Las consultas con los pueblos indígenas para explotar la tierra son una manipulación: ONU
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Las consultas con los pueblos indígenas para explotar la tierra son una manipulación: ONU

La relatora especial sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas presentó un informe en el que destaca que los indígenas son manipulados para que aprueben proyectos de explotación de sus tierras, o ni siquiera se les consulta
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Cuando una empresa pretende llevar a cabo un proyecto de explotación comercial de la tierra, primero debe consultar a los habitantes de esas comunidades para tener su aprobación, según los estándares internacionales de derechos humanos establecidos por Naciones Unidas. Sin embargo, en México esas consultas se hacen por trámite, cuando ya está en marcha el proyecto, sin información suficiente y muchas veces ni siquiera en el idioma que hablan esas personas, denuncia la ONU.

La relatora especial de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, Victoria Tauli-Corpuz presentó un informe en el que detalla que las actuales políticas del desarrollo basadas en megaproyectos extractivos, energéticos, turísticos, inmobiliarios y de agricultura constituyen “un reto mayúsculo” para los derechos humanos de los pueblos indígenas.

Según el informe, las consultas que se han llevado a cabo para estos megaproyectos desde la visita del anterior relator de la ONU, Rodolfo Stavenhagen (en 2003) han incumplido los estándares internacionales de derechos humanos a los que México se ha comprometido: que sean previas, libres, informadas, culturalmente adecuadas y de buena fe.

Para cumplir con esto, explicó la relatora a Animal Político, las consultas se deben hacer incluso antes de diseñar los proyectos de explotación de la tierra; se debe proporcionar a los habitantes información sobre los posibles impactos ambientales, sociales y de derechos humanos que tendrá el proyecto y sólo entonces se puede considerar que la consulta se hizo de buena fe.

Sin embargo, las consultas se realizan con los proyectos ya en marcha, se dirigen a pocas personas preseleccionadas y en español, cuando muchos ni siquiera lo hablan. “No los escuchan, no los consultan”, dijo la Relatora. “A veces eligen a algunas personas que creen que estarán de acuerdo con el proyecto y sólo a esos se les consulta, por eso las comunidades están divididas. Ningún gobierno debería permitir que se realice un proyecto comercial en esas zonas sin consultarlos”.

Por su parte, el representante del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Jan Jarab apuntó que estas consultas se convierten en un método de chantaje,  ya que quienes las realizan intentan convencer a los habitantes de los pueblos indígenas con la promesa de beneficios, mismos que perderán si votan en contra.

“A los pueblos afectados nadie les pregunta hasta que empiezan a resistir. Cuando se le preguntó a una mujer lo que es la consulta, respondió que les prometen beneficios si firman; si no, los amenazan con despojarlos. Entonces no es libre, es un contexto muy manipulador”, sentenció Jarab.

Estas prácticas, además, dividen a las comunidades entre los que “se dejan convencer” y los que persisten, quienes después son estigmatizados como los “malos indígenas”, los que se oponen al desarrollo, agregó el representante del Alto Comisionado para los Derechos Humanos.

En entrevista, el funcionario dijo que lejos de informar a los pueblos indígenas sobre los proyectos a realizar en sus tierras, se les presenta la información con soberbia ante su desconocimiento sobre el tema. “Nos preocupan los servidores públicos que se presentan como ‘nosotros tenemos la ciencia y ustedes no entienden nada’, aunque sabemos que esa es sólo la versión de las empresas y que la ciencia en lo general respalda a los ambientalistas y los indígenas”, dijo.

Citando el ejemplo de los apicultores de Campeche que llevaron hasta la Suprema Corte su lucha contra la soya transgénica, Jarab dijo que en las prácticas que han acompañado desde la ONU, por lo general los procesos de consulta han sido decepcionantes.

“Esto también nos hace dudar de la última característica, que es la buena fe. Si no es ni libre, ni previa, ni informada ni culturalmente adecuada, difícilmente puede ser de buena fe”, puntualizó.

El informe de la Relatora Especial se basa en la visita que realizó en noviembre de 2017 a cuatro entidades mexicanas: Ciudad de México, Guerrero, Chiapas y Chihuahua, en los que se entrevistó con 200 representantes indígenas, que le expresaron “cientos de quejas” sobre violaciones a sus derechos humanos.

El reporte hace una comparación con el informe presentado por Rodolfo Stavenhagen en 2003, y concluye que no ha habido grandes avances en 14 años a pesar de los compromisos internacionales contraídos por México desde entonces en materia de derechos humanos; los pueblos indígenas siguen presentando graves desafíos en el ejercicio de sus derechos.

Sumado a los proyectos de explotación de sus tierras, los indígenas enfrentan conflictos territoriales, desplazamientos forzados, criminalización y violencia contra los que defienden esos derechos.

“Todos estos problemas se desarrollan en un contexto de profunda desigualdad, pobreza y discriminación de los pueblos indígenas que limitan su acceso a la justicia, educación, salud y otros servicios básicos”, puntualiza el nuevo informe de la Relatoría.

Ante este panorama, la Relatora indicó que el gobierno mexicano debe regular las actividades productivas y de desarrollo en las tierras habitadas por pueblos indígenas, para asegurarse de que las grandes compañías están cumpliendo con los estándares internacionales, particularmente de respeto a los derechos de estos pueblos.

Entre los otros abusos cometidos contra estos pueblos, la relatora destacó los desplazamientos forzados, la violencia ejercida contra ellos por grupos criminales que pelean por los territorios, lo que los desplaza a áreas urbanas.

Una preocupación particular de la Relatora son las mujeres, que sufren varias formas de discriminación por factores de género y étnicos, e incluso destacó la violencia obstétrica. “El acceso a la justicia en mujeres indígenas  es particularmente difícil dados los altos índices de feminicidios de mujeres indígenas”, dijo durante la presentación del Informe, en la que también estuvo presente el ombudsman nacional, Raúl González Plascencia.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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Quién es Kamala Harris, primera mujer negra candidata a vicepresidencia de EU

Tras mucha especulación en Estados Unidos, el candidato demócrata a la presidencia anunció quién será su "número dos" en la carrera a la Casa Blanca.
11 de agosto, 2020
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Kamala Harris

Getty Images

Joe Biden luchará por la Casa Blanca junto a Kamala Harris.

El candidato demócrata a la presidencia anunció este martes que la senadora será su número dos en la campaña contra Donald Trump de cara a las elecciones de noviembre.

El veterano político ya había adelantado que sería una mujer y había más de una decena de nombres en juego.

“Tengo el gran honor de anunciar que escogí a @KamalaHarris -una valiente luchadora en defensa de los menos poderosos y de los mejores funcionarios públicos del país- como mi compañera de fórmula ”, señaló Biden en Twitter.

Biden destacó además la labor de Harris como fiscal general de California, donde se puso frente a “los grandes bancos, levantó a la clase trabajadora, protegió a mujeres y niños del abuso”.

“Estaba orgulloso entonces, y lo estoy ahora de tenerla como mi compañera en esta campaña”.

Harris se convertirá en la primera mujer afroestadounidense en ser candidata a la vicepresidencia del país.

La elección era crucial en un momento de crisis política, social, sanitaria y económica en Estados Unidos.

Y tenía que ser alguien a quien los demócratas consideraran “presidenciable”, dada la avanzada edad de Biden, 77 años, y la posibilidad de que, de ganar, opte por no presentarse a la reelección en cuatro años.

“Me siento honrada de unirme a como la candidata de nuestro partido a vicepresidente, y haré todo lo posible para convertirle en nuestro comandante en jefe”, aseguró Harris en Twitter.

¿Quién es Kamala Harris?

La política demócrata nació en Oakland, California, en una familia de inmigrantes: una madre originaria de India y un padre nacido en Jamaica.

Tras el divorcio de sus padres, Harris fue criada principalmente por su madre hindú, una investigadora especializada en el cáncer de mama y activista de derechos civiles.

Harris creció ligada estrechamente a su herencia en el sur de Asia, acompañando a su madre en sus visitas a India.

Kamala Harris

Getty Images
Harris tiene familia de India y Jamaica.

No obstante, la californiana ha subrayado que su madre adoptó la cultura afroestadounidense de Oakland, sumergiendo a sus dos hijas -Kamala y su hermana menor, Maya- en ella.

“Mi madre siempre entendió muy bien que estaba criando a dos hijas negras”, escribió Harris en su autobiografía The Truths We Hold.

“Sabía que su país de adopción vería a Maya y a mí como niñas negras y estaba determinada en asegurarse que nos convertiríamos en mujeres negras orgullosas y con confianza en nosotras mismas“.

Harris estudió en la Universidad Howard, uno de los prominentes e históricos centros afroestadounidenses de estudios superiores del país, que ella describió entre las experiencias más formativas de su vida.

La destacada política asegura que ella siempre ha estado cómoda con su identidad y se describe a sí misma como “estadounidense”.

Kamala Harris y signos de campaña.

Getty Images
Harris también presentó su candidatura para convertirse en la nominada demócrata a la presidencia, pero no consiguió suficiente respaldo.

En 2019, consideró en declaraciones al diario The Washington Post que no se debería encajar a los políticos en compartimentos según el color o su historial.

“Mi punto era: yo soy quien soy. Y me siento bien con eso. Quizá tú tengas que descifrarme, pero a mí me parece bien”.

Ascendiendo puestos en el ámbito de la Ley y el Orden

Tras cuatro años en Howard, Harris se trasladó a la Universidad de California, Hastings, para conseguir un título en Derecho y empezar su carrera en la Oficina del Fiscal de Distrito del condado de Alameda.

Se convirtió en fiscal de distrito -el máximo puesto en esa área- de San Francisco en 2003, antes de convertirse en la primera mujer y la primera afroestadounidense en ganar el puesto de fiscal general de California, el principal abogado y funcionario encargado del cumplimiento de la ley en el estado más poblado del país.

Senadora Kamala Harris.

Getty Images
Harris no deja de acumular hitos: fue también la primera mujer y la primera afroestadounidense en ganar el puesto de fiscal general de California.

En sus cerca de dos mandatos en ese cargo, Harris se ganó la reputación de estrella ascendente del Partido Demócrata, lo que le impulsó para convertirse en senadora por California en 2017.

Desde su elección al Congreso estadounidense, la ex fiscal se granjeó gran apoyo entre los progresistas de la formación por su riguroso cuestionamiento al entonces nominado al Tribunal Supremo Brett Kavanaugh y al fiscal general William Barr en sus respectivas audiencias ante el Senado.

Aspiraciones a la Casa Blanca

Cuando lanzó su candidatura a la presidencia ante más de 20,000 seguidores en Oakland el año pasado, esta fue recibida con entusiasmo.

Pero a medida que se adentró en la carrera, Harris no logró articular una base sólida para su campaña, ofreciendo respuestas confusas sobre temas cruciales como el sistema sanitario.

También fue incapaz de capitalizar el gran fuerte de su candidatura: su gran habilidad en los debates, donde pudo demostrar su ventaja como ex fiscal, a menudo poniendo a Biden contra las cuerdas.

Kamala Harris y Joe Biden en un acto de campaña.

Getty Images
Harris anunció su apoyo a la candidatura de Biden después dos meses después de que pusiera fin a sus propias aspiraciones presidenciales.

La demócrata de California trató de mantenerse en la fina barrera entre el ala progresista y moderada del partido, pero acabó sin llamar la atención de ninguno de estos bandos, poniendo fin a su candidatura en diciembre, incluso antes de las primeras votaciones.

En marzo, Harris ofreció su apoyo al exvicepresidente Biden, asegurando que haría “todo en su poder para ayudarle a convertirse en el próximo presidente de Estados Unidos”.

Historial contra el crimen y la policía

Su breve campaña a la presidencia puso el foco en su historial como principal fiscal de California.

Pese a sus inclinaciones más izquierdistas en asuntos como el matrimonio homosexual o la pena capital, Harris se enfrentó a repetidos ataques por no ser lo suficientemente progresista, y fue el blanco de un devastador artículo de opinión de la catedrática de Derecho de la Universidad de San Francisco Lara Bazelon.

Kamala Harris y signos de campaña.

Getty Images
Harris también presentó su candidatura para convertirse en la nominada demócrata a la presidencia, pero no consiguió suficiente respaldo.

Escrito al principio de la campaña de Harris, la profesora consideró que la candidata había evitado en gran medida las batallas progresistas que estuvieran relacionadas con asuntos como la reforma policial, sobre las drogas o condenas injustas.

Harris, que se describió a sí misma como “la fiscal progresista”, trató de enfatizar las partes de su legado de tendencia más izquierdista, como requerir a algunos agentes especiales del Departamento de Justicia de California que portaran cámaras corporales -el primer estado en ponerlas en práctica- o lanzar una base de datos que ofreció acceso al público a estadísticas sobre crimen.

Pero sus esfuerzos no consiguieron el apoyo esperado.

Kamala Harris

Getty Images
Ahora tiene ante sí una nueva oportunidad para llegar a la Casa Blanca.

“Kamala es la policía”, se convirtió en una frase habitual en las primarias demócratas, frustrando sus intentos de ganarse a la base más liberal del partido.

No obstante, su historial puede resultar beneficioso en las elecciones presidenciales cuando los demócratas tratan de ganar el apoyo de votantes moderados o independientes.

Con las actuales tensiones raciales en el país, además, crece el escrutinio sobre la brutalidad policial y Harris ha tomado un rol destacado, utilizando su altavoz para amplificar las voces más progresistas.

En intervenciones de televisión, Harris ha pedido cambios de las prácticas policiales en todo Estados Unidos; en Twitter, ha abogado por la detención de los agentes que mataron a Breonna Taylor, la mujer afroestadounidense de 26 años de Kentucky; y suele hablar con frecuencia de la necesidad de desmantelar el racismo sistémico en el país.

Imagen de promo mostrando a Joe Biden y Donald Trump.

BBC
En estas elecciones presidenciales Trump se juega la reelección y Biden pasar de exvicepresidente a presidente.

En cuanto a la controvertida apuesta por “retirar la financiación” de la policía para derivar los fondos a programas sociales -un planteamiento al que se opone Biden-, Harris suele contestar con evasivas, pidiendo en su lugar “reinventar” el concepto de seguridad pública.

Harris ha considerado a menudo que su identidad la sitúa en una posición idónea para representar a aquellos en los márgenes de la sociedad.

Si ella y Biden consiguen llegar a la Casa Blanca, tendrá la oportunidad de demostrarlo.


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