La desigualdad en las mujeres que trabajan fuera y dentro de casa

Las labores domésticas y de cuidado de personas son indispensables para todas las personas, sin excepción y, sin embargo, son invisibles. Aunque las mujeres ya son parte de la economía y traen ingreso a los hogares, siguen ancladas a esta labor.

La desigualdad en las mujeres que trabajan fuera y dentro de casa
Archivo / Cuartoscuro.

Lilia es una trabajadora del hogar, en el suyo y en otros. Empezó a hacer este trabajo de forma remunerada cuando su esposo perdió el empleo, y aunque después él encontró otro, el ingreso era insuficiente así que ella conservó el suyo. Desde hace 15 años, se levanta cada mañana antes que todos a preparar el desayuno y dejar un poco limpia la casa, antes de salir desde Ecatepec a alguna zona de la ciudad a limpiar otras.

Cuando vuelve prepara más comida y su esposo “le ayuda” lavando los trastes y su propia ropa, para aligerarle la carga. Lilia trabaja seis días de la semana, pero recientemente avisó en la casa a la que iba los sábados que ya no podrá ir, porque en su casa ya no se lo permiten. “Se te junta mucho la ropa el fin de semana”, le dijo su esposo, por lo que la mujer de 53 años con tres hijos mayores de 20, ahora sólo trabajará –fuera de su casa- cinco días para no descuidar las tareas de su propio hogar.

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Lilia es una de las miles de mujeres que en México –como en todo el mundo, según la Organización Internacional del Trabajo- trabajan a doble jornada: la remunerada fuera de sus hogares y la no remunerada, dentro de ellos, haciendo labores de cuidado doméstico y de personas. Esta labor es la más demandada alrededor del mundo y sin embargo, está hecha en 80% por mujeres, debido a una desigual distribución al interior del hogar y a la carencia de servicios proporcionados por el Estado.

Aunque todas las personas necesitan cuidados, son las mujeres las que realizan la mayor parte de esta labor no remunerada: tres cuartas partes de los cuidadores en el mundo son de sexo femenino. “Ningún país del mundo registra una prestación de cuidados no remunerada igualitaria entre hombres y mujeres”, sentencia la OIT en un informe.

En todo el mundo, señala el organismo, este trabajo se realiza mayoritariamente sin paga, y las mujeres dedican en promedio 3.2 veces más tiempo que los hombres a estas labores, precisa el informe ‘El trabajo de Cuidados y los trabajadores del Cuidado’ de la OIT, publicado en agosto pasado.

“Se hace cada vez más evidente la doble presencia, el segundo turno, la doble jornada de las mujeres que han incrementado su participación en los mercados laborales nacionales y en las transferencias o cadenas globales de cuidado”, dicta el artículo inédito ‘El trabajo doméstico y de cuidado: su importancia y principales hallazgos en el caso mexicano’ facilitado por la autora Brígida García, investigadora de El Colegio de México (Colmex).

Para el Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES), el Cuidado es una labor de “subsidio invisible para el sistema económico”.  Es decir: las mujeres suplen los servicios que debe otorgar el Estado a las familias para mantener el bienestar social, haciendo doble o triple jornada y sacrificando su propia calidad de vida por no tener opciones para cuidar de sus familiares en condiciones adecuadas.

Esto se debe a que, cuando las mujeres empezaron a integrarse al trabajo pagado, los hombres no se integraron al trabajo de cuidado, por lo que ahora las mujeres tienen una doble jornada de trabajo mientras los hombres solo se dedican a trabajar remuneradamente, explicó Valentina Zendejas, subdirectora del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir (ILSB).

Por su parte, la investigadora Makieze Medina advirtió que las mujeres han asumido responsabilidades de una oferta de servicios públicos que se ha ido precarizando, por lo cual adolecen de mayor pobreza de tiempo, tienen doble o triple jornada de trabajo y su autocuidado se ve muy mermado.

“La resolución a estas carencias no puede quedarse en que se distribuyan las cargas entre la pareja y al interior de la familia, porque la atención del cuidado que implica la sostenibilidad de la vida es una resolución pública, no privada”, sentenció Medina, miembro de la Red de Cuidados de México.

Sin embargo, las necesidades de cuidado de hecho se resuelven en las familias y existe todavía una predisposición a creer que es un deber femenino. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS) publicada en meses recientes por el INEGI, 23% de los hombres y 21% de las mujeres mayores de 18 años se dijo de acuerdo con la frase “las mujeres deben ayudar en los quehaceres del hogar más que los hombres”.

Como le ocurre a Guadalupe, una estilista que pese a que aporta al ingreso familiar, sigue realizando las labores de un ama de casa. También cuida algunas tardes a su madre, que tiene padecimientos cardíacos. Lupita procura no agendar sus citas a media tarde para regresar a comer con su esposo, ya que no le gusta comer solo. Después va con su madre para asegurarse de que coma, que tome sus medicinas y que no haga tareas del hogar exhaustivas.

Comparte esta labor con su hermana, que tampoco vive en esa casa, porque su hermano de casi 40 años –que sí vive ahí- se desmarcó desde un principio, “eso les toca a ustedes, a mí no me metan”, les ha dicho textualmente.

Valentina Zendejas explica que, aun cuando cada vez más hombres participan del cuidado, sigue siendo una “asignación” femenina. “Lo hacen en la medida que su trabajo remunerado les permita hacerlo, pero las actividades que se tienen que hacer sí o sí siguen siendo responsabilidad de las mujeres”, dijo en entrevista la subdirectora del ILSB. Este “deber” delegado en las mujeres, agregó, es un obstáculo para su inserción al mercado laboral y para una autonomía económica en condiciones de igualdad.

“Es un trabajo duro y no remunerado, por eso los hombres no lo quieren hacer”, apuntó por su parte Ana Pecova, directora de la organización EQUIS-Justicia para las Mujeres.  “Nadie lo quiere hacer pero se tiene que hacer para que funcione la familia, los hogares son como pequeñas economías, alguien tiene que administrarlos”.

Y cuando el trabajo formal de una mujer no le permite dedicarse a administrar ese hogar, esa labor se va relegando en otras mujeres, a veces subcontratando servicios y muchas veces pidiendo el apoyo de familiares.

“Como todas las desigualdades, no nos afectan de igual manera a todas las mujeres. Las que tenemos recursos lo subcontratamos, siempre a otra mujer. Las que no tienen recursos se dividen, tienen una jornada más larga, le piden a la abuela -que trabaje de manera no remunerada, por supuesto- a las hijas, es decir, es un trabajo que siempre nos pasamos unas a otras”, puntualizó Zendejas.

Sin embargo, no todas las madres o cuidadoras tienen una red familiar en la cual apoyarse para cubrir las 24 horas que demanda el Trabajo de Cuidado. Es el caso de Laura, quien en su infancia cuidó de su hermana dos años menor porque su madre trabajaba tras haberse divorciado; pero hoy vive lejos de su familia y no puede pedirles que recojan a su hija en la escuela y la alimenten mientras ella sale de su empleo formal, que sí tiene horario.

“Antes pagaba un servicio en casa pero es muy caro y complicado, preferí meterla a natación. Los domingos cocino para toda la semana y la traigo en tuppers porque es muy caro comer en la calle. Lo que no puedo hacer es ir por ella, pero una persona que trabaja Uber va por una maestra de la escuela vespertina de inglés y se van juntos a recoger a Valentina a la escuela matutina. Yo paso por ella ahí”, relata Laura Ríos, oficial del proyecto de Trabajo de Cuidados de la organización Oxfam en México.

Mientras el Estado no se encargue de crear políticas públicas para llenar este vacío que actualmente llenan las mujeres, el trabajo sólo se irá delegando a otras mujeres, señala Ana Pecova.

La brecha salarial entre hombres y mujeres, problemática que ha sido altamente debatida en todos los foros de equidad de género, surge precisamente de la desigual distribución de las labores de cuidado, explica Lucía Pérez-Fragoso, investigadora para la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Como la mayoría de las mujeres tienen alguien a quién cuidar, las empresas demeritan su trabajo por considerar que “estarán distraídas” con sus asuntos familiares, por lo cual se les paga menos o se les dan menos responsabilidades. “Pero estamos sustituyendo al Estado, estamos haciendo una tarea enorme para que el país siga funcionando”, afirma la experta.

De continuar al ritmo actual, esta brecha entre hombres y mujeres por la carga de los trabajos de cuidado tomará 210 años en cerrarse, proyecta la OIT.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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