1968: Fracasa encuentro del CNH con enviados de Díaz Ordaz; mitin en Tlatelolco sigue en pie
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Archivo Heraldo de México

1968: Fracasa encuentro del CNH con enviados de Díaz Ordaz; mitin en Tlatelolco sigue en pie

Los representantes estudiantiles Gilberto Guevara Niebla y Luis González de Alba se reunieron con la delegación del gobierno, integrada por Andrés Caso Lombardo y Jorge de la Vega Domínguez, sin embargo no se llegó a acuerdos. Los estudiantes realizarán una concentración en Tlatelolco.
Archivo Heraldo de México
Por Viétnika Batres
2 de octubre, 2018
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Nota del editor: Desde el 23 de julio, Animal Político presenta materiales periodísticos para conocer los hechos, nombres y momentos clave del movimiento estudiantil del 68 que se vivió en México.

La cronología se publica en tiempo real, a fin de transmitir la intensidad con que se vivieron esos días y se tenga, así, una mejor comprensión de cómo surgió y fue frenado a un precio muy alto el movimiento político social más importante del siglo XX.
Queda mucho por saber y entender: 50 años después aún no sabemos por qué una riña estudiantil –como muchas que hubo previamente– detonó la brutal represión del gobierno.

Lo que es cierto es que el 68 fue, es mucho más que la masacre del 2 de octubre. Hubo un contexto que lo explica. Y eso es lo que les presentamos aquí.

Ciudad de México, 2 de octubre de 1968.– Dos integrantes del Comité Central del Consejo Nacional de Huelga (CNH) se reunieron a primera hora de esta mañana con dos enviados del presidente Gustavo Díaz Ordaz, con quienes se intentó, sin éxito, llegar a un acuerdo para sentar las bases del diálogo público que exige el movimiento estudiantil y obtener respuesta satisfactoria a los seis puntos del pliego petitorio que han presentado.

La reunión, realizada en la casa del rector Javier Barrios Sierra, en San Ángel, comenzó alrededor de las siete de la mañana con una pequeña introducción del anfitrión. Presentó a la comitiva del CNH y a los emisarios gubernamentales con las siguientes palabras: “Me complace recibir en mi casa a los señores representantes del presidente de la República y a los representantes estudiantiles. Mi deseo ferviente es que esta conversación contribuya a solucionar el conflicto que enfrentamos. Señores: están en su casa, los dejo conversar”.

El rector se retiró del salón, pero las cosas no marcharon bien. De entrada, los representantes estudiantiles Gilberto Guevara Niebla, Luis González de Alba y Anselmo Muñozmanifestaron a la delegación del gobierno, integrada por Andrés Caso Lombardo y Jorge de la Vega Domínguez, que habían ido para establecer las condiciones de un “diálogo público” y no para negociar allí mismo las demandas.

La tensión aumentó. El trato que los representantes del presidente dieron a los dirigentes del movimiento “no incluía el menor respeto por la investidura del Consejo Nacional de Huelga, al cual representábamos. Fue como una burla lo que hicieron De la Vega y Caso”, declaró Guevara Niebla.

Ellos “se asumían con mayúsculas como Representantes del Presidente de la República”, mientras De la Vega les faltaba al respeto. “Nos trataron como a unos imbecilitos irresponsables que –así nos lo dijo literalmente De la Vega– estábamos poniendo en peligro a toda una generación de jóvenes mexicanos, y que en un momento determinado tendríamos que rendir cuentas al país entero por lo que estábamos haciendo”. No los bajaron de agitadores profesionales.

Los enviados de Díaz Ordaz jugaron, según los estudiantes, el papel del policía bueno y el policía malo. “De la Vega más agresivo y Caso un poco más conciliador”, denunció Guevara Niebla.

–Venimos en plan de amigos –dijo, de pronto, Caso.

movimiento

Los representantes del CNH se molestaron aún más por lo que ellos consideraban como una falta de respeto al tratarlos. Intervino Guevara Niebla, de nuevo:

–Nosotros no venimos a hacer amigos. Venimos a buscar la solución a un conflicto que está afectando al país.

De la Vega, de acuerdo con la versión de los dirigentes del CNH, intervenía con mayor intolerancia. Hasta que en un momento Guevara Niebla preguntó: “¿Cuál es la capacidad de decisión que tienen ustedes? Porque nosotros sí tenemos capacidad de decisión”. Entonces De la Vega y Caso confesaron que “ellos no tenían ni la más mínima capacidad para decidir algo importante”.

En esas condiciones, la conversación no tenía mucho sentido. Guevara Niebla, uno de los que más intervinieron, tomó un atajo para no extender sin sentido una reunión que para entonces ya llevaba unos 45 minutos. “Sería deseable que se hiciera una negociación pero tomando decisiones. Vamos a establecer un diálogo de hechos. Ustedes den pasos ostensibles, visibles hacia atrás, y nosotros daremos los mismos pasos hacia atrás, mientras nos volvemos a reunir”.

Acordaron entonces que reanudarían las pláticas al día siguiente, 3 de octubre, en la Casa del Lago. Guevara Niebla y González de Alba salieron de casa del rector y en un pequeño coche que les prestaba Julio Labastida se fueron a Tlalnepantla a desayunar unos tacos.

Al abrirse la posibilidad de iniciar la negociación y el diálogo, el CNH –que estaba en sesión en Zacatenco–, votó por suspender la manifestación prevista de la Plaza de las Tres Culturas al Casco de Santo Tomás para evitar la violencia, pero mantuvieron la decisión de efectuar el mitin de esta tarde en Tlatelolco.

A decir de los propios estudiantes, Barros Sierra les insistió en suspender el acto. Fue en vano, a pesar de que les argumentó lo conveniente que, en su opinión, sería cancelarlo. Los estudiantes le respondieron que no tenían tiempo. Sin embargo, Barros Sierra mantuvo una opinión adversa, pues a medida en que se acentúa la represión violenta, ellos se están arriesgando, les dijo.

Guevara Niebla, Gilberto, La libertad nunca se olvida. Memoria del 68, Ediciones Cal y Arena, México, 2004, p. 205.

González de Alba, Luis, “Tlatelolco, aquella tarde”, Nexos, 1 de noviembre de 2016. En www.nexos.com.mx/?p=30019.

Guevara Niebla, Gilberto, “Volver al 68”, Nexos, 1 de octubre de 1993. En www.nexos.com.mx/?p=6899.

Ídem.

Ídem.

Ídem.

Barros Sierra, Javier, Conversaciones con Gastón García Cantú, Ediciones Siglo XXI, México, 1972, p. 133.

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#YoSoyAnimal

#TheatreCapChallenge, la sencilla idea que "está salvando vidas" en las salas de operación

Cuando el británico Rob Hackett apareció en el quirófano con su nombre y profesión escrito en el gorro, recibió varias burlas. Pero esa sencilla medida ayuda a disminuir lo que es la tercera causa de muerte en Estados Unidos: los errores médicos.
31 de mayo, 2022
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“¿Acaso no puedes recordar tu nombre?”, solían decirle los colegas de Rob Hackett en broma.

Era fines de 2017 y el anestesista británico había decidido empezar a ingresar a las salas de operaciones con su nombre y profesión escritos en el gorro, algo tan vistoso que era ineludible para sus colegas.

Y esa era justamente la idea: que lo detectaran y leyeran con facilidad.

Un año y medio después, su iniciativa #TheatreCapChallenge (“desafío del gorro de quirófano”) se volvió viral y, según Hackett, ya está salvando vidas.

“Desde hace más de 10 años que me enfoco en mejorar la seguridad de los pacientes”, cuenta el médico a BBC Mundo desde Sídney (Australia), donde vive desde hace dos décadas.

Su interés en el tema comenzó tras presenciar la muerte de una madre joven por una serie de “peligros que aún existen”.

“Soy consciente de que otra gran cantidad de personas continúa muriendo innecesariamente por estos mismos problemas”, dice el anestesista.

Esos “peligros” o “problemas” se llaman errores médicos.

En Estados Unidos, por ejemplo, los errores médicos son la tercera causa de muerte, según un estudio realizado por la Universidad Johns Hopkins y publicado en la revista British Medical Journal en 2016.

Principales causas de muerte en EE.UU.. . .

Y, de acuerdo con la última guía para cirugías seguras de la Organización Mundial de la Salud, la comunicación es la raíz de 70% de los “miles de eventos adversos reportados (dentro de los quirófanos) entre 1995 y 2005” .

Hackett ha sido testigo directo o indirecto de todo ello.

Durante sus 12 años como anestesista, ha sabido de estudiantes a los que piden que terminen una operación porque los confunden con novatos en fase de entrenamiento.

O pacientes que sufren infartos porque no recibieron la compresión torácica (maniobra de primeros auxilios) a tiempo por la sencilla razón de que nadie en la sala quirúrgica se dio por aludido cuando se dio la orden.

Así que se propuso buscar medidas para cambiarlo.

#TheatreCapChallenge

“Conocí la llamada ciencia de los factores humanos a principios de 2015 y el tema me motivó aún más después de asistir a una serie de presentaciones del experto en seguridad médica (Rollin) ‘Terry’ Fairbanks”, cuenta Hackett.

Médicos operando.

Getty Images
La comunicación dentro de la sala de operaciones es la raíz del 70% de los “eventos adversos”, dice la OMS.

Fue en esa época que intentó introducir en la sala de operaciones lo que definió como “otra iniciativa obvia de seguridad”: “Fui sometido a intensas amenazas e intimidaciones por parte del personal de mayor jerarquía dentro de uno de mis propios hospitales”.

“Tal vez fue entonces cuando me di cuenta de que había pocas posibilidades de cambio y mejora dentro de los marcos de asistencia sanitaria existentes”, agrega.

Abandonó esa idea pero seguía pensando que algo debía cambiar.

La idea de los gorros con nombres llegó de una forma inesperada: leyendo el libro de autoayuda “Cómo ganar amigos e influir sobre las personasdel estadounidense Dale Carnegie.

“Cuanto más lo pensaba, más obvia y fantástica me parecía la idea”, confiesa. “Crea una mejora en la atención al paciente y expone los marcos de atención médica en los que nos basamos para resistirnos al cambio”.

Pero a la iniciativa le faltaba masificación.

La idea llegó de la entonces estudiante para partera Alison Brindle, quien propuso usar el hashtag #TheatreCapChallenge en redes sociales, cuenta Hackett.

En Twitter, en los últimos dos meses, el hashtag ha sido usado principalmente en Reino Unido y Estados Unidos, pero Australia, España y México le siguen en menciones, según la herramienta Hashtagify.

Además, organismos como las asociaciones de anestesistas de EE.UU. y Australia han apoyado públicamente la iniciativa.

La Asociación Estadounidense de Asistentes Médico Quirúrgicos, por ejemplo, lo agregó a su lista de políticas e informó: “Es una idea simple y gratuita que ayuda a mejorar la comunicación en una emergencia, especialmente en instituciones más grandes donde puede ser más difícil identificar a colegas y caras nuevas”.

“Experimento psicosocial”

Cuando Hackett comenzó con la iniciativa, creó un video donde explica que “saber los nombres de las personas y sus roles es una habilidad no técnica esencial para el trabajo en equipo”.

En situaciones de emergencia como un paro cardíaco, cuando el personal está corriendo hacia el quirófano, saber “quién es quién” marca la diferencia, continúa.

“Orquestamos al equipo con extrema eficiencia y el paciente tiene mayores probabilidades de sobrevivir“.

Desde que se convirtió en “el loco” que lleva su nombre escrito en la frente hasta la actualidad, Hackett ha escuchado numerosas críticas.

Las principales, cuenta a BBC Mundo, son el costo, la falta de evidencia científica para llevar adelante la experiencia y la vergüenza de verse “poco profesional”.

Pero Hackett tiene argumentos para cada crítica.

Equipo médico.

Gentileza Rob Hackett
Rob Hackett junto a un equipo médico en Sídney, Australia, donde cada uno tiene su gorro con nombre y profesión.

Si bien hoy en día lleva un gorro con sus datos bordados, en un principio simplemente lo había escrito a mano. Por eso, agrega, el costo de implementación es cero.

Respecto a las pruebas, el británico cita una investigación de la Escuela Imperial de Anestesia de Reino Unido presentada en Londres el año pasado que afirma que los cirujanos saben el nombre de menos de la mitad (44%) del personal médico dentro del quirófano.

“Conocer y reconocer a los miembros del equipo por su nombre ha sido cuantitativa y cualitativamente asociado con una mayor confianza, compromiso laboral y resultados clínicos“, dice otro estudio publicado el año pasado por la revista British Journal of Anaesthesia.

El trabajo, que analizó el impacto de #TheatreCapChallenge en un hospital en Reino Unido, afirma que el recuerdo de nombres aumenta con los gorros, algo que no sucedió en otro estudio que incluyó una chapa identificatoria en el pecho.

Además, de acuerdo a ese mismo estudio, 94% de los anestesistas y enfermeros apoyaron la iniciativa.

“La reacción de los profesionales médicos ha sido fascinante”, confirma Hackett.

Médicos corriendo.

Getty Images
En las emergencias, saber quién es quién ayuda a organizar al equipo médico “con extrema eficiencia y el paciente tiene mayores probabilidades de sobrevivir”, dice Hackett.

Según una encuesta realizada por PatientSafe Network, una organización sin fines de lucro sobre seguridad del paciente que Hackett dirige, 86% del personal apoya la iniciativa.

El apoyo fue unánime por parte de los estudiantes de enfermería y medicina, aquellos que son nuevos en la atención médica”, dice, agregando que lo mismo ha sucedido con los pacientes.

“Sin embargo, el apoyo fue menor entre quienes tienen la mayor influencia: el personal que ha estado en la industria durante más de 20 años”, reconoce.

Y es aquí donde entra el factor del profesionalismo y prestigio.

En palabras de Hackett, el #TheatreCapChalleng “es como un experimento psicosocial internacional masivo, que expone fácilmente dónde la cultura de la atención médica está fallando”.


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https://www.youtube.com/watch?v=6AMWU9EbdCU

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