A falta de apoyo oficial, profesores usan estambre y cascabeles para ayudar a alumnos con discapacidad
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A falta de apoyo oficial, profesores usan estambre y cascabeles para ayudar a alumnos con discapacidad

La directora y los profesores del Centro de Atención Múltiple (CAM) del municipio de Tecoh, zona maya de Yucatán, se las ingenian para diseñar material y educar a personas con diferentes discapacidades.
Especial
Por Andrea Vega
4 de septiembre, 2018
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Israel no se había comunicado nunca con nadie de su entorno. Los adultos a su cuidado interpretaban sus sonidos o movimientos. El mundo estaba restringido para él a lo que otros pensaban que quería. Tiene 8 años y vive con sordoceguera.

La directora y los profesores del Centro de Atención Múltiple (CAM) del municipio de Tecoh, la zona maya de Yucatán donde estudia Israel, se las ingenian para diseñar material para él y enseñarlo a comunicarse.

Las personas aprenden a través de dos sentidos: la visión y la audición. Con Israel esos caminos no existen. El único disponible es el tacto. Para que sepa cuáles son sus cosas, “le ponemos cascabeles a su mochila, a su silla. Con la toalla, por ejemplo, le damos dos, una con cascabeles y otra que no tiene. Cuando toma la que no tiene, se la quitamos. Cuando agarra la que sí tiene, se la dejamos y se la pasamos por las manos, así entiende que es suya”, dijo Concepción Fernández Azcorra, directora de este CAM en Tecoh, Yucatán.

Ella es una de los ocho docentes que esta noche reciben el Premio ABC, un reconocimiento otorgado por la asociación civil Mexicanos Primero a los profesores con una labor ejemplar.

La selección de los ganadores se hace con una evaluación integral y contextualizada, integrada por testimonios de la comunidad de aprendizaje, evidencia documental y observación en el aula. Los otros ganadores del premio son: Abril Mayanín, Ana Lilia de la Cruz, Artemio Ríos, Eduardo Garza, Lucila Cruz, Olivia Antonio y Teresita Hernández.

Ingenio a falta de recursos

Si hubiera recursos para este CAM, Israel y sus otros 56 compañeros con diferentes discapacidades tendrían a su disposición un aula de integración sensorial y material didáctico especial. Pero no lo tienen. La directora del centro cuenta que tarda mucho en llegar el material necesario o de plano no llega. Para tener el aula tuvieron que realizar muchas gestiones.

Fernández, quien está al frente del CAM desde hace cuatro años, cuenta que van con el Ayuntamiento y piden canalizar recursos del Ramo 33. Pero les dicen que hay prioridades. En muchas escuelas de la zona se necesitan hasta los baños. También ha ido a hacer gestiones con la Secretaría de Educación Pública, donde les han contestado que no hay presupuesto.

“Nosotros no podemos darnos el lujo de esperar. Aquí si un niño con discapacidad motriz pasa meses sin hacer sus ejercicios, el músculo se le atrofia. Si pasa el tiempo vamos perdiendo oportunidad para que se empiecen a comunicar con el mundo y a aprender”, dijo Fernández.

Así que el personal del CAM construye los materiales con lo que tiene a la mano. Se las ingenian. Otro alumno de 14 años con discapacidad múltiple: motora e intelectual, tiene afectado el sistema bucofaríngeo. No habla. Necesita un tablero de comunicación. Pero primero se requería una silla de ruedas para detenerle el torso.

La directora y los profesores le pusieron a una silla de ruedas convencional un aditamento de madera. Luego el rehabilitador físico ayudó al adolescente para que comenzara el movimiento de las manos. Ahora ya puede moverlas y señala lo que quiere.

“En un tablero de comunicación que le hicimos, le ponemos dos fotos de una torta y agua. Él puede señalar lo que quiere y decir si tiene sed o hambre. Ahora vamos a ponerle fotos de un parque y una hamaca, para que diga si quiere descansar o quiere ir a pasear”.

Con Israel también van hacia una nueva fase. Ya está aprendiendo a reconocer sus cosas y al personal del CAM. Cada uno usa una pulsera de fieltro y le coloca cosas diferentes. Una maestra le pegó pompón de estambre, otra cordeles. Cuando se acercan al niño, lo dirigen con la mano para que toque la pulsera y ubique quién es. Así va identificando con quién hace qué actividades.

“Ahora estamos en la fase de hacerle entender que a través del tacto puede pedir cosas. Tenemos que darle opciones, que rastree y que se vaya dando cuenta de que puede reconocer objetos y pedir algo que le guste. El alumno está descubriendo esto y se está maravillando con cosas que antes no entendía”.

En este CAM, que apenas tiene cuatro salones y dos medias aulas, el personal suple con mobiliario convencional lo que deberían tener de equipo especial. Como muchos de los alumnos no ven y no escuchan, entonces no caminan erguidos. No saben cómo es la postura. Necesitan ayudarlos en eso y en mantener el equilibrio, porque su movimiento es limitado.

En las aulas de integración equipadas se tienen balancines, columpios. “Nosotros usamos la silla giratoria de mi escritorio. Los sentamos y la giramos para que su cuerpo busque el equilibrio de manera natural”. Fernández y su equipo ya se han acostumbrado a improvisar. No pueden esperar a que el gobierno les quiera dar recursos.

El esfuerzo e ingenio de la directora del CAM y sus docentes, la hicieron acreedora del Premio ABC por su labor ejemplar y los logros en el aprendizaje de sus alumnos de educación básica.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg

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Derrumbe en Miami: la carta en la que se advertía a propietarios de graves daños que sufría el edificio

Los expertos alertan que es muy pronto para sacar conclusiones apresuradas sobre las causas y recuerdan que aunque las inspecciones determinaron "daños estructurales mayores", no alertaron sobre la posibilidad de un colapso inminente.
30 de junio, 2021
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A medida que pasan los días y los trabajos de rescate continúan en el edificio que colapsó parcialmente en Miami, las preguntas sobre cómo pudo derrumbarse un edificio de 12 plantas en cuestión de 11 segundos se multiplican.

Y también, comienzan a aparecer nuevas evidencias y detalles que ayudarán a los expertos a determinar con el tiempo las causas.

Desde el pasado fin de semana, medios de Estados Unidos han publicado documentos que dan cuenta de un deterioro notable en las instalaciones del Champlain Tower South.

Es el caso de una carta enviada en abril pasado a los propietarios de los apartamentos en la que se alertaba de que el “deterioro del concreto” se estaba “acelerando” y que el daño “comenzaría a multiplicarse exponencialmente”.

La carta, enviada por la presidenta de la asociación de propietarios de Champlain Towers South, Jean Wodnicki, tenía como objetivo explicar a los inquilinos por qué una renovación que en 2018 se había estimado en unos US$9 millones había aumentado a casi US$16 millones tres años después.

La recertificación

El Chaplain Towers South es un condominio de 12 plantas y más de 100 apartamentos ubicado frente al mar en el norte de Miami Beach.

El edificio fue terminado en 1981, según datos de la ciudad.

Dado que las normativas vigentes establecen que las construcciones de este tipo deben pasar una inspección a los 40 años para garantizar su habitabilidad, el edificio estaba siendo sometido a reparaciones para poder ser inspeccionado por peritos y obtener su recertificación, de acuerdo con autoridades locales.

Un consultor de ingeniería, Frank Morabito, había sido contratado en 2018 para hacer la evaluación inicial para el proceso y en su informe entonces indicó que había “abundantes grietas” y desprendimientos en el estacionamiento subterráneo del edificio.

La inspección detectó daños graves en la losa de concreto debajo de la plataforma de la piscina -al punto de señalar que había “agotado su vida útil”- y problemas en la entrada que estaban “causando un daño estructural importante a la losa estructural de concreto debajo de estas áreas”.

Para 2021, según mencionó Wodnicki en la carta del 9 de abril, el edificio estaba en peor estado.

“El daño observable, como en el garaje, ha empeorado significativamente desde la inspección inicial“, escribió en la carta, a la que tuvo acceso primero el diario USA Today.

“Cuando se puede ver visualmente el concreto desconchado (agrietado), eso significa que la barra de refuerzo que lo mantiene unida se está oxidando y deteriorándose debajo de la superficie”, alertó Wodnicki.

Otras advertencias

Wodnicki señaló también que “el deterioro del hormigón” se estaba “acelerando” y que “la situación del techo empeoró mucho”.

“Se han identificado nuevos problemas. Además, los costos aumentan cada año. Así es como hemos pasado de los US$ 9.128.433.60 estimados en el informe de 2018 de Frank Morabito, a la cifra mucho mayor que tenemos hoy”, explicó.

Wodnicki alertó además que era “imposible saber la extensión del daño en la barra de refuerzo subyacente” hasta que se abriera el concreto.

“A menudo, el daño es más extenso de lo que se puede determinar mediante la inspección de la superficie”, agregó.

La carta a los residentes presentaba una imagen más sombría sobre el estado del edificio que la que se les dio, según aseguran, después de la inspección de 2018.

Muchos de los que sobrevivieron al derrumbe aseguran que en aquel entonces se les dijo que el edificio estaba “en muy buenas condiciones”.

No está claro si los elementos señalados en la carta de Wodnicki están vinculados con el derrumbe.

rescate

AFP
Las tareas de rescate continúan.

Los expertos alertan que es muy pronto para sacar conclusiones apresuradas sobre las causas y recuerdan que aunque las inspecciones determinaron “daños estructurales mayores”, no alertaron sobre la posibilidad de un colapso inminente.

Este tipo de daños es frecuente en edificios viejos y sobre todo en los que se encuentran en la zona frente al mar y esto no implica necesariamente que se encuentren en riesgo de colapso.


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