A un año del sismo, Xóchitl sigue cortando el cabello en la banqueta

Xóchitl de la Paz perdió a su madre y a su negocio, con el sismo del 19 de septiembre. Pese a trabajar diario, un año después no ha podido recuperarse del todo, en ningún sentido.

A un año del sismo, Xóchitl sigue cortando el cabello en la banqueta
Foto: Rodrigo Crespo

Días después del temblor del 19 de septiembre de 2017, Xóchitl de la Paz decidió encarar la tragedia de haber perdido a su madre por el derrumbe de su edificio y su negocio, una estética instalada en el estacionamiento, con lo que le quedaba: su trabajo.

En la banqueta donde estaba su antiguo local y departamento puso una sombrilla, una silla y con tijeras en mano comenzó a cortar el cabello para iniciar desde cero otra vez.

Necesitaba conseguir una nueva casa, mantener a su único hijo de 11 años, y sabía que sólo podía lograrlo trabajando, porque la ayuda gubernamental tal vez no llegaría. Se convirtió en un ejemplo de entereza, de esperanza, por eso los medios de comunicación publicaban su historia y, quienes se enteraban, se sumaban a su clientela para ayudar.

Un año después del sismo su situación económica y laboral es la misma. Pese a trabajar diario, no ha podido recuperarse del todo en ningún sentido. El dolor de la muerte de su madre es una constante, y aún está trabajando en la banqueta porque los 50 pesos que cobra por cada corte no le permiten pagar la renta de un local.

“Por más ganas que tengas de trabajar, por más ganas que tengas de salir adelante, llega un momento en el que te cansas, te sientes indefenso”, dice.

Cuando decidió instalarse en la banqueta no sabía lo que enfrentaría en los días siguientes. El clima es implacable cuando se pasa todo el día en la calle. Desde soportar el calor intenso que no se evade con una sombrilla plantada en un neumático, y las lluvias torrenciales.

“Entre que tienes miedo que se mojen los aparatos de trabajo, y te quieres tapar y cuidar que el viento no se lleve las cosas, es desesperante, tienes ganas de llorar; es lo que te lleva a decir: ya no puedo más”, cuenta.

Pero pese a todo, sabe que tiene que vencer la desesperación y al otro día regresa al mismo lugar. Instala el espejo, la sombrilla y comienza el día a las 10 de la mañana.

“Lo que me ha mantenido es lo que me han inculcado mis papás, que solamente una persona puede salir adelante trabajando y yo soy jefa de familia, tengo que sacar adelante a mi hijo. Este es mi medio de trabajo”.

Y su entereza rendía frutos. En los días siguientes a la emergencia, las personas hacían fila por varios minutos con tal de ayudar.

“Venía muchísima gente, pero conforme va pasando el tiempo la gente vuelve a su rutina, y sí sigo teniendo clientes, pero son de la colonia. Los que venían de lejos era por mostrar la solidaridad que nos caracteriza como mexicanos”, afirma Xóchitl.

En los mejores días hacía hasta 20 cortes de cabello, pero desde semana santa comenzó a bajar la clientela, ahora sólo atiende a dos o tres personas por día y “en un día muy bueno hasta 10”, pero no más.

Por eso es que pagar una renta de 6 mil pesos mensuales por un local es impensable. Tendría que hacer cuatro cortes de cabello a diario sólo para solventar el alquiler. “Si lo subo a 100 pesos, mis clientes ya no vendrían, ya se acostumbraron a la tarifa de 50 pesos”.

No tener local también le impidió recibir un apoyo por parte de la Secretaría del Trabajo de la Ciudad de México, pese a que una funcionaria le dio seguimiento a su caso y le ayudó con los trámites para que pudiera recibir muebles para la estética, pero “el problema es que yo no tengo un local y por eso no garantizo la seguridad de los muebles que me daban en custodia y por eso no se pudo hacer”, cuenta.

Las heridas del sismo

Xóchitl tiene 45 años, es de tez morena, cabello corto y negro. Después de clases, su hijo está con ella el resto de la tarde y también aguanta las inclemencias del tiempo y el aburrimiento. Antes del sismo él pasaba la tarde con su abuela mientras su madre atendía la estética en el estacionamiento del edificio.

La madre de Xóchitl, María Salomé López, de 74 años, estaba en su departamento a la hora del temblor el 19 de septiembre. Ni siquiera intentó salir y fue lo mejor porque las escaleras se desplomaron inmediatamente. Aunque fue rescatada con vida, murió horas después en el hospital.

El departamento era el patrimonio que había conseguido en 2006 y le dijeron que el inmueble tenía 25 años más de vida. Por eso es que después de unos meses, el dolor de Xóchitl se convirtió en coraje porque “si bien mi mamá falleció a raíz de un desastre natural, pudo haberse evitado porque este edificio tenía muchas anomalías”.

El edificio estaba ubicado en la avenida Niños Héroes de Chapultepec, en la colonia Niños Héroes, en la Ciudad de México, “era viejo, no tenía permiso para un cuarto piso, no estaba registrado en el catastro, el Infonavit autorizó los créditos y supuestamente vino un perito evaluador a autorizar que se comprara este departamento porque por lo menos iba a resistir 25 años”, cuenta Xóchitl.

“Decían que desde el 85 lo desalojaron porque estaba inhabitable y aún así las autoridades permitieron que se vendiera sólo remodelándolo. Es lo que me llena de impotencia, pensar que no puede ser que se pierdan vidas a costa de dinero. No hubo quien dijera esto está mal, esto no lo puedes hacer”.

Pero pese a que la corrupción mató a su madre, no hay responsable al respecto, por eso, el coraje volvió a ser dolor. A punto de acercarse el primer aniversario del sismo sólo siente tristeza.

“Es un dolor que a lo mejor voy a llevar toda la vida, pero que tengo que superar”, dice.

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