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Cuartoscuro
Fonatur vende Playa Delfines, en QRoo, a muy bajo precio y pese a ser patrimonio federal
La venta se concretó en diciembre, el futuro dueño la adquirió en 20 millones de pesos, cuando anteriormente había sido valuada en 50 millones de pesos. Empresas inmobiliarias planean la construcción de un complejo hotelero.
Cuartoscuro
Por Redacción Animal Político
17 de septiembre, 2018
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Antes de diciembre próximo el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) entregaría al sector privado la Playa Delfines, en Cancún, Quintana Roo, último predio costero considerado patrimonio federal.

Una investigación del medio Luces del Siglo detalla que la venta en papel del lugar, cuya extensión es de 10 mil 158.49 metros cuadrados, se efectuó desde el pasado 21 de diciembre, con un costo de 2 mil pesos por metro cuadrado,  es decir, el cobro total por Playa Delfines rondó los 20 millones de pesos.

Dicha venta, explica la investigación, se hizo bajo el esquema de “servicios turísticos y recreativos”, el encargado de la operación fue Juan Bechara Abdo Feres, quien en aquel entonces era director de Comercialización de Fonatur.

El comprador de la Playa Delfines es el empresario Salomón Kamkhaji Ambe, presidente de la empresa Pulso Inmobiliario S.A. de C.V.

Kamkhaji Ambe espera tomar posesión del predio antes de que finalice la administración de Enrique Peña Nieto, toda vez que su compra se concretó y únicamente se está a la espera de los trámites administrativos de la entrega, cuya responsabilidad es de la Fonatur.

La investigación resalta que, poco después de firmar la venta, Abdo Feres renunció a la Dirección de Comercialización de Fonatur, misma que después fue asumida por Martín Guillermo Merino Westphal, que se encargará de hacer entrega de Playa Delfines al nuevo dueño.

Lo remataron

No era la primera vez que un privado trataba de adquirir esta playa. Hace algún tiempo el predio fue valuado en 5 mil pesos por metro cuadrado, es decir se obtendrían unos 50 millones de pesos, más del doble de los 20 millones que se obtendrán tras su venta.

Aunado a la desvalorización del terreno se tiene el riesgo de que gran parte de la zona natural de la playa desaparezca para construir en el lugar hoteles o condominios, que regularmente se hacen de manera ilegal.

Todavía a inicios de septiembre, la Secretaría de Desarrollo Territorial Urbano (Sedetus) negó que se hubiera autorizado la construcción de un complejo hotelero en Playa Delfines, aunque se admitió la otorgación de “una constancia de compatibilidad para la construcción de un hotel” la cual fue avalada por el Ayuntamiento de Benito Juárez.

Hasta el momento se desconoce qué proyectos tiene planeados el empresario Salomón Kamkhaji Ambe. En su página oficial la empresa Pulso Inmobiliario, en alianza con AMResorts, plantea la construcción de un segundo hotel de la cadena Breathless Riviera Cancún, pero esta información no ha sido confirmada por el próximo dueño de la playa.

La cadena Breathless Riviera Cancún es un concepto turístico al estilo de lo que se ofrece en Las Vegas o Ibiza y fue inaugurado en octubre de 2016 en Puerto Morelos. Quintana Roo.

Este mismo tipo de venta se ha hecho con otras playas de la zona como Playa Chac Mool y Playa Ballenas. En el primero de los casos se construyó un complejo habitacional de la cadena Bay View Grand, mientras que en Playa Ballenas el uso de suelo fue modificado y finalmente su acceso fue cerrado al público en general para construir el hotel Secrets.

 

Con información de Luces del Siglo.

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Por qué el idioma que hablamos hace que veamos el futuro de forma diferente
Algunos estudios vinculan la manera en que las lenguas se refieren al futuro, al pasado o al presente y la forma en que sus hablantes interpretan el paso del tiempo e incluso la visión que tienen sobre cuestiones como el respeto por su entorno.
19 de abril, 2019
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¿Qué pasa si el idioma que hablas te hace percibir el tiempo de manera diferente?

¿Suena como realismo mágico? Casi: es Economía.

Algunos trabajos de investigación recientes sostienen que los idiomas que distinguen gramaticalmente el futuro del presente hacen que sus hablantes planifiquen menos, ahorren menos, e, incluso se preocupen menos por el medio ambiente.

Pero ¿de dónde viene este supuesto y cuáles son sus antecedentes?

El vacío

Bejamin Lee Whorf era inspector de una compañía de seguros contra incendios y notó que el lenguaje podía causar problemas de seguridad.

Se dio cuenta que la gente actuaba de forma descuidada cerca de los bidones de gasolina vacíos porque estaban “vacíos”, aunque en la práctica están llenos de vapor de gasolina, por lo que pueden explotar.

Esto lo estimuló a estudiar y escribir sobre el lenguaje.

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Edouard Taufenbach/Gallery Binome
El paso del tiempo ha sido motivo de inspiración para el arte.

Whorf pasó tiempo con la comunidad indígena Hopi del noreste de Arizona.

Observó que no tenían distinciones gramaticales para el futuro y el pasado y que no tenían forma de contar períodos de tiempo.

Observó sus prácticas culturales y llegó a la conclusión de que los Hopi ven el tiempo de manera bastante diferente a nosotros y que conceptos que nos parecen obvios, como “mañana será otro día”, no tenían ningún significado para ellos.

Su publicación de estas ideas en 1939 cambió la filosofía del lenguaje.

De las propuestas de Whorf y las de su maestro, un profesor de Yale llamado Edward Sapir, surgió lo que se denominó la Hipótesis de Relatividad Lingüística, comúnmente conocida como la hipótesis de Sapir-Whorf.

Su explicación abreviada es que el lenguaje puede afectar nuestra forma de pensar; su implicación más fuerte es que no podemos pensar en cosas de las que nuestro lenguaje no nos permite hablar.

Con el tiempo, las explosivas ideas y gran parte de los postulados de Whorf fueron descalificados.

En 1983, un investigador llamado Ekkehart Malotki publicó Hopi Time, un voluminoso libro que detallaba su investigación sobre los Hopi y su lenguaje, que atacó la teoría de Whorf y generó desconfianza hacia cualquier idea sobre la relatividad lingüística.

Recuperación

En realidad, Whorf no estaba equivocado del todo sobre el efecto de ciertas palabras que trasmiten el paso del tiempo.

Cualquier persona que tenga conocimiento sobre ventas o marketing conoce la diferencia que causa llamar a algo “usado”, “clásico” o “antiguo”.

En los últimos años, algunos lingüistas han demostrado cuánto puede afectar el vocabulario que usamos nuestra forma de pensar sobre las cosas.

Los experimentos de la psicóloga María Sera revelaron que las personas que hablan un idioma en el que algo (como una cuchara) es de género femenino, tienden a describir ese objeto con términos asociados a la mujer, mientras ocurre lo contrario con el género masculino.

Somos lo que decimos

Lera Boroditsky, de la Universidad de Stanford, ha acumulado datos interesantes sobre cómo las personas que hablan idiomas que usan la misma palabra para un par de colores necesitan más tiempo para distinguirlos que aquellos que tienen una palabra separada para cada uno.

Los expertos Caitlin Fausey y Teenie Matlock descubrieron que si decimos que un político “estaba recaudando donaciones”, creemos que ha recaudado más que si decimos que el político “recaudó donaciones”.

Otros lingüistas, como Manuel Carreiras, descubrieron que, al leer descripciones de personas, recordamos atributos que se dice que tienen en el presente más rápidamente de los que se dice que tuvieron en el pasado.

Como dijo el destacado lingüista Roman Jakobson, “los idiomas difieren esencialmente en lo que tienen que comunicar y no en lo que podrían comunicar“.

En su libro Through the Language Glass (“Tras el cristal de los idiomas”), Guy Deutscher estudia los Matses de Brasil, que codifican en sus verbos la forma en las que hablante tuvo conocimiento del evento: por experiencia, inferencia, conjetura o rumor.

Ni el ingles ni el español tienen esa característica pero, ¿significa eso que la evidencia es menos importante para los angloparlantes y los hispanoparlantes que para los Matses? Y si es así, ¿es consecuencia del lenguaje o éste simplemente refleja una prioridad?

El francés hablado no distingue entre “hice eso” y “lo he hecho”, pero ¿eso significa realmente que los francoparlantes tiene una idea distinta del pasado?

El realismo económico

foto

Edouard Taufenbach/Gallery Binome
“Los idiomas difieren esencialmente en lo que deben transmitir y no en lo que pueden transmitir”.

Empezamos diciendo que la cuestión era económica.

Estudios realizados desde ese punto de vista arrojaron resultados claros: los hablantes de idiomas en los que existe el tiempo futuro son un poco menos responsables con respecto al futuro.

No obstante, un análisis de 2015 encontró que una vez que se toma en cuenta la relación de las familias de idiomas, la correlación ya no es estadísticamente significativa.

Algunos idiomas -de “referencia de futuro fuerte”-exigen una construcción gramatical que haga referencia al futuro, en contraste con otros, de “referencia futura débil“-como el alemán, el finlandés o el mandarín-, en el que los hablantes suelen hablar del futuro utilizando formas de tiempo presente.

Y hay culturas como la Pirahã, de la Amazonía, y la Hadza, de África oriental, que no distinguen entre presente y futuro en las conjugaciones verbales, pero tampoco valoran el ahorro para el futuro.

Cuantos más contraejemplos encontremos, menos probable es la explicación lingüística.

Además, ¿por qué usar las mismas palabras para hablar del futuro como del presente estimula, en lugar de desalentar, la planificación?

Si un idioma no tiene un tiempo pasado, ¿significa eso que estará más preocupado por su historia que los hablantes de uno que sí lo tiene?

Las marcas del tiempo

Muchos idiomas, como el español, inglés, francés o el italiano requieren marcar el tiempo pasado, mientras que el mandarín y otras formas de chino no marcan el tiempo en absoluto.

¿Significa esto que China está más preocupada por su pasado que Francia o Italia o Inglaterra?

Cuando se requiere una distinción en un idioma, elegir una opción sobre otra afectará la forma en que pensamos en algo.

Hemos aprendido que cuando no se requiere una distinción, todavía se puede hacer, pero puede tomar más energía mental para hacerlo.

Es plausible que la forma en que nuestros idiomas nos hacen hablar sobre el tiempo pueda afectar nuestra forma de pensar y actuar en relación con el futuro y el pasado.

Pero yo aún no estoy del todo convencido.

Puedes leer la historia original en inglés aquí


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