Víctimas y organizaciones se reunirán con AMLO en Tlatelolco; le pedirán explique qué es la justicia transicional
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Víctimas y organizaciones se reunirán con AMLO en Tlatelolco; le pedirán explique qué es la justicia transicional

Durante la reunión con el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, las víctimas y las organizaciones de la sociedad civil propondrán la "hoja de ruta" a seguir para entrar a un proceso de justicia transicional.
Cuartoscuro
11 de septiembre, 2018
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El próximo viernes, 14 de septiembre, víctimas de la violencia de todo México se reunirán con el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, para definir en conjunto con las próximas autoridades federales la “hoja de ruta” que habrá de seguirse en el proceso de pacificación y reconciliación del país.

Este encuentro fue pactado desde el 8 de mayo pasado, cuando López Obrador, junto con los otros tres candidatos presidenciales, se reunió con representantes de más de 60 colectivos de víctimas y de defensores de derechos humanos para recibir el documento denominado “Agenda de paz, seguridad, verdad y justicia”, encuentro en el que se pactó que el candidato que resultase vencedor en la contienda electoral, volvería con las víctimas para continuar el diálogo.

Tal como informó el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (que desde 2011 aglutina a víctimas de la violencia de todo el país) en este segundo encuentro, se buscará “sentar las bases para construir, entre gobierno, víctimas, sociedad civil organizada y academia, la política de estado en materia de justicia transicional, de la que hay avances, pero cuyas partes –verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición– han estado dispersas en distintas instituciones y agendas con graves costos para las víctimas y la pacificación de la nación”.

El encuentro del próximo viernes, que se realizará en Tlatelolco, Ciudad de México, “no será una reunión técnica de trabajo –explicó Jacobo Dayán, académico experto en derechos humanos, integrante de esta iniciativa ciudadana–, lo que se va a hacer es plantear cuál es la hoja de ruta que las víctimas y las organizaciones de la sociedad civil proponen seguir, para entrar a un proceso de justicia transicional.”

Desde el triunfo de López Obrador en la pasada contienda presidencial, detalló Dayán, “los representantes del próximo gobierno han repetido por aquí y por allá el término ‘justicia transicional’, pero no hay claridad al respecto, sólo han hablado de algunos elementos que pertenecen a procesos de justicia transicional, como las comisiones de la verdad, pero no se ha definido nada en particular”.

LEE: Qué es la justicia transicional que propone AMLO y cómo funcionó en Colombia con las FARC

La justicia transicional, destacó el especialista, es un término aplicado a los procesos de pacificación y sanción, posteriores a “conflictos armados tradicionales, o bien dictaduras, entonces, las experiencias internacionales no aplican para México, no se pueden copiar fórmulas de otros lados y, más bien, hay que desarrollar un modelo que se ajuste a la realidad mexicana, y eso puede llevar mucho trabajo”.

El tema de la pacificación, la reconciliación y la justicia, lamentó, “es un asunto en el que desde la sociedad civil, y desde las víctimas, no vemos que el próximo gobierno tenga mucha claridad, de ahí que los foros que los representantes de López Obrador han realizado en las semanas pasadas son un caos: esos foros están organizados por lo que será la Secretaría de Seguridad Pública, y tú no puedes plantear un diálogo para la pacificación poniendo como interlocutor a la policía”.

Se trata, detalló el especialista, de “foros sin metodología, sin un objetivo planteado, no están sistematizados, y lo que proponen de arranque, que es el perdón, no tiene ningún sentido”.

Por eso, en el encuentro del próximo viernes serán las víctimas las que propodrán a las próximas autoridades federales un mecanismo concreto, para definir el plan a seguir.

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“En el diálogo del 14 de septiembre se les va a plantear una hoja de ruta, que establece la creación de diversas mesas de trabajo para discutir los temas requiere un proceso de justicia transicional”, explicó Dayán.

Las mesas de trabajo que las víctimas propondrán establecer en conjunto con las próximas autoridades federales, serán las siguientes:

1.- Mesa de trabajo para definir el marco general de proceso de justicia transicional.

2.- Mesa de trabajo para discutir los modelos posibles para la creación de comisiones de la verdad.

3.- Mesa de trabajo para diseñar un mecanismo internacional contra la impunidad, que se sume a la mesa de trabajo ya existente en torno a la reforma de la Procuraduría General de la República.

4.- Mesa de trabajo para diseñar un modelo de reparación integral a las víctimas de la violencia, que susbane las deficiencias con las que operan actualmente las comisiones estatales y federal de atención a víctimas.

5.- Mesa de trabajo para la reconfiguración del Sistema Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas, que se sume a la mesa de diálogo que las próximas autoridades ya mantienen con el Movimiento Nacional por Nuestros Desaparecidos.

6.- Mesa de trabajo para la creación de un sistema de protección para víctimas, testigos y operadores del proceso de justicia transicional.

De esas mesas de trabajo, subrayó Dayán, “deberán salir los documentos técnicos, los planes concretos, para atender cada una de las facetas de la justicia transicional. Se trata de una agenda que debe ser construida con las víctimas y la sociedad civil, en una lógica institucional, que articule todos los esfuerzos a nivel nacional.”

Además de López Obrador, en el encuentro con víctimas se espera también la asistencia de Olga Sánchez Cordero, quien encabezará la Secretaría de Gobernación al entrar en funciones las próximas autoridades, así como de Alejandro Encinas, quien ocupará el cargo de subsecretario de Derechos Humanos de la misma Segob.

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Vacuna contra COVID: por qué algunas dosis acaban en la basura y qué se puede hacer para evitarlo

El mundo vive una carrera por hacerse con las escasas vacunas disponibles contra la COVID. ¿Por qué algunas acaban en la basura o se vacuna a personas no prioritarias?
5 de febrero, 2021
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Enfermeras cargan dosis de la vacuna en Nantes, Francia.

Reuters
Muchos países se enfrentan al reto de administrar las vacunas antes de que se estropeen.

Golpeado por la pandemia de covid, el mundo se enfrentó primero al reto de desarrollar en tiempo récord una vacuna. Ahora, al de distribuirla a escala planetaria sin malgastar una sola de las preciadas dosis.

Con la oferta de vacunas disponibles lejos aún de cubrir la ingente demanda mundial, los gobiernos han establecido rigurosos planes de vacunación que establecen los colectivos que deben ser vacunados primero: generalmente, personas mayores, enfermos crónicos y trabajadores de los servicios de salud.

Sin embargo, no han tardado en aparecer las noticias de personas no pertenecientes a estos grupos prioritarios que recibían la vacuna, o, algo más sorprendente aún, de dosis que acababan en el cubo de la basura.

En la ciudad de Trelew, en la Patagonia argentina, la prensa local informó de que hubo que desechar 140 dosis de la vacuna rusa Sputnik-V porque se había roto la cadena de frío en su conservación.

En España, el general al mando de las Fuerzas Armadas tuvo que dimitir después de que se hiciera público que había recibido la vacuna, pese a que algunos de sus colaboradores les dijeron a los medios españoles que lo había hecho precisamente para evitar que se echaran a perder las dosis sobrantes en su departamento tras vacunar a las personas prioritarias.

En México, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, condenó por “inmoral” al médico que vacunó a dos familiares después de un error en el sistema de citas del hospital en el que trabaja.

Son solo algunos ejemplos de noticias que han provocado malestar y críticas en muchos países cuando la mayoría de la gente sigue a la espera y en muchos casos aún sujeta a distintos grados de confinamiento.

El desafío de optimizar las vacunas

Lo cierto es que los sanitarios se pueden ver a veces ante un incómodo dilema, ya que las vacunas requieren condiciones especiales de conservación y, en algunos casos, sobre todo en pequeñas localidades o lugares alejados, no pueden cumplirse a rajatabla los estrictos criterios fijados por los gobiernos.

La vacuna fabricada por Pfizer, por ejemplo, debe conservarse a temperaturas muy bajas y, una vez descongelada, ha de usarse antes de 5 días.

La Sputnik-V se comercializa en ampollas de cinco dosis, por lo que si se quiere evitar malgastar ninguna, debe haber un número igual de pacientes listos para recibir el pinchazo.

Una profesional de la salud recibe la vacuna en un hospital de Ciudad Juárez, México.

Reuters
Los trabajadores sanitarios figuran entre los colectivos prioritarios en la mayoría de países.

Como explicó en conversación con BBC Mundo el doctor Pablo Bonvehí, jefe de la sección Infectología y Control de Infecciones del CEMIC, un centro de investigación médica de Buenos Aires, “la prioridad es no desperdiciar la vacuna“.

“Una campaña de vacunación, y más una como esta, es siempre un gran desafío de ingeniería”, indica el experto. Y no siempre es posible acomodar la disponibilidad de vacunas con el número de pacientes dispuestos a ponérsela, su disponibilidad para acercarse a los centros de vacunación a recibirla y las necesidades de espacio para mantener la distancia social en ellos.

A esto se suma el problema de los pacientes que no acuden a las citas programadas, sea porque no pueden desplazarse o porque, como los seguidores del movimiento antivacunas, rechazan la inmunización o desconfían de los gobiernos y los fabricantes de medicamentos.

¿Qué hacer entonces con la dosis sobrante cuando ya se ha cubierto el cupo de pacientes prioritarios agendados para el día?

Contenedores de residuos sanitarios en Manchester, Inglaterra.

Getty Images
En algunos países ya ha habido noticias de vacunas que acaban en la basura.

En Estados Unidos ya ha habido centros sanitarios que han empezado a convocar por la emisora de emergencias a los paramédicos que quieran vacunarse una vez cubierto el cupo diario para evitar que se echen a perder las dosis sobrantes.

Y un equipo médico del estado de Oregón que quedó atrapado en una congestión de tráfico comenzó a vacunar a otros automovilistas retenidos ante la imposibilidad de volver a refrigerar a tiempo las dosis que llevaban consigo.

Mejor en un brazo que en el cubo de la basura

Ante la emergencia sanitaria global, los centros médicos a nivel local se enfrentan al desafío de vacunar a la mayor cantidad de gente en el menor tiempo posible, conservando adecuadamente las vacunas y priorizando a los grupos de población de riesgo establecidos por las autoridades nacionales.

En esa tarea titánica, han encontrado una inesperada colaboración en los grupos de espontáneos que hacen fila junto a las clínicas y los centros de vacunación a la espera de que se les administre alguna de las dosis no utilizadas, una imagen cada vez más frecuente en Estados Unidos y en Israel, el país que lidera la frenética carrera global por la vacunación.

“A todas las dificultades se suma la de la incertidumbre acerca de las dosis que se van recibir y cuándo”, señala el doctor Bonvehí.

Para los dispensarios locales se complica aún más llevar una planificación adecuada de la vacunación ya que en muchos casos los gobiernos tampoco han podido ofrecer un calendario claro de vacunación y son ellos quienes centralizan la adquisición de los medicamentos.

Un hombre carga una bombona de oxígeno en Manaos, Brasil.

Reuters
América Latina es una de las regiones más golpeadas por la pandemia y muchos países aún no han podido comenzar a vacunar.

Para los países de renta media, como la mayoría de los de América Latina, que se encuentran detrás de los más ricos en la lista de espera global por recibir la vacuna en la cantidad y con la regularidad suficientes, hacer un uso óptimo de las que llegan se hace más crítico si cabe.

Bonvehí propone que “en las citas se llame a pacientes suplentes, para que, si alguien no se presenta, no haya que desperdiciar ninguna dosis”.

Y la Organización Mundial de la Salud ha pedido que los países más prósperos, que han comprado muchas más dosis de las necesarias para vacunar a toda su población, envíen las que no usen a los países en desarrollo.

Todo, porque, como le dijo Amesh Adalja, especialista en enfermedades infecciosas de la Johns Hopkins University, a la cadena NPR, “una vacuna en un brazo siempre va a ser mejor que una vacuna en el cubo de la basura”.


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