Cosechar agua de lluvia, una solución para la escasez
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Carlos Echegoyen

Cosechar agua de lluvia, una solución para la escasez

Millones de mexicanos carecen de agua potable en sus hogares y se estima que para 2030 el país se quede sin el vital líquido; sin embargo, proyectos ciudadanos que han sido exitosos para recolectar agua e impactar favorablemente la vida de miles de personas se colocan en la mira del interés público.
Carlos Echegoyen
Por Jorge Salas /Newsweek en Español
14 de octubre, 2018
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Rosalba gira la llave de derecha a izquierda, pero no sale nada de agua. Lo intenta de nuevo y nada. Luego de intentarlo un rato más, se da por vencida. “Hoy no saldré de casa”, dice mientras observa el encapotado cielo. La habitante de la delegación Tlalpan tendrá que esperar a la pipa de agua con la esperanza de obtener el vital líquido.

Al otro lado de la ciudad, Fernando también sufre por el agua. Pero no por la falta, sino por el exceso. Él, al igual que miles de automovilistas, se encuentra atrapado en el tránsito de Viaducto porque un tramo se volvió a inundar debido a una de las “atípicas lluvias” (como les llaman algunas autoridades) que sumergen las calles y avenidas de Ciudad de México.

Rosalba y Fernando son solo dos ejemplos de los millones de mexicanos que sufren por la escasez de agua o las inundaciones. Ambos problemas pueden tornarse en soluciones gracias a proyectos ciudadanos que buscan restablecer un nuevo equilibrio en el binomio Ciudad-Agua. Los mismos permiten imaginar que la viabilidad de las grandes ciudades mexicanas es posible.

La organización Isla Urbana ha enseñado a cosechar agua de lluvia a personas que nunca habían podido bañarse más de una vez a la semana. Los proyectos de esta organización han beneficiado a más de 60,000 personas en Ciudad de México, Hidalgo y Oaxaca. Mientras tanto, en Iztapalapa se crea el parque hídrico, La Quebradora, el cual beneficiará a 28,000 personas más.

Renata Fenton y Enrique Lomnitz idearon un sistema de captación de lluvia que puede instalarse en cualquier casa, con la intención de buscar una salida al problema de escasez que afecta a cerca de 2.1 millones de hogares.

La idea, explica Fenton, nació de su tesis en la carrera de Diseño Industrial, cuando junto ambos buscando un enfoque ambiental y social, se plantearon aprender a captar la lluvia de la forma más práctica posible para poder abastecer de agua a comunidades marginadas.

Fue así que, tras meses de investigación, en 2009 instalaron el primer piloto del sistema de captación de lluvia en la casa de la señora Clara Gaytán. Así, esta habitante de la colonia Cultura Maya, en la delegación Tlalpan, logró obtener el agua que por muchos años no había contado.

Uno de los motivos por los que iniciaron los trabajos en el sur de Ciudad de México es porque ahí se concentran el mayor número de viviendas que no tienen conexión con la red de agua potable (250,000 personas, aproximadamente) y donde más llueve: “la gente no tiene agua en sus casas, pero cuando cae una tormenta, sus calles se convierten en un río” y toda esa agua se estanca, provoca inundaciones y lentamente regresa al sistema de alcantarillado de la ciudad sin haber sido ocupada debidamente. 

AYUDANTES DE TLÁLOC

Al ver el impacto y potencial que tuvo este primer sistema, Fenton y Lomnitz, junto a Carlos Moscoso, fundaron Isla Urbana con la misión de impulsar el desarrollo sustentable del agua con base en la captación de lluvia a través de sistemas innovadores y de bajo costo.

Los sistemas de captación de lluvia de Isla Urbana se pueden instalar en cualquier casa o edificio porque “pueden adaptarse a la estructura ya existente y permiten que si ya tienes un tanque, solo se incorpore y utilices la instalación que ya antes tenías”.

A grandes rasgos, el sistema de captación de lluvia de Isla Urbana consta de unas canaletas que van instaladas en los techos, las cuales se encargan de dirigir el agua de la lluvia hacía un filtro de hojas y un separador de primeras lluvias que es conocido como Tlaloque, el cual es considerado el “corazón” de estos sistemas.

En la mitología Azteca, a los ayudantes de Tláloc, el dios de la lluvia, se les conocían como Tlaloques. Cuenta la leyenda que los cuatro Tlaloques que existían siempre llevaban consigo una vasija llena de agua. Cuando Tláloc quería que lloviera, ordenaba a los Tlaloques romper sus vasijas, lo que propiciaba los truenos y la lluvia.

Algo similar sucede con el Tlaloque de Isla Urbana. Si bien no gesta los truenos, sí funge como un gran ayudante para la lluvia al separar la parte más sucia de la misma que, en promedio, cae en los primeros cinco a diez minutos de cada precipitación. El objetivo es que no entre en la cisterna para así reducir en un 75 por ciento la contaminación de esa agua.

Una vez que el nuevo ayudante de Tláloc se queda con esta lluvia sucia, el agua restante pasa por distintos filtros contra sedimentos y entra en una cisterna donde hay una pieza llamada “Reductor de Turbulencia” —se trata de una campana que hace que el agua no entre con mucha presión y permite que cualquier sedimento extra se vaya al fondo de la cisterna.

Dentro de dicha cisterna hay un dosificador de cloro, que es un flotador que dispensa la cantidad necesaria de cloro para eliminar cualquier bacteria en el agua. Luego, una pichancha especial que flota sobre la superficie dentro de la cisterna y esto hace que se succione el agua de los primeros 10 a 15 centímetros debajo de la superficie, que es el agua más limpia. Finalmente, el agua pasa por un tubo llamado tren de filtrado que elimina sedimentos y contaminantes más finos, y llega por fin a un tinaco de donde se distribuye a toda la casa. Con este sistema cada hogar puede tener de 5 a 12 meses de agua, la cual, dependiendo del sistema, hasta puede ser utilizada para beber.

Con su labor, Isla Urbana ha logrado cosechar 346 millones de litros de agua de lluvia, instalar 8,000 sistemas y se ha beneficiado a 56,000 personas que antes no contaban con agua y que ahora pueden abrir una llave y ver como el agua fluye.

“Creo que nuestra labor más allá de una instalación, ha sido empoderar a la gente y devolverle su tiempo, el cual era destinado a la espera de las pipas de agua”, sostiene Renata Fenton.

Dotar de agua y empoderar a las comunidades no son los únicos beneficios de la captación de agua. Hay consecuencias positivas que reditúan en beneficios para toda la ciudadanía.

Primero, disminuir las inundaciones. Distintas ciudades del país, en particular Ciudad de México, sufren debido a la saturación del drenaje, pero si captamos el agua de lluvia, esta agua en lugar de ir al drenaje llenaría millones de cisternas.

Segundo, menos hundimiento. La capital mexicana fue construida sobre un lago por lo que debido a la extracción del agua que se realiza del subsuelo, se está hundiendo. Si se logra que toda la ciudad tenga un sistema de captación, la extracción del agua del subsuelo sería menor y se lograría detener esto.

En tercer lugar, se conservarían mejor los acuíferos. En México, de acuerdo con la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), se consume más agua de la que la naturaleza puede recargar (estrés hídrico); con la captación de lluvia se podría dar un respiro a los acuíferos en la temporada de lluvias. Y, finalmente, la recolección de agua de lluvia trae ahorro de energía y recursos. Bombear el agua del sistema Lerma-Cutzamala hasta Ciudad de México tiene un costo de energía similar al que es consumido en toda la ciudad de Puebla, por ejemplo. Al utilizar el sistema de captación se podría ahorrar toda esta energía eléctrica.

NÉCTAR DE NUBE

Isla Urbana no solo ha instalado sistemas de captación en hogares, también lo ha hecho en negocios, centros de salud y escuelas. Pero hay dos proyectos que han destacado. Uno de ellos es la potabilizadora de agua comunitaria: Iztapalapa es una de las alcaldías que más ha sufrido por la falta de agua y también por la mala calidad de la misma. Pensando en una solución a este segundo problema, en 2015, en cooperación con los habitantes del Yuguelito, el predio de Iztapalapa y el Club de Rotarios, pusieron en marcha la primera planta potabilizadora comunitaria de agua de lluvia llamada Néctar de Nube. Con el lema “¡De la nube a tu vaso!” este proyecto ha dotado de agua para beber a bajo costo a cientos de familias de esta comunidad.

El otro proyecto fue el de sistemas de emergencia. Tras el sismo del 19 de septiembre de 2017, Isla Urbana emprendió una brigada de ayuda para llevar a los hogares afectados sistemas de captación de emergencia para aprovechar los últimos meses de la temporada de lluvia. Gracias a las donaciones que lograron reunir, se instalaron 101 sistemas que ayudaron a 566 damnificados del terremoto.

Lee la nota completa en Newsweek en Español

 

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11S: por qué la CIA no detectó los ataques contra las Torres Gemelas (pese a las señales que tuvo)

Cuando la CIA no logró evitar los ataques del 11 de septiembre de 2001, muchos se preguntaron si se pudo haber hecho más, pero este fracaso al parecer fue causado por un problema que va mucho más allá de las agencias de inteligencia.
Getty Images
11 de septiembre, 2021
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El fracaso de la CIA a la hora de detectar las señales que advertían de los ataques del 11 de septiembre de 2001 se ha convertido en uno de los temas más controvertidos en la historia de los servicios de inteligencia. Ha habido comisiones, revisiones, investigaciones internas y más.

Por un lado están los que dicen que la CIA no notó señales de advertencia obvias. Por el otro, aquellos que argumentan que es notoriamente difícil identificar las amenazas de antemano y que la agencia estadounidense hizo todo lo que era razonablemente posible.

Pero, ¿qué pasa si ambos lados están equivocados?

¿Qué pasa si la verdadera razón por la cual la CIA no pudo detectar la trama es más sutil de lo que cualquiera de las partes piensa?

¿Y qué si les digo que este problema se extiende más allá de los servicios de inteligencia y afecta en silencio a miles de organizaciones, gobiernos y equipos hoy en día?

Si bien muchas de las investigaciones se centraron en lo que la agencia hizo o dejó de hacer con la información disponible antes del 11S, pocos dieron un paso atrás para examinar la estructura interna de la propia CIA y, en particular, sus políticas de contratación.

Y desde una perspectiva tradicional, eran inmejorables: los potenciales analistas eran sometidos a una batería de exámenes psicológicos, médicos y de todo tipo. Y no hay duda de que contrataron personas excepcionales.

“Los dos exámenes principales eran uno del tipo de la prueba de acceso a la universidad para determinar la inteligencia de un candidato y un perfil psicológico para examinar su estado mental”, explica un veterano de la CIA.

“Las pruebas eliminaban a cualquiera que no fuera sobresaliente en ambos casos. En el año en que presenté mi solicitud, aceptaron a un candidato por cada 20.000 solicitantes. Cuando la CIA decía que contrataba a los mejores, estaba en lo cierto”, agrega.

Y, sin embargo, la mayoría de estos reclutas también se veían muy similares: hombres, blancos, anglosajones, estadounidenses, de religión protestante.

Este es un fenómeno común en el reclutamiento, a veces llamado “homofilia”: las personas tienden a contratar a personas que piensan (y a menudo se ven) como ellos mismos.

Y es que a uno lo valida el estar rodeado de personas que comparten las propias perspectivas y creencias.

De hecho, los escáneres cerebrales sugieren que cuando otros reflejan nuestros propios pensamientos eso estimula los centros de placer de nuestros cerebros.

Un hombre cruza el lobby de la sede de la CIA

AFP
Para el momento de los ataques, la mayor parte de los analistas de la CIA eran muy similares.

En su estudio sobre la CIA, los expertos en inteligencia Milo Jones y Phillipe Silberzahn escriben: “El primer atributo consistente de la identidad y cultura de la CIA desde 1947 hasta 2001 es la homogeneidad de su personal en términos de raza, sexo, etnia y antecedentes de clase“.

Y un estudio del inspector general sobre prácticas de reclutamiento encontró que en 1964, una rama de la CIA, la Oficina de Estimaciones Nacionales, “no tenía profesionales negros, judíos o mujeres, y solo unos pocos católicos”.

Para 1967, según el informe, había menos de 20 afroamericanos de unos 12.000 empleados no administrativos de la CIA, y la agencia mantuvo la práctica de no contratar minorías desde la década de 1960 hasta la década de 1980.

Y, hasta 1975, la comunidad de inteligencia de Estados Unidos “prohibió abiertamente el empleo de homosexuales”.

Hablando de su experiencia con la CIA en la década de 1980, una persona con información privilegiada escribió que el proceso de reclutamiento “condujo a nuevos oficiales que se parecían mucho a las personas que los reclutaron: blancos, en su mayoría anglosajones; de clase media y alta; graduados universitarios de artes liberales”. Había pocas mujeres y “pocas etnias, incluso con antecedentes europeos recientes”.

“En otras palabras, ni siquiera tanta diversidad como había entre los que habían ayudado a crear la CIA”, destaca el escrito.

La diversidad se redujo aún más después del final de la Guerra Fría. Un exoficial de operaciones dijo que la CIA tenía una “cultura blanca como el arroz”.

Y en los meses previos al 11 de septiembre, la Revista Internacional de Inteligencia y Contrainteligencia comentó: “Desde su inicio, la comunidad de inteligencia integrada por la élite protestante blanca, no solo porque esa era la clase en el poder, sino porque esa élite se vio a sí misma como garante y protectora de los valores y la ética estadounidenses”.

La sede de la CIA en Langley, Virginia

AFP
La sede de la CIA en Langley, Virginia

¿Pero por qué es un problema esta homogeneidad? Si uno está conformando un equipo de relevos, ¿no quiere simplemente a los corredores más rápidos? ¿Por qué habría de importar si son del mismo color, género, clase social, etc.?

Pues porque esta lógica, aunque irrefutable cuando se aplica a tareas simples como correr, cambia cuando se aplica a tareas complejas como la inteligencia.

¿Por qué? Porque cuando un problema es complejo, ninguna persona tiene todas las respuestas. Todos tenemos puntos ciegos, lagunas en nuestra comprensión.

Y esto significa que si uno reúne a un grupo de personas que comparten perspectivas y antecedentes similares, es probable que compartan los mismos puntos ciegos.

Lo que a su vez significa que lejos de desafiar y abordar estos puntos ciegos, es probable que estos se refuercen.


La ceguera de perspectiva describe el hecho que a menudo no somos capaces de ver a nuestros propios puntos ciegos. Nuestros modos de pensamiento son tan habituales que apenas notamos cómo filtran nuestra percepción de la realidad.

La periodista Reni Eddo-Lodge describe un período en el que tuvo que ir en bicicleta al trabajo: “Una verdad incómoda se me ocurrió cuando cargaba mi bicicleta de arriba a abajo por las escaleras: la mayoría del transporte público no era fácilmente accesible… Antes de tener que transportar mis propias ruedas, nunca me había dado cuenta de este problema. Había sido ajena al hecho de que esta falta de accesibilidad estaba afectando a cientos de personas”.

Este ejemplo no implica necesariamente que todas las estaciones deban estar equipadas con rampas o ascensores. Pero sí muestra que solo podemos realizar un análisis significativo si somos capaces de percibir los costos y beneficios. Y esto depende de la diversidad de perspectiva, de personas que pueden ayudarnos a ver nuestros propios puntos ciegos y a quienes podemos ayudar a ver los suyos.


Osama bin Laden le declaró la guerra a Estados Unidos desde una cueva en Tora Bora en febrero de 1996. Las imágenes mostraban a un hombre con una barba que le llegaba hasta el pecho. Vestía una túnica debajo del uniforme de combate.

Hoy, dado todo lo que sabemos sobre el horror que desencadenó, la declaración parece amenazante.

Pero una fuente de la principal agencia de inteligencia de EE.UU. dijo que la CIA “no podía creer que este saudita alto y con barba, en cuclillas alrededor de una fogata, pudiera ser una amenaza para Estados Unidos”.

Osama Bin Laden le declaró la guerra a EE.UU. desde una cueva en Afganistán el 20 de agosto de 1998.

Getty Images
Osama Bin Laden le declaró la guerra a EE.UU. desde una cueva en Afganistán el 20 de agosto de 1998.

En otras palabras, para una masa crítica de analistas, Bin Laden parecía primitivo y relativamente inofensivo.

Richard Holbrooke, un alto funcionario del gobierno del presidente Clinton, lo expresó de esta manera: “¿Cómo puede un hombre en una cueva superar a los líderes mundiales de la sociedad de la información?“.

Otro dijo: “Simplemente no pudieron justificar la necesidad de destinar recursos para averiguar más sobre Bin Laden y Al Qaeda porque el tipo vivía en una cueva. Para ellos, era la esencia del atraso”.

Ahora, considera cómo alguien más familiarizado con el islam habría percibido las mismas imágenes.

Bin Laden llevaba una túnica no porque fuera primitivo en intelecto o tecnología, sino porque trataba de parecerse al profeta Mahoma. Ayunaba los mismos días que Mahoma ayunó. Sus poses y posturas, que a un público occidental le parecían tan atrasadas, eran las mismas que la tradición islámica atribuye al más sagrado de sus profetas.

Como lo expresó Lawrence Wright en el libro sobre el 11 de septiembre que le valió el Premio Pulitzer, Bin Laden orquestó su operación “invocando imágenes que eran profundamente significativas para muchos musulmanes pero prácticamente invisibles para aquellos que no estaban familiarizados con esa fe“.

Jones escribe: “La anécdota de la barba y la fogata es evidencia de un patrón más amplio en el que los estadounidenses no musulmanes, incluso los consumidores de inteligencia más experimentados, subestimaron a Al Qaeda por razones culturales”.

Osama Bin Laden

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Los analistas de la CIA no dimensionaron la amenaza representada por el millonario saudita.

En cuanto a la cueva, esta tenía un simbolismo aún más profundo.

Como casi cualquier musulmán sabe, Mahoma buscó refugio en una cueva después de escapar de sus perseguidores en La Meca. Para un musulmán, una cueva es sagrada. El arte islámico está lleno de imágenes de estalactitas.

Y Bin Laden modeló su exilio en Tora Bora como su propia hijrah personal, utilizando la cueva como propaganda.

Como dijo un erudito musulmán: “Bin Laden no era primitivo; era estratégico. Sabía manejar las imágenes del Corán para incitar a aquellos que luego se convertirían en mártires en los ataques del 11 de septiembre”.

Los analistas también fueron engañados por el hecho de que Bin Laden a menudo emitía pronunciamientos en forma de poesía.

Para los analistas blancos de clase media, esto parecía excéntrico y reforzaba la idea de un “mullah primitivo en una cueva”.

Para los musulmanes, sin embargo, la poesía tiene un significado diferente. Es sagrada. De hecho, los talibanes se expresan habitualmente en poesía.

La agencia estadounidense, sin embargo, estaba estudiando los pronunciamientos de Bin Laden utilizando un marco de referencia sesgado.

Como lo expresaron Jones y Silberzahn: “La poesía en sí misma no estaba únicamente en un idioma extranjero, el árabe; también provenía de un universo conceptual a años luz de la sede de la CIA”.

Islamistas pro Bin Laden

Getty Images
“Bin Laden sabía manejar las imágenes del Corán para incitar a aquellos que luego se convertirían en mártires en los ataques del 11 de septiembre”.

Para el año 2000, la “chusma antimoderna y sin educación” que seguía a Bin Laden había crecido hasta alcanzar unas 20.000 personas, en su mayoría con educación universitaria y con un sesgo hacia la ingeniería.

Yazid Sufaat, quien se convertiría en uno de los investigadores de ántrax de Al Qaeda, tenía un título en Química. Y muchos estaban listos para morir por su fe.

Mientras tanto, el alto funcionario de la CIA Paul Pillar (blanco, de mediana edad, educado en una universidad de élite), estaba descartando la posibilidad misma de un gran ataque terrorista.

“Sería un error redefinir el contraterrorismo como la tarea de lidiar con el terrorismo ‘catastrófico’, ‘grandioso’ o el ‘súperterrorismo’, cuando en realidad esas etiquetas no representan la mayor parte del terrorismo que Estados Unidos probablemente deba enfrentar“, dijo.

Y otro defecto en las deliberaciones de la CIA fue su renuencia a creer que Bin Laden iniciaría un conflicto con Estados Unidos.

¿Por qué comenzar una guerra que no podría ganar?

Póster de búsqueda de Osama Bin Laden

AFP
Cuando EE.UU. reconoció el peligro que representaba Bin Laden, ya era tarde.

Los analistas no habían dado el salto conceptual que permite entender que para los yihadistas la victoria no debe asegurarse en la tierra sino en el paraíso.

De hecho, el nombre en clave de Al Qaeda para la trama era “La gran boda”.

Y es que en la ideología de los suicidas, el día de la muerte de un mártir es también el día de su boda, cuando es recibido por vírgenes en el cielo.

La CIA podría haber asignado más recursos a investigar a Al Qaeda. Podría haber intentado infiltrar la organización. Pero en la agencia fueron incapaces de comprender la urgencia. No asignaron más recursos, porque no percibieron una amenaza.

No buscaron penetrar Al Qaeda porque ignoraban el agujero en su análisis. Y el problema no se limitaba (únicamente) a la incapacidad de conectar los puntos en el otoño de 2001, sino que remitía una falla en todo el ciclo de inteligencia.

La escasez de musulmanes dentro de la CIA es solo un ejemplo de cómo la homogeneidad debilitó a la principal agencia de inteligencia del mundo, da una idea de cómo un grupo más diverso habría posibilitado una comprensión más rica no solo de la amenaza que representaba Al Qaeda, sino también de los peligros en todo el mundo; de cómo diferentes marcos de referencia, diferentes perspectivas, habrían posibilitado una síntesis más completa, matizada y poderosa.

Por ejemplo, una proporción sorprendentemente alta del personal de la CIA había crecido en familias de clase media, soportado pocas dificultades financieras u otros signos de potenciales precursores de la radicalización, o numerosas otras experiencias que podrían haber enriquecido el proceso de inteligencia.

En un equipo más diverso, cada uno de ellos habría sido un valioso activo. Como grupo, sin embargo, tenían defectos.

Gente con traje

Getty Images
“A uno lo valida el estar rodeado de personas que comparten las propias perspectivas y creencias”.

El problema, sin embargo, no es solo de la CIA, como se nota al mirar a muchos gabinetes de gobiernos, bufetes de abogados, equipos de liderazgo del ejército, altos funcionarios públicos e incluso ejecutivos de algunas empresas de tecnología.

Y es que nos sentimos inconscientemente atraídos por personas que piensan como nosotros, pero rara vez notamos el peligro porque desconocemos nuestros propios puntos ciegos.

John Cleese, el comediante, lo expresó de esta manera: “Todo el mundo tiene teorías. Las personas peligrosas son aquellas que no conocen sus propias teorías. Es decir, las teorías sobre las que operan son en gran parte inconscientes”.

Obtener la combinación correcta de diversidad en los grupos humanos no es fácil. Reunir las mentes correctas, con perspectivas que desafían, aumentan, divergen y polinizan en lugar de loros, corroboran y restringen, es un verdadera ciencia.

Pero esto se convertirá en una fuente clave de ventaja competitiva para las organizaciones, sin mencionar las agencias de seguridad. Así es como los enteros se vuelven más que la suma de sus partes.

La CIA, por su parte, ha dado importantes pasos hacia una diversidad significativa desde el 11 de septiembre.

Pero el problema continúa persiguiendo a la agencia y un informe interno en 2015 fue bastante crítico.

Como dijo el entonces director, John Brennan: “El grupo de estudio analizó detenidamente nuestra agencia y llegó a una conclusión inequívoca, la CIA simplemente debe hacer más para desarrollar el entorno de liderazgo diverso e inclusivo que requieren nuestros valores y que nuestra misión exige”.

*Matthew Syed es el autor de Rebel Ideas: The Power of Diverse Thinking (“Ideas rebeldes: el poder del pensamiento diverso”).


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