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Fumar o no fumar, el ritual detrás de cada cigarro
¿Por qué nos gusta fumar cigarros? ¿Qué representa cada cigarro? ¿Cómo nace un fumador y cómo deja de serlo?
Por Redacción Animal Político
6 de septiembre, 2018
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Una señal. Un algo para pasar el tiempo. Una ayuda a la memoria. Un medio de comunicación. Eso es un cigarrillo. Así lo narra Gregor Hens, en su libro Nicotine, donde este escritor alemán rememora su relación de 40 años con “La Diva Nicotina” y cuenta sus anécdotas contra su adicción.

“Los primeros cigarrillos que fumé estaban en la casa de mis abuelos. Tuve náusea y quizá hasta vomité, pero eso está en el pasado. Para cuando estaba en la secundaria, y caminaba un par de millas cada mañana, ya era un fumador consagrado que se detenía en el parque a las 8:00 a.m. para una fumada”, cuenta Hens, quien además relata las alternativas que buscó para dejar de fumar.

En siete segundos, la nicotina inhalada que penetra el sistema nervioso central hace que el fumador se sienta alerta y, de manera simultánea, se relaje muscularmente. Al cerebro llega un latigazo de adrenalina. También se libera dopamina, relacionada con la sensación de placer y de recompensa que provoca la necesidad de volver a fumar.

Jorge Manzo Denes, neurocientífico del Centro de Investigaciones Cerebrales de la Universidad Veracruzana, explica que la estimulación repetida con nicotina hace que el cerebro del fumador produzca más receptores para esa substancia. Con el tiempo ese sistema de receptores se vuelve más lento y por lo tanto demanda mayor consumo de nicotina para obtener el mismo placer.

Hay fumadores legendarios. Juan Rulfo, Cantinflas y Frida Kahlo por decir algunos que han sido inmortalizados con una foto o un autorretrato con cigarro en mano. Pocos han contado sobre su relación con el tabaco. En 2017, tras la muerte del artista visual Felipe Ehrenberg, la escritora Lourdes Hernández publicó una crónica sobre cómo fueron los últimos años de su esposo que padecía cáncer de próstata.

“En la única consulta que tuvimos con el urólogo que nos iba a explicar su caso, antes de comenzar con la radioterapia, nos dijo desde el otro lado de su escritorio: “Señor Philipp, le tengo una buena noticia: usted no se va a morir de cáncer de próstata. El que usted tiene es pan comido para nosotros, pero el corazón lo va a traicionar si no deja de fumar, escribió su viuda en “Ganas de vivir”, donde refiere que tres años antes de morir, a Felipe Ehrenberg le pronosticaban 15 años más de vida si dejaba el cigarro.

¿El pintor dejaría de pintar buenos cuadros al dejar de fumar? ¿Nos alejaríamos de nuestro círculo social si dejamos ese hábito? José Luis Catalán, al frente de la asistencia psicológica del Centro Ramón Llull, en Zaragoza, responde que la producción intelectual y social “no depende tanto del estímulo artificial del tabaco”, pues dichos estímulos pueden ser suplidos por agentes psicológicos distintos.

Entender cómo actúa la nicotina en el cerebro ha abierto líneas terapéuticas para quien desea dejar de consumir tabaco. Hay medicamentos que imitan la acción de la nicotina y la sustituyen en las células nerviosas. Otras terapias administran nicotina en dosis limitadas hasta que el cerebro aprende a funcionar sin ella. También comienzan a ponerse sobre la mesa nuevos productos que reducen el daño, respetan el ritual del fumador y evitan la combustión que afecta a fumadores y no fumadores.

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