De los escombros a la esperanza, la exposición que recuerda a las víctimas y héroes del 19S
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De los escombros a la esperanza, la exposición que recuerda a las víctimas y héroes del 19S

La exposición se divide en seis salas colocadas cronológicamente donde el público será testigo de la manera en cómo los sismos golpearon la Ciudad de México y otros estados del centro del país el 1985 y el año pasado.
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Por Verónica Santamaría
23 de septiembre, 2018
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A manera de homenaje a las víctimas del 19 de septiembre, brigadistas, paramédicos, rescatistas, enfermeras e integrantes de la sociedad civil presentan la exposición: Sismos 1985 / 2017 De los escombros a la esperanza, en el Museo Memoria y Tolerancia, con el objetivo de recordar a cada una de las personas que se solidarizaron en labores de ayuda y rescate tras los sismos de hace 33 años y el de hace un año.

La exposición se divide en seis salas colocadas cronológicamente donde el público será testigo de la manera en cómo los sismos golpearon la Ciudad de México y otros estados del centro del país. Rostros y paisajes transformados por la fuerza de los movimientos telúricos que azotaron la capital.

La exposición es el resultado del trabajo colaborativo entre fotógrafos, periodistas, medios de comunicación, escritores e investigadores quienes llevaron el registro de los momentos más destructivos que han dejado estas catástrofes en nuestro país.

No olvidar

Esta exposición también es un llamado a “No olvidar”, apela a la conciencia de la población para continuar con la ayuda y mantener activa la recaudación de fondos y apoyo en la reconstrucción de viviendas, atender las necesidades de los damnificados y exigir justicia y rendición de cuentas, tanto en los donativos que se realizaron como transparencia en los edificios caídos.

De acuerdo con Luz Rodea, coordinadora de comunicación para Acción Humanitaria de Oxafam México, en estos momentos se siguen realizando labores de reconstrucción en varias comunidades que no solo se vieron afectadas en el sismo del 19 de septiembre sino también el 7 de septiembre.

“Hacemos énfasis en que hay gente damnificada no sólo por el 19 sino por el 7 de septiembre…para nosotros son los sismos de septiembre”, dijo Rodea en entrevista con Animal Político.

En cuanto a la reconstrucción, la defensora dijo que ésta se ha dado de manera lenta. “Vemos que todavía hace falta muchísimo, hacemos un llamado a revisar en términos de transparencia y rendición de cuentas qué se está haciendo porque desde un inicio los censos no estuvieron bien hechos, conocemos casos de familias que fueron mal censadas o que reciben pérdida parcial y en realidad perdieron toda su vivienda”, señaló.

Oxafam México trabaja en comunidades de entidades como Oaxaca, Morelos, Veracruz y Puebla con escuelas que siguen sin servicios básicos, siguen sin reconstruirse, sin respuesta, sin dictámenes, “y va lento porque la respuesta gubernamental no ha ido a la par con las necesidades de las comunidades”.

En el caso de Veracruz, las comunidades tienen comités con reducción de riesgos de desastres y han metido oficios con declaratoria de desastre y hasta el momento no han tenido respuesta”, dijo por su parte Alejandra D´Hyver, coordinadora del programa de acción humanitaria en Oxfam México.

“Todos somos Topos”

Tal y como sucedió en 1985, la ciudadanía mostró solidaridad y ayuda 32 años después de que el movimiento telúrico volviera a dejar entre escombros, no solo a la Ciudad de México sino también otras entidades donde grupos de rescatistas nacionales e internacionales salieron a las calles a brindar apoyo a la gente atrapada.

Para Héctor Méndez, presidente de la asociación Topos Aztecas, el ver en las calles a hombres y mujeres jóvenes realizando acciones de rescate o removiendo escombros le dio “mucho orgullo que las nuevas generaciones se identifiquen como Topos: un sinónimo de rescatista”, dijo en entrevista.

“En Topos Aztecas somos voluntarios y el voluntariado es misión de vida, el voluntariado no es remunerado, en el voluntariado no tienes que esperar a que te digan: gracias porque están en situación de shock”.

Los integrantes de Topos Aztecas son personas que además de realizar voluntariado en la asociación cuentan con trabajos y carreras propias, sin embargo, todo el tiempo se capacitan y ejercitan para estar preparados para alguna emergencia, ya sea un desastre natural como huracanes, sismos y erupciones volcánicas.

“Tienes que crecer y desarrollarte espiritualmente para saber que cuando vas a algún lugar en desgracia vas a dar todo lo que tengas, hasta la vida. No vas a esperar a que te den las gracias o que te den algo”.

Los Topos Azteca no solo se encuentran en México, este es un equipo internacional que se encuentra en otros países como es el caso de Topos Guatemala de donde es José Flores Toledo, un hombre de 36 años de edad quien además es padre de familia.

Tras un curso en junio de 2013, en Guatemala, impartido por el “Topo Mayor”, Héctor Méndez, es que decide unirse a este grupo de voluntarios. “Vas conociendo a la gente y te das cuenta de que hay cierta situación personal, cierta situación emocional que tienes que devolver un poco al mundo de los mucho que te da”, dijo en entrevista.

“Gusy”, como lo conocen sus amigos, ha estado en dos intervenciones en Guatemala en el año 2015 -en el Cambray y con el volcán de fuego en el año 2018-, el significado que tiene en su vida pertenecer al equipo de Topos es: “honor, orgullo, servicio”.

Para él, rescatar a alguien es como “tener una segunda oportunidad en la vida o en diferentes momentos, y si bien es cierto, no son siempre rescates de gente con vida, a veces son recuperaciones de cadáveres, es esa emoción del servicio cumplido, del deber cumplido que es lo que lo mueve a uno”, agregó.

La exposición Sismos 1985 / 2017 estará en el Museo Memoria y Tolerancia hasta 31 de octubre de martes a viernes de 9:00 a 18:00 horas y fines de semana de 10:00 a 19:00 horas. Precio general 30 pesos y 15 pesos a estudiantes y adultos mayores.

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El lugar del mundo donde la gente reconoce 5 géneros

El pueblo bugis, en Indonesia, es un grupo étnico que reconoce cinco géneros sexuales. Pero el futuro de su cultura única en el mundo parece estar en peligro.
22 de abril, 2021
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La isla indonesia de Célebes se extiende como una estrella de mar borracha en el océano Pacífico occidental, sus cuatro patas esmeralda tocan los mares de Celebes, Molucca y Flores.

En su extremo suroeste se encuentra la ciudad portuaria de Macasar, una población ahogada por una niebla tóxica que durante mucho tiempo fue un importante punto comercial y la puerta oriental de Indonesia al mundo.

En un amanecer gris, me puse de pie en el paseo marítimo mientras veía las proas curvas de los tradicionales veleros prahu avanzar elegantemente hacia el caos del puerto de Paotere. Llegaban allí para descargar pepinos de mar, sepias y otras extrañas criaturas de las profundidades marinas.

Estas embarcaciones pertenecen al pueblo bugis, una sociedad de marineros notable por reconocer cinco géneros.

“Los bugis tienen palabras para cinco géneros que representan cinco formas de estar en el mundo”, explica Sharyn Graham Davies, antropóloga de la Universidad Monash en Melbourne, Australia.

Los bugis son el grupo étnico más grande de la isla de Célebes. Se concentran en Makassar y el campo de cultivo de arroz al norte de la ciudad, pero su destreza como marineros y comerciantes consolidó la influencia de los bugis en Indonesia y el archipiélago malayo.

También sembró miedo en los corazones de los colonizadores europeos, quienes los veían como piratas despiadados.

Un pueblo influyente

A pesar de que representan solo seis de los 270 millones de habitantes que tiene Indonesia, los bugis son extremadamente influyentes.

Algunos ejemplos destacados incluyen a Jusuf Kalla, quien fue dos veces vicepresidente de Indonesia; y a Najib Razak, ex primer ministro de Malasia.

Los bugis son una sociedad marinera cuya influencia se ha extendido por Indonesia y el archipiélago malayo.

Getty Images
Los bugis son una sociedad marinera cuya influencia se ha extendido por Indonesia y el archipiélago malayo.

“Los bugis se encuentran entre los grupos étnicos con más fuerza del archipiélago, política, económica y culturalmente”, señala Sudirman Nasir, un bugis que trabaja en salud pública en el sur de la isla.

La antropóloga Sharyn Graham Davies explica que en la sociedad bugis, los géneros makkunrai y oroani corresponden a los conceptos de mujer cis y hombre cis en Occidente.

Los calalai nacen con cuerpos femeninos pero asumen roles de género tradicionalmente masculinos; pueden llevar camisa y pantalones, fumar cigarrillos, llevar el pelo corto y realizar trabajos manuales.

Por otro lado, los calabai nacen con cuerpos masculinos pero asumen roles de género femeninos, usan vestidos y maquillaje y se dejan crecer el cabello.

“Muchos calabai trabajan en salones de belleza“, asegura Neni, una calabai del pueblo de Segiri, al norte de Makassar.

“También ayudamos a planificar bodas y actuamos en ceremonias”.

El quinto género

Los calabai no se hacen pasar por mujeres, detalla Davies, sino que exhiben su propio conjunto de comportamientos femeninos que serían mal vistos en las mujeres makkunrai, como usar minifaldas, fumar y actuar de una manera más sexualizada exteriormente .

Dentro de la sociedad bugis, las personas calabai y calalai pueden ser mal vistas en algunos sectores, pero son ampliamente toleradas, incluso se considera que juegan un papel importante en la sociedad.

De manera general no son atacadas ni perseguidas por miembros de su propia comunidad.

El quinto género bugis es el bissu, que no se considera ni masculino ni femenino, sino que representa la totalidad del espectro del género.

Los bissu, como los calabai y calalai, muestran su identidad a través de la vestimenta: a menudo usan flores, un símbolo tradicionalmente femenino, pero llevan la daga keris asociada con los hombres.

Muchos bissu nacen intersexuales, pero el término tiene implicaciones más allá de la biología.

Si bien el género en los bugis a menudo se describe como un espectro, se considera que los bissu están por encima de esta clasificación: son seres espirituales que no están a medio camino entre el hombre y la mujer, sino que encarnan el poder de ambos a la vez.

“Se dice que, en su descenso del cielo, los bissu no se separaron convirtiéndose en hombre o mujer, como la mayoría de la gente, sino que siguieron siendo una unidad sagrada de ambos”, explica Davies.

Como tales, son percibidos como intermediarios entre mundos y ocupan un papel similar al de los chamanes en la religión bugis.

Poseídos por los dioses

Una anciana serena y un pollo que cacareaba fueron mis compañeros de viaje cuando me fui de Makassar en un maltrecho bemo (minibús público) de color azul celeste.

Mientras avanzábamos hacia el norte, fragmentos de piedra caliza kárstica, cubiertos de jungla, se elevaban hacia el cielo desde los arrozales circundantes.

Muchos bugis viven en la verde y montañosa isla indonesia de Célebes.

Getty Images
Muchos bugis viven en la verde y montañosa isla indonesia de Célebes.

Era época de siembra y pasamos por un campo donde se empujaba un arado mecánico, precedido por un desfile ritual de bissu, reconocibles por sus túnicas rojas, doradas y verdes y sus tocados adornados con flores de colores.

Seguimos conduciendo. El sol de la tarde comenzó a brillar como carbón y los agricultores bugis proyectaban sombras encorvadas y alargadas, mientras se inclinaban para ocuparse de los campos de arroz.

Cuando cayó la noche, llegamos a la ciudad de Segiri, donde seguí a una multitud de lugareños hasta una gran casa de madera.

Cinco bissu estaban reunidos en el centro de la habitación alrededor de una pila de arroz. El humo del incienso fragante se arremolinaba en la casi oscuridad, y el sonido de los tambores y los cánticos se aceleró a un punto febril mientras el bissu bailaba bruscamente hasta un estado de trance.

Al unísono, desenvainaron sus dagas keris y comenzaron a apuñalar las hojas onduladas en sus propias sienes, palmas, incluso en los párpados, aparentemente sin sentir ningún dolor o apenas sacando una gota de sangre.

Someterse a este ritual, conocido como ma’giri’, y salir ileso es considerado como una prueba de que los bissu han sido poseídos por los dioses y están listos para dar bendiciones.

El idioma de los cielos

Esta ceremonia, como el desfile en el campo de arroz, está orientada a asegurar una cosecha abundante; buena salud y embarazos exitosos son otros de los resultados que se esperan de una bendición bissu.

“Convertirse en bissu es una llamada del alma”, dice Eka, jefe de los bissu en Segiri.

“Viajamos a una edad temprana para estudiar con un bissu mayor y aprender nuestro idioma secreto, Basa To Ri Langiq (la lengua de los cielos), que solo nosotros podemos entender”.

Además de otorgar bendiciones, Eka oficia bodas. “Los bugis nos tratan muy bien”, prosigue. “Tienen que hacerlo, porque supervisamos todas las costumbres de los bugis”.

Aunque sus rituales religiosos y su concepción del género están impregnados de ideas preislámicas, la mayoría de los bugis son musulmanes, muchos devotos.

“Hubo interacciones complejas entre los valores bugis y la enseñanza islámica”, explicó Nasir. “Esto llevó a formas de sincretismo islámico-bugis“.

Luchan contra su propia sexualidad

Por ejemplo, como señala Davies, los bugis a menudo acuden a los bissu para bendecir un próximo peregrinaje a La Meca.

Muchos calalai y calabai luchan contra su propia sexualidad y contra el sentido de sí mismos, explica la antropóloga.

Creen que su estilo de vida -que puede incluir relaciones entre personas del mismo sexo- es pecaminoso según la creencia islámica, pero también que son como son porque fue prescritopor Allah.

Por la misma razón, no tienen el concepto de haber nacido en el cuerpo equivocado. Aunque algunas calabai pueden someterse a procedimientos cosméticos para lucir más femeninas, no se considerarán mujeres, como descubrió Davies en su trabajo de campo.

El islam comenzó a ser predominante en Indonesia cerca del año 1400, pero durante siglos los locales reconciliaron su variada percepción del género con la nueva fe.

“Los marinos europeos escribieron sobre sus reflexiones sobre la diversidad de género en el la isla de Célebes desde al menos el siglo XVI”, cuenta Davies.

Igualdad social

En 1848, el colonialista británico James Brooke escribió en su diario: “La costumbre más extraña que he observado es que algunos hombres se visten como mujeres y algunas mujeres como hombres; no ocasionalmente, sino toda su vida, dedicándose a las ocupaciones y búsquedas de su sexo adoptado”.

Al visitar la isla de Célebes, Brooke se sorprendió aún más por la igualdad social que observó entre mujeres y hombres, un sentimiento compartido por su compañero imperialista Thomas Stanford Raffles.

Un tercer género conocido como waria (un acrónimo de wanita, que significa mujer, y pria, que significa hombre) ha sido reconocido durante mucho tiempo en las sociedades de Indonesia.

Sin embargo, desde mediados del siglo XX, Indonesia en general se ha vuelto menos tolerante con las ideas no binarias de género, lo que ha provocado la persecución de los calabai y bissu en particular.

Torturados y asesinados en los 50

A partir de la década de 1950, comenzó una ola de ataques violentos contra la comunidad LGBTQ.

“Cuando el movimiento de rebelión Darul Islam de Kahar Muzakkar quiso establecer un estado islámico en la década de 1950, los bissu fueron arrestados, torturados y obligados a arrepentirse”, recuerda Nurhayatai Rahman Mattameng, filólogo del pueblo bugis.

A algunos bissu les raparon la cabeza para avergonzarlos públicamente; algunos fueron asesinados.

“Durante la era del Nuevo Orden bajo el presidente Suharto (1967-1998), hubo una iniciativa llamada Operación Arrepentimiento”, añade Mattameng.

“Todos los bissu se vieron obligados a (renunciar) al Latang, la religión ancestral de los bugis, y en su lugar eligieron una de las religiones oficialmente reconocidas en Indonesia”.

En 2001, extremistas islámicos incendiaron la sede en Makassar de GAYa Celebes, una organización que aboga por los derechos de los homosexuales.

En 2018, el Jakarta Post informó que las mujeres transgénero estaban siendo detenidas y colocadas en centros de detención en la capital de Indonesia, como una medida “disuasiva” para las personas que se identificaban como waria.

Un hombre en Makassar.

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Hace poco, muchos bissu vivían con miedo de ser arrestados o asesinados; algunos estaban incluso avergonzados de ser bissu.

“Los bissu, los calalai y los calabai están experimentando mucho estigma y discriminación, que lamentablemente está aumentando junto con la creciente asertividad del islam político”, lamenta Nasir.

“A nivel social, hay una fuerte tendencia hacia una mayor piedad y puritanismo, que podría compararse con la de los cristianos nacidos de nuevo en Occidente. El futuro de estas personas perseguidas no es muy prometedor”.

“En peligro”

Eka está de acuerdo en que el futuro parece sombrío.

“El número de profesores con conocimiento de costumbres bissu está disminuyendo. También está disminuyendo el interés de la gente en vivir como calabai”, señala.

“En el futuro, los bissu estarán en peligro de extinción”.

Sin embargo, no todo el mundo es tan pesimista sobre el futuro de esta cultura única. Hay ayuda disponible gracias a personas como Halilintar Lathief, una activista, artista y antropóloga bugis.

La organización de Lathief, Latar Nusa, lucha para revitalizar la cultura bissu y calabai preservando la literatura tradicional y empoderándolos para aprovechar los beneficios económicos de sus roles tradicionales al buscar trabajo remunerado como maquilladores de novias, planificadores de bodas y proveedores de catering y chamanes medicinales.

“Durante los primeros días, el trauma de la persecución que habían enfrentado significaba que nadie quería convertirse o pretender ser bissu”, asegura Lathief.

“Tenían miedo de ser arrestados o asesinados; algunos estaban avergonzados. Ahora, después de varios años, hay muchas más personas que se identifican como calabai y otras más que se enorgullecen de ser llamadas bissu”.

Puedes leer la versión original de este artículo en inglés en BBC Travel.


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