Réplicas económicas para negocios afectados por el 19S no cesan
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Réplicas económicas para negocios afectados por el 19S no cesan

El apoyo económico que han recibido los pequeños y medianos negocios de la Ciudad de México ha sido irrisorio en comparación con el daño que sufrieron tras el terremoto del 19 de septiembre.
Por Antonio Cruz y Carlo Echegoyen / Newsweek en Español
16 de septiembre, 2018
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Del  negocio de Mario Arellano solo quedó el nombre: Salón Social Palace.

Su superficie fue atravesada por una falla que derivó en la demolición del inmueble.

Las letras con el nombre fueron colocadas en el tapiado de madera que rodea los 200 metros donde estuvieron el salón y la vivienda del músico de profesión, en la colonia Del Mar, en Tláhuac.

Mario Arellano señala que el valor de su propiedad rebasaba los 4 millones de pesos, pero el gobierno capitalino le entregó un cheque por 2,000 pesos como ayuda. El hombre lo relata frente a una manta gubernamental que anuncia una inversión de 3 millones de pesos para todos los daños de la colonia.

El sismo se llevó sus ahorros de décadas, dice el músico de 50 años de edad.

Antes de ser demolido en diciembre, el salón fue centro de acopio y albergue. Por ello, fue nominado para recibir una placa que lo distinguía como “negocio solidario”, a manos de Miguel Ángel Mancera, pero Mario Arellano la rechazó.

“Le dije que le cambiaba esa placa de metal por ayuda verdadera, que realmente me apoyara”.

Un año después del sismo, la calle donde está el predio de Mario Arellano sigue desnivelada casi medio metro.

En la colonia, donde 26 negocios resultaron dañados, algunos locales se mantienen cerrados y los comerciantes coinciden en que la caída en las ventas llega a 30 por ciento. Lo atribuyen a la mudanza de muchos vecinos y a la inseguridad acentuada por el daño en las calles, donde no puede circular las patrullas.

Arellano muestra el comprobante  que recibió por 2,000 pesos como parte del apoyo a negocios afectados por el sismo.

Mario Arellano asegura que no sabía de la falla que atraviesa la superficie de la propiedad que adquirió dos años atrás:

“Imagínate que llegas a comprar una casa con tu DRO, con tu arquitecto con tu asesor, imposible… Uno compra un predio pensando en tener un buen desenvolvimiento económico, para seguir manteniendo a la familia, tengo dos hijos universitarios”.

Por el momento, Mario Arellano vive con su familia en una casa que su hermano le prestó. Y responsabiliza a las autoridades por la falta de información.

“Las autoridades otorgan un permiso de construcción; regularizaron la tierra; escrituraron, yo tengo escrituras; otorgaron servicios, permisos de servicios mercantiles… Hay una gran responsabilidad de parte del gobierno, recaudó sin decirle a los propietarios que estaban en una zona que no era factible de habitar…”.

Además de los 2,000 pesos iniciales, Mario ha recibido en el año 17,000 pesos como apoyo para renta por parte del gobierno capitalino.

“Teníamos de manera normal 15 trabajadores, entre chef, lavaplatos, gente que trabajaba en la limpieza. Cuando se hacían los festejos, el número de trabajadores subía a 40 personas, entre músicos, meseros y otros servicios adicionales”.

No pudo tener acceso a los 2,300 pesos del seguro de desempleo: “me dijeron que yo no califico, porque estoy considerado como patrón”.

Lorena Mora frente al lugar donde estaba el edificio que cayó junto a su negocio, en la Zona Rosa.

LA GOTA QUE DERRAMÓ EL VASO

Los dueños del Café Zu, David Rojas y Lorena Mora, tienen muy claro cuál es su pérdida económica tras el sismo del 19 de septiembre: 2 millones 350 pesos –“es lo que debo, lo que pedí prestado”, dice, explicando que la deuda está repartida en cuatro distintos créditos personales, dos cada quien.

El negocio, ubicado en el número 39 de la calle de Génova, no está incluido en el censo de los 126 dañados –y que convierten a esta colonia en una de las más afectadas; sin embargo, tuvo que permanecer cerrado porque el edificio contiguo de 12 pisos fue demolido.

El matrimonio había pedido dos créditos para remodelar su negocio durante la rehabilitación de la calle, que duró nueves meses, pero solo abrieron por tres semanas antes del sismo.

“Fue la gota que derramó el vaso”, lamenta David.

“No es solo la remodelación, es pagar a los empleados, la rentas; no sacábamos ni las rentas, pedimos crédito para aguantar el tiempo de gasto”, agrega Lorena.

La demolición del edificio contiguo tardó nueve meses. Se consumieron dos más para trámites y reabrieron su café a mediados de agosto.

Los empresarios lamentan no haber podido tener uno de los créditos anunciados por la Jefatura de Gobierno y la Secretaría de Desarrollo Económico (Sedeco) de Ciudad de México.

“Metimos papeles, avisamos, cambiamos de banco tres veces. Es gracioso, porque te decían ‘Ok, tienes un negocio, pero ahorita no estás generando, ¿cómo vas a pagar el crédito? Entonces no eres sujeto a crédito’. Se supone que eran créditos específicamente diseñados para los damnificados”, explica ella.

Los dueños del Café Zu relatan que, adicionalmente, deben la renta del año que mantuvieron cerrados tras el sismo, y el dueño ya les envió un requerimiento.

“Necesitamos apoyo del gobierno para que nos dejen trabajar”.

Los negocios de la llamada Zona Rosa aún no alcanzan el nivel de ventas que tenían.

Norma Medina, la administradora del Restaurante-Bar Boomers, en el número 39-A de la misma calle, explica que su negocio perdió poco más de 2 millones de pesos por el sismo, además de los casi 500,000 pesos adicionales en la renovación de permisos y otros trámites que perdieron vigencia.

Estos comerciantes no cantan victoria. La delegación Cuauhtémoc anunció antes del sismo la remodelación de la calle Hamburgo, que cruza a Génova, lo que anulará el flujo peatonal.

Felipe Casas afectado por el sismo. Su chinampa se partió en  San Gregorio, Xochimilco.

SACUDIDA EN LAS CHINAMPAS

Con la “sacudida”, como el agricultor Felipe Casas se refiere al sismo del 19S, el agua de los canales en San Gregorio Atlapulco, en Xochimilco, desbordó 300 metros cuadrados de una chinampa y el líquido inundó 50 centímetros sobre su cultivo de brócoli, jitomate, tomate, chiles, cale, hinojo, coliflor…

El hombre calcula a bote pronto: el daño a la siembra sumó 25,000 pesos, más el trabajo de reparación de la chinampa: 20 jornales, que sumarían 6,000 pesos.

Felipe pudo subsanar la pérdida y seguir cultivando gracias a la ayuda de amigos y vecinos.

Uno de los aprendizajes que le dejó la experiencia, dice, es no confiarse en las autoridades.

“Más que en el gobierno, confiamos en la sociedad civil. Es la que llegó con una botella de agua, una torta… su apoyo fue invaluable, me quedo con eso”, dice.

El sismo en San Gregorio Atlapulco, por tratarse de un pueblo productor de verduras y flores, donde destaca el comercio, derivó en doble pérdida: viviendas y negocios para las mismas personas.

Es también el caso del floricultor Fernando Páez, quien perdió su casa y la cosecha de hortensias que prepara cada seis meses y el negocio de banquetes que tenían. Con su familia, vivió en una camioneta y una casa en obra negra que les prestaron, hasta que se repuso. Una asociación civil les financió la construcción de su vivienda, pero no han podido reiniciar su negocio de alimentos.

En San Gregorio Atlapulco, famoso por ser un epicentro comercial entre los pueblos y barrios de Xochimilco es muy notorio el daño tras el sismo.

Los productores que venden verduras y hortalizas en carretillas en torno a la iglesia estiman que venden entre 40 y 30 por ciento menos respecto a 2017.

La calle principal, Chapultepec, estuvo cerrada por 10 meses y sigue sin ser pavimentada, por lo que es notorio el alto número de fachadas comerciales que fueron dejadas por negocios fallidos.

Otros prestadores de servicios, como Marisol Pérez, cuya estética donde laboraba se derrumbó, improvisan negocios con carpas en terrenos donde antes hubo viviendas.

Pero el impacto comercial destaca en el mercado de 152 locales que sigue inutilizable y sin ser demolido.

Ahí permanece el carnicero Crispín Patiño, 72 años, metido en un local con los muros cuarteados, en espera de ocupar un puesto provisional de 3.5 metros donde no cabría el refrigerador de segunda mano que compró ni su sierra ni su vitrina.

La mayoría de los locatarios improvisó puestos afuera del mercado, en espera de que les asignen uno provisional que les funcione.

María del Rosario Loyola, 62 años, vendedora de jugos y licuados, se resiste a tomar el puesto provisional que le asignaron: “¿Qué voy a hacer sin agua? No me sirve…”.

Rocío Mejía, vendedora de ropa y representante de los locatarios, advierte que fuera del mercado tendrán que lidiar también con los robos, como ya ha ocurrido en ocho ocasiones en el año.

El mercado del pueblo es uno de los dos que deben ser demolidos en la capital por los daños del sismo, además del de Santa Cecilia, en Tláhuac, con 79 locales.

Hasta el 6 de septiembre, la Sedeco solo había construido 59 de los 152 puestos provisionales de lámina requeridos. El tiempo que permanecerán ahí es incierto.

Por la falta de programas ejecutivos de la Sedeco, la Comisión para la Reconstrucción redireccionó, a favor de la carretera Xochimilco-Tulyehualco, los 120 millones de pesos que eran para los mercados.

Ante la debacle de ventas, los locatarios del mercado se han ayudado con los 2,000 pesos del programa “Yo te apoyo” y cuatro mensualidades de 2,300 correspondientes al seguro de desempleo, suspendido después de las elecciones.

Lee la nota completa en la nueva edición de Newsweek en Español

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Así fue la vida del príncipe Felipe de Edimburgo: murió a los 99 años

El duque de Edimburgo se ganó el respeto de muchos británicos por su constante apoyo a la reina. BBC Mundo recuerda los principales hitos de su extensa vida.
9 de abril, 2021
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El príncipe Felipe, esposo de la reina Isabel II y padre de sus cuatro hijos, estuvo casado con ella más de 73 años, y aunque como consorte de la soberana no tenía un rol constitucional, nadie fue tan importante como él en la vida de la monarca.

Felipe, que murió este viernes a los 99 años, asumió un rol extremadamente difícil para cualquiera, quizá más para un hombre acostumbrado al mando naval, que, además, tenía fuertes opiniones sobre una gran variedad de temas.

Pero tal vez fue esa misma fuerza de carácter lo que le permitió cumplir con sus responsabilidades y darle a la reina el apoyo que necesitaba.

Y, de paso, ganarse el afecto de buena parte del pueblo británico.

De Grecia a Inglaterra

Felipe de Grecia nació el 10 de junio de 1921 en la isla de Corfú, pero como el país no adaptaba todavía el calendario gregoriano su certificado de nacimiento dice que nació el 28 de mayo de ese mismo año.

La historia de su familia es bastante convulsionada.

Su padre fue el príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca, hijo menor de Jorge I, rey de los Helenos, y su madre, la princesa Alicia, hija mayor del príncipe Luis de Battenberg y bisnieta de la reina Victoria.

Tras un golpe de Estado en 1922, su padre fue desterrado de Grecia por un tribunal revolucionario.

Su primo segundo, el rey británico Jorge V, envió un buque de guerra para rescatar a la familia, que se trasladó a Francia.

El pequeño Felipe hizo el viaje en una cuna hecha con una caja de naranjas.

El menor de la familia, y único hombre entre cinco hermanos, su primera infancia fue relativamente feliz. Pero venían tiempos difíciles.

A los 7 años, se mudó a Inglaterra para vivir con parientes.

Para entonces, su madre había sido diagnosticada con esquizofrenia y estaba un manicomio, por lo que tuvo poco contacto con ella.

Su formación estuvo marcada por el pionero educador judío Kurt Hahn, con quien estudió primero en Alemania y cuando este tuvo que huir de la persecución nazi. en Escocia.

Su método, con énfasis en la autoconfianza, resultó ideal para un adolescente que, separado de sus padres, pasaba mucho tiempo solo.

El primer encuentro

Al aproximarse la Segunda Guerra Mundial, Felipe decidió seguir una carrera militar.

Su primer deseo fue unirse a la Fuerza Aérea Real, pero terminó integrándose a la Marina por la tradición marinera de su familia materna.

El duque de Edimburgo y la reina

PA

En un recorrido por las instalaciones donde estudiaba que hacía el rey Jorge VI junto a su esposa y las princesas Isabel y Margarita, Felipe quedó a cargo de acompañar a las dos jóvenes.

Según testigos, el encuentro causó una profunda impresión en Isabel, de 13 años, cinco años menor que su futuro marido.

Muy pronto, el joven griego comenzó a mostrarse como un buen prospecto. y para fines de 1942 era uno de los más jóvenes primeros tenientes de la Marina.

“Rudo y maleducado”

El romance entre Isabel y Felipe se inició con un intercambio regular de cartas y continuó con invitaciones a compartir con la Familia Real.

Fue después de una de esas visitas que la heredera puso en su tocador una foto de Felipe vestido en su uniforme naval.

Isabel y Felipe el día de su boda

Getty Images
La boda entre Isabel y Felipe se celebró en noviembre de 1947.

Era toda una señal, y pese a que hubo oposición por parte de algunos cortesanos, uno de los cuales describió al futuro príncipe como “rudo y maleducado”, en el verano de 1946 Felipe le pidió oficialmente al rey la mano de Isabel.

Pero antes de que el compromiso pudiese ser anunciado, el novio necesitaba una nueva nacionalidad y un apellido. Fue entonces cuando renunció a su título griego, se hizo ciudadano británico y tomó el nombre de su familia materna, Mountbatten.

La boda se celebró en la Abadía de Westminster el 20 de noviembre de 1947. El entonces primer ministro Winston Churchill la describió como un “destello de color” en medio de la posguerra.

Desde ese día, Felipe fue reconocido como Su alteza real, duque de Edimburgo, conde de Merioneth y barón de Greenwich.

Felipe en 1953

Getty Images
El matrimonio eventualmente hizo que Felipe abandonara su carrera en la Marina.

El duque retomó su carrera naval y fue enviado a Malta, donde por un tiempo vivieron en relativa normalidad.

Un año después nació su hijo mayor, el príncipe Carlos, y en 1950 llegó la princesa Ana (los príncipes Andrés y Eduardo nacieron en 1960 y 1964, respectivamente).

La primera gran prueba que tuvo que enfrentar Felipe como marido de Isabel se produjo cuando la salud de Jorge VI comenzó a deteriorarse y ella debió asumir más responsabilidades reales.

Para poder estar a su lado, se tomó licencia de la Marina en julio de 1951. Nunca volvió a tener un papel activo.

Y pese a que no era un hombre de arrepentimientos, en una ocasión admitió que lamentaba no haber podido continuar su carrera naval.

La muerte del rey

La reina Isabel II y el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, y dos de sus hijos.

Getty Images
La reina Isabel II y el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, y dos de sus hijos.

En 1952, la pareja emprendió un viaje por África que originalmente harían el rey y la reina.

Estando en Kenia, llegó desde Inglaterra la noticia del fallecimiento de VI había por una trombosis coronaria.

Felipe fue el encargado de decirle a Isabel que su padre había muerto y ella era la nueva monarca.

Un amigo contó que para el príncipe fue un gran golpe. Parecía como si la mitad del mundo le hubiese caído encima, recordó.

Fuera de la Marina, se veía obligado a crearse un nuevo rol. La pregunta era cuál.

A medida que la Coronación se acercaba, se comunicó que si bien Felipe tendría prioridad después de la reina en todas las ocasiones, nunca ostentaría una posición constitucional.

El duque estaba lleno de ideas sobre cómo modernizar la monarquía, pero terminó desilusionado por la férrea oposición de parte de la vieja guardia de palacio.

Las fiestas y la familia

Durante los primeros años del reinado de Isabel, Felipe canalizó parte de sus energías manteniendo una intensa vida social.

El duque en un evento con amigos en la década de 1950

BBC
En los 50, el príncipe participaba con frecuencia en eventos sociales

Todas las semanas se reunía con un grupo de amigos en cuartos privados de un restaurante de Soho, en barrio bohemio del centro de Londres.

Compartían opíparos almuerzos y visitaban clubes nocturnos, y solía ser fotografiado con glomorosos acompañantes.

Una de las pocas áreas en que el príncipe tenía libertad para ejercer su autoridad era la familia, aunque perdió la batalla por imponer qué apellido llevarían sus hijos.

Él quería que fuese Mountbatten, pero la reina eligió Windsor.

“Soy el único hombre en este país que no puede darle a sus hijos su nombre”, se quejó con sus amigos”. “No soy más que una ameba”.

Proyectos propios

Con el paso del tiempo, Felipe fue encontrando su camino en proyectos ligados al bienestar de los jóvenes, uno de los problemas sociales que más le interesaban.

En 1956 lanzó el exitoso Premio del Duque de Edimburgo, que permitió que alrededor de 6 millones de jóvenes de todo el mundo se retaran física, mental y emocionalmente en una variedad de actividades al aire libre diseñadas para promover el trabajo en equipo, el ingenio y el respeto por la naturaleza.

Felipe sentado en un elefante en un viaje con la reina a India

PA
El duque trabajó intensamente en proyectos de conservación de la naturaleza.

“Si puedes lograr que los jóvenes tengan éxito en cualquier actividad, esa sensación de éxito se extenderá a muchos otros”, le dijo el príncipe a la BBC.

También fue un gran defensor de la naturaleza y el medio ambiente, aunque estuvo envuelto en algunas controversias por su afición a la caza. Su decisión de dispararle a a un tigre durante un viaje a India en 1961 es una de las más recordadas.

Eso no le impidió, sin embargo, dedicar energías y usar su influencia para respaldar la fundación del Fondo Mundial para la Naturaleza.

Fue además un gran deportista. Practicó vela, cricket y polo y fue presidente de la Federación Ecuestre Internacional.

La relación con Carlos

Como padre, tuvo altibajos, como todos.

De acuerdo al biógrafo del príncipe Carlos, Jonathan Dimbleby, la relación entre ambos era especialmente compleja.

Cuando el heredero era adolescente, Felipe insistió en que asistiera a la misma escuela en la que él se había educado, motivado por la creencia de que su filosofía podía ayudar a contrarrestar la naturaleza más bien retraída de su hijo.

Pero Carlos odió el lugar, extrañaba su casa y fue víctima constante de bullying.

Carlos llegando a Gordonstoun con su padre

Getty Images
Su insistencia en que el príncipe Carlos asistiera a la escuela de Gordonstoun provocó tensiones entre padre e hijo.

A su padre le costaba entenderlo, y más de una vez redujo al joven a lágrimas con sus reprimendas públicas.

Probablemente, su actitud reflejaba las dificultades de su, a veces solitaria, propia niñez.

Tuvo que desarrollar su independencia a muy temprana edad y podía costarle entender que no todo el mundo compartía su fuerte carácter.

En la biografía de Dimbleby también se dice que el duque de Edimburgo empujó más tarde a su hijo a casarse con Lady Diana Spencer.

Sin embargo, Felipe fue más especialmente diligente con sus hijos durante los difíciles años de sus crisis matrimoniales.

Tomó la iniciativa para intentar comprender los problemas, impulsado quizás por sus propios recuerdos de las dificultades de casarse con un miembro de la familia real.

Y aunque la ruptura de los matrimonios de tres de sus cuatro hijos -la princesa Ana y los príncipes Andrés y Carlos- le causaron una gran tristeza, siempre se negó a hablar de problemas personales.

Comentarios inoportunos

Si bien a lo largo de los años fue criticado en algunos sectores por comentarios que realizó que algunos consideraban inoportunos, muchos vieron sus gafes como un intento de aligerar el ambiente.

Príncipe Felipe, duque de Edimburgo

Getty Images
Su franqueza puso en aprietos a la familia real en numerosas ocasiones.

Hizo uno de sus comentarios más recordados mientras acompañaba a la reina en una visita de Estado a China en 1986, al hacer una mención en privado sobre los “ojos rasgados”.

Y en un viaje a Australia en 2002 le preguntó a un aborigen si “todavía se arrojaban lanzas los unos a los otros”.

Esa brusquedad que se le atribuía se suavizó un poco en los últimos años, en parte por la actitud a veces hostil del público hacia la familia real tras la muerte de Diana, la princesa de Gales, en 1997.

Una década después, en 2007, se publicaron cartas entre el duque y Diana, en un intento por refutar las afirmaciones de que Felipe había sido hostil con su nuera.

Mostraban que de hecho había sido una fuente de gran apoyo para la princesa, un hecho subrayado por el tono cálido en el que ella le escribía.

“Hice lo que creo que fue lo mejor que pude”

Felipe fue un hombre con un temperamento combativo que con frecuencia se sentía incómodo con el tacto que requería su posición.

No puedo cambiar de repente mi manera de hacer las cosas, no puedo cambiar mis intereses o la forma en que reacciono a las cosas. Ese es solo mi estilo”, le dijo una vez a la BBC.

La reina Isabel II, el príncipe Felipe, duque de Edimburgo; y Kate Middleton, la duquesa de Cambridge, y el príncipe Guillermo, con los hijos de ambos.

Getty Images
A Felipe se le atribuye haber encontrado discretas maneras de actualizar a la monarquía con los nuevos tiempos (aquí aparece con Kate Middleton, la duquesa de Cambridge, el príncipe William, y los hijos de ambos).

Esto fue reconocido por el entonces primer ministro David Cameron cuando rindió homenaje a Felipe por su 90º cumpleaños en 2011: “Siempre ha hecho las cosas a su manera inimitable, con un enfoque realista y sensato que los británicos, creo, encuentran entrañable”.

Retiro de la vida pública

Después de décadas viajando junto con la reina en visitas de Estado al extranjero o para atender a eventos de las organizaciones que presidía, el duque de Edimburgo se retiró de la vida pública en agosto de 2017.

En enero de 2019, sobrevivió a un accidente de coche mientras conducía cerca de Sandringham, en el que dos mujeres que iban en el otro vehículo implicado resultaron heridas. Tras el incidente, entregó voluntariamente su licencia de conducir.

Buckingham Palace calculó que, desde 1952, el príncipe atendió 22.219 compromisos en solitario.

Felipe jugó un rol importante ayudando a la monarquía a aceptar los cambios en las actitudes sociales a lo largo de los años.

Felipe e Isabel II en 2007

PA

Pero su mayor logro fue, sin duda, la constancia de su apoyo a la reina.

Él creía que su trabajo era, como le dijo a su biógrafo, “asegurar que la reina pudiera reinar”.

En un discurso pronunciado en una celebración para conmemorar el aniversario de bodas de oro de la pareja, Isabel II le rindió homenaje.

“Es alguien que no se toma fácilmente los cumplidos, pero simplemente ha sido mi fortaleza y se ha quedado todos estos años. Yo, su familia y este y muchos otros países le debemos muchos de lo que él admitiría y de lo que nunca sabremos”.


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