre.

Son muchos los historiadores que coinciden en que Cristóbal Colón, el primer navegante europeo que llegó a América, fue un hombre sumamente astuto.

Pese a que tenemos pocas certezas sobre su vida, hay consenso en que su inteligencia y rapidez lo ayudaron en varias oportunidades, tanto a conseguir lo que buscaba como a salvarse de aprietos y necesidades.

Una de esas ocasiones se dio en 1504 cuando el Almirante estaba varado en Jamaica durante su cuarto y último viaje al continente.

Y para lograr lo que quería de los nativos de la isla recurrió a sus extensos conocimientos astronómicos.

“Un genio del engaño”

Colón partió en 1502 hacia América con el propósito de hallar un estrecho marítimo hacia Asia.

Pero tras más de un año navegando había perdido dos embarcaciones y las otras dos estaban muy deterioradas, lo que les impedía continuar.

Así que él y un centenar de hombres terminaron varados en el norte de Jamaica.

Imagen en 3D de las carabelas de Colón.

Getty Images
En su cuarto viaje a América, Colón quedó varado en Jamaica tras el naufragio y deterioro de sus embarcaciones.

No era la primera vez que Colón llegaba a esta isla ni tampoco la había llamado así.

El navegante llegó allí en 1494 y la bautizó como la isla Santiago. Sin embargo, nunca se refirió a ella con ese nombre en su diario del cuarto viaje. Siempre usó Jamaica.

Esa denominación deriva del nombre original de los aborígenes arahuacos que es Xaymaca o Yamaya que significa “tierra de madera y agua”.

El genovés envió a un grupo, comandado por uno de sus colaboradores Diego Méndez de Segura, en canoa a la isla La Española en busca de ayuda para rescatarlos.

Mientras esperaban consiguió intercambiar con los nativos algunas de sus posesiones por comida. Sin embargo, pasaban los días y los meses y el rescate no llegaba.

A finales de 1503, la relación con los indígenas empezó a deteriorarse.

“Se amotinaron y no le querían traer de comer como solían”, cuenta Méndez de Segura en su testamento.

Las memorias de Méndez de Segura y detalles de este último viaje fueron publicadas en 1825 por Martín Fernández de Navarrete en el libro “Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV”.

Si querían sobrevivir, tenían que hacer algo. Y Colón diseñó un plan tan genial como perverso: atemorizar a los aborígenes con un eclipse que ocurriría el 29 de febrero de 1504, justo el día extra de ese año bisiesto.

Retrato de Cristóbal Colón

Getty Images
Colón supo usar la astronomía para engañar a los nativos de Jamaica en 1504.

Y el navegante sabía por sus estudios que no sería cualquier eclipse, sino uno lunar que teñiría al satélite natural de la Tierra de rojo como la sangre. Podía presentarlo como un castigo divino del cual los nativos no podrían escapar.

“Colón era un genio del engaño. Y esta era una idea salvadora”, le dice a BBC Mundo Antonio Bernal, divulgador científico del Observatorio astronómico de Fabra, en Barcelona, España.

El episodio está extensamente narrado en el libro “El Memorial de los Libros Naufragados”, del historiador inglés Edward Wilson-Lee, sobre el que puedes leer más en el link que sigue.

Dios está enojado

Según el relato de Méndez, “Él (Colón) hizo llamar a todos los caciques y les dijo que se maravillaba de que no le llevaran comida como solían, sabiendo, como les había dicho, que había venido allí por mandato de Dios”.

Les dijo “que Dios estaba enojado con ellos y que se los mostraría aquella noche por señales que haría en el cielo; y como aquella noche era el eclipse de la Luna, casi todo se oscureció”.

Colón reforzó la idea de que Dios provocaba el eclipse por enfado, “porque no le traían de comer y ellos le creyeron y se fueron muy espantados y prometieron que le traerían siempre de comer“, dice el libro de Fernández de Navarrete.

Eclipse lunar de julio de 2018

Getty Images
El eclipse de Luna suele teñir al satélite natural de la Tierra en rojo por unos minutos.

Colón sabía a qué hora empezaba el eclipse y que la Luna se volvería roja.

“El eclipse de Luna tiene dos partes principales: una es el principio, que es la parte parcial, en la que la Luna se ve parcialmente oscura. Y cuando está toda negra, empieza la segunda parte que es la de totalidad”, explica Bernal.

“Este eclipse tenía, además, una característica especial: la Luna se eclipsaba cuando todavía estaba sin salir, debajo del horizonte”, añade.

Entonces cuando apareció en el cielo ya se vio parcialmente oscura.

“Y después de la totalidad, los eclipses de Luna hacen que esta se vea roja, por refracción de la atmosfera terrestre“, detalla.

Esto se debe a que la luz solar no llega directamente a la Luna, sino que parte ella es filtrada por la atmósfera de la Tierra y os colores rojizos y anaranjados se proyectan sobre el satélite natural.

¿Pero por qué estaba Colón tan seguro de que habría un eclipse?

El almanaque

Cristóbal Colón tenía muchos conocimientos a su haber: sabía de navegación, hablaba varias lenguas, y “tenía una escritura muy bonita”, según cuenta Consuelo Varela, profesora de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), de España.

“Él era un hombre con una gran capacidad y un ansia de conocer y aprender. Quizás la característica que resaltaría de Colón es su empeño en saber las cosas”, le dice a BBC Mundo la historiadora española experta en temas americanos y en Colón.

Pero sobre todo “Colón conocía el cielo”, agrega Bernal. “Conocía las estrellas y se guiaba por ellas”.

El Almirante era un aficionado a la astronomía y se sabe que en sus viajes llevaba consigo un calendario de eclipses: el almanaque Regiomontano.

Este fue confeccionado por el astrónomo y matemático alemán Johann Müller (1436-1476), cuyo apodo era precisamente “Regiomontano”, que proviene de la traducción latina del nombre de la ciudad alemana donde nació: Königsberg y que significa (Montaña real o Montaña Regia).

Parte del almanaque de Regiomontano con dos agujas móviles para calcular el movimiento de la Luna.

Gentileza Biblioteca de la Universidad de Glasgow
El almanaque Regiomontano contaba con dos agujas móviles para calcular el movimiento de la Luna.

Los calendarios y almanaques impresos eran extremadamente populares en los siglos XV y XVI y proporcionaban a la gente los conocimientos básicos necesarios para planificar sus rutinas diarias.

“Los fenómenos celestes servían para muchas cosas: primero para orientarse, y segundo, la meteorología se predecía con los fenómenos celestes. Hoy sabemos que eso es un error, pero en ese tiempo no se sabía”, explica Bernal.

El almanaque de Regiomontano, en particular, era muy utilizado porque sus cálculos eran muy precisos.

Su creador registró varios eclipses de Luna y su interés lo llevó a hacer la importante observación de que la longitud en el mar se podía determinar calculando distancias lunares.

Incluso en 1472 observó un cometa, 210 años antes de que el astrónomo Edmund Halley lo viera “por primera vez”, destaca la Universidad de Glasgow en sus archivos y colecciones especiales, que cuenta con una copia de este calendario impreso en 1482.

Estas dos páginas del almanaque de Regiomontano describen los eclipses de Sol y Luna. En el extremo derecho inferior está señalado el eclipse de Luna del 29 de febrero de 1504 que utilizó Cristóbal Colón.

Gentileza Biblioteca de la Universidad de Glasgow
Estas dos páginas del almanaque de Regiomontano describen los eclipses de Sol y Luna. En el extremo derecho inferior está señalado el eclipse de Luna del 29 de febrero de 1504 que utilizó Cristóbal Colón.

Se trataba de una ayuda indispensable para cartógrafos, navegantes y astrólogos.

Fue esa la herramienta que Colón utilizó para “predecir” el eclipse lunar del 29 de febrero de 1504 y salvarse a él y a sus hombres de morir de hambre, hasta que en junio de ese año finalmente llegaron los refuerzos que tanto esperaban.

“Colón era un hombre enormemente listo y esa era la única forma que tenía de asustar a los indios. El sobresalto que se debieron dar los pobres indígenas“, dice bromeando Consuelo Varela.


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