Esa luz que nos deslumbra, el libro que muestra otra cara del 68 (capítulo de regalo)
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Esa luz que nos deslumbra, el libro que muestra otra cara del 68 (capítulo de regalo)

Fabrizio Mejía presenta en su nuevo libro el rostro del gobierno, el del ejército y la gente que nunca se enteró del movimiento estudiantil que se fraguó en 1968.
29 de septiembre, 2018
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Eduardo Valle, conocido como “El Búho”, fue exdirigente del Consejo Nacional de Huelga y participó en el movimiento estudiantil de 1968. Durante la histórica Marcha del Silencio él fue el único orador donde mencionó la frase: Esa luz que nos deslumbra, título que el escritor Fabrizio Mejía Madrid acunó para su nuevo libro.

“No es una novela sobre el lado de los estudiantes que es lo que siempre vemos, es una historia que cuenta el lado del gobierno, el lado del ejército, de la gente que de veras no se enteró lo que estaba sucediendo entre los universitarios de la Ciudad de México, entre el Poli y la UNAM”, dijo el autor Fabrizio Mejía en entrevista para Animal Político.

Del lado del gobierno, Mejía Madrid contrapone la situación política con un sexenio liderado por el presidente Gustavo Díaz Ordaz, que ordenó la matanza de los estudiantes, con un país donde los jóvenes se rebelaron contra la autoridad.

Mejía señaló que una de las razones por las que escribió este libro fue la idea de transmitir la memoria de los eventos de hace 50 años a la nueva generación, “según yo, no falta nada está todo lo que pasó, incluso cosas que no pasaron en el DF como lo de Canoa”.

A 50 años del movimiento estudiantil

Para Fabrizio el movimiento estudiantil del 68 fue una participación fuera de los canales de convocatoria de la autoridad contra la autoridad.  Ese hecho hizo del 68 un origen mítico en el sentido más antropológico de la palabra donde, todo lo que pasa -cuando se trata de participación directa de la gente, la ciudadanía o de rebelión- se dice que tiene un origen en el 68”.

Con 40 episodios en Esa luz que nos deslumbra, el autor lleva al lector por un recorrido de la historia, con “un ejercicio de soberanía nacional en el sentido más puro, es decir, no es una rebelión armada, ni uno solo de los participantes en el 68 se fue a la guerrilla. No hay uno solo, ni con la vía armada ni con la vía electoral”.

Mejía Madrid agregó: “los estudiantes no estaban pidiendo elecciones libres ni que hubiera IFE, si estaban en la calle y pedían hablar con el presidente es porque los desaparecían, los encarcelaban. Tan simple y poderoso como eso”.

El 68 y las nuevas generaciones

Hablar del movimiento estudiantil de 1968 a cinco décadas de que aconteciera muestra la reivindicación de los jóvenes mexicanos al momento de rebelarse y alzar la voz ante el gobierno y las autoridades en turno, por ello, una de las organizaciones más importantes del movimiento fue tener representación por escuela en el Consejo Nacional de Huelga. “Una representación que era irrevocable por las asambleas de las escuelas”.

“Las asambleas de las escuelas no eran tampoco autoridad, no había una dirigencia como tal, los que manejaban el movimiento eran las brigadas, eran los comités de lucha de cada escuela y para pertenecer a un comité de lucha bastaba con que te presentaras a la asamblea”.

A decir del autor, el chiste de una generación es que desobedezca, que se rebele. Creo que una de las cosas más importantes de la generación millennial, es este cuidado que tiene con los conceptos, los datos, las cosas que se dicen, es decir, toda la parte verificatoria del lenguaje y de las cifras, los hechos.

¿Por qué leer Esa Luz que nos deslumbra?, se le preguntó al autor.

“Es un libro que hice con la idea de transmitir la memoria de los eventos de hace 50 años a la nueva generación, donde las referencias históricas permiten al lector entender los hechos que acontecen en películas y documentales”.

“En las referencias fílmicas del 68 de esos años está Canoa que nada más son reacciones a trabajadores, que ni siquiera son estudiantes, sino trabajadores de la Universidad de Puebla que creen que les van a quitar a sus hijos y quemar la iglesia, entonces los matan”.

Otra de las referencias a las que hace mención el autor es la película Rojo Amanecer desde una de las perspectivas de uno de los departamentos de Tlatelolco; el largometraje Tlatelolco de Carlos Volado “que en realidad se centra -y él lo ha dicho como autocrítica- en una historia de amor  y no tanto en los hechos”, así como  El Grito, un documental hecho por estudiantes del CUEC, “igual es un poco confuso si no se tienen las referencias de qué es lo que está pasando”.

Fabrizio Mejía Madrid nació en México en el año de 1968. Es escritor y periodista, es autor de 30 libros entre los que destaca novelas, novelas históricas, crónicas y un cómic o novela gráfica.  Desde 2001 escribe en la revista Proceso y desde hace dos años es columnista semanal en ese mismo medio, además de haber colaborado en el diario La Jornada.

Animal Político con autorización del autor Fabrizio Mejía Madrid y bajo el sello de Editorial Grijalbo trae para ti un Capítulo de Regalo de la obra Esa luz que nos deslumbra.

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'El día que descubrí que nací sin vagina por una enfermedad'

Julian Peter nació con el síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser (MRKH). Además de aceptar que no podría tener hijos, la joven debió combatir los prejuicios y la ignorancia de muchos en su comunidad.
19 de agosto, 2020
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Una pregunta de rutina por parte de su médico llevó a Julian Peter, una joven de Kenia de 29 años, a descubrir que había nacido sin útero, sin cuello uterino y sin vagina.

Doce años después, compartió su historia con la BBC. Este es su testimonio.

“Nací con una enfermedad llamada síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser (MRKH).

Las mujeres que paceden esta enfermedad nacen sin útero, sin cuello uterino y sin vagina, y a veces también sin un riñón.

Como no tengo útero, jamás tuve una menstruación. Pero no me siento mal por eso.

Cuando las personas se enteran de mi enfermedad reaccionan en formas diferentes.

“Pueden decir lo que quieran”

Alguien me recomendó una vez que fuera a algún sitio a pedir que rezaran por mí.

Otra persona afirmó que seguramente mi abuela debía haber hecho algo malo, porque provengo de Ukambani, una región asociada con la hechicería.

Pueden decir lo que quieran, pero lo que realmente importa es la manera en la que yo reacciono.

Si comenzara a prestar atención a las opiniones de otras personas, eso seguramente afectaría a mi confianza y me haría dudar sobre mí misma.

Descubrí que tenía el síndrome a los 17 años. En esa época era una estudiante.

Fui al hospital porque se me hinchaban las piernas.

Lo primero que me preguntó el médico fue cuando había menstruado por última vez. Le respondí que jamás había tenido un período.

En el hospital me hicieron una tomografía, que reveló que mi aparato reproductivo no tenía un orificio exterior.

Me operaron para intentar abrir un canal vaginal, pero la intervención no tuvo éxito.

Otra tomografía mostró que no tenía útero ni cuello uterino y me diagnosticaron con MRKH.

Lloré durante tres días tras ese diagnóstico, pero luego decidí seguir adelante con mi vida.

Tenía solo 17 años y era muy joven, por lo que mi prioridad era volver al colegio.

Estaba todavía en el hospital con mi madre, que me crió sola.

Ella quedó en shock con la noticia, e incluso se preguntaba si como madre tenía alguna responsabilidad y había cometido algún error.

“No quería operarme”

Como había estudiado biología, entendí bien lo que el médico me dijo aquella primera vez.

Pero yo no quería pasar por una operación en ese momento, porque quería terminar mis estudios.

Diez años después, regresé al hospital y tuve otra operación que sí tuvo éxito.

El tipo de MRKH que yo tenía significaba que no tenía útero ni cuello uterino. También carecía de vagina y solo tenía un riñón. La operación fue para crear un cana vaginal.

Mi vida es normal, pues el MRKH no interfiere con cómo yo quiero vivirla.

Pero otras personas con este síndrome precisan de apoyo psicológico profesional para superar el impacto emocional.

Una vez que comprendes las implicaciones de esta enfermedad debes descartar la posibilidad de tener hijos biológicos.

Me hicieron cuatro tomografías en total y en ninguna de ellas se detectó la presencia de ovarios, por lo que tampoco es posible extraer óvulos para fertilización in vitro.

Debemos aceptarnos como somos. Aunque darte cuenta de que no eres como otras mujeres es difícil y precisas tener a alguien con quien conversar.

Conocí a otras personas aquí en Kenia que padecen el mismo síndrome y compartimos nuestras experiencias.

Acepté mi enfermedad desde el comienzo y me acepté a mí misma, por lo que puedo decir que me siento bien.

Explicaciones a mi pareja

Tuve algunas relaciones sentimentales. Y nunca dejo pasar mucho tiempo antes de hablar con quien en ese momento es mi pareja y contarle sobre mi enfermedad.

Si quieren aceptarla, lo harán. Pero los seres humanos son apenas seres humanos.

Y muchos de los hombres a quienes les conté sobre mi síndrome simplemente me dejaron. Otros me acusaron de mentir para ahuyentarlos.

En estos momentos no tengo pareja, pero todo es obra de Dios.

Tuve la operación para construir el canal vaginal en 2018 y aún no me siento preparada para tener una relación sexual.

Tampoco estoy lista para encarar un matrimonio.

Y creo que si algún día me caso, una opción sería adoptar.

Consejos a los padres

Me llevó al menos 10 años decidir hablar públicamente sobre mi historia.

Hay muchas personas que no entienden qué es el MRKH y quiero crear conciencia sobre este síndrome.

Ilustración del aparato reproductivo femenino

Science Photo Library
“Abrir el canal vaginal es una operación dolorosa. Yo recomiendo a los padres que no acepten operar a sus hijas cuando son niñas”.

En primer lugar, a los padres de bebés con la enfermedad les digo que no acepten operar a sus hijas mientras son niñas.

En mi opinión, la cirugía solo debe ocurrir cuando ellas entiendan más sobre el síndrome, porque la operación es un procedimiento complejo y largo.

Es una intervención dolorosa y una niña no entendería qué le está sucediendo.

Los padres también deben informarse sobre este síndrome para poder ayudar a sus hijas a lidiar con el estigma que seguramente enfrentarán.

Formé un grupo de apoyo y sé que las personas con MRKH enfrentan todo tipo de desafíos.

Algunas mujeres están casadas y se ven ante una gran presión por parte de sus suegros, quienes quieren nietos. Una joven me contó que sus suegros la acusan de ser en realidad un hombre.

Así que en mi grupo escuchamos a las personas y las alentamos.

Lo importante es ayudarnos entre nosotras porque esta travesía puede ser difícil”.


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