Museo Nacional de Brasil: la memoria de un continente se volvió ceniza
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Museo Nacional de Brasil: la memoria de un continente se volvió ceniza

El acervo único del Museo Nacional de Brasil, inaugurado hace 200 años en Río de Janeiro, con 20 millones de piezas de arte, fue consumido por el fuego y la negligencia de los políticos, quienes desdeñaron la herencia de la humanidad que sus paredes albergaba.
Foto: AFP
Por Leonardo Cavalcanti /Newsweek en Español
9 de septiembre, 2018
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BRASILIA, BR.— El Museo Nacional, en Río de Janeiro, comenzó a arder a las 19:30 horas del primer domingo de septiembre. Y se quemó durante seis horas. Poco se hizo antes o durante el incendio que transformó en cenizas la memoria de todo un continente. Fundado hace dos centenares de años, el palacio fue consumido por las llamaradas y por la negligencia de los políticos que, a lo largo de los últimos días, intentan deshacerse de la culpa en un juego de estira y afloja y faltas de respeto. Los perjuicios para un pueblo son incalculables, considerando los 20 millones de piezas de arte que abrigaban las estructuras mal cuidadas de madera, con hilachas expuestas, paredes peladas por la acción del tiempo y sin ninguna planificación de riesgos.

Allí, exhibidos de manera descuidada, como se comprueba ahora, estaban libros raros —una parte de ellos no catalogados—, piezas prehispánicas, momias, especies de la fauna y flora brasileña, algunos aún no descritos, e incluso fósiles. Para montar el mosaico del descalabro, Newsweek en Español entrevistó a historiadores, museólogos, arquitectos, científicos políticos y ministros en el intento de explicar la tragedia. A pesar de la compleja tarea, una cosa se puede afirmar: faltó cuidado con la historia.

La tragedia es aún más lamentable cuando se compara cuánto se destinó de recursos al museo y lo que se invirtió en actividades para realizar eventos deportivos, como la Copa del Mundo de Futbol. En el estadio Maracaná, solo con estructura temporal, como lo fueron las tiendas hechas para los patrocinadores, se gastaron 8 millones de dólares (en valor actual) en 2014. En total, el estadio costó más de 317 millones de dólares. En ese mismo año, los recursos para el museo comenzaban a caer vertiginosamente de 220 millones de dólares a menos de 100,000 dólares en este año.

“Perdimos una parte del patrimonio de la humanidad. Mostramos al mundo cómo el brasileño cuida mal de su historia y del planeta en que vive. Es lamentable”, afirma el arquitecto Paulo Rezzutti, uno de los mayores estudiosos de la familia imperial. El 7 de septiembre, cuando se celebra la Independencia de Brasil de Portugal, un estudiante iba a dar un discurso en el Museo Nacional de la emperatriz Leopoldina —la primera esposa del rey Pedro I—, que vivió en el palacio hasta su muerte, en 1826.

En junio, el palacio había cumplido 200 años de fundación, lo que lo hacía el órgano científico más antiguo de Brasil, con uno de los mayores acervos sobre historia natural y antropología de las Américas. Oficialmente, el edificio fue ocupado en 1818 por Don João VI, el rey de Portugal, Brasil y Algarve.

El inmueble se transformó en museo en 1892 al agregar las colecciones imperiales, entre ellas, las de la emperatriz Leopoldina. Antes, entre 1889 y 1891, fue sede de la primera Asamblea Constituyente de la República brasileña. Situado en la Quinta da Boa Vista, el museo se encuentra en un complejo paisajístico público en la zona norte de Río, a solo 13 kilómetros de la famosa playa de Copacabana. Durante el incendio, el combate de los bomberos a las llamas fue perjudicado por la falta de agua en los dos hidrantes cercanos al edificio.

La operación para golpear las llamas tuvo que ser hecha con camiones-pipas, y una bomba también fue usada para retirar agua de un lago cercano. Una improvisación, principalmente si se considera la gran estructura de madera del palacio, los materiales de algunos artículos, como libros, y las obras altamente inflamables. En medio del caos, profesores, funcionarios y alumnos arriesgaron la propia vida para intentar salvar algo del acervo.

RAREZAS

El incendio comenzó después del horario de visitas del edificio público, que el domingo se cerró a las 17:00 horas, según informaciones que aún constan en el sitio del museo. Con la noticia del fuego, algunas personas se dirigieron hacia el lugar. Los relatos de heroísmo de aquella noche son varios, como los de personas que derribaron puertas para retirar materiales de investigación de la sala de crustáceos y rarezas del departamento de paleontología. Las búsquedas se interrumpían una y otra vez por gritos y lamentos.

Hasta la noche del miércoles, los expertos de la Policía Federal no tenían respuestas sobre las causas del incendio. Además del análisis en el sitio, se recogieron imágenes de las cámaras de seguridad para hacer una maqueta en 3D para prevenir posibles nuevos derrumbes —un riesgo aún presente, lo que ha obstaculizado el rescate de piezas—. Otra de las razones que imposibilita recuperar el arte es el hecho de que el agua usada por los bomberos en el momento de la operación pudo haberles causado daño.

Además, 72 horas después de la tragedia, los investigadores todavía esperaban que la temperatura de los objetos dañados bajara para poder ser removidos del área de peligro. La lluvia en la estructura abierta y los hongos también preocupan a los rescatistas.

Una de las hipótesis para la tragedia es un cortocircuito en uno de los laboratorios de ciencia. El fuego se habría extendido debido a la carencia de sistemas contra incendios más modernos. Otra hipótesis es que un globo artesanal, creado a partir de materiales inflamables, como velas, papeles y maderas, se incendió. La segunda sospechosa fue detenida después de que testigos dijeron haber visto que el fuego se iniciaba desde el piso de arriba hacia abajo, en la parte trasera del museo.

Los investigadores tienen un mes para concluir la averiguación. Rezzutti y otros investigadores entrevistados son escépticos en relación con lo que puede ser recuperado en las búsquedas. “Tengo pocas esperanzas en relación con lo que estaba dentro del edificio. Creo que la única esperanza es la recuperación del edificio mismo”, dice, y remata: “Esto debería servir de lección. No tenemos gobernantes que valoren realmente nuestra cultura e inviertan en la educación. El pueblo está asistiendo boquiabierto sin que se tomen medidas preventivas”.

El último domingo, antes del incendio, el palacio todavía guardaba el cráneo de Lucía, el fósil humano más antiguo de América, con cerca de 13,000 años. El esqueleto fue encontrado en 1975 en un sitio arqueológico de Minas Gerais, estado del sureste brasileño, y acabó incorporado al acervo del Museo Nacional. Después de la tragedia, fragmentos de un cráneo fueron encontrados entre los escombros del edificio, pero se tenía certeza de que se trataba de Lucía, considerada la “primera brasileña”.

La pérdida de los restos de Lucía representa una segunda tragedia sobre la prehistoria de las Américas. La importancia del hallazgo en la década de 1970 es comparada con los grandes descubrimientos de la ciencia, pues contradice teorías establecidas hasta ahora. Lucía, por tener rasgos negroides, según algunos estudiosos, ataca la tesis principal de que parte del continente americano fue poblado por asiáticos.

Los visitantes podían ver momias egipcias de 3,000 años de antigüedad, tesoros de piratas del siglo XVI, artefactos de pueblos indígenas brasileños, una de las colecciones de dinosaurios más importantes del país, como el Maxakalisaurus topai, que habitó Brasil hace al menos 80 millones de años. Una parte de la colección de momias la compró Pedro I a un comerciante italiano que estaba de paso por Río de Janeiro en 1826. Nicolau Fiengo, el vendedor, había adquirido las piezas de un explorador de la necrópolis de Tebas, actual ciudad de Luxor, en el sur de Egipto.

“Con millones de piezas y obras es difícil elegir uno de los más simbólicos y representativos. Pero creo que la parte egipcia es una de las grandes pérdidas mundiales”, afirma el arquitecto Paulo Rezzutti. El incendio también pudo haber diezmado piezas importantes para el estudio de los pueblos indígenas, como es el caso de la máscara del pueblo Tikuna, que vivía en el Amazonas y acabó esclavizado aún en los años 1600. Entre los objetos perdidos pueden estar los encontrados en expediciones del médico y antropólogo Edgar Roquette-Pinto, realizados a principios del siglo XX.

COLECCIÓN

Citar algunas rarezas del museo es hacer un viaje por la historia de Brasil y del mundo. Una de las primeras piezas del acervo fue la tumba de Daomé —un antiguo reino de África, ubicado donde hoy es Benín—. El artículo fue un regalo de un rey local a João IV. El edificio, de proporciones gigantescas, tenía dos pabellones, donde las piezas eran distribuidas entre salas, como la del trono, que se mantenía preservado desde la época de la vivienda de la familia real en el siglo XIX. El lugar abrigaba joyas, pinturas y muebles coloniales.

El edificio fue tumbado en 1938. Mucho antes, a principios de los 1800, perteneció al comerciante de esclavos Elias Antônio Lopes. Con la llegada de la familia real —que abandonó a toda prisa Portugal por el temor al avance de las tropas napoleónicas en Europa—, el rey Juan VI inició un proceso de expropiación de tierras. Antonio Lopes previó la pérdida de la propiedad y la ofreció como un regalo a la familia del gobernante portugués. Según un consenso de historiadores, el comerciante imaginaba obtener ventajas del gobernante recién llegado. Y así fue, aún en 1810, consagrado caballero de la Casa Real.

Lee la nota completa en la nueva edición de Newsweek en Español 

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Desaparecidos en México: 'Encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé'

La crisis de desaparecidos en México suma ya más de 83.500 personas. Muchas madres se han organizado para buscar a sus familiares, incluso en fosas clandestinas. Cecilia Delgado encontró a su hijo en una de ellas.
4 de marzo, 2021
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La noche del 2 de diciembre de 2018 fue la última vez que vieron con vida a Jesús Ramón Martínez Delgado.

Estaba en su negocio en Hermosillo, Sonora, cuando dos policías que llegaron en una patrulla lo subieron en una camioneta que los seguía.

Su madre, Cecilia Delgado, comenzó entonces una búsqueda sin descanso. Primero por hospitales, cárceles, municipios cercanos. Después, en fosas clandestinas, donde lo encontró tras dos años de buscarlo sin descanso.

Su historia es un relato del horror que viven miles y miles de familias en México, donde suman ya más de 83.550 desaparecidos.

BBC Mundo contactó a la fiscalía del estado de Sonora. La vocera dijo que no puede dar mucha información porque es un caso en investigación. Pero la fiscal del estado, Claudia Indira Contreras, ha prometido justicia a Delgado y castigar “a quien sea que resulte culpable”.

Esta es la historia de Cecilia Delgado contada en primera persona


Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cortesía Cecilia Delgado
Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cuando mi hijo desapareció le prometí que lo iba a encontrar.

“Hijo, te prometo que te voy a regresar a casa. Te lo prometo, hijo de mi alma. Así me tarde toda una vida, así te tenga que buscar en el infierno“, le dije.

Después de dos años cumplí mi promesa. No como yo quería, pero lo encontré.

Todavía cierro mis ojos y lo veo en esas condiciones en las que estaba. No se lo merecía.

La noche de su desaparición, Jesús Ramón estaba con un amigo en su negocio, un expendio de cervezas, cuando llegaron una patrulla estatal y otra camioneta, una Chevrolet Silverado blanca con doble cabina.

Además del video de la cámara CCTV hay testigos de que dos policías lo subieron a la camioneta blanca y se lo llevaron. Nadie volvió a verlo vivo.

En la policía estatal me dijeron que me iban ayudar, que me iban a regresar a mi hijo. Me pidieron que me fuera y aseguraron que me iban a llamar. Jamás lo hicieron.

Tuve que encontrar a mi hijo yo sola porque ellos no hicieron su trabajo.

Cecilia Delgado

Lorenza Sigala
A la fecha Cecilia Delgado ha ayudado a exhumar 194 cadáveres.

Mi hijo tenía 34 años cuando se lo llevaron. Era muy alegre, le encantaba la música, bailar, cantar. Me llamaba “mi reina”, siempre me decía que me amaba y me lo demostraba.

Dejó tres hijos. La más pequeña tiene apenas 5 años. Es la que más sufre por la ausencia de su padre. “Abuela, ¿por qué te tardaste tanto en encontrar a mi papá?”, me pregunta llorando sin consuelo. Es algo que me duele en el alma.

Muerta en vida

Que un hijo desaparezca es lo más terrible que le puede pasar a una madre.

Me robaron todo. Me dejaron muerta en vida.

Poster de Buscadoras por la paz

Cortesía Cecilia Delgado
La desaparición de Jesús Ramón llevó a que Cecilia fundara “Buscadoras por la paz”.

Esos dos años fueron el infierno. Siempre pensando: “¿Dónde estará, estará comiendo, lo matarían, qué le harían?”. Es un dolor inimaginable que me carcome por dentro. Nunca jamás en la vida pensé que existiera tanto dolor.

En las noches, en la soledad y la oscuridad, la incertidumbre pega todavía más.

Todavía voy caminando y siento que es solo el cuero, porque yo ya estoy muerta por dentro. Yo estoy muerta.

Perdí las ilusiones de todo, las ganas de vivir. Solo me movía el saber que si yo no buscaba a mi hijo, nadie lo iba a hacer. Que si yo moría, nadie lo iba a encontrar.

Empecé a buscarlo por hospitales, cárceles, en muchos de los municipios de Sonora.

Luego empecé a excavar fosas clandestinas. Aunque en mi corazón siempre desee que estuviera vivo. Y se lo pedía a dios.

Me uní a un par de colectivos que excavan fosas clandestinas. Y luego, fundé el mío, Buscadoras por la Paz Sonora.

“Buscamos tesoros”

La mayoría de veces nos enteramos de la ubicación de esas fosas, donde han enterrado cuerpos, por llamadas anónimas.

Vamos allí armadas. Nuestras armas son el pico, la pala y una varilla. Vamos a donde sea, al campo, al monte, incluso a casas. Aquí el clima es extremo, el calor a veces supera los 50 grados centígrados, vemos cómo el vapor sale de la tierra. Otras veces, un frío que congela.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Lorenza Sigala
Las mujeres del colectivo buscan incansablemente a sus hijos.

Pero nada nos detiene. Es más grande el amor que tenemos por nuestros hijos, que la dureza del clima, el hambre o el miedo.

Vamos a buscar a nuestros tesoros.

Para nosotros son tesoros porque los encontramos en fosas clandestinas que tenemos que excavar. Y son, por desgracia, cadáveres.

Aún así, con todo el horror que esto significa, el encontrarlos y darles una sepultura digna nos da una relativa paz.

Sacamos a esos tesoros de la oscuridad, de esos hoyos donde después de matarlos los entierran de una manera tan vil, tan cruel que no me explico como pueda existir gente así, sin corazón, que pueda hacer tanto daño.

¿Qué pudieron haber hecho para que les hagan todo lo que he visto? Son cosas tremendas. Se ensañan de una forma bestial, igual con hombres que con mujeres.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Cortesía
El colectivo “Buscadoras por la paz” es uno de varios similares que operan en México.

Recuerdo cómo encontramos a un muchacho, creo que era un jovencito porque sus pies eran muy chiquitos. Estaba encadenado. Encadenadas sus piernas y con candado. Sus manos, amarradas con un alambre. Enterrado a más de metro y medio de profundidad.

A otros los encontramos calcinados a tal punto que será imposible identificarlos. Me duele en el alma. Pienso en sus madres, que nunca podrán encontrarlos.

“La realidad de México”

Muchos nos critican porque hacemos transmisiones en vivo en redes sociales de nuestras búsquedas. Las imágenes que se ven son muy fuertes y nos dicen que somos amarillistas.

Pero es la realidad que estamos viviendo. No es de dios que nosotros tengamos que sacar a nuestros hijos de esos lugares tan feos. De esos hoyos que incluso a veces ponen a cavar a la persona que van a matar.

Si hacemos los videos es porque queremos que la gente vea nuestra labor, lo que estamos pasando. A nadie le gusta. A mí no me gusta andar excavando fosas clandestinas. Pero es la realidad de México.

Las desapariciones forzadas están a la orden del día. Los que se indignan por ver un video, mejor que se indignen con las personas que matan a otras y con las autoridades que no hacen su trabajo.

A nosotros no nos correspondería, con todo y el dolor que cargamos, estar sacando a nuestros hijos de ahí.

Sabemos que a la mayoría de los desaparecidos los vamos a encontrar muertos, es muy raro el que regresa vivo. Y a estas alturas encontrar sus cadáveres es un privilegio.

Además, las víctimas y sus familias son revictimizadas. Es muy común que digan que si los mataron es que “andarían en algo malo”, que estaban de una manera u otra ligados al narcotráfico.

Eso es una vil mentira. Yo conozco a muchos, muchos que se han llevado que eran totalmente inocentes. Hay de todo: hombres, mujeres, jóvenes e incluso niños.

Y de los que hicieron algo malo, pues que lo procesen judicialmente, no que pongan a la familia en este infierno.

Quienes se los llevan muchas veces pertenecen al crimen organizado, pero a veces también algunas autoridades están coludidas con ellos, como fue el caso de mi hijo.

En México han matado a madres y padres por buscar a sus hijos. Por eso, muchos nos preguntan si no tenemos miedo. La verdad es que no. Y no lo digo solo por mí, sino porque lo veo en mis compañeras.

No tenemos miedo. El miedo más grande fue perder a nuestros hijos y ya lo vivimos.

Si hubiera sido posible, yo hubiera dado mi vida. La hubiera dado una y mil veces a cambio de la de mi hijo.

“Yo desenterré a mi hijo”

Después de dos años de búsqueda sin descanso, encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé.

Yo misma desenterré a mi hijo. Fue algo terrible.

Fue el 25 de noviembre de 2020, exactamente dos años después que lo viera por última vez.

Buscábamos cuerpos en un lugar donde había una docena de fosas.

Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar.

Supe que era él por los brackets en sus dientes, por su muela del juicio y porque en su cráneo todavía tenía su cabello. Su pelo castaño, con sus rulitos que no le gustaban y que siempre se peinaba con mucho gel para que no se le vieran. (Llora sin consuelo).

Después vi su ropa. Y comprobé que sí, que era mi niño.

Grité y grité. “No, no, no. No puede ser”, repetía llorando.

Pero sabía que era cierto.

Las pruebas de ADN que llegaron días después solo volvieron a confirmarlo.

Me derrumbé. El mundo se me vino abajo. A pesar de todo, esperaba un milagro.

"Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar". ", Source: Cecilia Delgado, Source description: , Image:

Yo quería tener las cenizas de mi hijo en mi casa, pero mis otros dos hijos me insistieron que no. Que tenía que dejarlo en el panteón, para que yo pudiera seguir viviendo de alguna forma.

El 8 de diciembre lo enterramos.

Durante seis horas le cantamos sus canciones, le tocamos música y bailamos. Así como él en alguna ocasión me había dicho, medio en broma, medio en serio, que quería que hiciéramos cuando muriera.

Yo le dije que se callara, que estaba loco. Que primero iba a morir yo.

Ni en mis peores pesadillas hubiera podido imaginar que me lo iban a arrebatar así.

Por eso quiero decirles a todos en México que no esperen a pasar por lo mismo que yo, que nosotras, las miles de madres que estamos así, no queremos que le pase a nadie más.

La búsqueda sigue

A la semana de encontrar a mi hijo, volví a agarrar mi pala e irme al monte con mis compañeras.

Desde que desapareció Jesús Ramón he encontrado con los distintos colectivos un total de 194 tesoros. Pero la situación es tan terrible que esta búsqueda no puede parar.

Moisés Reynoso

Cortesía Cecilia Delgado
Ahora Cecilia también busca a su sobrino, Moisés Alfonso Reynoso.

Hace siete meses también desapareció mi sobrino Moisés Alfonso Reynoso Delgado, de 28 años, hijo de mi hermana. Igual que a mi hijo yo le prometí que lo iba a encontrar.

También les he prometido a otras madres que no me detendré hasta que encontremos a sus hijos. Y las promesas se cumplen.

Por desgracia hay todavía miles y miles de tesoros por desenterrar.


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