A falta de apoyo oficial, profesores usan estambre y cascabeles para ayudar a alumnos con discapacidad

La directora y los profesores del Centro de Atención Múltiple (CAM) del municipio de Tecoh, zona maya de Yucatán, se las ingenian para diseñar material y educar a personas con diferentes discapacidades.

A falta de apoyo oficial, profesores usan estambre y cascabeles para ayudar a alumnos con discapacidad
Especial

Israel no se había comunicado nunca con nadie de su entorno. Los adultos a su cuidado interpretaban sus sonidos o movimientos. El mundo estaba restringido para él a lo que otros pensaban que quería. Tiene 8 años y vive con sordoceguera.

La directora y los profesores del Centro de Atención Múltiple (CAM) del municipio de Tecoh, la zona maya de Yucatán donde estudia Israel, se las ingenian para diseñar material para él y enseñarlo a comunicarse.

Las personas aprenden a través de dos sentidos: la visión y la audición. Con Israel esos caminos no existen. El único disponible es el tacto. Para que sepa cuáles son sus cosas, “le ponemos cascabeles a su mochila, a su silla. Con la toalla, por ejemplo, le damos dos, una con cascabeles y otra que no tiene. Cuando toma la que no tiene, se la quitamos. Cuando agarra la que sí tiene, se la dejamos y se la pasamos por las manos, así entiende que es suya”, dijo Concepción Fernández Azcorra, directora de este CAM en Tecoh, Yucatán.

Ella es una de los ocho docentes que esta noche reciben el Premio ABC, un reconocimiento otorgado por la asociación civil Mexicanos Primero a los profesores con una labor ejemplar.

La selección de los ganadores se hace con una evaluación integral y contextualizada, integrada por testimonios de la comunidad de aprendizaje, evidencia documental y observación en el aula. Los otros ganadores del premio son: Abril Mayanín, Ana Lilia de la Cruz, Artemio Ríos, Eduardo Garza, Lucila Cruz, Olivia Antonio y Teresita Hernández.

Ingenio a falta de recursos

Si hubiera recursos para este CAM, Israel y sus otros 56 compañeros con diferentes discapacidades tendrían a su disposición un aula de integración sensorial y material didáctico especial. Pero no lo tienen. La directora del centro cuenta que tarda mucho en llegar el material necesario o de plano no llega. Para tener el aula tuvieron que realizar muchas gestiones.

Fernández, quien está al frente del CAM desde hace cuatro años, cuenta que van con el Ayuntamiento y piden canalizar recursos del Ramo 33. Pero les dicen que hay prioridades. En muchas escuelas de la zona se necesitan hasta los baños. También ha ido a hacer gestiones con la Secretaría de Educación Pública, donde les han contestado que no hay presupuesto.

“Nosotros no podemos darnos el lujo de esperar. Aquí si un niño con discapacidad motriz pasa meses sin hacer sus ejercicios, el músculo se le atrofia. Si pasa el tiempo vamos perdiendo oportunidad para que se empiecen a comunicar con el mundo y a aprender”, dijo Fernández.

Así que el personal del CAM construye los materiales con lo que tiene a la mano. Se las ingenian. Otro alumno de 14 años con discapacidad múltiple: motora e intelectual, tiene afectado el sistema bucofaríngeo. No habla. Necesita un tablero de comunicación. Pero primero se requería una silla de ruedas para detenerle el torso.

La directora y los profesores le pusieron a una silla de ruedas convencional un aditamento de madera. Luego el rehabilitador físico ayudó al adolescente para que comenzara el movimiento de las manos. Ahora ya puede moverlas y señala lo que quiere.

“En un tablero de comunicación que le hicimos, le ponemos dos fotos de una torta y agua. Él puede señalar lo que quiere y decir si tiene sed o hambre. Ahora vamos a ponerle fotos de un parque y una hamaca, para que diga si quiere descansar o quiere ir a pasear”.

Con Israel también van hacia una nueva fase. Ya está aprendiendo a reconocer sus cosas y al personal del CAM. Cada uno usa una pulsera de fieltro y le coloca cosas diferentes. Una maestra le pegó pompón de estambre, otra cordeles. Cuando se acercan al niño, lo dirigen con la mano para que toque la pulsera y ubique quién es. Así va identificando con quién hace qué actividades.

“Ahora estamos en la fase de hacerle entender que a través del tacto puede pedir cosas. Tenemos que darle opciones, que rastree y que se vaya dando cuenta de que puede reconocer objetos y pedir algo que le guste. El alumno está descubriendo esto y se está maravillando con cosas que antes no entendía”.

En este CAM, que apenas tiene cuatro salones y dos medias aulas, el personal suple con mobiliario convencional lo que deberían tener de equipo especial. Como muchos de los alumnos no ven y no escuchan, entonces no caminan erguidos. No saben cómo es la postura. Necesitan ayudarlos en eso y en mantener el equilibrio, porque su movimiento es limitado.

En las aulas de integración equipadas se tienen balancines, columpios. “Nosotros usamos la silla giratoria de mi escritorio. Los sentamos y la giramos para que su cuerpo busque el equilibrio de manera natural”. Fernández y su equipo ya se han acostumbrado a improvisar. No pueden esperar a que el gobierno les quiera dar recursos.

El esfuerzo e ingenio de la directora del CAM y sus docentes, la hicieron acreedora del Premio ABC por su labor ejemplar y los logros en el aprendizaje de sus alumnos de educación básica.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg

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