Familiares de víctimas del Rébsamen relatan cómo enfrentan su pérdida y piden evitar más tragedias
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Familiares de víctimas del Rébsamen relatan cómo enfrentan su pérdida y piden evitar más tragedias

Familiares de los 19 menores fallecidos el 19 de septiembre han tenido que recurrir a psicólogos, tanatólogos o incluso psiquiatras, para tratar de superar el haber perdido a un hijo en esas condiciones.
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Por Itxaro Arteta
12 de septiembre, 2018
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Padres de los niños que murieron en el Colegio Enrique Rébsamen, con el terremoto del 19 de septiembre pasado, hablaron de lo duro que ha sido seguir con sus vidas, a un año de la tragedia. En una conferencia organizada por la asociación civil Impunidad Cero, acusaron que las autoridades les fallaron. Pidieron avances en las investigaciones, ya que hay hay seis personas señaladas por su responsabilidad, y que no han sido detenidas, incluida la directora de la escuela, Mónica Villegas.

Óscar Contreras, papá de Andrés, contó en entrevista que muchos familiares de los 19 menores fallecidos han tenido que recurrir a psicólogos, a tanatólogos o incluso a psiquiatras, para tratar de superar el haber perdido a un hijo en esas condiciones.

“Sí es real que uno se vuelve loco. Pero no te vuelves loco nada más de gratis, sino porque tu cerebro empieza a construir escenarios del hubiera… Ese día no lo hubiera llevado porque iba a haber simulacro, o lo vi unas horas antes, me lo hubiera llevado. Entonces te llegan los cuestionamientos de que a lo mejor tú fuiste culpable de haberlo dejado, y no es por ahí, pero hay mamás que están así, hay papás que dicen ‘es que mi hija ya estaba a punto de salir’…

”¿Entonces qué pasa en tu cerebro? Que tu cerebro empieza a trabajar todo el día, toda la noche, y tu cerebro no descansa, llega un momento en que necesitas medicarte para descansar, para empezar a vivir, para empezar a entender nuevamente la vida”, explicó.

Él se ha vuelto un poco bipolar, aseguró, porque puede estar tranquilo, pero con sólo escuchar una canción que le gustaba a Andrés, se pone irascible y fácilmente explota contra quien esté cerca.

“Yo nunca me había imaginado lo que era el dolor. El dolor empieza aquí, en el estómago”.

Durante la conferencia, también dieron su testimonio Ana Velázquez, madre de Eduardo, y Fernando Flores, padre de Santiago y exprofesor del Rébsamen, mientras entre el público, los familiares de otros niños se pasaban una caja de pañuelos desechables para limpiar las lágrimas producidas por los recuerdos.

“Durante este año, hemos vivido el duelo de manera similar”, dijo Flores.

“Nos cuesta concentrarnos en nuestros trabajos, tenemos lapsos reiterados de distracción, vivimos en un mundo paralelo donde no terminamos de aceptar que nuestros hijos no estén. También tuvimos inconvenientes laborales, ausentismo, falta de empeño; algunos incluso estuvieron a punto de sufrir el cese por falta de asistencias. En fin, no ha sido nada fácil”.

El próximo 19, que se cumpla un año de la tragedia, algunos organizarán misas privadas en recuerdo de sus pequeños, y después se reunirán afuera de la escuela colapsada para dar un posicionamiento.

Esperan justicia

El próximo lunes, los abogados de la Barra Mexicana, que han acompañado el caso, se reunirán con el procurador capitalino, Edmundo Garrido, para revisar avances en la investigación, informó Juan José Serrano, presidente de esa asociación de abogados.

Con la remoción de escombros de la escuela, que apenas empezó el pasado 20 de agosto, han ido encontrando más evidencias físicas de que la construcción estaba mal hecha, como una columna colapsada porque no aguantó el peso, o losas que superan por mucho los 40 centímetros de grosor que debían tener como máximo para un edificio así.

También documentos de la escuela que se han estado sumando al expediente de la investigación, según Contreras.

Lo que él como padre no puede creer es que la directora no haya sido detenida, cuando su cara ha aparecido por todos lados, y el caso no avanza mientras ella no se presente. Aunque confió en que, así como ellos ya no tienen una vida normal, ella no podrá vivir enclaustrada y escondida, y terminará por cometer un error.

“Y tampoco creo que ella viva feliz, porque si está todo el día en una casa, tranquila, pensando que está escondida, yo espero que su conciencia algún día le toque lo que ella predicaba con nuestros chiquitos, de decir que siempre hablaran con la verdad, que no mintieran y que tuvieran valores; pues ojalá ella algún día caiga en eso y que su conciencia le dicte que tiene que entregarse”, comentó.

Además de justicia por el caso Rébsamen, los familiares de los niños fallecidos pidieron una lista de acciones para evitar que estas tragedias se repitan, que enumeró Ana Velázquez:

-Establecer claros responsables de las irregularidades, tanto instituciones como funcionarios con nombre y apellido.

-Una revisión exhaustiva de los protocolos de Protección Civil de las escuelas, porque en el Rébsamen el protocolo indicaba evacuar pasando por debajo del edificio que colapsó.

-Revisión de las acciones que se realizan cada 19 de septiembre, donde sólo se enseña a evacuar, cuando los expertos señalan que lo que hay que hacer depende de en qué piso se está, o de si apenas sonó la alarma o ya está el temblor, para lo que puede ser más seguro refugiarse en un muro de carga.

-Crear un organismo que supervise la estructura de las escuelas y realice pruebas de carga, sobre todo entre edificaciones previas a las normativas creadas después del terremoto del 85.

-Invitar a las sociedades de padres de familia a exigir acreditaciones de calidad de la construcción donde sus hijos pasan casi la tercera parte de su vida.

-La creación de un organismo de reacción en sismos que esté debidamente equipado con sensores de calor, con herramientas, con radios, polines, gatos.

-Y la revisión del equipamiento de las unidades de Protección Civil de las delegaciones, porque el pasado 19 de septiembre, pudieron ver cómo no tenían radios para comunicarse y lo hacían por WhatsApp.

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Qué son los anticuerpos monoclonales y por qué podrían ser una alternativa contra el COVID

En paralelo a la búsqueda de una vacuna, investigadores analizan la posibilidad de utilizar anticuerpos monoclonales tanto para evitar la infección de SARS-CoV-2 como para combatirla.
27 de agosto, 2020
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A la par que avanza la carrera por encontrar una vacuna contra la covid-19, equipos de investigación y farmacéuticas en todo el mundo continúan buscando desesperadamente alternativas para lidiar con la enfermedad provocada por el coronavirus.

Y uno de los hallazgos que se perfila como prometedor es la terapia de anticuerpos monoclonales (mAbs), un tipo de fármaco que puede utilizarse tanto para prevenir la infección como para tratarla una vez que la enfermedad se ha desarrollado.

¿Qué son los anticuerpos monoclonales?

Cuando nuestro cuerpo detecta la presencia de un antígeno, en este caso el SARS-CoV-2, el sistema inmunitario produce anticuerpos, unas proteínas destinadas a neutralizar a ese antígeno en particular, con el objetivo de evitar que penetre en nuestras células, secuestre su mecanismo y se reproduzca.

Los anticuerpos monoclonales son copias sintéticas creadas en el laboratorio a partir de un clon de un anticuerpo específico, hallado en la sangre de una persona que se ha recuperado de la covid-19.

Es decir, los mAbs imitan a los anticuerpos que nuestro cuerpo produce de forma natural.

Viaje en transporte público durante la pandemia.

Getty Images
En tanto no se encuentre una cura o una vacuna, muchas medidas de seguridad como la distancia social y el uso de mascarillas seguirán vigentes en la mayor parte del mundo.

“A diferencia de una vacuna, que introduce una proteína o material genético en nuestro organismo para estimular al sistema inmune (para que genere anticuerpos), estos son anticuerpos que se le suministran al cuerpo para brindarle protección”, le explica a BBC Mundo Jens Lundgren, médico especializado en enfermedades infecciosas de la Universidad de Copenhague y del hospital Rigshospitalet, en Dinamarca.

“Es lo que llamamos inmunidad pasiva”, añade el investigador, quien lidera uno de los ensayos sobre anticuerpos monoclonales de la farmacéutica Eli Lilly.

Terapias exitosas

Desarrollados por primera vez como terapia en los años 70, se utilizan en la actualidad para tratar exitosamente una serie de enfermedades que abarcan desde el sida hasta numerosos tipos de cáncer.

Dese el inicio de la pandemia, son muchos los laboratorios -AstraZeneca, Regeneron, VirBiotechnology, Eli Lilly y Adimab, entre otros- que se han abocado a investigar anticuerpos monoclonales que resulten efectivos contra el coronavirus, y han hallado decenas que se muestran promisorios.

Desde una perspectiva terapéutica, le explica a BBC Mundo Gigi Gronvall, profesora especializada en inmunología del Centro Johns Hopkins de Seguridad Sanitaria en Estados Unidos, los anticuerpos monoclonales son relativamente similares a la terapia de plasma convaleciente, en la que el paciente recibe plasma de una persona recuperada, pero constituyen una forma “mucho más moderna y depurada”.

Laboratorio

Getty Images
Los mAbs se han utilizado con éxito para tratar otras enfermedades como el cáncer.

“Cuando le das plasma a alguien, le estás dando todos los anticuerpos que produjo esa persona. Unos pueden ser efectivos, pero otros no. Lo que contiene es un poco un misterio”, dice la profesora.

En cambio los anticuerpos monoclonales “están hechos a partir de la selección de aquellos que tienen la capacidad de neutralizar al virus”.

El proceso de aprobación de estos fármacos puede llegar a ser más rápido, añade Gronvall, dado que los entes reguladores están muy familiarizados con los mAbs ya se emplean para tratar numerosas enfermedades.

“Su mecanismo de acción está muy comprendido: sabemos que los anticuerpos se unen a cosas y por eso bloquean físicamente la entrada del virus a la célula”, explica.

“Para los reguladores, es fácil saber lo que ocurre con ellos, por eso pueden llegar a superar los obstáculos de las regulaciones antes que las vacunas”, afirma la académica.

“Mejores que la vacuna”

Laura Walker, directora asociada de Adimbab, uno de los laboratorios que investiga anticuerpos monoclonales para la covid-19 y cuyos ensayos clínicos comenzarán en enero, confía más en la capacidad profiláctica de los anticuerpos monoclonales que en la terapéutica.

“En algunos casos han funcionado en el contexto del tratamiento. El ejemplo más reciente es el del ébola, donde los anticuerpos monoclonales demostraron reducir los índices de mortalidad en pacientes enfermos y también en casos de VIH, pero no sabemos si va a funcionar con el SARS-CoV-2”.

Abuela saludando a su nieta detrás de una ventana

Getty Images
Para las personas mayores, que no reaccionan tan bien con las vacunas, los mAbs pueden ser una mejor opción.

“No ha funcionado en casos de virus respiratorio sincitial (VSR), no ha demostrado un gran éxito con la influenza, ni tampoco en otros virus respiratorios”.

Aunque reconoce que en el caso de la covid-19, cuyo período de incubación es más largo en comparación por ejemplo con la gripe, puede haber una ventada de oportunidad más grande para la terapia.

De lo que no duda, sin embargo, es de los beneficios que puede ofrecer como método para prevenir la enfermedad, y considera incluso que los anticuerpos monoclonales pueden tener más ventajas que las vacunas.

Una vacuna, dice la experta, induce la producción de todo tipo de anticuerpos y solo una porción de ellos son neutralizantes.

“Al poder elegir anticuerpos, solo seleccionamos los más potentes. En nuestro caso, por ejemplo, hemos identificado anticuerpos muy raros. Y, uno en particular, es extremadamente potente no solo contra el SARS-CoV-2, que produce la covid-19, sino también contra varios otros virus de la familia de los SARS”, asegura.

“Estos son los tipos de anticuerpos que queremos producir a gran escala, no solo para darle inmunidad en esta pandemia a las personas que no responden bien a las vacunas, sino para futuras pandemias, ya que es muy probable que veamos más coronavirus en el futuro”.

La vacuna también puede inducir anticuerpos muy potentes, continúa Walker, pero estos “pueden no estar presentes en grandes cantidades”.

“Por esta razón, suministrar un único anticuerpo monoclonal pero con una alta potencia y en una dosis alta puede brindar una protección más elevada que una vacuna”, acota.

Otro punto débil de las vacunas en comparación con los mAbs, señalan Gronvall y Walker, es que no funcionan de la misma manera para todos los rasgos etarios.

Plasma

Getty Images
El tratamiento con mAbs vendría a ser una versión moderna y mucho más depurada del tratamiento con plasma convalesciente.

“Son efectivas para la gente joven, pero a veces la gente mayor no genera una respuesta inmunitaria tan poderosa ante una vacuna. Lo hemos visto por ejemplo con la vacuna de la gripe”, dice.

Lo mismo ocurre en el caso de las personas inmunodeprimidas.

La inmunidad pasiva, en cambio, no tiene este problema.

Las dificultades son otras…

Costo, período de inmunidad y efecto contrario

Por un lado, está el tiempo en que se mantendría la inmunidad de los anticuerpos monoclonales que, modificaciones de por medio, podría oscilar entre los cinco y seis meses.

No se sabe aún qué inmunidad otorgará una vacuna contra la covid-19, pero recordemos que, en la mayoría de las vacunas, una dosis alcanza para toda la vida, mientras que otras necesitan uno o dos refuerzos cada 10 años.

Sin embargo, el mayor problema es el acceso a este fármaco y el costo de producción, que supera con creces a los de una vacuna.

Según un reporte de Wellcome, una fundación de salud global e independiente que hizo un llamado para expandir el acceso a los anticuerpos monoclonales, “el 80% de los mAbs se venden en EE.UU., Europa y Canadá”.

“Solo el 20% de los mAbs se vende en el resto del mundo, que conforma el 85% de la población global. Pocos, si algunos, están disponibles en países de ingresos bajos y medios”, dice el informe publicado a mediados de agosto.

Estos tratamientos médicos se encuentran entre los más caros del mundo. Para darnos una idea, el precio promedio de un tratamiento con mAbs en EE.UU. oscila entre US$15.000 y US$200.000 al año.

Y, por último existe otro problema vinculado a su seguridad.

Si bien los anticuerpos son un arma de defensa, en algunos casos “actúan de forma opuesta, acrecentando la infección“, le dice Lundgren a BBC Mundo.

Es un complejo fenómeno conocido como amplificación de la infección dependiente de anticuerpos, en el que algunos anticuerpos en vez de prevenir la entrada del virus a la célula, la facilitan.

Por el momento, “no lo hemos visto con la covid-19, pero se ha visto con otras infecciones virales”, aclara el investigador.

Esto deberá ser evaluado minuciosamente en ensayos clínicos.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

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