El triunfo de Bolsonaro: ¿la fuerza militar regresará a Brasil?
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El triunfo de Bolsonaro: ¿la fuerza militar regresará a Brasil?

El próximo 28 de octubre Brasil tendrá la segunda vuelta electoral para elegir a su presidente. Los votantes podrían optar por Jair Bolsonaro, excapitán del ejército brasileño, quien representa el regreso de los militares y el autoritarismo, situación que debería alertar a América Latina.
AFP
Por Leonardo Cavalcanti / Newsweek en Español
21 de octubre, 2018
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Pasaban de las 5 de la tarde del jueves 6 de septiembre cuando los videos de un atentado contra el candidato de extrema derecha en Brasil comenzaron a circular en las redes sociales. En las imágenes, el político, en pleno ejercicio de su séptimo mandato como diputado federal, aparecía apuñalado en el abdomen en el interior del estado de Minas Gerais, más precisamente en Juiz de Fora, ciudad ubicada a 190 kilómetros del centro nervioso y político del país, Brasilia. Mientras una parte de los votantes dudaba del episodio —dado lo inusitado de una acción contra un presidenciable en campaña y protegido por policías federales—, otra hacía las primeras proyecciones de escenarios electorales. El mayor beneficiado del acto desproporcionado tenía nombre y apellido: el propio capitán reformado del ejército Jair Bolsonaro, de 63 años, víctima del ataque. El razonamiento más obvio era que, de sobrevivir al episodio sangriento, ganaría dividendos electorales y, a partir de allí, se tornaría prácticamente imbatible en la disputa por el Palacio del Planalto, sede del gobierno brasileño.

Bolsonaro —afiliado al hasta entonces inexpresivo Partido Social Liberal (PSL)— sobrevivió después de pasar por dos cirugías delicadas para recomponer órganos vitales que fueron cortados por el cuchillo que lo hirió. El criminal, por su parte, fue arrestado y hasta el momento todo indica que actuó solitariamente, sin participación ni ayuda intelectual de grupos políticos. El presidenciable, como ya mostraban las primeras proyecciones, creció a punto de casi cerrar victorioso la elección presidencial brasileña en la primera vuelta, hace dos semanas. Lo que mucha gente, incluyendo estudiosos del sistema político brasileño, no pudo percibir, sin embargo, es que, independientemente del atentado, la fuerza del político se dibujaba desde 2015, con los primeros actos públicos que derribaron a la entonces presidenta Dilma Rousseff (PT).

El proyecto de poder diseñado por el militar retirado era conocido para aquellos que lo acompañaban de cerca, pero totalmente desconocido para académicos, especialistas en marketing y políticos de partidos tradicionales. Y ahora, que es un caso exitoso, presenta más dudas que certezas; de lo que sí se tiene certeza es que podría llevar al país a una crisis sin precedentes en las instituciones y en la propia sociedad brasileña. No es que la otra opción a la presidencia, representada por el candidato del Partido de los Trabajadores (PT), Fernando Haddad —exalcalde de la ciudad de São Paulo—, pudiera significar algún respiro al elector, pero la sombra del autoritarismo del proyecto del exmilitar asusta a gran parte de los defensores de los regímenes democráticos. Para empeorar el panorama, el perfil de parte de los congresistas electos es conservador y militarizado.

“La última elección brasileña, en 2014, ya mostraba que había una parte conservadora del electorado brasileño. Este grupo de votantes parecía estar en torno al 15 por ciento”, afirma Ivo Coser, coordinador del Núcleo de Teoría Política de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). El perfil de este estrato de la sociedad brasileña estaba formado por gente molesta con las políticas públicas de los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff, principalmente con los programas de distribución de renta, de derechos humanos y ambientales —por más que tales proyectos también fueran objeto de críticas de integrantes de la izquierda por no ser tan profundos—. Los votantes más a la derecha invariablemente votarían contra un candidato del PT, fuera quien fuera. Los primeros resultados en las encuestas, hasta principios de este año, parecían mostrar que Bolsonaro no superaría el 20 por ciento de los votos, evolucionaría poco o incluso perdería fuerza a lo largo de la campaña. Error. El presidenciable conquistó casi 50 millones de votos y es favorito para ganar la elección y convertirse en el trigesimooctavo presidente brasileño. Incluso, aunque Haddad, el candidato de Lula, consiga un milagro electoral, la caja de Pandora ha sido abierta y se ha mostrado más que un flirteo de los electores brasileños con el autoritarismo.

¿QUÉ OCURRIÓ?

“Todavía debemos tomar un tiempo para entender lo que pasó hasta ahora en las elecciones brasileñas”, dice el profesor Coser. “Se sabía que tenía ganada una parte de los votantes contrarios a los programas de la reforma agraria y a quienes estaban irritados con las políticas sociales de los gobiernos petistas, pero la cantidad de votos de Bolsonaro no parece tan fácil de analizar”, completa. Hay, sin embargo, algunas pistas sobre el fenómeno electoral de un diputado que hace menos de cuatro años era considerado folclórico entre los propios pares en el Congreso Nacional, sin mayor relevancia en la formulación de proyectos. Durante 28 años, logró aprobar no más de tres propuestas y fue conocido por discursos considerados homofóbicos, racistas y, aún más claro, a favor de torturadores reconocidos del régimen militar, además de ataques a mujeres, incluso a sus propias colegas de trabajo en el Congreso.

Si quieres saber cómo fue que Bolsonaro construyó una estrategia con la que logró el triunfo en la primera vuelta, lee la nota completa en Newsweek en Español.

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Getty Images

Vacuna contra COVID-19: "Ahora mismo no hay evidencia de que funcionen, sólo sabemos que se ven prometedoras"

Paul Offit tiene una experiencia de décadas en el campo de las inmunizaciones; sobre la creación de una vacuna contra COVID-19 cree que necesitamos "ser realistas" y manejar las expectativas.
Getty Images
29 de julio, 2020
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Una persona siendo vacuna

Getty Images
Decenas de grupos de investigación llevan a cabo estudios para desarrollar una vacuna. Esta foto fue tomada en Sudáfrica, donde se realiza un ensayo clínico.

“Ser realistas”, “manejar las expectativas”, “humildad”, son algunas de las ideas que el doctor Paul Offit está tratando de introducir en la conversación global sobre las vacunas contra el coronavirus.

El científico estadounidense no sólo habla sobre la base de su experiencia como director del Centro de Educación sobre Vacunas del Hospital de Niños de Filadelfia, sino a la luz del largo camino que recorrió para crear, junto a dos colegas, una vacuna contra el rotavirus, la causa más común de diarrea intensa en niños y bebés en todo el planeta.

En medio de la pandemia de covid-19, que ha causado 15 millones y medio de casos y más de 600.000 muertes en decenas de países, es difícil no emocionarse cuando se escuchan noticias de un nuevo desarrollo en la búsqueda de una vacuna.

Pero Offit, profesor de vacunología y pediatría y especialista en inmunología, hace una advertencia: “Necesitamos ser realistas. En circunstancias normales cuando las compañías fabrican una vacuna no sacan comunicados de prensa en los ensayos clínicos de fase 1, ni para estudios pequeños de rango de dosis de fase 1. Tampoco lo hacen para estudios que involucran a 45 personas”.

“En cambio, esperan hasta llegar a los ensayos de fase 3, el ensayo clínico grande, prospectivo controlado de placebo, que es cuando, de hecho, pueden hacer comentarios sobre si la vacuna funciona”, le dice a BBC Mundo.

“Ahora mismo no tenemos evidencia de que esas vacunas de las que se habla funcionen, sólo sabemos que se ven prometedoras”.

“Debemos calmarnos y esperar hasta ver más información antes de golpearnos el pecho por lo maravillosas que son estas vacunas”.

Offit también es uno de los miembros del comité creado por los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés), conocido como Accelerating COVID-19 Therapeutic Interventions and Vaccines (ACTIV).

Se trata, según el NIH, de una asociación pública y privada que busca establecer una estrategia de investigación que priorice y acelere el desarrollo de los tratamientos y las vacunas más prometedoras para combatir el covid-19 y que reúne a organismos estatales como el Departamento de Salud, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) y la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA), entre otros, y a la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), representantes de la academia, organizaciones filantrópicas y varias compañías biofarmacéuticas”.

“Corta vida”

Científicos y compañías farmacéuticas en varios países están trabajando contrarreloj y a toda máquina para desarrollar una vacuna contra la covid-19.

Paul Offit

Frederick M. Brown/Getty Images
El médico Paul Offit tiene una experiencia de décadas en los campos de la inmunología y las enfermedades infecciosas.

En ese contexto, el experto ha dicho que “necesitamos manejar las expectativas”.

¿A qué se refiere?, le preguntamos.

“Pienso que si somos lo suficientemente afortunados podríamos tener vacunas para mediados del próximo año”, indica.

“Es probable que esas vacunas puedan inducir inmunidad”, pero -advierte- puede llegar a ser de “corta vida e incompleta”.

“Con ‘incompleta’ me refiero a que las vacunas protegerán contra la enfermedad moderada y severa, pero podrían no hacerlo contra la enfermedad que se desarrolla de forma leve”.

Y quizás tampoco puedan proteger contra las infecciones que no desencadenan síntomas.

La protección contra la covid-19 que se manifieste de forma moderada o grave podría ayudar a evitar hospitalizaciones y más muertes, explica, pero el virus podría seguir provocando síntomas leves en algunas personas y, hasta cierto punto, causando contagios.

“Pienso que la protección podría durar sólo seis, nueve meses, un año y eso requerirá que la gente sea sometida a una dosis de refuerzo el año siguiente”.

La importancia de la fase 3

De acuerdo con Offit, en términos de seguridad, los ensayos clínicos de fase 3 están planeados para que se realicen en aproximadamente unas 30.000 personas.

Tomando en cuenta ese escenario, la vacuna se le suministraría a unas 20.000 personas y a las otras 10.000 se les daría un placebo.

Una jeringa

NurPhoto via Getty Images
Se calcula que 200 grupos de científicos, en diferentes países, buscan una vacuna contra la covid-19.

Con lo que arrojen las pruebas de las 20.000 personas, asegura el experto, se podría garantizar que la vacuna potencialmente no tendría ningún efecto secundario grave poco común y ese sería un paso fundamental para decidir si se aprueba.

“Pero 20.000 personas no son 20 millones de personas. Creo que cuando vacunas a decenas de millones o cientos de millones de personas, puedes descubrir efectos adversos graves que desconocías”.

Por eso es crucial que haya sistemas y mecanismos en funcionamiento para que se pueda detectar cualquier problema y reaccionar rápidamente.

“No quieres sacrificar seguridad por velocidad y no lo haremos si probamos (la vacuna) en, al menos, 20.000 personas antes de aprobarla”, indica.

De esa manera, el riesgo se puede mitigar hasta cierto punto.

Saltarse etapas

¿Existe algún riesgo de que en el desarrollo de las vacunas contra covid-19 se omitan algunas etapas del proceso que generalmente se sigue?, le pregunta BBC Mundo.

Una calle

Getty Images
El uso de mascarillas, el confinamiento y el distanciamiento social son algunas de las medidas implementadas para evitar los contagios de coronavirus, mientras llega la vacuna.

“El tiempo promedio que lleva fabricar una vacuna es de alrededor 15 a 20 años“, responde.

Y evoca su experiencia con la vacuna de rotavirus que desarrolló junto a los doctores Fred Clark y Stanley Plotkin, conocida como RotaTeq, “que ha sido aprobada para su uso desde 2006”, según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC).

“La vacuna que hicimos en el Hospital de Niños (de Filadelfia) tomó aproximadamente 26 años. (Ese tiempo) no es algo inusual“, añade.

“Ahora estamos intentando fabricar una vacuna en un año y medio. Por definición, habrán etapas que se omitirán o se truncarán”.

Pero eso no necesariamente es algo negativo. Y explica en qué circunstancias “no es peligroso”:

Siempre y cuando se hagan los ensayos clínicos de fase 3, considero que estaremos bien”.

Offit hace referencia a los planes anunciados por algunos investigadores de poner a prueba las vacunas en ensayos que involucren a 30.000 voluntarios.

“Eso nos dará tanta información como la que normalmente se tendría en el proceso (convencional) de (desarrollar) una vacuna”.

Es posible que se salten algunas etapas iniciales, pero una vez las pruebas de la fase 3 muestren datos convincentes, “estaremos, al menos, tan informados como normalmente lo estaríamos sobre una vacuna”, en términos de seguridad y efectividad.

Pruebas en animales

De acuerdo con el docente, no siempre es esencial probar las vacunas en animales.

Un mono en una jaula

Getty Images
A lo largo de la historia de las vacunas, los animales han sido unos aliados.

“Con nuestra vacuna pasamos 10 años trabajando con modelos de animales para intentar demostrar conceptualmente que, de hecho, en animales experimentales la vacuna protegía”.

Pero, reflexiona: ¿ratones o personas?

Y cuenta la famosa frase de un investigador de vacunas: “Los ratones mienten y los monos exageran”.

“Nunca sabrás realmente si algo es efectivo hasta que lo implementas en las personas”.

“Aunque los modelos de animales te pueden guiar para saber cuán probable es que una vacuna funcione y te pueden orientar para conocer qué parte de la respuesta inmune es la que probablemente predecirá la protección, nunca sabrás sobre una vacuna hasta que se la pones a la gente”.

Una investigadora

Boston Globe via Getty Images
Una de las vacunas cuya evolución se ha dado a conocer es la desarrollada por la compañía Moderna, en Estados Unidos. Esta foto es de una de las investigadoras del laboratorio.

“No sabemos”

Offit ha dicho que es importane que las compañías dejen de decir cuándo “saldrá” la vacuna porque en realidad no lo saben.

“Deberíamos ser humildes sobre cuánto no sabemos”, insiste.

“Cuando este coronavirus surgió por primera vez en noviembre de 2019 en Wuhan, (…) creo que la gente pensó que actuaría como el virus del MERS o el virus del SARS, pero no fue así”.

También se pensó que se comportaría como otros coronavirus humanos, lo que tampoco sucede.

Este virus, explica el doctor, “hace una serie de cosas que ninguno de esos virus hace: se propaga fácilmente durante los meses de verano, afecta el funcionamiento de los vasos sanguíneos y causa una variedad de inflamaciones de los mismos, llamada vasculitis”, por citar dos ejemplos.

También puede llegar a causar una enfermedad inusual en los niños llamada MIS-C (síndrome multisistémico inflamatorio), “la cual, hasta donde yo sé, nunca se ha demostrado que la cause un virus”.

“Simplemente sigue sorprendiéndonos y es apenas el comienzo. Creo que pronto habrá más sorpresas, pues es un virus difícil de caracterizar, de anticipar“.

Y la comunidad científica está tratando de vencerlo de diferentes maneras.

Una de ellas es a través de varias estrategias de vacunas, “que nunca antes se han utilizado y con las cuales no tenemos experiencia, pero de las cuales estoy seguro de que también vamos a aprender”.

“Creo que deberíamos ser lo suficientemente humildes como para darnos cuenta de que el próximo año o en los siguientes dos años, aprenderemos algunas cosas que desearíamos haber sabido ahora”.

Volverla universal

El experto, quien también es autor de varios libros, cree que hay una alta probabilidad de que la vacuna que se desarrolle necesitará de dos dosis.

Vacuna

Getty Images
Otro desafío que se asoma, una vez se haya desarrollado la vacuna contra covid-19, es hacerla accesible a todos.

Hacerla universal será un desafío sin precedentes, no sólo por el número de dosis que se requerirán sino porque cada región del planeta tendrá su propio ritmo de producción.

Offit pone como ejemplo Estados Unidos.

“Si se va a administrar solo a grupos de alto riesgo y se trata de una vacuna de dos dosis, se necesitarán 250 millones de dosis”, calcula.

“Francamente, creo que estas vacunas irán saliendo lentamente durante un período de años antes de que realmente podamos inmunizar a un número crucial de personas”.

Y si se tiene en consideración que la respuesta inmune pudiera ser de corta vida, “hay que ofrecer dosis de refuerzo, lo que se traduce en más dosis”.

La experiencia del rotavirus frente al coronavirus

El doctor explica que la primera vez que se tuvo conocimiento de los rotavirus fue en la década de los años 40 y se identificó como causantes de una enfermedad en los animales (mamíferos).

“Supimos que los rotavirus provocaban una enfermedad en los humanos a inicios de la década de los 70”.

Rotavirus

Universal Images Group via Getty Images
“Las dos causas más frecuentes de diarrea moderada a grave en países de ingresos bajos son los rotavirus y Escherichia coli”, señala la OMS.

La primera vacuna contra el rotavirus estuvo disponible en 1998, pero estuvo en el mercado sólo 10 meses porque los científicos la vincularon con un problema intestinal llamado invaginación intestinal, que podía tener consecuencias fatales.

“Era un virus con el que teníamos décadas de experiencia. Sin embargo, nos sorprendió el hallazgo de la obstrucción intestinal”.

“Ahora, estamos ante un virus con el que tenemos menos de un año de experiencia y ya nos ha sorprendido”.

“Creo que es justo decir que podrían haber más sorpresas frente a nosotros y simplemente considero que la gente debe ser más consciente de eso”.

Y hace una última reflexión:

“Esperamos que los avances lleguen sin costo, que los milagros lleguen sin costo, asumimos que no hay curva de aprendizaje, pero siempre la hay”.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

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