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Colección documental de la Universidad Iberoamericana
El bolso de Myrthokleia: La historia de una sobreviviente del 68 y el reencuentro con su expediente oculto 
La maestra de ceremonias del 2 de octubre perdió su bolsa tras el ataque del Ejército en Tlatelolco. La Dirección Federal de Seguridad la encontró y al revisarla se sorprendió de lo que contenía.
Colección documental de la Universidad Iberoamericana
Por Mario Gutiérrez Vega
3 de octubre, 2018
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Ganó por un voto. Myrthokleia estaba sorprendida del resultado. La asamblea del Consejo Nacional de Huelga (CNH) decidió que ella fuera la maestra de ceremonias del mitin convocado para ese miércoles por la tarde en Tlatelolco. La concentración del 2 de octubre era importante en la agenda estudiantil de esos días de 1968.

Myrthokleia Adela González Gallardo, estudiante de la Escuela Técnico Industrial Wilfrido Massieu del Politécnico Nacional, aceptó de buena gana. Después de la asamblea del CNH realizada al mediodía en el auditorio de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica, en Zacatenco, se reunió con los oradores del mitin. En una hoja escribieron con pluma el orden de las intervenciones. El primero sería Florencio López Osuna (que haría un análisis político del momento); después hablaría José González Sierra (que se referiría a las formas de lucha); en tercer lugar vendría David Vega (que haría mención de las brigadas); y el último sería Eduardo Valle (que anunciaría una huelga de hambre).

En otra hoja anotaron los mensajes relevantes a tratar: sería un mitin informativo y organizativo, no irían en marcha al Casco de Santo Tomás para evitar provocaciones, darían instrucciones a las brigadas… Todo quedó por escrito. Myrthokleia guardó las dos cuartillas en su bolsa de piel color tabaco.

Llegaron a Tlatelolco en las primeras horas de la tarde. Entraron a una de las tiendas de la planta baja del Edificio Chihuahua. Myrthokleia recuerda que la mujer que atendía les dijo. “Hay un contingente del Ejército cerca de aquí, en la calle Violeta”.

Subieron a la terraza del tercer piso del edificio Chihuahua, que utilizarían como estrado. Desde ahí observaron a cientos de personas reunidas y el despliegue de pancartas en paredes y postes de la Plaza de las Tres Culturas. Myrthokleia dio la bienvenida y cedió la palabra a Florencio López Osuna, que habló durante varios minutos. No intervinieron más oradores. A las 18:10 horas comenzaron los disparos de francotiradores. Y con ellos el caos en la terraza del edificio Chihuahua, donde todos corrieron hacia las dos escaleras, las únicas vías de escape. Fue imposible. En segundos aparecieron decenas de militares del Batallón Olimpia que ordenaron a todos tirarse al suelo.

Myrthokleia obedeció y puso las manos en la nuca. Dos hombres la levantaron y la llevaron a uno de los departamentos del edificio. “Estaba vacío. Ahí tenían a los muchachos, te golpeaban y robaban”, recuerda. Pero Myrthokleia ya no portaba nada de valor, su bolsa de piel se había quedado en el suelo de la terraza.

Nunca más supo de la bolsa ni se interesó por ella. Fue hasta décadas después, revisando su expediente en el Archivo General de la Nación (AGN), cuando conoció lo que había sucedido con sus pertenencias.

El 2 de octubre de 1968 el agente Carlos A. Gutiérrez, de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), recogió la bolsa en el edificio Chihuahua y la llevó a sus oficinas. El 8 de octubre un agente de la DFS redactó un informe de dos párrafos dirigido al director de la corporación. En el texto indicó que Gutiérrez le había entregado la bolsa y que, al revisarla, ésta contenía documentos “de suma importancia, porque esta persona está metida en el movimiento estudiantil”.

Lo que la DFS encontró en la bolsa de Myrthokleia –de acuerdo con lo resguardado en el AGN– fue su pasaporte, una credencial del PRI, una libreta de cuenta de ahorros, una carta en clave, hojas con fórmulas para elaborar bombas molotov y pólvora negra, textos sobre la lucha de los pueblos y del comité de huelga estudiantil, una lista con nombres de estudiantes brigadistas, y las dos cuartillas escritas a mano al mediodía del 2 de octubre que trazaban el orden de los oradores y los temas del mitin.

A 50 años de ese miércoles del 68, Myrthokleia recuerda por qué cargaba esos papeles en su bolsa.

El pasaporte lo llevaba a todas partes por si necesitaba huir del país. “Nos íbamos a ir a Cuba si pasaba algo”. Tener en su poder la libreta de ahorro también le ayudaría a sacar dinero del banco en una emergencia.

En la bolsa había una credencial del PRI a su nombre. Desde los 16 años se incorporó al partido para hacer oratoria, le interesaba aprender a hablar en público. “Yo no buscaba hueso, no me importaba el PRI, lo único que quería era que no me diera miedo estar frente a la gente”.

Su papá era ingeniero químico y estaba activo en las movilizaciones de la comisión de maestros del Politécnico Nacional. Él le entregó las páginas con instrucciones para elaborar pólvora negra y hacer bombas molotov. “Nunca las usamos, pero ahí las teníamos, por cualquier cosa”, explica Myrthokleia.

Las hojas con textos informativos sobre la lucha de los estudiantes y el comité de huelga también fueron aportación de su papá. “Yo los pasaba al Consejo o a las escuelas, para repartirlos en los comités de lucha. Íbamos a fábricas para formar brigadas y ahí repartíamos documentos a los obreros”.

La DFS encontró también entre sus pertenencias una hoja con 19 nombres de estudiantes que formaban parte de una brigada. Cada alumno tenía el grupo escolar al que pertenecía y su número de cartilla del servicio militar.

En la bolsa de Myrthokleia los agentes encontraron una carta en clave. Hoy no sabe cómo descifrarla pero recuerda que era un intercambio epistolar “sin importancia” con una prima. Se escribían cartas así para que sus padres no supieran el contenido. “Hasta pendejos eran”, dice sobre los agentes de la DFS que veían en sus papeles una amenaza.

En las fichas que la Dirección Federal de Seguridad (DFS) redactó sobre Myrthokleia se establece que la detuvieron el 2 de octubre por estar en el presídium del mitin estudiantil y que fue llevada al Campo Militar número 1, donde el ministerio público la dejó en libertad.

La maestra de ceremonias del mitin de Tlatelolco dice que es mentira. Recuerda que del edificio Chihuahua la llevaron detenida a la Cruz Roja de Polanco para evaluar su estado médico. El 3 de octubre fue trasladada por dos agentes a unas oficinas de la Procuraduría de Justicia del DF en la calle de Tres Guerras, donde durmió en el suelo, sobre cartones.

Horas más tarde ─Myrthokleia perdió la noción del tiempo, no recuerda si ya era 4 de octubre─ otros agentes la movieron a un edificio de la Dirección Federal de Seguridad. Ahí la interrogaron, le mostraron fotografías y le preguntaron los nombres de los dirigentes estudiantiles. De nueva cuenta la subieron a un vehículo para llevarla a los separos de la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales (la policía política) en Tlaxcoaque, donde declaró que ella no tenía ninguna relación con el movimiento estudiantil y que el 2 de octubre iba pasando por Tlatelolco.

Myrthokleia recuerda que estuvo en el separo número 18 durante una semana. De nuevo la movieron de lugar, ahora su destino fue el Hospital General de Balbuena. Por insistencia de un doctor la internaron en el nosocomio sin que tuviera ninguna herida que lo ameritara. El 2 de octubre una bala le había rozado la mano izquierda, pero no requería una atención mayor.

Permaneció en Balbuena varios días hasta que una enfermera le ayudó a escapar. Primero la llevó a un domicilio desconocido donde estuvo unas horas y después fue a la casa de otra enfermera. Permaneció ahí tres días hasta que la movieron a un nuevo domicilio, ahora en el Estado de México. Entonces, los papás de Myrthokleia ya la tenían localizada y ayudaban en su huida. El 25 de octubre viajó disfrazada a Guadalajara, donde la recibió una familia que ofrecía refugio a estudiantes perseguidos.

En Guadalajara permaneció unos seis meses, hasta que disminuyó la búsqueda gubernamental en contra de integrantes del CNH y los papás de Myrthokleia consideraron que era seguro su regreso al Distrito Federal. “Nunca estuve en el Campo Militar número 1, no estaría aquí para contarlo”, asegura.

50 años después del 2 de octubre Myrthokleia tiene un sueño recurrente. No lo define como una pesadilla, pero cuando la imagen llega por la noche se altera: alguien roba su bolsa.

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EPA
"El sistema de admisión a las universidades en EU está inclinado en favor de los ricos y famosos", dice ganador del Pulitzer
El FBI acusa a un grupo de millonarios y famosos de participar en un esquema en el que se pagaban sobornos y se hacía trampa en los exámenes, para que sus hijos ingresaran en algunas de las mejores universidades de EU.
EPA
18 de marzo, 2019
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Varias universidades de Estados Unidos se precian de ser las mejores del mundo.

Parte de ese prestigio tiene que ver con un competido proceso de selección en el que, según cifras oficiales, en promedio menos del 20% de los aspirantes a las universidades de élite es admitido.

En algunos casos esa cifra llega a ser menor al 4%.

Pero un caso de fraude revelado por el FBI, considerado el mayor escándalo de fraude educativo en la historia del país, parece mostrar que además de tener méritos, hay que tener mucho dinero para ingresar a una universidad de renombre.

La investigación señala a más de 30 padres millonarios, entre ellos las actrices Felicity Huffman y Lori Loughlin, por presuntamente participar en un mecanismo de fraudes y sobornos para que sus hijos lograran un cupo en reconocidas universidades.

Según las autoridades, los involucrados pagaban a un consultor privado llamado William Singer, quien les daba instrucciones para hacer trampa en los exámenes de ingreso o pagaba sobornos a entrenadores deportivos para aceptar a estudiantes que no reunían las cualidades para ser admitidos.

Huffman y Loughlin

Getty
Huffman y Loughlin están entre la madres acusadas.

A raíz de esta investigación, un grupo de estudiantes de California presentó el miércoles una demanda contra ocho prestigiosas universidades, a las que acusan de no haber hecho un proceso de admisión justo.

Las acusaciones tienen en la mira a universidades como Yale, Stanford, Georgetown, la Universidad de Texas y la del Sur de California.

El FBI descartó que las escuelas tuvieran alguna participación en el mecanismo de fraude, pero para muchos este caso fue una muestra de que el dinero es un factor determinante a la hora de entrar a la élite académica.

Uno de ellos es Daniel Golden, editor del portal periodístico ProPublica y autor del libro “El precio de la admisión”, sobre cómo los millonarios usan su dinero para que sus hijos sean aceptados en las mejores universidades.

Golden, además, ganó un premio Pulitzer por una serie de artículos sobre los privilegios de los que gozan algunos estudiantes durante los procesos de admisión en las universidades.

En BBC Mundo lo entrevistamos sobre el caso de Singer y el sistema de admisiones en EE.UU.

yale

Getty
A algunos de los involucrados se les acusa de intentar ingresar se forma fraudulenta a la prestigiosa Universidad de Yale.

¿Este caso de supuesto fraude es un caso aislado o cree que es parte de un problema más grande?

Creo que representa un problema más amplio, apunta a varias vulnerabilidades en el proceso de admisión.

Una de ellas es el crecimiento de esta industria de consejeros que trabajan para familias adineradas que quieren que sus hijos vayan a la universidad.

Tradicionalmente este es un rol que cumplen los consejeros en la secundaria, que ayudan a los estudiantes a conectarse con las mejores universidades, pero estos consultores privados como Singer, la supuesta mente maestra detrás de este esquema, solo responden a las familias ricas. Esos son sus clientes.

Así que si los padres están decididos a que sus hijos entren a una universidad de élite, supongo que Singer no es el único consultor con buenas conexiones para que eso ocurra, y eso es un problema para el sistema.

estudiantes

Getty
Golden afirma que incluso las prácticas legales perjudican al sistema educativo en EE.UU.

Este parece ser un caso de corrupción, pero usted sostiene que incluso las prácticas legales hacen que el sistema de admisión sea injusto…

El sistema de admisión en EE.UU. está inclinado en favor de los ricos y famosos.

La “admisión hereditaria”, que otorga preferencia a los hijos de exalumnos, generalmente beneficia a las familias con más riqueza.

Igual pasa con las llamadas “preferencias de desarrollo”, que son preferencias para hijos de personas que no fueron alumnos, pero que hacen donaciones a la universidad.

Incluso están las “preferencias atléticas”. Hay deportes que todo el mundo practica como fútbol americano o baloncesto, pero hay muchos otros deportes como la navegación o actividades ecuestres que generalmente están limitados a los más ricos. Hay una preferencia por admitir a estudiantes que participan en esos deportes de clase alta.

En conjunto, yo me refiero a esas preferencias como “preferencias del privilegio”.

Esas preferencias son como las ayudas que le dan los participantes del programa de televisión “Quién quiere ser millonario” cuando no saben la respuesta a una pregunta.

estudiantes

Getty
Según la investigación, los aspirantes acusados hacían trampa en los exámenes de admisión.

¿Es este un sistema discriminatorio?

Es un sistema que discrimina en favor de los ricos y en contra de los estudiantes que no tienen ninguna forma de preferencia.

Los estadounidenses de origen asiático muchas veces entran en esta última categoría. Ellos muchas veces obtienen notas y puntajes sobresalientes, pero no logran entrar. También pasa con estudiantes blancos de clase media trabajadora.

Los negros y los hispanos se benefician de acciones afirmativas, así que ellos también tienen una preferencia.

¿Dar preferencia a quienes tienen dinero o padres exalumnos afecta la calidad de estas universidades?

En general estas preferencias afectan la calidad porque significan que los estudiantes de pregrado en estas universidades no son tan fuertes académicamente como lo serían si fueran admitidos sin tener en cuenta su riqueza y su privilegio.

También afecta la diversidad económica del cuerpo de estudiantes de pregrado.

Muchas de las universidades top tienen muy pocos estudiantes de bajos ingresos. Eso ocurre a pesar de que parte de su misión es ayudar a descubrir “diamantes en bruto”, es decir, jóvenes de bajos recursos o de familias en desventaja que tienen un gran potencial, pero en un sistema amañado contra ellos.

estudiantes

Getty
Golden sostiene que las preferencias hacen que el sistema de admisión a las universidades de EE.UU. sea injusto.

¿Para un estudiante sin privilegios tiene sentido presentarse a estas universidades aun sabiendo que el sistema juega en su contra?

Los estudiantes de secundaria deben ser conscientes de que el sistema no está completamente basado en el mérito y que puede que no reciban un trato justo en universidades selectas durante el proceso de admisión.

Aun así, estudiantes con méritos sobresalientes lograrán entrar en universidades top, es solo que enfrentan barreras significativas.

En América Latina muchos sueñan con llegar a una universidad de élite, ¿cómo es el panorama al que se enfrentan?

Para estudiantes internacionales la situación es un poco particular, porque muchas universidades no ofrecen mucha ayuda financiera para estudiantes internacionales, así que están particularmente interesadas en estudiantes que van a pagar matrícula.

Si los estudiantes de América Latina pueden pagar la matrícula, probablemente tienen una buena oportunidad de ingresar a algunas de las mejores universidades de EE.UU.

Si no pueden pagar la matrícula, la situación será más difícil.

Si, según usted, el sistema es injusto, ¿cómo se podría arreglar?

Yo eliminaría la admisión hereditaria, no creo que deba haber preferencias basadas en el parentesco. Eliminaría las preferencias para aspirantes en deportes en los que la mayoría de los jóvenes no tienen la oportunidad de jugar.

mujer

Getty
Golden sugiere que se aumentar las regulaciones para los consejeros privados.

Respecto al escándalo de Singer en particular, incrementaría las regulaciones y los controles para estos consejeros privados.

Las escuelas también deberían endurecer el reclutamiento de atletas. Los comités de admisión deben prestar más atención a los estudiantes seleccionados por los entrenadores.

¿Estamos frente a un sistema corrupto?

Yo no diría que el sistema como un todo es corrupto, pero sí pienso que es muy común que la gente rica haga grandes donaciones a las universidades durante la época en que los estudiantes se están postulando.

¿Vale la pena ir a la universidad?

La mayoría de los estudios muestra que en EE.UU. tener un grado universitario es muy útil para aumentar el poder adquisitivo en el futuro, así que yo no recomendaría que la gente deje de ir a la universidad.

Hay muchas universidades que no están en el top de los rankings y brindan una buena educación. Yo buscaría opciones de una manera más amplia, pero creo que es importante ir a la universidad.

¿Las universidades que aparecen en el top son tan buenas como creemos que son?

Es una pregunta difícil, depende de cómo definas “buenas”. Sin duda tienen excelentes profesores y ofrecen muy buena educación, al igual que lo hacen otras universidades. Pero al parecer la gente las valora no solo por la calidad de la educación si no por el status social que parecen brindar.


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https://www.youtube.com/watch?v=MCmqUp2XTPY&t=98

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