Senadora interpone queja formal por daño arqueológico en Isla Espíritu Santo
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Senadora interpone queja formal por daño arqueológico en Isla Espíritu Santo

La denuncia ante el INAH, anunciada por la senadora Delgadillo, es por los daños causados en 52% del sitio arqueológico denominado Ensenada El Gallo, a manos de la asociación civil Grupo Ecología y Conservación de Islas.
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17 de octubre, 2018
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La senadora Verónica Delgadillo, integrante del partido Movimiento Ciudadano, anunció la interposición de una denuncia formal ante el Instituto Nacional de Antropología e Historia, por los daños causados en 52% del sitio arqueológico denominado Ensenada El Gallo (J66 El Gallo II-3) a manos de la asociación civil Grupo Ecología y Conservación de Islas, contratada por las autoridades federales para realizar la extracción de fauna nociva de la Isla Espíritu Santo.

Tal como informó Animal Político el pasado 8 de octubre, el “Dictamen de daños en monumentos arqueológicos y cuantificación de los mismos”, elaborado por el INAH en octubre de 2016, establece que dicha asociación civil instaló un campamento no autorizado sobre el sitio arqueológico, así como un corral para fauna nociva capturada, para lo cual realizaron “remoción de sedimento y materiales arqueológicos”, con el objeto de nivelar sus casas de campaña y su corral, así como para crear veredas por donde transitar.

Este sitio arqueológico, de más de siete mil metros cuadrados de extensión, fue un punto de actividad humana entre los años 3000 ac, y 1700 dc, por lo que en toda su superficie, y en el subsuelo, permanecían vestigios como antiguos fogones, piedras labradas, y acumulaciones de conchas extraídas del mar por los antiguos habitantes de la Isla Espíritu Santo, hoy considerada área natural protegida (por las autoridades mexicanas) y patrimonio natural de la humanidad (por la ONU).

Al remover los vestigios que ahí se hallaban, el Grupo Ecología y Conservación de Islas AC no sólo dañó cada artefacto, sino que, además, destruyó el contexto en el cual estaban dispuestos dichos vestigios, perdiéndose para siempre la información que de dicho contexto podía extraerse.

LEE: EPN contrató a organización para erradicar fauna nociva en isla, pero eliminó una zona arqueológica

Cabe destacar que un segundo documento oficial del INAH, denominado “Informe de atención a denuncia de afectación del sitio J66 El Gallo II-3”, establece que los daños ocasionados en esta zona arqueológica en 52% de su superficie son “irreversibles”, y el mismo documento advierte que al dañar esta área, el Grupo Ecología y Conservación de Islas AC violó el artículo 42 de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas, que señala que toda obra en zonas arqueológicas debe contar previamente con la autorización del INAH.

Esta ley, además, refiere en su artículo 52 que “al que por cualquier medio dañe, altere o destruya un monumento arqueológico, artístico o histórico, se le impondrá prisión de tres a diez años y multa hasta por el valor del daño causado”.

Aún cuando el INAH certificó desde octubre de 2016 los daños ocasionados por el Grupo Ecología y Conservación de Islas en el sitio J66 El Gallo II-3 de la Isla Espíritu Santo, su área jurídica no ha iniciado ninguna acción legal en contra de los responsables hasta la fecha, ya que (inexplicablemente) el dictamen de daños arqueológicos nunca le fue reportado por la dirección del Instituto en Baja California Sur.

Tal como informó la senadora Verónica Delgadillo, fue ante esta postura omisa tanto del INAH-Baja California Sur, como del área jurídica del organismo público, que el pasado 10 de octubre acudió a las instalaciones centrales del Instituto Nacional de Antropología e Historia para presentar formalmente una denuncia ciudadana, por los daños ocasionados al sitio arqueológico de la Isla Espíritu Santo.
Una vez interpuesta la denuncia, señaló la senadora, el área jurídica del INAH queda obligada a emprender las acciones legales que ha omitido durante los últimos dos años.

En la Isla Espíritu Santo, explicó la legisladora en conferencia de prensa, “la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, a cargo de Alejandro del Mazo, realizó una supuesta estrategia participativa para erradicar la población de cabras, que se calcula en más o menos mil ejemplares, y que al ser animales no nativos, están dañando la isla”.

El plan, recordó, era extraer las mil cabras en tres meses, contados a partir de mayo de 2016, no obstante “ya han pasado 26 meses desde que se aprobó la intervención de esta asociación (el Grupo Ecología y Conservación de Islas AC) y sólo han extraído 193 cabras, pero eso no es lo peor: lo peor es que 52% de una zona arqueológica que existía en esa isla ha sufrido daños irreversibles, es decir, perdimos más de la mitad del patrimonio que contenía ese sitio, y el INAH no ha hecho absolutamente nada, a pesar de que cuenta con los informes que sustentan el daño”.

En la queja presentada ante el INAH el pasado 10 de octubre, la senadora Delgadillo destacó que los daños ocasionados en la zona arqueológica de la Isla Espíritu Santo “pudieron haberse evitado si la organización civil que realizó las actividades (de extracción de cabras) hubiera acatado y seguido las indicaciones del INAH para la protección de las zonas arqueológicas”, algo que no sucedió, tal como se desprende de los mismos reportes oficiales de afectaciones.

Por ello, señala el documento dirigido a Diego Prieto Hernández, director general del INAH, “se solicita proceda con la denuncia formal en contra de los responsables del daño ocasionado en la zona arqueológica denominada Ensenada El Gallo, registrada como J66 El Gallo II-3, así como en contra de aquellos responsables que otorgaron el permiso para llevar a cabo las actividades que pusieron en peligro dicha zona”.

Moneda de cambio

Junto con el daño arqueológico provocado en la Isla Espíritu Santo, la senadora de Movimiento Ciudadano también expuso el caso del derrame de sustancias químicas de Pemex, que aconteció el pasado 5 de octubre en la zona de Nanchital, Veracruz, situación ante la cual, destacó, tampoco han hecho nada las autoridades.

“En diferentes recorridos que han hecho tanto activistas, como agrupaciones ecologistas y de medio ambiente –informó Verónica Delgadillo–, se ha constatado cómo decenas de especies como tortugas, cocodrilos, armadillos, lagartos, víboras, incluso aves y flora que está en la zona, están muriendo a causa del derrame, y también se ha confirmado que varios habitantes han tenido que ser evacuados”.

Desde que ocurrió el derrame de ductos de Pemex, denunció la senadora, “han pasado diez días y, a pesar de que está ahí, a la vista de todas las autoridades, nadie ha hecho nada. Especialmente las autoridades municipales, que no han ni siquiera interpuesto una denuncia ante la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente”, en tanto que “tampoco Pemex se ha comprometido a limpiar y reparar el daño de manera inmediata”.

Ambos casos, aseguró, ilustran “cómo en México, cuando hablas de medio ambiente, detrás de ello puedes hallar destrucción, irresponsabilidad, omisiones, negligencias y, sin duda, un sinfín de actos de corrupción”, además de la forma en que esta agenda ha sido una moneda de cambio para favorecer sólo a algunos grupos económicos y de poder (…) una moneda de cambio para dar favores, para pagar favores, y también para permitir el negocio de unos cuantos”.

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Las empresas de Japón que ayudan a la gente a desaparecer

Cada año, algunas personas optan por "esfumarse" y abandonar sus vidas, trabajos, hogares y familias. En Japón se les conoce como "jouhatsu" y hay empresas que les ayudan a llevarlo a cabo.
17 de septiembre, 2020
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En todo el mundo, desde Estados Unidos a Alemania o Reino Unido, hay cada año personas que deciden desaparecer sin dejar rastro, abandonando sus hogares, trabajos y familias para comenzar una segunda vida.

A menudo lo hacen sin siquiera mirar atrás.

En Japón, a estas personas se les conoce como los jouhatsu.

El término significa “evaporación”, pero también se refiere a personas que desaparecen a propósito y ocultan su paradero, a veces durante años, incluso décadas.

“Me harté de las relaciones humanas. Cogí una maleta pequeña y me esfumé“, dice Sugimoto, de 42 años, que en esta historia solo usa el apellido de su familia.

“Simplemente escapé”.

Afirma que en su pequeña ciudad natal todos lo conocían por su familia y su próspero negocio local, que se esperaba que Sugimoto continuara.

Pero que le impusieran ese papel le causó tanta angustia que de repente se marchó de la ciudad para siempre y no le dijo a nadie adónde iba.

Desde una deuda ineludible hasta matrimonios sin amor, las motivaciones que empujan a los jouhatsu a “evaporarse” varían.

Las calles de Japón

Getty Images
El sociólogo Hiroki Nakamori ha estado investigando el jouhatsu durante más de una década.

Pero muchos, independientemente de sus motivos, recurren a empresas que les ayuden en el proceso.

Estas operaciones se denominan servicios de “mudanzas nocturnas”, un guiño a la naturaleza secreta del proceso de quienes quieren convertirse en un jouhatsu.

Estas compañías ayudan a las personas que quieren desaparecer a retirarse discretamente de sus vidas y pueden proporcionarles alojamiento en ubicaciones desconocidas.

“Normalmente, los motivos de las mudanzas suelen positivos, como entrar a la universidad, conseguir un nuevo trabajo o un matrimonio. Pero también hay mudanzas tristes, cuando la razón es haber dejado la universidad, perder un trabajo o cuando lo que quieres es escapar de un acosador“.

Así lo cuenta Sho Hatori, quien fundó una empresa de “mudanzas nocturnas” en los años 90 cuando estalló la burbuja económica de Japón.

Segundas vidas

Cuando empezó en ello, creía que la razón por la que la gente decidía huir de sus problemáticas vidas era la ruina financiera, pero pronto descubrió que también había “razones sociales”.

“Lo que hicimos fue ayudar a las personas a comenzar una segunda vida”, dice.

El sociólogo Hiroki Nakamori ha estado investigando el fenómeno de los jouhatsu durante más de una década.

Dice que el término comenzó a usarse en los años 60 para describir a las personas que decidían desaparecer.

Las tasas de divorcio eran (y siguen siendo) muy bajas en Japón, por lo que algunas personas decidían que era más fácil levantarse y abandonar a sus cónyuges que afrontar los procedimientos de divorcio elaborados y formales.

“En Japón es más sencillo esfumarse” que en otros países, dice Nakamori.

La privacidad es algo que se protege con uñas y dientes.

Mujer sacando dinero en un cajero automático

Getty Images
¿Desaparecerías sin dejar rastro?

Las personas desaparecidas pueden retirar dinero de los cajeros automáticos sin ser descubiertas, y los miembros de la familia no pueden acceder a videos de seguridad que podrían haber grabado a su ser querido mientras huía.

“La policía no intervendrá a menos que exista otra razón, como un crimen o un accidente. Todo lo que la familia puede hacer es pagar mucho a un detective privado. O simplemente esperar. Eso es todo”.

Me quedé impactada

Para quienes son dejados atrás, el abandono y la búsqueda de su jouhatsu puede ser insoportable.

“Me quedé impactada”, dice una mujer que habló con la BBC pero decidió permanecer en el anonimato.

Su hijo de 22 años desapareció y no la ha vuelto a contactar.

“Se quedó sin trabajo dos veces. Debió haberse sentido miserable por ello”.

Cuando dejó de tener noticias suyas, condujo hasta donde vivía, registró el sitio y luego esperó en su automóvil durante días para ver si aparecía.

Nunca lo hizo.

Dice que la policía no ha sido muy útil y que le dijeron que solo podían involucrarse si existía la sospecha de que se había suicidado.

Pero como no había ninguna nota, no investigarán nada.

“Entiendo que hay acosadores y que la información puede ser mal utilizada. Quizás la ley es necesaria, pero los criminales, los acosadores y los padres que quieren buscar a sus propios hijos son tratados de la misma manera debido a la protección. ¿Cómo puede ser?”, afirma.

“Con la ley actual y sin disponer de dinero, todo lo que puedo hacer es verificar si mi hijo está en la morgue. Es lo único que me queda”.

Mujer en Tokio

Getty Images
La policía no suele a ayudar a las familias que buscan a sus seres queridos.

Los desaparecidos

A muchos de los jouhatsu, aunque hayan dejado atrás sus vidas, la tristeza y el arrepentimiento les sigue acompañando.

“Tengo la sensación constante de que hice algo mal”, dice Sugimoto, el empresario que dejó a su esposa e hijos en la pequeña ciudad.

“No he visto en un año. Les dije que me iba de viaje de negocios”.

Su único pesar, dice, fue dejarlos.

Sugimoto vive escondido en una zona residencial de Tokio.

La empresa de “mudanzas nocturnas” que lo aloja está dirigida por una mujer llamada Saita, quien prefiere no confesar su apellido por mantener el anonimato.

Ella misma es una jouhatsu que desapareció hace 17 años.

Huyó de una relación físicamente abusiva, y dice: “En cierto modo, soy una persona desaparecida, incluso ahora”.

Tokio

Getty Images
Tokio es una ciudad con más de 9 millones de habitantes.

Tipos de clientes

“Tengo varios tipos de clientes”, continúa.

“Hay personas que huyen de la violencia doméstica grave y otras que lo hacen por ego o interés propio. Yo no juzgo. Nunca digo: “Su caso no es lo suficientemente serio”. Todo el mundo tiene sus luchas”.

Para personas como Sugimoto, la compañía le ayudó a abordar su propia batalla personal.

Pero a pesar de que logró desaparecer, eso no significa que los rastros de su antigua vida no permanezcan.

“Solo mi primer hijo sabe la verdad. Tiene 13 años”, dice.

“Las palabras que no puedo olvidar son: ‘Lo que papá hace con su vida es cosa suya, y no puedo cambiarlo’. Suena más maduro que yo ¿no?”.


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