Así es como organizaciones y familias de desaparecidos en Chihuahua mantienen la búsqueda de verdad y justicia
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Cuartoscuro

Así es como organizaciones y familias de desaparecidos en Chihuahua mantienen la búsqueda de verdad y justicia

Organizaciones civiles y familiares de víctimas de desaparición en Chihuahua sostienen una búsqueda incansable por dar con la verdad sobre el paradero de sus familiares y llevar a los responsables ante la justicia.
Cuartoscuro
Por Marco Antonio López / Yo Ciudadano
1 de septiembre, 2018
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Hilda Ávila López está parada frente a mil hojas que llevan impreso el rostro de su hermano y de otros nueve hombres arrancados de sus rutinas y de sus vidas; “somos creyentes, la mayoría”, dice.

Y tiene sentido —todo el sentido del mundo— que alguien que busque, crea. Que crea en algo o en alguien que le ayude a encontrar a su familiar. Creer es la parte fundamental de una búsqueda.

La sala es pequeña. Hilda y Yéssica —del Centro de Derechos Humanos Paso del Norte— escriben hoja tras hoja, mil veces, un número de teléfono y cubren otro. Podría parecer una tarea ociosa pero en realidad implica, para ellas, una decisión sumamente importante y acertada. Pretenden conseguir información que les ayude a dar con el paradero de sus desaparecidos de manera directa, sin la intervención de la Fiscalía.

Y es que los casos de desaparición que siguen en este Centro tienen una particularidad contradictoria. En cada uno de los diez casos se tienen fuertes indicios de la participación o la responsabilidad directa de cuerpos de seguridad estatal. Entonces, a pesar de que sus creencias, de su espera o de su esperanza, todos han aprendido a desconfiar de las autoridades.

Unos días después de hallar a Hilda tachando y escribiendo números en mil hojas, la tarde del 21 de julio, los integrantes del colectivo Familias Unidos por la Verdad y la Justicia, integrado por los 10 casos de desaparición forzada que acompaña el Centro Paso del Norte —una organización que brinda apoyo jurídico y psicológico a familiares y víctimas de desaparición forzada y tortura en Ciudad Juárez—, se internaron en el Valle de Juárez para ir, poblado por poblado, desde El Porvenir hasta El Sauzal, pegando rostros y pidiendo información.

“Tener un número (telefónico) propio nos da esperanza, porque con el de Fiscalía, si les hablan ellos, no nos van a decir nada”, dijo Patricia García, madre de Jacobo Orozco García, desaparecido a los 22 años.

Los familiares decidieron pegar las pesquisas en esa zona porque tres de los casos que acompaña el Centro de Derechos Humanos son de hombres que desaparecieron en esos poblados. Además, el Valle de Juárez es considerado una posible ‘fosa clandestina’.

El 28 de julio de 2015, en la Sala 2 de la Ciudad Judicial de Ciudad Juárez, hubo mujeres —madres sin hijas porque se las arrebataron— que lloraron al escuchar la sentencia emitida por las juezas contra cinco hombres: 697 años de cárcel a cada uno. Algo hubo de justicia, algo de reparo en el terrible daño de perder a un ser querido. Los cinco hombres las secuestraron, violaron, prostituyeron, torturaron y asesinaron.

Una de las pruebas para la sentencia fueron los huesos de 11 mujeres encontrados en la sierra al poniente de Ciudad Juárez, en El Valle de Juárez, en la zona conocida con Arroyo El Navajo. No obstante, los familiares de las víctimas tienen la certeza que hay muchos más cuerpos y no sólo de mujeres. En cada rastreo que se ha hecho en la zona se ha encontrado algo que indica que son más.

Así lo dijo José Luis Castillo, padre de Esmeralda Castillo —desaparecida en Ciudad Juárez el 19 de mayo de 2009— una mañana antes de partir al rastreo ciudadano. “Quisiéramos, un día, ir al Arroyo El Navajo y no encontrar restos”.

Estos rastreos son organizados por familiares y la comunidad en general. Van estudiantes, activistas, personas solidarias que quieren encontrar respuestas a las desapariciones. Padres y madres, hijos de personas dolorosamente ausentes. No van a buscar a alguien en particular.

Por ejemplo, Nansy Cisneros viajó desde Los Ángeles, Estados Unidos, para apoyar esas búsquedas. Su hermano, Javier Cisneros, desapareció en Jalisco pero ella dice que cada vez que alguien encuentra (vivo o muerto y cerrando un ciclo) ella se siente tranquila.

A esos rastreos ciudadanos, que deben ser acompañados por al menos dos unidades de la Fiscalía General de Chihuahua, son a los que el gobernador Javier Corral se refiere como ‘búsquedas personales para José Luis Castillo’, el hombre al que le entregaron un hueso de su hija, una tibia de los 206 huesos que tiene el cuerpo humano, para decirle, “señor ya no busque, su hija está muerta: fue feminicidio”.

Así cerraron la carpeta de desaparición de Esmeralda Castillo. Con un hueso del pie hallado, precisamente, en el Arroyo El Navajo.

Pero qué hace un hombre con un hueso del pie de su hija más pequeña. José Luis no quiso enterrar ese único hueso. Pidió que le explicaran, si la carpeta pasaría a feminicidios, cómo había muerto su hija. Preguntó si una persona sin tibia obligatoriamente está muerta. No le pudieron responder. Exigió que lo dejaran hacer una prueba de ADN fuera del país, y aún no lo dejan.

Lo único seguro era que una vez que la carpeta por desaparición pasara a feminicidios, dejarían de buscar a Esmeralda. Entonces José Luis y su familia decidieron no aceptar ese solo hueso para determinar que su hija estaba muerta.

A pesar de que les dijeron que les convenía, que recibirían ayuda —150 mil pesos en un principio—, que aceptar la muerte, aunque no se supiera cómo, ni por qué, ni quién, les traería recompensas.

Desde la desaparición de su hija, José Luis recorre las calles y se sube a los camiones con una manta rosa que tiene estampado el rostro de Esmeralda; regala paletas con forma de corazón y le dice a cada persona que si un día ven a su hija, por favor, lo llamen. Que no olviden el rostro de Esmeralda. Que no olviden.

José Luis ha recorrido el desierto picándolo con una vara. Va de ciudad en ciudad exigiendo atención de las autoridades. Recientemente brincó las tarimas en la desesperación de ser un fantasma para el gobernador durante los Foros de Pacificación en Juárez, organizados por el próximo gobierno federal. En esa ocasión le exigió la firma a Javier Corral en un papel para pactar una reunión, sabiendo que probablemente será ignorado, otra vez.

A José Luis Castillo lo han llamado a su casa para amenazarlo, para decirle que deje de buscar o que desaparecerán a su otra hija. Cuando pidió una investigación en PGR para rastrear las llamadas, se determinó que se originaron desde las oficinas de Gobierno del Estado de Chihuahua, de acuerdo con José Luis. Eso pasó, cuenta, al inicio de esta administración estatal y no se ha investigado más, asegura.

Lo mismo ocurre con los otros integrantes del colectivo que buscan en las regiones chihuahuenses de Palomas y Casas Grandes a sus familiares desaparecidos; todos preguntan por las calles con la foto de su familiar, si alguien sabe algo: lo que sea.

El pasado 10 de mayo, los integrantes del colectivo estaban entusiasmados con la idea de que proyectarían las pesquisas de sus familiares en una pantalla gigante en una plaza pública de Ciudad Juárez. Ese fue el regalo del día de las madres por parte del alcalde, Armando Cabada Alvídrez. Pasar por unas horas las pesquisas en una plaza pública que estaba vacía al mediodía. Sólo los familiares soportaron el sol. No todos: una mujer se desmayó.

Una y otra vez, los familiares de las víctimas de desaparición han protestado y exigido fuera de la Fiscalía resultados, sin que alguien salga a atenderlos.

Durante estos actos lloran, ríen, se enojan, se abrazan. Se quedan como ausentes y luego rezan… padre nuestro que estás en el Cielo… tomados de las manos. No pierden de la esperanza de que un día encontrarán a sus seres queridos.

El día que José Luis exigió una reunión a Javier Corral en el foro de la pacificación, él fue el que brincó para acercarse, pero eran decenas de víctimas las que gritaron desde abajo que querían respuestas. Sin embargo, la respuesta del gobernador, en el video que subió al día siguiente, fue sólo para Norma Andrade y para José Luis Castillo.

En Ciudad Juárez hay tres organizaciones civiles que representan y acompañan de manera legal e incluso psicológica a los familiares de víctimas y víctimas de tortura, trata de personas, desaparición forzada y feminicidio. Son la Red Mesa de Mujeres de Juárez, el Centro para el Desarrollo Integral de la Mujer Asociación Civil (CEDIMAC) y el Centro de Derechos Humanos Paso del Norte.

Los tres grupos buscados por separado dijeron que sólo han tenido una reunión con el gobernador del estado y que hace más de un año no los atiende.

Imelda Marrufo, directora de la Red Mesa de Ciudad Juárez, opinó al respecto que “cuando el gobernador señala ‘es que las estamos apoyando’, yo creo que lo que nos informa es que no ha logrado entender que históricamente en Ciudad Juárez las víctimas siempre han pedido y exigido una relación dialogante y directa con el gobernador, y ese es su derecho.

Marrufo Nava asegura que descansar la atención en otras instancias e instituciones sin asumir un diálogo directo, ha sido un error por parte del gobernador. A él no le ha quedado claro que esta petición de las víctimas es histórica y desconoce que la relación siempre ha sido así. Que el hecho de que se haya reunido en una ocasión con alguno de los grupos, no es suficiente.

El Gobierno del Estado de Chihuahua emitió luego un boletín en el que informó que el gobernador Corral tuvo una reunión privada con José Luis Castillo y con Norma Andrade el 22 de agosto para dar seguimiento a sus casos.

Afuera de Fiscalía, Norma Laguna festejó el cumpleaños 28 de su hija Idaly Juache Laguna, desaparecida hace ocho años. Era 30 de julio. Ahí dijo: “Quiero alzar la voz y exigir tanto al gobernador Corral como al fiscal Peniche que se vuelvan a reunir con nosotras”.

Era de noche y prendieron velas. Estaban presentes los integrantes de las tres agrupaciones derechohumanistas. Juntos buscaban en medio de una inmensa noche que cubre todo con su abrumadora oscuridad. La lucha de las víctimas por tener una respuesta del gobierno se volvió, repetición tras repetición con el cambio de administraciones.

Nueve hombres han sido asesinados y vestidos de mujer en este mes. En el espectáculo casi performativo de montar una escena con un cadáver, ser mujer es el motivo máximo de humillación pública. Así es desaparecer en Ciudad Juárez, frente a la impunidad histórica.

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Qué es la 'desigualdad oculta' y por qué perjudica sobre todo a las mujeres que trabajan

Se ha hablado mucho sobre cómo las mujeres tienen que realizar la mayor parte de las tareas domésticas, pero lo que es menos conocido es la "carga mental" que también recae mayoritariamente en las mujeres, afectando su capacidad de trabajar.
25 de agosto, 2021
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Organizarles un programa con amigos o reservar sus turnos médicos. Pensar cómo esconder verduras en sus comidas o asegurarte de que haya suficientes en la lista del supermercado.

Preocuparte por si tu hijo va por buen camino en la escuela, su tu hija necesita zapatos nuevos y cuándo reemplazar tu lavarropas.

Por sí solas, todas estas pueden parecer tareas pequeñas, pero se acumulan.

Y si le preguntas a las parejas heterosexuales con hijos cuál de los dos suele lidiar con ellas, es probable que la mayoría de la misma respuesta: la madre.

Numerosos estudios muestran que las mujeres en relaciones heterosexuales todavía hacen la mayor parte del trabajo doméstico y el cuidado de niños.

Si bien muchas parejas tienen como objetivo dividir sus responsabilidades en un 50:50, por diversas razones estructurales y socioeconómicas terminan asignando tareas según los roles estereotípicos de género.

Incluso en las parejas que piensan que han logrado una división igualitaria del trabajo, las formas de cuidado más ocultas generalmente terminan recayendo en la mujer.

De hecho, un creciente cuerpo de investigación indica que, para las responsabilidades del hogar, las mujeres realizan mucho más trabajo cognitivo y emocional que los hombres.

Comprender por qué esto sucede podría ayudar a explicar por qué la igualdad de género no solo se ha estancado, sino que está retrocediendo, a pesar de que el tema se debate más que nunca.

Y una comprensión más amplia de este trabajo detrás de escena podría ayudar a las parejas a redistribuir las tareas de manera más equitativa, algo que, aunque inicialmente será difícil, podría desempeñar un papel importante para ayudar a las madres a aligerar su carga.

Una madre sostiene a un niño que llora

Getty Images
La carga oculta es mental y emocional: las investigaciones muestran que tareas como calmar a los niños angustiados generalmente recaen sobre las madres.

Trabajo invisible e ilimitado

Los expertos dicen que este trabajo oculto se presenta en tres categorías superpuestas:

  • trabajo cognitivo: consiste en pensar en todos los elementos prácticos de las responsabilidades del hogar, incluida la organización de citas para jugar, las compras y la planificación de actividades.
  • trabajo emocional: mantener las emociones de la familia; calmar las cosas si los niños se portan mal o si se preocupan por cómo les va en la escuela.
  • carga mental: es la intersección de las dos anteriores. Es preparar, organizar y anticipar todo, tanto lo emocional como lo práctico, que debe estar resuelto para que la vida fluya.

Este trabajo oculto es difícil de medir, porque es invisible y se realiza internamente, lo que dificulta saber dónde comienza y dónde termina.

En 2019, Allison Daminger, candidata a doctorado en sociología y política social en la Universidad de Harvard, descubrió que, si bien la mayoría de los participantes en su estudio sobre el trabajo cognitivo del hogar se dieron cuenta de que las mujeres estaban haciendo la mayor parte, esto no era considerado una “forma normal de trabajo”.

En su investigación, que incluyó a 35 parejas, los hombres se referían a sus esposas usando términos como “gerente de proyecto”, o decían que ellas estaban “haciendo un mayor seguimiento”.

Daminger identificó cuatro etapas claras del trabajo mental relacionadas con las responsabilidades del hogar:

  • anticipar las necesidades
  • identificar opciones
  • decidir entre las opciones
  • monitorear los resultados

Su investigación mostró que las madres hicieron más en las cuatro etapas; aunque las parejas a menudo tomaban decisiones juntas, las madres se ocupaban más de la anticipación, la planificación y la investigación.

En otras palabras, los padres estaban informados cuando se trataba de tomar decisiones, pero las madres hacían todo el resto del trabajo.

Una familia desayunando

Getty Images
Los padres suelen participar de las decisiones, pero no de la planificación, investigación, ejecución y monitoreo de las actividades de los niños.

Este trabajo oculto tiene varios impactos; sabemos, por ejemplo, que las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de preocuparse por el cuidado de los niños incluso cuando no están con sus hijos.

Esto causa estrés adicional, porque esa preocupación siempre está presente, incluso cuando las mujeres deberían concentrarse en otras cosas.

La carga mental es ese hilo que trae tu familia a tu vida laboral“, dice Leah Ruppanner, profesora asociada de sociología en la Universidad de Melbourne y autora de Motherlands (“Tierras de madres”).

Es la preocupación constante de bajo nivel sobre si estamos haciendo lo suficiente y sobre el impacto que nuestra forma de crianza tendrá en el futuro de nuestro hijo o hija.

“Siempre estás tratando de mitigar el riesgo futuro”, señala Ruppanner.

“Control materno”

Una cosa que desconcertó a Daminger fue que esta distribución desigual del trabajo mental no parecía crear mucho conflicto entre sus participantes.

Para entender por qué, realizó un estudio de seguimiento que, un año después, mostró que las parejas justificaban algunos de estos comportamientos relacionados con el género.

Tanto hombres como mujeres sugirieron que la división desigual del trabajo mental se debía a que uno de los miembros de la pareja trabajaba más horas.

O afirmaron que las mujeres estaban “por temperamento interesadas en estar organizadas”, que simplemente eran buenas para planificar el futuro.

Esto mostró que los participantes creían que las diferencias de personalidad y las limitaciones laborales estaban impulsando estas desigualdades.

Estos eran participantes bien educados que aceptaron participar, por lo que es posible que no fueran completamente representativos, pero aún así da una idea interesante de un concepto erróneo que otros estudios han desacreditado: las mujeres no son naturalmente mejores en la planificación, organización o el multitasking, solo se espera que lo hagan más y, por lo tanto, eventualmente se vuelvan mejores en eso.

Una mujer tratando de trabajar con sus dos hijas al lado

Getty Images
Las mujeres no son naturalmente mejores con el “multitasking” sino que se hacen expertas por necesidad.

Sin embargo, existen otras razones estructurales por las que las mujeres continúan asumiendo una mayor carga mental.

A menudo encuentran una manera de trabajar de manera flexible, mientras que los trabajos de los hombres se consideran más rígidos y sus carreras son tradicionalmente más lineales.

Esto significa que las mujeres están más disponibles para el cuidado de los niños, lo hacen más y, como resultado, tienen que pensar más en ello.

Algo incluso más fuerte es que las expectativas de género, que comienzan desde el nacimiento, explican por qué las ideas sobre quién hace las tareas del hogar y el cuidado de los niños están tan arraigadas.

Se sabe que las hijas hacen más tareas domésticas que los hijos, por ejemplo.

Los ideales de la maternidad también se incorporan a esta ecuación. Por ejemplo, el hogar a menudo se considera un dominio de la mujer.

Sabemos que las mujeres son juzgadas por la pulcritud con más dureza que los hombres.

Un estudio mostró que si se decía que una misma habitación supuestamente en alquiler pertenecía a una mujer (Jennifer), ella era calificada como menos simpática, menos competente y menos trabajadora. Si se decía que pertenecía a un hombre (John), no había iguales juicios de valor.

¿La conclusión? El estado del hogar de una mujer estaba literalmente vinculado a su valor.

Estos ideales pueden autoperpetuarse. Debido a que las mujeres son más juzgadas por la forma en que funciona su hogar, es esencial que muestren un “control materno”.

Esto significa asumir tareas de cuidado infantil que podrían compartirse, como planificar comidas o elegir ropa, sugiriendo sutilmente que es el trabajo de una madre.

Piensa en el viejo chiste: “Bueno, la vistió su padre” (cuando la niña estaba mal vestida). Es gracioso si un papá lo hace mal, pero si las madres hacen las cosas mal implica una mala maternidad.

Una mujer vistiendo a su hija

Getty Images
La tarea de elegir la ropa de los niños suele recaer en las madres y si lo hacen mal son juzgadas por ello mucho más severamente que los padres.

A pesar de los avances que hemos logrado con que sea más normal que los hombres cuiden de los niños, todavía existe “la sensación de que las mujeres son en última instancia responsables de los resultados familiares”, señala Daminger.

“Hay más costos para una mujer si estas cosas no salen bien o no ocurren”, afirma.

Impactos, en casa y en el trabajo

Sin embargo, el hecho de que las madres terminen asumiendo esta carga mental tiene consecuencias.

Las madres están más estresadas, cansadas y menos felices que los padres durante el cuidado de los niños, según muestra la investigación, en parte porque ellos tienden a realizar actividades divertidas y recreativas con más frecuencia.

Un estudio sueco mostró que cuando las mujeres pensaban que la distribución de las tareas domésticas más obvias era injusta y las percepciones sobre la contribución de cada miembro de la pareja eran diferentes, esto generaba problemas en el matrimonio y aumentaba la probabilidad de una separación.

El riesgo también es el agotamiento de las madres, que inicialmente pueden pedir ayuda, lo que puede sonar fastidioso si tiene que repetirse una y otra vez.

“Y luego eso afecta a las relaciones“, dice el sociólogo Daniel Carlson de la Universidad de Utah, quien descubrió que la distribución desigual de las responsabilidades de cuidado en las parejas también puede conducir a menos relaciones sexuales.

Si las mujeres quedan agobiadas en sus casas, además, eso significa que muchas sienten que no pueden dedicar física o mentalmente las horas extra que exigen muchos lugares de trabajo, por lo que la brecha salarial de género continúa ampliándose.

Un hombre y su hij@ limpian la casa

Getty Images
Distribuir las tareas domésticas más equitativamente beneficia la relación de pareja.

La mayoría de los trabajos a tiempo parcial los realizan mujeres, por ejemplo, y, a su vez, es menos probable que obtengan aumentos salariales o ascensos después de tener hijos, lo que dificulta aún más la búsqueda de los mejores empleos.

Muchas abandonan la fuerza laboral por completo.

Habla más, haz menos

Desde que estalló la pandemia, el vínculo entre la igualdad de género en el hogar y la participación de las mujeres en la fuerza laboral ha estado más en el centro de atención que nunca.

Si bien hay muchos problemas sistémicos en juego, abordar el trabajo doméstico oculto dentro de las parejas podría ayudar a aliviar la carga que recae sobre las mujeres y disuadirlas de otras actividades.

Está claro que la mayoría de los hombres quieren involucrarse más en la vida de sus hijos, por lo que, para facilitar esto, las parejas podrían hablar explícitamente sobre quién hace qué, de principio a fin (no sirve mucho llevar a los niños a jugar con amigos si la otra persona tuvo que planificar y organizar el encuentro).

Para fomentar nuevos hábitos que ayuden a compartir la carga, tenemos que hacer que lo invisible sea más visible.

Tener conocimiento de ello es un buen primer paso, coincide Daminger, y tener constantemente claro quién está gestionando qué tarea, incluida la planificación.

Si declaramos explícitamente cuánta planificación implica cada aspecto del cuidado de los niños y las tareas del hogar, quedará más claro cuánto trabajo oculto hacemos.

Dos hombres cambian a sus bebés

Getty Images
Las parejas homosexuales dividen el cuidado de los niños de forma más equitativa, lo que demuestra que es posible hacerlo.

Afortunadamente, no todas las parejas dividen el cuidado de forma desigual: las parejas del mismo sexo, por ejemplo, tienen una distribución mucho más equitativa en comparación con las parejas heterosexuales, ya que no deben cumplir con los roles de género esperados.

Esto muestra que la carga se puede compartir claramente cuando se habla de ella de manera más abierta.

Por lo tanto, a nivel social, también debemos replantear algunas creencias muy arraigadas sobre lo que es el papel de un hombre o una mujer.

Carlson, quien dirigió una investigación que muestra que los puntos de vista igualitarios sobre el reparto de tareas contribuyen a la frecuencia sexual, dice que también debemos considerar los “factores estructurales que no permiten que haya flexibilidad en el lugar de trabajo”.

Por ejemplo, la norma de que los hombres son el sostén económico de la familia y “la cultura del trabajador ideal que empuja a los hombres a la fuerza laboral y los mantiene fuera del hogar”.

La política también podría ayudar: las investigaciones muestran que los hombres que toman una licencia por paternidad se encargan más del cuidado de sus hijos más adelante.

Pero en ausencia de políticas, quizás la mejor manera de que las mujeres reduzcan la carga mental sea hacer menos.

Esto puede generar dolor inicial, en pos de una ganancia a largo plazo, dice Carlson.

Si la madre deja de pensar en lo que hay que hacer y el padre no anticipa estas necesidades es posible que inicialmente cause estrés o críticas, pero eso podría permitir el aprendizaje para la próxima vez.

“Es una especie de condicionamiento operante clásico. No les estamos dando descargas eléctricas como en los experimentos con hámsteres… pero es como, ‘Oh, no me acordé de hacer esto la última vez y hubo una consecuencia negativa'”.

Con el tiempo, hacer menos podría aumentar la participación de nuestra pareja y, a su vez, liberar más energía mental para concentrarnos en nosotras mismas.

Al principio, es posible que nos juzguen por ello, pero podría llevarnos a una mayor felicidad más adelante. Todos aprendemos de la práctica, después de todo.

Melissa Hogenboom (@melissasuzanneh en Twitter) es la editora de BBC Reel y autora del libro, “The Motherhood Complex” (El complejo de maternidad), publicado en Reino Unido en mayo de 2021.


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