Bullying a la inteligencia: la discriminación a niños sobresalientes en México

La discriminación a los niños con aptitudes sobresalientes persiste. Un proyecto piloto de organizaciones civiles y diputados explora conducirlos de forma distinta.

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Programa Pauta

A los tres años, Fernando comenzó a leer. Comprendía más rápido las actividades y siempre quería aprender cosas nuevas. Entendió que sería distinto a sus compañeros porque tenía mayor facilidad de aprendizaje. Fernando es un alumno con aptitudes sobresalientes, ni él ni sus padres pensaron que esto, en lugar de ser un aliciente, sería un obstáculo para su desarrollo integral.

“Desde que la directora del kínder se dio cuenta de sus capacidades le hizo bullying, lo amarraba a la silla para que no se moviera y le prohibía leer, desde el inicio los maestros lo etiquetaron como un alumno problema”, cuenta en entrevista, Claudia Villalobos, madre de Fernando.

La realidad de Fernando es la misma que padecen miles de niñas y niños con aptitudes sobresalientes en México.

Especialistas y padres de familia concuerdan en un punto: los alumnos con aptitudes sobresalientes y talentos específicos deberían ser vistos como un sector vulnerable, lejos de etiquetarlos como niños problema o verlos como sobredotados.

Ante el acoso escolar, ellos y sus familias, optan por cambiar una y otra vez de escuela hasta encontrar la mejor opción para tener un desarrollo integral.

Aunque la Secretaría de Educación Pública (SEP) cuenta con estrategias para atender a este sector desde la educación básica, éstas no han funcionado y la situación en escuelas privadas no es muy distinta: los menores también se enfrentan a exclusión y agresiones.

Papás, mamás y la organización IQ+, respaldados por una comisión de la Cámara de Diputados, crearon un proyecto piloto para recibir a alumnos con aptitudes sobresalientes de primaria y secundaria.

Animal Político platicó con Fernando y otros cuatro menores que forman parte de este proyecto, así como con padres y expertos en el tema para conocer su experiencia y los problemas que enfrentan en la escuela por el simple hecho de aprender a otro ritmo.

Qué caracteriza a un niño sobresaliente

La Secretaría de Educación Pública (SEP) define a los alumnos o alumnas con aptitudes sobresalientes como aquellos capaces de destacar significativamente del grupo social y educativo al que pertenecen, en uno o más de los siguientes campos del quehacer humano: científico-tecnológico, humanístico-social, artístico o de acción motriz. Además, dice, requieren de un contexto facilitador que les permita desarrollar sus capacidades.

Gabriela de la Torre, directora general del Programa Adopte un Talento (PAUTA) -creado por la UNAM y que atiende a este sector por medio de actividades extracurriculares-, señala que una parte de la población se limita a ver a estos niños como los más inteligentes, que no tendrán problemas para sobresalir y desarrollarse de manera integral, cuando en realidad sucede lo contrario. “Ellos tienen necesidades específicas y al ser un sector minoritario deberían ser vistos como vulnerables”.

Para Lilian del Valle que un niño o niña sea detectado como alumno con aptitudes sobresalientes, “no significa que sea el mejor en todo, sino que tiene unas características, cognitivas, sociales, emocionales muy particulares. Suelen tener habilidades muy altas en ciertas áreas pero que también pueden dificultar la relación o el trabajo en otras”.

En tanto que los niños con talentos específicos son aquellos que, además de presentar aptitudes sobresalientes, destacan en algunos de los campos con un rendimiento superior.

Estos alumnos, explica la especialista, tienen facilidad para el aprendizaje, son muy curiosos, tienen muy buena memoria, y un razonamiento abstracto con habilidades más tempranas. “Su rendimiento colectivo es diferente pero no necesariamente eso implica que sean los mejores de la escuela”, agrega.

Estas cualidades hacen que su adaptación en un salón de clases sea complicada debido a que suelen ser etiquetados o mal identificados, como en el caso de Víctor y Meghan, hermanos con aptitudes sobresalientes que siempre han asistido a escuelas públicas.

Nancy Robles, madre de ambos, cuenta que las aptitudes de Víctor fueron detectadas desde el kínder. En primero de primaria su maestra lo impulsó al saber sobre su situación pero en los años posteriores la situación cambió radicalmente.

“Con sus maestras y maestros era queja tras queja. Decían que hablaba mucho y se movía mucho. Yo platiqué con él, sin saber que estaba haciendo mal, y entró en razón, acató las órdenes de sus maestros. Pero a partir de esto se le detonó una dermatitis en las manos por el estrés de estar haciendo lo que le ordenaban”, recuerda.

Para Lilian Valle, coordinadora de PAUTA, uno de los principales temas que dificultan el desarrollo de estos alumnos en las escuelas es la falta de sensibilización en el personal docente y administrativo, la cual se refleja en el resto de los compañeros en las aulas.

“Falta mucha sensibilización y capacitación para identificarlos. Cuando visito escuelas y pregunto cuántos niños sobresalientes hay, a veces me dicen que solo uno y cuando comienzo a dar las características se dan cuenta de que tienen a muchos más, pero sucede que por lo regular estas aptitudes suelen confundirlas con hiperactividad o déficit de atención”, explica.

Esto fue lo que sucedió con Diego (hoy de 13 años), cuando tenía 7 su maestra de primaria “lo diagnosticó” como un niño hiperactivo y con déficit de atención, incluso recomendándole a Xóchitl Domínguez, su madre, que fuera con un especialista “para que lo medicaran”.

“En la escuela siempre me reportaban que no ponía atención, que no trabajaba en clase, que se distraía y que por eso no tenían que calificarle. También reportaban que era muy inquieto y yo la verdad lo regañaba y castigaba porque decían que era un niño problema, ahora a consecuencia de todo esto Diego se convirtió en una persona muy tímida”.

Imagen: Programa Pauta

La propuesta de la SEP, del papel a la realidad

En 2014, la SEP creó el Programa para la Inclusión y la Equidad Educativa (PIEE) que integra siete programas entre los que se encuentra el Fortalecimiento de la educación especial y de la integración educativa, en el cual están contemplados los alumnos con Aptitudes Sobresalientes y con talentos específicos.

En un inicio los programas funcionaban por separado, con presupuesto y recursos humanos independientes. Sin embargo, al unir todos los programas, el de alumnos sobresalientes quedó debilitado en presupuesto y en recursos humanos, pues desaparecieron los responsables de zonas que se encargaban de supervisar que los niños fueran atendidos correctamente con las estrategias que les corresponden.

Para 2014 el presupuesto total destinado para el PIEE era de 505 millones 281,635 pesos, dinero que se reparte en los siete distintos programas.

Un registro de la SEP, que no especifica el año, referente al PIEE, revela que en México hay 148,211 alumnos con discapacidad o aptitudes sobresalientes.

Se solicitó a la SEP la cifra actualizada de alumnos con aptitudes sobresalientes y talentos específicos en escuelas públicas, pero hasta el cierre de edición no hubo respuesta.

El PIEE plantea una serie de estrategias de enriquecimiento dentro del contexto educativo con la finalidad de favorecer el desarrollo integral de los alumnos que incluyen actividades en el aula, en la escuela y fuera de ella.

También plantean el proceso de aceleración que es un modelo de intervención “que permite a los alumnos con aptitudes sobresalientes y talentos específicos, moverse a través del currículo a un ritmo más rápido de lo que se establece en el sistema educativo nacional”.

“El unir siete programas en uno solo propicia que otras poblaciones como las de niños indígenas o con alguna discapacidad motriz sean prioridad mientras que el tema de los alumnos con aptitudes sobresalientes se vuelve a hacer chiquito y se invisibiliza”, comenta Gabriela de la Torre.

A pesar de esto dice estar de acuerdo con las estrategias que el PIEE establece para los alumnos sobresalientes, aunque el tema de los recursos y personal capacitado limita su aplicación.

Las autoridades tampoco cuentan con las condiciones idóneas de detección y formación para estos alumnos, lo que propicia una grave fuga de cerebros interna, pues muchos se quedan sin posibilidades de desarrollarse e incluso optan por la deserción escolar al creerse alumnos problema o con déficit de atención.

“Son niños que pueden abandonar la escuela porque no encuentran una respuesta allí, pueden sufrir bullying o acaban en otras actividades, en casos extremos, delincuenciales. Por ello hacen falta ciertas ayudas especiales para que puedan desarrollar su potencial”, coincide Lilian del Valle, coordinadora pedagógica de PAUTA.

Claudia considera a su hijo Fernando como parte de un grupo vulnerable, pues cree que son niños incomprendidos y etiquetados, tanto por maestros como por compañeros. “Mucha gente piensa que tienen la vida resuelta y no, no son buenos en todo, son niños que sí aprenden más rápido pero también les cuesta mucho trabajo para adaptarse pues son hipersensibles”.

Una nueva oportunidad

En febrero de 2017 la Cámara de Diputados en Ciudad de México fue la sede de la Comisión Especial de Impulso a los Estudiantes de Altas Capacidades. Esta comisión estuvo integrada por diputados de todos los partidos además de organizaciones civiles y padres de familia como invitados. Una de estas organizaciones fue IQ+, originaria de Monterrey, Nuevo León surgida hace diez años y que hace cinco fundó el Centro de Alto Rendimiento Académico (CARA), que se especializa en la preparación de alumnos sobresalientes de primaria y secundaria.

Durante los foros de trabajo de la comisión, la organización IQ+ se reunió con Verónica Martínez quien es madre de un pequeño con aptitudes sobresalientes.

Bastaron algunos meses para que Verónica convocara a decenas de padres de familia y plantearan ante la comisión su interés de crear un proyecto como el del CARA de Monterrey.

Poco a poco el proyecto se cristalizó y aunque el sismo del 19 de septiembre lo prolongó un poco más, finalmente en diciembre de 2017 madres, padres y alumnos recibieron la buena noticia: el proyecto piloto sería una realidad y sería albergado en la escuela anexa de la Normal para maestros.

Esto se logró gracias al trabajo de los diputados durante la comisión. El Gobierno Federal, a través de la SEP, subsidió el pago de maestros y se autorizó el uso de las aulas en la Normal de maestros.

En el tema legislativo, la comisión logró que se aprobara en la Cámara de Diputados una reforma de ley donde se establece que los niños sobresalientes tengan uso de escuelas de tiempo completo. Ahora pasará a la Cámara de Senadores donde esperan que también sea aprobada por la nueva legislatura.

Debido a procesos administrativos, las clases en el proyecto piloto iniciaron en abril pasado. Un total 45 alumnos repartidos en tres grupos multigrado, dos de primaria y uno de secundaria, tuvieron que cerrar el ciclo escolar en tan solo dos meses.

“Los dos grupos de primaria corresponden a primaria baja, en el que hay alumnos de primero a tercero, y primaria alta para los pequeños que cursan de cuarto a sexto”, explica Verónica Martínez quien es hoy representante en Ciudad de México de la organización IQ+.

Verónica espera que el proyecto sea avalado en el Congreso en los próximos meses y así para el siguiente ciclo escolar cuenten ya con un presupuesto autónomo que permita su establecimiento y crecimiento.

“Nosotros esperamos que en un futuro podamos contar con centros de alto rendimiento académico como el que ya existe en Monterrey y alberga a 600 alumnos. Pero a lo que aspiramos es a la construcción del Centro de de innovación Educativa para alumnos con altas capacidades, que funcione como el centro de alto rendimiento que hizo el gobierno federal para la CONADE”.

De crearse un centro así, plantea Verónica, México sería el mayor beneficiado pues no habría más fuga de cerebros.

Por el momento estos 45 menores reciben clases avanzadas de ciencias, astronomía, matemáticas, educación socioemocional, plan de vida, inglés, entre otras.

La metodología adoptada agrega Verónica, está basada en el nuevo modelo educativo “por lo que podremos demostrar que la pedagogía planteada en dicho modelo si es efectiva, solo hay que aplicarla a diferentes ritmos dependiendo de la escuela”.

Espera que en 2 o 3 años máximo, con el apoyo del Congreso y la iniciativa de los padres de familia, el Centro de Innovación Educativa para alumnos con altas capacidades sea una realidad.

Imagen: Programa Pauta

Ser un niño sobresaliente no es como se piensa

Diego, Fernando, Jorge, Víctor y Meghan forman parte de un proyecto piloto del nuevo modelo educativo de la SEP enfocado a este sector.

Estos cinco estudiantes ven como una nueva oportunidad de desarrollo integral el proyecto piloto del Nuevo Modelo Educativo, al cual fueron invitados por la SEP y que se lleva a cabo en la Escuela Secundaria Anexa a la Normal Superior de México. Ellos, junto con sus familiares, decidieron darse de baja en sus escuelas y entrar en este programa. Aún no se sabe si funcionará o no.

Maestros capacitados imparten las materias de español, matemáticas, biología, química, física, educación física, historia, inglés y formación cívica. Hasta el momento, el proyecto se da a nivel primaria y secundaria.

Además de este proyecto, existen programas u organizaciones que funcionan como opciones extraescolares como PAUTA, programa que no suple a la escuela pero donde ofrecen un espacio a los niños y niñas con intereses en la ciencia y diversos conocimientos.

PAUTA es un espacio para que los alumnos con aptitudes sobresalientes “puedan desarrollarse de acuerdo con sus intereses y es un espacio donde encuentras pares intelectuales”, señala su coordinadora, Lilian del Valle.

Para las madres de estos cinco alumnos, el llegar a PAUTA y ser tomados en cuenta para el proyecto piloto impulsado por IQ+ y financiado por la SEP ha sido un parteaguas que les permitió ver el panorama de otra manera y les ha ayudado para comprender a sus hijos y descubrir cómo impulsar más su desarrollo. Todo un cambio, considerando que hace unos años, sufrían maltrato y discriminación.

Diego: Sufría bullying y ataques de sus compañeros

En sus primeros años de vida Diego, hoy de 13 años, comenzó a destacar entre sus compañeros de clases, pero su facilidad de aprendizaje, en lugar de ayudarle en la escuela, le trajo desventajas que mermaron su desarrollo personal.

Xóchitl, su madre, cuenta que luego de que su maestra de primero de primaria lo catalogara como un niño hiperactivo y con déficit de atención, comenzó a buscar ayuda para entender el comportamiento de su hijo.

“Parecía que no tenía límites, se salía del salón porque pasaba una mosca, o se distraía con rocas durante la clase de educación física, y hasta años después comprendimos que esto lo hacía no por rebelde sino porque quería investigar y saber sobre las moscas o las rocas, quería estudiarlas”, dice su madre.

Fue hasta que Xóchitl llevó a Diego a la clínica de la conducta de la SEP  – y tras dos años de terapia – que los especialistas descartaron el déficit de atención e hiperactividad y concluyeron que el menor presentaba características de niño con aptitudes sobresalientes.

Diego cambió dos veces de primaria, en la búsqueda de una que atendiera sus necesidades de desarrollo y en donde ya no sufriera ningún tipo de bullying.

“Yo lloraba mucho, fueron años escolares muy duros, ya no sabía qué hacer. Lo que más me preocupaba es que él no era un niño feliz, sus compañeros y maestros no comprendían que más allá de sus aptitudes, Diego no dejaba de ser un niño y como tal también quería divertirse y jugar, como todos los demás”.

En su última escuela, antes de ingresar al proyecto piloto de la SEP, Diego sufría ataques verbales de sus compañeros quienes lo catalogaban como “retrasado o tonto”.

Diego comenta que ser un alumno con aptitudes sobresalientes es una oportunidad para ser una mejor persona.

Hoy se siente bien al formar parte de un grupo donde encontró a compañeros igual a él que lo comprenden.

“Ahora me da emoción, mucha emoción ser un alumno sobresaliente. Y a mi mamá no sé cómo expresarle las gracias por todo lo que me ha apoyado”, finaliza.

Fernando: “Yo no me siento diferente ni saco 10 en todo”

Claudia, madre de Fernando —ahora de 11 años— tuvo que cambiarlo cuatro veces de kínder en un mismo ciclo escolar, incluso demandó a de esas dos escuelas privadas ante el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) pues su hijo siempre fue etiquetado por los maestros como “el niño problema”.

“A sus cuatro años, Fer nos decía que odiaba ir a la escuela, eso era terrible para nosotros, por ello buscamos ayuda con psicólogos, psiquiatras y neurólogos, e investigamos cómo poder ayudarlo a sentirse mejor”.

A partir de la primaria sus padres lo inscribieron en una institución especializada luego de que fuera diagnosticado como alumno con sobredotación intelectual. A pesar de que encontraron un lugar donde sus capacidades intelectuales eran impulsadas, las quejas por su comportamiento persistían.

Para Fernando la razón principal por la que los alumnos como él sean tratados de esa manera radica en la educación. “Hace falta que en el país la gente tome conciencia de lo que pasa a nuestro alrededor y se dé cuenta de que el experimentar, crear, buscar nuevas cosas, así como nuevos métodos y visiones es lo que hace falta a México”. Además dice no sentirse especial por sus capacidades. “Yo no saco 10 en todo, mucha gente confunde aptitudes sobresalientes con alumnos cerebrito, y no es así, también puede tratarse de un talento especial. Yo me siento extrañamente normal, como cualquier otro alumno, no me siento diferente”.

Fernando da un mensaje para aquellos alumnos sobresalientes que no han sido identificados en sus escuelas y que se sientan rechazados: “deben estar tranquilos, todo se resolverá, simplemente tienen que dar día a día lo mejor de ustedes y hablar con sus padres, decirles todo lo que piensan y lo que pasa, ellos los apoyarán”.

Imagen: Programa Pauta

Jorge: “La situación es desfavorable para nosotros”

“Él siempre me decía que se aburría en la clase, que ya se sabía el tema que no le interesaban, le desesperaba el no aprender cosas nuevas a diario”, cuenta Rosa Lagunes, madre de Jorge, de 12 años.

Considera que el hecho de ser estigmatizados y segregados radica en que “no les interesa lo mismo que a los chicos de su edad y ahí empiezan a sufrir el rechazo, el aislamiento. Ellos mismos se sienten desplazados”.

Rosa señala que la atención que recibió Jorge en las escuelas donde estuvo no fue la adecuada ni suficiente, pues aunque le aseguraban que implementarían estrategias para su aprendizaje no lo hicieron.

Los maestros, dice Rosa, deben estar capacitados para identificar a estos alumnos además de facilitar los trámites que ayuden a impulsarlos dentro de las escuelas.

Jorge recuerda que desde pequeño quería encontrar respuestas. “Mi paso por todas las escuelas ha sido muy largo, he pasado por muchos cambios, yo lo atribuyo a que el sistema no es compatible con lo que yo requiero”. Cuenta que lo que le ayudó a sobrellevar los malos tratos de sus compañeros fue “el creer en mí mismo, en mis capacidades, creer que puedo superarme, no tanto por la competencia, sino para aprender cada día cosas nuevas. En general la situación es desfavorable para nosotros como alumnos pero hay asociaciones que pueden apoyarnos”.

Víctor y Meghan, los hermanos sobresalientes 

Los hermanos Víctor de 12 y Meghan de 9 años fueron detectados desde el kínder como aptitudes sobresalientes.

Cuando Víctor cursaba el segundo de primaria comenzaron las quejas; para cuarto año, su madre, Nancy, decidió cambiarlo de escuela.

“Él me decía que la maestra le hablaba muy mal y que se sentía muy mal. Por esto sus compañeros los segregaban, solo le hablaba un niño de Guadalajara y la maestra lo molestaba diciéndole que era su novio”.

Para quinto empeoró la situación, así que Nancy acudió a la Unidad de Atención al Maltrato y Abuso Sexual Infantil de la SEP (UAMASI), la cual solicitó a la escuela que Víctor ya no acudiera a clases, sino que solo presentara exámenes para evitar la situación que atravesaba.

La Unidad de Servicio y Apoyo a la Educación Regular (USAER), que apoya la atención de los niños y adolescentes con necesidades educativas especiales, prestó atención en el tema e impulsó la contención de la agresión física.

Ya en sexto el profesor “segregó mucho a mi hijo, le cargaba la mano y lo afectaba en sus calificaciones pero él, al ver esto, le echó aún más ganas para no salir de la escolta”.

Nancy asegura que el proceso con Meghan ha sido más fácil dado que “ella es más kinestésica, más de habilidades solo que habla muchísimo. Meghan prefiere adaptarse a sobresalir, por eso ha sido menos problemático con ella y los maestros se limitan a resaltar su inteligencia”.

Para Víctor tener aptitudes sobresalientes “es una capacidad que debo aprovechar al máximo. Estoy contento por tener este tipo de aptitud y aprender de una forma diferente y más rápida. Ahora me siento contento de pertenecer al proyecto piloto porque es muy dinámico, creativo y didáctico además los maestros son muy buenos”.

En tanto que Meghan dice que el ser alumna con aptitudes sobresalientes “no es algo para presumir pues todos tenemos aptitudes sobresalientes para ser buenos en diferentes áreas, no es algo que me haga especial, aunque me gusta porque puedo aprender de una forma más fácil”.

Cuenta que se lleva bien con sus compañeras en la escuela y que le gustaría desarrollarse en la pintura, arquitectura y música.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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