Con actividades culturales y recreativas, maestros de Tamaulipas le hacen frente a la violencia y el miedo
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Especial

Con actividades culturales y recreativas, maestros de Tamaulipas le hacen frente a la violencia y el miedo

Estos profesores de una zona escolar de Tamaulipas buscan que sus alumnos de preescolar no jueguen a los policías y ladrones y desarrollen otro tipo de actividades.
Especial
Por Andrea Vega
6 de septiembre, 2018
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Ana Lilia de la Cruz no quiere que en la zona escolar de Tamaulipas donde trabaja como supervisora de preescolar los alumnos jueguen a los policías y ladrones. No le gusta que reproduzcan la violencia. Quiere darles otras opciones.

Es difícil, según reconoció en entrevista, porque en esta área hay poco para estimular el desarrollo y la curiosidad de los niños. No hay museos, ni teatros. Hay balas y miedo.

De acuerdo con el ranking 2017 de los municipios más violentos de México, elaborado por el Consejo Ciudadano para la Seguridad Publica y Justicia Penal A.C, Tamaulipas cuenta con ocho localidades con graves problemas de inseguridad.

Ana Lilia prefiere no hablar de la violencia en la zona. Es prudente y seguro tiene un buen motivo. Aun así confirmó que varias familias se han ido de las comunidades.

Ella no piensa dejar su labor. Dijo que pese al clima de inseguridad que se vive en el estado se quedará en la zona, pues su principal motivación es que los niños sigan aprendiendo.

“No es que no tengamos miedo, pero es como les decimos a los padres, es importante que los niños asistan a la escuela. Estamos viviendo esto como sociedad pero hay que enfrentarlo”, explica.

A la región llegó a trabajar en marzo de 2017. En la Zona 71, en el centro sur de Tamaulipas, entre los municipios de Antiguo y Nuevo Morelos, tiene bajo su supervisión 10 preescolares, 14 educadoras y 396 alumnos. La asociación civil Mexicanos Primero la eligió para estar entre quienes recibieron el Premio ABC, un reconocimiento otorgado cada año a docentes con una labor ejemplar.

La estrategia de esta supervisora es la unidad con el equipo de las escuelas y con las familias de los alumnos, trabajo duro y enseñar a los niños opciones distintas a la violencia.

Ana Lilia platicó que junto con los profesores elabora las actividades alternativas que se hacen en cada clase, por lo que siempre está pendiente de los retos que surgen una vez que se implementan en las aulas.

“Todos hemos asumido la responsabilidad de que los niños asistan a la escuela y aprendan. Pero también de que en las clases se sientan a gusto y puedan expresarse. Ellos escuchan las pláticas de los mayores. Saben lo que se vive en la región. Así que queremos que en la escuela escuchen otras cosas, se interesen en eso y estén contentos”, dice.

La maestra presumió que ya han logrado que los alumnos de sus preescolares hablen de las pinturas de Botero o de Frida Kahlo. “Hacemos actividades donde ellos reproducen obras de arte. Un alumno reprodujo muy bien el Cielo Estrellado, de Van Gohg. Luego la gente cree que porque viven en comunidades no pueden hacer esas cosas. Pero sí se les da el espacio, la oportunidad, claro que pueden”, afirma.

Para lograr ese impacto, los docentes y Ana Lilia mantienen a los padres involucrados en las actividades de la escuela.

“No los llamamos para que vengan a limpiar los vidrios o cosas así, como solía hacerse. Ahora trabajamos directo con ellos en la cuestión pedagógica. El padre debe ser parte del aprendizaje de los niños”, expone.

Los viernes, por ejemplo, una mamá acude a leer un cuento. Pero es algo que se prepara con anticipación entre la lectora y los profesores. Cuando llega al salón la invitada sabe que después de narrar la historia hará un cuestionamiento dirigido para ver qué aprendieron los alumnos de la lectura.

“Con eso los niños no solo aprenden, les da mucha seguridad ver a sus padres haciendo una actividad que por lo general solo hacen sus profesores”,

Las maestras les explican a las madres cómo hacer ese cuestionamiento dirigido y están presentes durante la actividad para apoyar en cualquier duda.

“Algunas mamás hasta vienen disfrazadas de los personajes del cuento que van a leer. Se va corriendo la voz de que una hizo tal cosa durante la actividad y se genera una competencia sana. Y sí, son personas de comunidades, pero, otra vez, si se les da la oportunidad, lo hacen”.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg. 

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Las ‘Soñadoras afganas’, el equipo adolescente de robótica que recibió asilo en México

Las llaman las "Afghan Dreamers" y eran vistas como una de las promesas de la ciencia y la tecnología en Afganistán. Esta es su apasionante historia llena de desafíos.
26 de agosto, 2021
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Las llaman las “Afghan Dreamers” (las soñadoras afganas) y eran vistas como una de las promesas de la ciencia y la tecnología en su país.

Son un grupo de unas 20 adolescentes de entre 13 y 18 años que formaron el primer equipo femenino de robótica de Afganistán, una nación donde el desarrollo de la ciencia nunca fue una aspiración generalizada (y mucho menos hecha por mujeres).

Si lo lograron fue porque muchas de ellas nacieron -y todas crecieron y estudiaron- en un país que, de alguna forma, ya no existe.

El pasado 15 de julio, los talibanes -que gobernaron Afganistán con mano férrea y restringieron los derechos de las mujeres en la década de 1990- regresaron al poder, luego de que el gobierno huyera y el Ejército no ofreciera prácticamente resistencia a los militantes islámicos.

Desde entonces, miles de personas como las “soñadoras afganas” han tomado la difícil decisión de abandonar su país y buscar refugio por temor a represiones o ajustes de cuentas de los talibanes.

No todos han logrado escapar y las imágenes del caos en el aeropuerto de Kabul se repiten día tras día.

Sin embargo, después de cruzar por seis países y tras numerosos trámites consulares y burocráticos, las cinco adolescentes que formaron el equipo de robótica en sus inicios (Fatemah Qaderyan, Lida Azizi, Kawsar Roshan, Maryam Roshan y Saghar Salehi) recibieron este martes asilo temporal en México.

“Un mundo con igualdad de género”

Ellas fueron las primeras de un numeroso grupo de refugiados afganos que llegará a México y a otros países de América Latina en los próximos días mientras continúan los vuelos de evacuación y se resuelve su paradero final.

“Recibimos a las primeras solicitantes de estatus humanitario en México provenientes de Afganistán, ellas forman parte del equipo de robótica de ese país y defienden un sueño: un mundo con igualdad de género. Bienvenidas”, tuiteó el canciller mexicano, Marcelo Ebrard.

Según informó el gobierno, las jóvenes recibieron un visado por razones humanitarias con el cual podrán permanecer en el país por 180 días, con posibilidad de extensión.

Asimismo, indicó que recibirán alojamiento y alimentación gratis gracias al apoyo de varias organizaciones.

Grupos de derechos humanos agradecieron la iniciativa pero criticaron cómo la bienvenida a las jóvenes afganas contrasta con el trato que reciben otros migrantes en la frontera sur de México, que en ocasiones son retornados a sus países y muchos denuncian ser víctimas de abusos, malos tratos y violencia.

Esta madrugada, México recibió a otro grupo de 124 personas procedentes de Afganistán compuesto por periodistas y sus familiares.

Quiénes son las jóvenes

El grupo de “soñadoras afganas” fue creado hace cuatro años por Roya Mahboob, una emprendedora tecnológica que dirige el Digital Citizen Fund, un grupo que imparte clases para niñas en ciencia, tecnología, ingeniería, matemáticas y robótica.

El proyecto, que tuvo como centro la provincia de Harat, en el oeste de Afganistán, tenía como objetivo promover la ciencia y empoderar a las menores afganas en una nación donde el rol de las mujeres estuvo limitado al hogar durante los años del poder talibán.

Poco después de la creación del grupo, en 2017, las adolescentes comenzaron a recibir atención internacional cuando ganaron el Premio Especial en el Campeonato Internacional de Robótica celebrado en Washington DC.

Refugiados afganos en México

Getty Images
México recibió este miércoles a otro grupo de refugiados afganos, en su mayoría periodistas y sus familiares.

Su premio sorprendió no solo por tratarse de adolescentes que llegaban de un país donde las mujeres y niñas carecían de derechos elementales hasta hacía poco, sino también porque tuvieron que sortear numerosas odiseas para llegar a EE.UU.

Tras ser aceptadas para la competencia -la primera vez que alguien de Afganistán lo conseguía- recorrieron más de 800 kilómetros por carretera desde sus hogares en Harat hasta la embajada estadounidense en Kabul.

Al llegar allí, sin embargo, les negaron la visa. Lo intentaron otra vez y le fue denegada de nuevo.

Solo una intervención especial del entonces presidente Donald Trump permitió el viaje, aunque la visa no fue el final de sus peripecias.

Poco antes de del vuelo, el gobierno afgano les confiscó los materiales de robótica con los que pensaban presentarse a la competencia.

No obstante, lograron finalmente llegar hasta Washington donde captaron la atención de la prensa estadounidense tras todos los obstáculos vividos en su viaje.

En época de coronavirus

Después de esto, las adolescentes ganaron también renombre en Afganistán.

Cuando comenzó la pandemia el año pasado, fueron convocadas junto a un grupo de médicos, ingenieros y académicos para intentar buscar soluciones a un desafío.

Harat, la provincia donde vivían, estaba sufriendo los embates del covid-19 por una creciente escasez de respiradores artificiales.

Las jóvenes propusieron entonces un proyecto para tratar de ayudar a su comunidad: construir unos respiradores utilizando un diseño de ingenieros del MIT de EE.UU. y piezas de repuesto de autos Toyota Corolla.

Tras contactar a los expertos estadounidenses para usar el prototipo se pusieron manos a la obra. Muchas trabajaban en ayunas por encontrarse entonces en el mes de Ramadán, en el que los creyentes islámicos no comen hasta la puesta del Sol.

Las cuarentenas las obligaban además a trabajar de manera individual. Algunas incluso se reunían solo enel momento de ensamblar las piezas en la que trabajaba cada una (varias se enfermaron de covid en esos meses).

La huida

Con el paso del tiempo y al hacerse reconocidas internacionalmente, al grupo se le fueron sumando otras miembros nacidas casi todas después de 2001, cuando el Talibán perdió el poder tras la invasión de EE.UU.

Con el regreso del grupo islámico hace 10 días, muchas temieron ser víctimas de represalias. Tras varios intentos fallidos, lograron volar inicialmente a Qatar, donde las primeras cinco integrantes del grupo supieron que México les había aprobado el asilo.

“No solo salvaron nuestra vida sino también nuestros sueños, que buscamos se hagan realidad (…)”, dijo una de las jóvenes en una conferencia de prensa este martes tras llegar al aeropuerto de Ciudad de México.

Jóvenes afganas en México

AFP
Las jóvenes agradecieron a México por recibirlas.

La joven explicó que, dado que los talibanes retomaron el poder la situación ya no estaba “a nuestro favor”.

“En este régimen, las niñas nos vemos con dificultades (…) por eso agradecemos estar aquí”, dijo.

También indicó que, bajo la interpretación de la ley islámica que hace el grupo, sería muy difícil para ellas seguir dedicándose a la ciencia.

“Nuestra historia no terminará triste por los talibanes”, aseguró la joven.

Según reportes de medios de EE.UU. algunas ya han recibido ofertas de becas para estudiar en algunas universidades estadounidenses.


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