close
Suscríbete a nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
close
Contenido patrocinado por Philip Morris México
Adobe Stock
El humo provoca más muertes que el fuego
Respirar algo que se quema es malo para el cuerpo, porque la exposición continua al humo altera las funciones biológicas.
Adobe Stock
20 de septiembre, 2018
Comparte

Huele a leña quemada. Aromática. Agradable. Siempre que se trate de un lugar ventilado, es un olor que se antoja. Una combustión que parece inofensiva. Es un humo que se asocia con la comida preparada a fuego lento. Es una escena casi de ensueño que pierde su encanto si el humo se encierra y se inhala constantemente.

Cuando el humo se queda “atrapado” en el interior de una casa puede alcanzar concentraciones peligrosas de contaminantes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que 2.5 millones de muertes en el mundo están relacionadas con la contaminación intramuros, pues alrededor de 3 mil millones de personas usan dentro de sus casas estufas de leña para cocinar o para calentar su vivienda.

Las mujeres que cocinan con leña e inhalan constantemente ese humo —de 6 a 8 horas al día— son más propensas a desarrollar la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC). Su riesgo es tan alto como el de los fumadores y de  los llamados fumadores pasivos, porque son casos en los que inhalan un humo que no se expulsa por completo, se acumula en los pulmones y reduce la capacidad del organismo para respirar.

Cualquier tipo de combustión genera partículas tan pequeñas que entran en los pulmones, se envían al torrente sanguíneo y luego se depositan en otros órganos del cuerpos.

En 1988, Michael Russell acuñó la frase: la nicotina causa adicción, pero el alquitrán es lo que mata. Pionero en realizar estudios sobre cómo dejar el hábito de fumar, este psiquiatra del Hospital Maudsley, al sur de Londres, se involucró en el desarrollo de alternativas para administrar nicotina masticada o en spray nasal.

Dedicó su vida a estudiar la dependencia al tabaco y los efectos de la combustión del tabaco en fumadores y en no fumadores. Sus investigaciones son las precursoras para desarrollar los espacios libres de humo que buscan proteger la salud de los no fumadores.

Siguiendo la línea de investigación que comenzó Russell, el Instituto Nacional de Salud y Excelencia Clínica del Reino Unido (NICE por sus siglas en inglés) publicó, en 2014, que los compuestos tóxicos que se generan de la combustión del tabaco, distintos de la nicotina, son causa de enfermedades vinculadas al tabaquismo.

El proceso de combustión del tabaco implica temperaturas de hasta 900°C con la llama del encendedor. El humo inhalado es de casi 30°C en boca y su estela de su humo va a 100°C. A esas temperaturas, se generan componentes secundarios diferentes a los que originalmente contiene el tabaco. Son más de 4 mil substancias químicas que se producen y se alojan en el cuerpo del fumador. 

El análisis “Cómo llegar al punto final en la epidemia de tabaco” del investigador Hernán Doval, explica que la dependencia al tabaco está anclada en dos realidades: los humanos son susceptibles a la adicción a la nicotina y los cigarros son “la forma histórica más atractiva” para suministrar nicotina. En su artículo difundido por la Revista Argentina de Cardiología, en 2013, afirma que la adicción al cigarro tradicional es la que mayor daño provoca: 1 de cada 2 fumadores morirán de alguna enfermedad relacionada con la combustión del tabaco.

Actualmente, existe una vertiente para desarrollar productos con riesgo reducido a la salud de los fumadores. Son opciones sin combustión, con tecnología que permite entregar dosis de nicotina y ofrecer un camino distinto al consumo de cigarro tradicional.

Con Futuro sin humo queremos que los fumadores adultos puedan consumir productos de tabaco menos riesgosos para su salud que el cigarro. Puesto que estos productos aún no están disponibles en México, nuestra meta es ponerlos a tu alcance para lograr un #futurosinhumo.
Comparte