En México hay leyes y mentalidad más inclusiva, pero discriminación persiste hacia los indígenas
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Cuartoscuro Archivo

En México hay leyes y mentalidad más inclusiva, pero discriminación persiste hacia los indígenas

En México los empleos menos remunerados, más informales y con menos prestaciones médicas los tienen personas hablantes de lengua indígena, y las de tono de piel más oscuro.
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14 de septiembre, 2018
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En los últimos 25 años hubo un cambio en el mapa legal de la lucha contra la discriminación étnico racial: hay una Ley en la que el Estado se compromete a proteger a todas las y los mexicanos de cualquier acto discriminatorio. Cambió también el mapa institucional: existe ya el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred).

Hubo, además, una transformación en la mente de las personas. Se pasó de la negación a reconocer que México es un país discriminador. Pero en la práctica todo sigue igual o peor para muchos grupos vulnerables, entre ellos las comunidades indígenas.

A esa conclusión llegó Ricardo Raphael, integrante de la Asamblea Consultiva del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (Copred), en la sesión “La agenda gubernamental contra la discriminación étnico-racial en México”, que forma parte del ciclo temático del seminario permanente de desigualdad socioeconómica del Centro de Estudios Sociológicos (CES) del Colegio de México (Colmex).

El analista compartió mesa con Alexandra Haas, presidenta de Conapred; José Alejandro Robledo, director general de Derechos Indígenas de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI); Eréndira Cruzvillegas, cuarta visitadora general de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y Jacqueline L´Hoist, presidenta de Copred. 

En su intervención para cerrar la mesa, organizada por Patricio Solís, profesor investigador del CES, Raphael dijo que en la discriminación a los indígenas la única transformación que no ha ocurrido en México es la real.

“No sé si se puede afirmar que está peor, pero hay temas en los que sí lo parece. Los mega proyectos mineros han sido una tragedia para las poblaciones indígenas, con devastación de su territorio, desplazamientos y agresiones. La justicia se está utilizando en el país contra los líderes que se oponen a esos proyectos”.

En un breve diagnóstico sobre cada campo donde se genera discriminación, el analista comentó que, en el educativo, fue en 2003 cuando la SEP publicó el último libro de texto para educación indígena. Desde entonces no ha habido una reedición. “El modelo de educación incluyente no ha dado un solo paso”, afirmó.

La presidenta de Conapred, Alexandra Haas, aseguró, en entrevista previa con Animal Político que el sector educativo es clave porque permite obtener capacidades para después conseguir trabajos, ingreso y prestaciones. “Sin embargo vemos una política educativa que excluye. En la encuesta intercensal del 2015 se encontró que ningún joven monolingüe se había graduado de la secundaria”.

Y justo los empleos menos remunerados, más informales y con menos prestaciones médicas, aseguró Haas, los tienen personas hablantes de lengua indígena y las de tono de piel más oscuro. “Nueve de cada 10 hablantes de lengua indígena no tienen un contrato laboral por escrito y la misma cifra no tiene prestaciones médicas”.

Quienes hablan una lengua indígena, agregó, están sobrerepresentados en afiliación al seguro popular. 72% de ellos están en este sistema, eso significa que se les da acceso a una cobertura médica menor que la del IMSS.

Sobre este punto, Ricardo Raphael comentó durante el seminario que el seguro popular se presume como el programa que ha mejorado los indicadores de desarrollo social.

“Eso es una mentira cuando se refiere a poblaciones indígenas, porque este sistema se expresa regionalmente conforme a las capacidades de cada entidad, no es cierto que hay un solo seguro popular, sino una encarnación chiapaneca o una encarnación en la montaña guerrerense, imagínense a la hora que se desdobla este seguro, cómo llega a las comunidades indígenas”.

En el ámbito de la justicia, Raphael dijo que se ha dado una transición con los juicios orales, pero no hay ninguna previsión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ni de la Procuraduría General de República, ni de las procuradurías en los estados sobre cómo afrontar la exclusión que el nuevo sistema va a implicar para las poblaciones indígenas.

Las faltas al debido proceso, subrayó José Alejandro Robledo, director general de Derechos Indígenas del CDI, se presentan hasta en 80% de los casos de las personas indígenas privadas de la libertad porque no tuvieron un intérprete. Y hay otra parte que perjudica sus derechos: no se consideran los sistemas normativos internos para juzgar con esa perspectiva.

Eréndira Cruzvillegas, cuarta visitadora general de la CNDH, refirió que la Comisión ha hecho varias recomendaciones en ese sentido, como ver el nuevo modelo de justicia en una lógica pluricultural. “Los sistemas normativos internos no son adversos al sistema positivo, como se ha creído, eso es un mito. Es importante retomar algunos modelos de esos sistemas”.

En lo político, Raphael declaró que no hay un esfuerzo real de representación de las comunidades indígenas en este ámbito. “No se ve así en el Congreso (de la Unión), ni en los congresos locales, ni en los gabinetes”.

Lo que sí hay en el país, recalcó, es un culto a crear instituciones, eso ha multiplicado a los responsables del fenómeno. Hay un problema serio de fragmentación institucional, en el ámbito municipal, estatal y federal, que atiende a la discriminación pero por grupos.

“Hay una lucha contra la discriminación que está descoordinada, fragmentada, parcializada y con un enfoque clientelar o que trabaja solo para pacificar el enojo de las poblaciones indígenas. Lo que se necesita es atacar campos específicos de discriminación: en la política educativa, la justicia, la salud. Hay que pasar de las políticas dirigidas a grupos a las políticas dirigidas a campos discriminatorios”, concluyó el analista.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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Por qué el objetivo debe ser aprender a vivir con la COVID, no luchar contra él

Eliminar al coronavirus de la faz de la Tierra sería extraordinario. La erradicación total de un virus solo se ha logrado una vez en la historia.
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18 de febrero, 2021
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El gobierno británico dijo recientemente que espera transformar la COVID-19 en una enfermedad manejable, como la gripe.

Las vacunas y los nuevos tratamientos, argumentan ministros y sus asesores científicos, reducirán la tasa de mortalidad y nos permitirán vivir con el virus, en vez de estar luchando constantemente contra él.

¿Pero es esto posible?

Objetivo inalcanzable

Eliminar la COVID de la faz de la Tierra sería grandioso, por supuesto, dadas las muertes y la destrucción que causa.

Pero el único problema es que la erradicación solo ha sido lograda con un virus: la viruela, en 1980.

Tomó décadas llegar a este punto, y científicos y gobiernos solo pudieron lograrlo gracias un serie de circunstancias únicas.

Primero, la vacuna era tan estable que no necesitaba ser refrigerada y, cuando era suministrada, era obvio de forma inmediata si había funcionado o no.

También era evidente cuando una persona se había infectado. No era necesario para ello hacer un test de laboratorio, lo cual era una gran ventaja a la hora de contener brotes.

La COVID, como todos sabemos, es completamente diferente.

La estrategia “COVID cero”

En cambio, el movimiento llamado “cero COVID” tiende a hablar de eliminación. Esto significa básicamente reducir el número de casos a cerca de cero en un territorio y mantenerlo así.

Viruela

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Una serie de circunstancias únicas hicieron que la viruela pudiese erradicarse en 1980.

Uno de los defensores de más alto perfil de esta teoría es la profesora Devi Sridhar, experta en salud pública de la Universidad de Edimburgo, en Escocia.

Sridhar cree que deberíamos tratar a la COVID-19 como al sarampión, que ha sido mayormente eliminado en los países ricos.

La profesora argumenta que las continuas restricciones para reducir el número de casos junto con un sistema más efectivo de rastreo y testeo, más vacunación, permitiría contener al virus y regresar a una “suerte de vida doméstica normal”, donde la apertura de restaurantes, bares y la realización de eventos deportivos y musicales fuera posible.

Pero el precio a pagar, dice, sería restringir los viajes internacionales e imponer restricciones en las fronteras, así como “cuarentenas breves y severas” cuando los casos suban de forma inevitable.

Deepti Gurdasani, epidemióloga clínica de la Universidad de Londres, es otra defensora de esta estrategia. Ella es una de más de 4.000 signatarios de la petición “COVID cero”, que hace un llamado para que se debata esta propuesta en el parlamento británico.

“La vida podría retornar a algo parecido a la normalidad. Podríamos incluso abrir corredores de viaje con otros países que han seguido ese camino”, dice.

El problema del enfoque del sarampión

Quizás sea una perspectiva tentadora, pero una que muchos creen que está fuera del alcance o que requeriría restricciones tan sostenidas que los costos económicos y sociales serían enormes.

“COVID cero no es compatible con los derechos individuales y las libertades que caracterizan a las democracias de posguerra”, señala el profesor Francois Balloux, director del Instituto de Genética del University College de Londres.

Países como Nueva Zelanda, Taiwán y Australia han logrado esto porque pudieron evitar que el virus se afianzara, y todo parece indicar que una vez que las poblaciones de estos países estén vacunadas, comenzarán a levantar las restricciones en las fronteras.

Aeropuerto

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Una condición de la estrategia COVID cero es el cierre de fronteras.

Pero ningún país que haya visto la propagación del virus como ocurrió en Reino Unido ha logrado suprimirlo hasta el punto de eliminarlo.

Las vacunas en teoría son una nueva herramienta para alcanzar esto, como ha pasado con el caso del sarampión.

Pero hay una falla significativa en este argumento, explica la profesora Jackie Cassell, experta en salud pública de la Universidad de Brighton.

El sarampión, dice, es un virus “inusualmente estable”. Esto significa que no cambia de una manera que le permita evadir el efecto de la vacuna. De hecho, la misma vacuna se ha utilizado esencialmente desde la década de 1960, y también proporciona inmunidad de por vida.

Ya está claro que, “lamentablemente”, este no es el caso de este coronavirus, dice Cassell.

El desafío es mantenerse por delante del virus

Las variantes que han surgido en Sudáfrica y Brasil le permiten al virus cambiar para evadir parte de la inmunidad creada por las vacunas.

El virus que circula en Reino Unido también ha mutado y ha conseguido un cambio clave -conocido como E484- que permite que esto suceda.

A medida que se vacunen más personas, es probable que esto aumente. Esto se debe a que las mutaciones que pueden sortear la respuesta inmune de alguna manera tendrán una ventaja selectiva, señala Adam Kucharski, profesor de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, quien ha llevado a cabo una investigación sobre brotes globales desde Zika hasta Ébola.

“No podemos salvarnos de esto. Puede que necesitemos actualizar las vacunas”.

Vacuna

PA Media
Las vacunas en teoría son una nueva herramienta para detener la propagación del virus.

El desafío es, entonces, “estar por delante del virus”, explica. Pero esto no es, según cree, tan difícil como parece.

Los coronavirus cambian menos que la gripe, dice, lo que significa que las vacunas deberían seguir siendo efectivas en una gran medida.

Es más, el hecho de que las mutaciones que se están viendo compartan algunas características clave nos da una buena idea de la ruta que están siguiendo. “Es de esperar que sea más fácil de actualizar que la vacuna de la gripe, donde hay muchas cepas diferentes”.

Aunque advierte que se debe tener sumo cuidado en este momento, ya que una población que está construyendo inmunidad en un momento en que hay mucha infección alrededor proporciona un caldo de cultivo ideal para que las variantes escapen de esas vacunas.

Kucharski dice que es demasiado pronto para saber si llegaremos al punto en que el coronavirus pueda tratarse como una gripe, ya que aún no hemos visto por completo el impacto que tendrán las vacunas.

Eliminar el riesgo

Esta precaución es comprensible, ya que los científicos quieren ver primero la evidencia del despliegue del programa de vacunación en el mundo real. Salud Pública de Inglaterra está llevado a cabo un estudio en que analiza esto, y se espera que se publique antes de que se levanten las restricciones.

Pero todas las indicaciones de los ensayos clínicos y la experiencia de Israel, que lidera el tema de la vacunación de la población en el mundo, es que tendrán un impacto significativo en las infecciones, y donde no, al menos contribuirán a evitar casos serios de COVID-19, complicaciones cuando los síntomas se prolongan, así como muertes.

Coronavirus

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Todo indica que podemos llegar a un punto en que, como dijo el principal asesor médico de Inglaterra, Chris Whitty, la COVID no sea un riesgo.

Para aquellos que todavía son susceptibles porque se niegan a vacunarse o porque la vacuna no ha funcionado en ellos, el avance en los tratamientos será vital.

Todo indica que podemos llegar a un punto en que, como dijo el principal asesor médico de Inglaterra, Chris Whitty, la COVID no sea un riesgo.

Esto no significa que nadie morirá. Whitty ha hablado de llegar a un tasa de muertes “tolerable”. Y ciertamente muchos esperan que el próximo invierno sea un desafío, con especial preocupación de que las comunidades más desfavorecidas sean las más afectada, por el temor de que la aceptación de la vacunación haya sido más baja en estas áreas.

Pero es fácil olvidar que la gripe también puede matar a gran escala. En 2017-18, por ejemplo, más de 20.000 personas murieron en Reino Unido a causa de la gripe.

Fue un invierno duro y frío y las muertes por otras causas, como enfermedades cardíacas y demencia, también aumentaron, lo que llevó el exceso de muertes invernales a cerca de 50.000. La sociedad apenas parpadeó.

“Hemos convivido con los virus durante milenios”, dice el profesor Robert Dingwall, miembro del Grupo de Amenazas de Virus Respiratorios Nuevos y Emergentes del gobierno. “Haremos lo mismo con la COVID”.


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