49 Cruces Blancas, una novela que aborda la tragedia en la Guardería ABC (capítulo de regalo)
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49 Cruces Blancas, una novela que aborda la tragedia en la Guardería ABC (capítulo de regalo)

Esta no es una investigación periodística ni la continuación de una tragedia, es una novela que recrea las historias de familiares y víctimas de la Guardería ABC.
Por Verónica Santamaría
7 de octubre, 2018
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Advertencia al lector: Lo que leerá no es una investigación periodística sobre una de las tragedias que marcó la vida de familias y ciudadanía en torno a la Guardería ABC, en Hermosillo, Sonora. Esta es una novela que explora la existencia de un grupo de personas que de forma directa o indirecta fueron tocadas por un incendio que pudo evitarse.

49 Cruces Blancas es una novela de ficción que no pierde el registro documental de lo sucedido en el incendio, incluso, permite al lector tener un amplio contexto de lo que pasó en la Guardería ABC, desde aquel 5 de junio de 2009 hasta el 2014, momento en que se ubica la novela.

En el libro, el lector será testigo de “la incapacidad del Estado para poder proteger sus intereses y a los grupos de poder, así como la incapacidad de establecer una verdad jurídica”, dijo en entrevista para Animal Político, Imanol Caneyada, autor de 49 Cruces Blancas.

“Un caso como la Guardería ABC, que tuvo que habernos movido a tal grado que, el propio Estado tuvo que haber reaccionado y que no lo hizo, confirmó su vocación de Estado fallido. Al final, no deja de ser un Estado fallido porque si no establece una verdad jurídica, no se establece una investigación clara, precisa e implacable, entonces ¿qué necesitamos en este país para que los aparatos de justicia funcionen?”, cuestiona.

Los seis capítulos forman parte de la exploración psicológica, emocional y social de lo que significó la tragedia para una ciudad como Hermosillo, para sus habitantes y “el valor de esas historias que va más allá de las cuestiones documentales y la labor periodística”.

No era literatura, era una especie de terapia

La obra de Caneyada es una novela negra, género literario al que está acostumbrado escribir y, que le permitió sumergirse en los personajes, en las heridas emocionales y sociales “a través de un narrador en las cloacas de un gobierno que negó, y negó a los padres de la guardería ABC y a los familiares de los niños, y nos negó como sociedad la posibilidad de cambiar el rumbo y tratar de ser otro tipo de sociedad”.

Al principio -cuenta el autor- no encontraba la forma de contar la historia porque lo arrastraba el propio dolor e indignación. La primera versión de los primeros capítulos no era literatura, era una especie de terapia, era un grito. No hallaba la forma de poder contar la historia hasta que entendió que tenía que contar qué había pasado tres años después.

“La voz narradora es el hilo conductor en la historia. La mirada del narrador protagonista llega a la tragedia con este cinismo e indiferencia y este valemadrismo que, a medida que va entrando en contacto con los actores de esa tragedia y con las víctimas, entra en contacto con el horror de ese sistema para tapar, camuflar y decir: esto fue lo que pasó. Se transforma y entra a ese dolor”, señaló el autor.

Recordar a pesar del dolor

Para Imanol, leer 49 Cruces Blancas es recordar a pesar de lo dolorosa que es la novela. Normalmente, nuestra primera reacción al dolor es bloquearlo, cerrar los ojos y darle la espalda. El país se encuentra en una situación sin salida que la única posibilidad real que tenemos para reconstruirnos como sociedad es tener una conciencia plena de lo que ha pasado, sostuvo.

El incendio de la guardería ABC da cuenta del hartazgo de la sociedad y el cansancio de ser un país de víctimas a las que ni siquiera se les da el consuelo de una verdad jurídica, de una justicia.

Tal y como clama el lema de los padres de la guardería: Ni perdón, ni olvido; justicia ABC, “son tres cosas que resumen todo, resumen no solo la tragedia de la guardería sino también otras tragedias.

“Me parece que la literatura es una herramienta que puede mantener viva esta conciencia y de alguna manera alimentar algo que nos movilice como sociedad, que nos haga despertar de este marasmo que no cierra sus heridas y que siguen sangrando. Podemos ocultar, cerrar los ojos, pero ahí está”, sentenció.

Antes de incursionar en el periodismo Imanol Caneyada estudió teatro en la escuela de teatro de Montreal y en el Centro de Arte Dramático A. C. (CADAC) en Ciudad de México y luego, en el Centro de Adiestramiento Teatral, desarrollando así una vocación enfocada al teatro y a la dirección.

Tiempo después, comenzó a incursionar en los medios de comunicación, principalmente en norte, en Sonora con diferentes medios. Actualmente colabora en Primera Plana. Dirigió y escribió en suplementos culturales, hizo periodismo cultural en Excélsior, El imparcial y El Independiente.

Con autorización del autor Imanol Caneyada y el sello editorial Planeta, Animal Político te regala un capítulo de regalo de 49 Cruces Blancas.

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Elecciones en Colombia: el país decidirá cuán profundo es el cambio que desea (y quién lo representa mejor)

Todos los candidatos de las presidenciales de este domingo, incluidos aquellos cercanos al gobierno saliente de Iván Duque, hablan de un cambio para Colombia. El favorito, Gustavo Petro, propone una ruptura en la historia. Esto es lo que está en juego.
29 de mayo, 2022
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Elecciones en Colombia

Getty Images

Todas las elecciones son históricas, pero unas más que otras. Todas las elecciones buscan un cambio, pero unas más que otras.

Lo que vive Colombia este domingo en las presidenciales promete ser histórico por la dimensión del cambio que puede significar.

Todos los candidatos, incluidos aquellos cercanos al gobierno saliente de Iván Duque, proponen un cambio; sea este moderado, profundo o conservador. Pero cambio.

Más del 85% de los colombianos piensa, según la encuesta Invamer, que el país va por mal camino. Desde los años 90, el momento más agudo del conflicto armado, no se reportaban números de pesimismo tan altos.

La política colombiana, a pesar del récord de violencia, se ha destacado por ser una de las más estables de América Latina: acá no hubo golpes de Estado, ni regímenes de facto, ni un gobierno que marcara una ruptura con los anteriores.

Pero esa estabilidad, también manifiesta en una economía sin altibajos, tiene sus críticos. O es considerada una “farsa” por una gran cantidad de colombianos que aluden a la violencia y a la desigualdad, una de las más altas del mundo, como resultados de gobiernos “oligárquicos” y “corruptos”.

Esos colombianos, la mayoría de ellos jóvenes, ahora parecen empoderados. Muchos de ellos llenaron las calles en 2019 y 2021, en olas de protestas inéditas para un país ensimismado por la guerra durante décadas.

El proceso de paz firmado con la guerrilla en 2016 parece haber abierto una caja de pandora de demandas sociales, económicas y culturales.

Elecciones en Colombia

Getty Images

Al sentimiento de indignación hacia lo que acá llaman “el establecimiento” se añaden dos elementos sensibles: la crisis económica heredada de la pandemia, que aumentó el desempleo, la pobreza y la informalidad laboral, y un conflicto armado que amenaza con resurgir.

Todo esto ha hecho que los colombianos, en contra de todo pronóstico, se hayan puesto de acuerdo en algo: que hay que cambiar.

La pregunta, y eso es lo que tendrán que definir en estas presidenciales, es cómo y cuánto.

Alexander Vega

Getty Images
Por primera vez en muchos años el registrador, Alex Vega, es protagonista central de las elecciones. Y eso se deba a que el sistema electoral está cuestionado.

Los tipos de cambio

Las encuestas vaticinan que la de este domingo será la primera de dos rondas electorales. Para ganar en primera vuelta se necesita la mitad más uno de los votos, una ventaja que, según las encuestas, ningún candidato tiene a su favor.

En el tarjetón habrá ocho opciones, pero dos de ellas ya se retiraron.

Para sumar a las facetas inéditas de esta elección está que por primera vez existe un manto de dudas sobre el proceso electoral: los candidatos han declarado estar preocupados por la falta de garantías del sistema de votación. El terreno, quizá en como ninguna otra elección reciente, está embarrado.

El líder de las encuestas es Gustavo Petro, un viejo conocido de la política nacional cuyo triunfo, sin embargo, significaría una ruptura en la historia. La larga campaña ha estado marcada por su figura, que desafía a los gobernantes “de siempre”. Incluso existe la mínima posibilidad de que gane en primera vuelta.

Un gobierno de izquierda como el que él propone sería un hito histórico para un país sin experiencias realmente progresistas o revolucionarias en el poder. Muchos lo ven como “un salto al vacío”.

Exguerrillero del M19, valiente congresista y polémico alcalde de Bogotá entre 2012 y 2016, Petro ha hecho una carrera política a partir del enfrentamiento con la clase política gobernante y de la denuncia de la corrupción y la violación de derechos humanos.

Gustavo Petro

Getty Images
Petro hace campaña con un enorme esquema de seguridad. Da los discursos con escudos antibalas. Candidatos como él en el pasado han sido asesinados.

Esta es la tercera vez que se lanza a la presidencia. Ahora propone un “pacto histórico” que congregue “diferentes”, al que se han adherido políticos de todas las ramas, incluidos algunos cuestionados en el pasado por el mismo Petro.

Su personalidad, catalogada por algunos como de “déspota” y “megalómana”, le genera un rechazo y una desconfianza que pueden pasarle factura en segunda vuelta.

El economista, especializado en medio ambiente, propone profundas reformas en pensiones, salud, educación, impuestos y subsidios. Promete una reforma agraria, pendiente por décadas en un país de enorme desigualdad en la propiedad de la tierra. Asegura que va a transformar la economía extractiva basada en exportaciones por una industrialista y agrícola con altos aranceles a las importaciones.

Su programa, de ser ejecutado, supondría un shock para un modelo económico que no sufrió grandes cambios por décadas. Un programa que asusta a algunos e ilusiona a otros. Y que vaticina un choque de poderes que puede traducirse en ingobernabilidad.

“Llegó el momento”, pregonó Petro en su cierre de campaña en Bogotá. “No necesitamos fusiles como ellos ni apuntar con una escopeta de gases lacrimógenos a nadie. Ni todos los fusiles juntos podrían cambiar la historia como sí lo puede cambiar un esfero (un bolígrafo). Un esfero es más importante que un fusil y lo vamos a demostrar”.

“El domingo cambiaremos la historia de Colombia”, dijo.

Federico Gutiérrez

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Federico Gutiérrez se muestra como un colombiano común, que habla y trabaja como el común. Es la carta del establecimiento gobernante.

En el segundo lugar de las encuestas está Federico Gutiérrez, mejor conocido como “Fico”.

Alcalde de Medellín entre 2016 y 2019, Gutiérrez es el candidato más cercano a la derecha gobernante, aunque él se percibe como una opción de “cambio responsable” que busca “cambiar lo que no sirve y mejorar lo que sí sirve”, sobre todo en términos de seguridad y creación de empleo.

El ingeniero civil de 47 años se presenta como el “presidente de la gente” y usa un lenguaje simple e informal para sustentarlo. Dice haber ejecutado el 95% de su plan como alcalde. Su gran ventaja es el apoyo de los partidos tradicionales y las grandes élites regionales ligadas al empresariado. Esa es la fuerza que ha definido quién es presidente prácticamente toda la vida.

“Sí necesitamos el cambio”, exclamó en su arenga de cierre en Medellín.

“Un cambio que signifique un país sin hambre, sin odios, sin discursos de lucha de clases, sin corruptos y sin violentos”.

“Unamos a Colombia”, clamó, en lo que ha sido una de sus principales líneas de campaña: la unión.

Rodolfo Hernández

Getty Images
Rodolfo Hernández está rodeado de jóvenes, pero tienen 77 años. Hizo una fortuna construyendo vivienda social. Es un enigma político.

El tercero en la mayoría de las encuestas es Rodolfo Hernández, una de las revelaciones de la elección.

De 77 años, el empresario de finca raíz y exalcalde de Bucaramanga ha hecho una campaña novedosa a través de TikTok, ejecutada por decenas de jóvenes que él llama “la muchachada” y en la que se presenta como un arrollador de la corrupción. Un personaje del común hastiado con quienes gobernaron este país.

No es claro si es de derecha o de izquierda, si votó sí o no por el acuerdo paz de 2016 con la guerrilla, pero promete reducir el gasto público, bajar impuestos, condonar deudas estudiantiles, modificar las prisiones y negociar con las guerrillas vigentes.

Desconocido a nivel nacional hace seis meses, el discurso chabacano y vehemente de Hernández parece seducir a la gente, de edades y clases diversas, sin ideología política pero preocupada por la corrupción y el clientelismo históricos. La gente que ve atractivo un candidato diferente, un “outsider”.

Si avanza a la segunda vuelta, como revelaron algunas encuestas justo antes de la veda electoral hace una semana, sería un sacudón para la campaña. El timing de su subida pudo haber sido perfecto.

Sergio Fajardo

Getty Images
Sergio Fajardo, el candidato profesor, usa la educación como principal carta para cambiar el país.

El último candidato que en las encuestas tiene cierta chance de calificar a la segunda vuelta es Sergio Fajardo, quien hace cuatro años no entró por apenas 200.000 votos de diferencia con Petro.

El también exalcalde de Medellín, crítico de la derecha y de la izquierda, representa un “cambio sin rabia” que acabe con la polarización y una a los colombianos. Fajardo es un obsesivo de las formas, de la ética, de la decencia, del perjuicio de los atajos y el utilitarismo: “Como se llega al poder, se gobierna”, suele decir.

El doctor en Matemáticas ha sido uno de los grandes impulsores de la educación como base de los cambios económicos y políticos que pide Colombia. Tiene de su lado a economistas, ingenieros y gestores culturales de reconocimiento internacional.

La diferencia del Fajardo de ahora con el de hace cuatro años no es grande en términos discursivos ni programáticos. Su campaña ha estado plagada de errores y divisiones. Eso en parte explica una caída en las encuestas que él pide no tener en cuenta, sino “votar a conciencia”.

Colombiano votando

Getty Images

Un país distinto

Aunque históricamente la abstención en Colombia ha sido alta, hasta ahora los colombianos nunca eligieron una opción de cambio tan drástica como la que podrían significar Petro o Hernández.

Solo el hecho de que ellos tengan opciones de ganar ya es un desarrollo histórico.

El hartazgo con el estado de las cosas es notable e inédito. Pero además se da tras una profunda transformación de las prioridades y preocupaciones de la gente.

Durante décadas los presidentes fueron elegidos por su postura ante el conflicto armado, las guerrillas, el terrorismo. Eso explica la inmensa popularidad de Álvaro Uribe en los últimos 20 años.

Pero este año la cosa cambió. Uribe, de hecho, está casi ausente en la campaña. El silencio sobre la guerra asombra. En su lugar se habla de pensiones, racismo, desigualdad, corrupción, medio ambiente.

Los colombianos, por primera vez, esperan cambios de fondo en estos temas. Y ahora irán a las urnas en busca de alguien que pueda ejecutarlos.

El país ya cambió. Ahora veremos si sus gobernantes también.


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