Mujeres cuidadoras atienden a 42 millones de personas dependientes; el Estado no reconoce su trabajo
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Claudia Altamirano

Mujeres cuidadoras atienden a 42 millones de personas dependientes; el Estado no reconoce su trabajo

En México actualmente hay 42 millones de personas dependientes y el Conapo prevé que para 2050 habrá otros nueve millones que requerirán cuidados.
Claudia Altamirano
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Cada madrugada, Patricia Osnaya se levanta a preparar para sus clases a Inti, su hijo de 12 años. Hace el desayuno, lo deja en la escuela y se va a trabajar. Al salir corre de vuelta a casa a preparar la comida para cuando el transporte lleve al niño, ambos coman y después vayan a su terapia. Inti tiene 12 años y parálisis cerebral, por lo que su madre lo carga para subir y bajar escaleras cada vez que salen.

Patricia y su hijo viven en casa de sus padres, quienes fallecieron de cáncer luego de padecerlo por dos años, tiempo en que los cuidó. En cuatro años, cuidó al mismo tiempo de tres personas dependientes, sin dejar de trabajar.

En México hay 42 millones de personas que requieren algún tipo de cuidado; 33 millones son menores de 15 años y 9 millones son adultos mayores de 65, de acuerdo con las cifras del Consejo Nacional de Población (Conapo). El organismo proyecta que en 2030 las personas dependientes llegarán a 45.3 millones, para 2050 ascenderán hasta 51.4 millones.

52 % de los hogares urbanos mexicanos que tienen al menos un integrante en condición de dependencia.

Igual que Patricia, Elizabeth Vargas ha sido cuidadora de sus hijos y sus padres al mismo tiempo. Sentada en la sala de su casa, en el Estado de México, Elizabeth Vargas mira a dos de las personas que más ama y que son, al mismo tiempo, el proyecto más largo y arduo de su vida: su hija y su madre. A la primera aún la cuida a sus 36 años por la epilepsia refractaria que padece; a la segunda porque ya tiene 80 años y la diabetes la pone en constante riesgo.

Elizabeth aún es joven pero cuidar de dos personas dependientes a los 56 años no es algo simple; sin embargo lo hace con gusto y agradecimiento porque precisamente su madre fue quien le ayudó a criar a la pequeña Isaura, cuando se vio obligada a tener dos empleos para sostener a su familia.

Dentro de los hogares mexicanos este trabajo es realizado en casi 80 % por mujeres. Foto: Claudia Altamirano.

Ambos casos forman parte del 52 % de los hogares urbanos mexicanos que tienen al menos un integrante en condición de dependencia, según la Encuesta Laboral y de Corresponsabilidad Social (ELCOS) de 2012 del Instituto Nacional de Estadística (Inegi). La referencia son las urbes porque concentran una población mucho mayor que las zonas rurales.

Lo que Elizabeth y Patricia hacen es Trabajo de Cuidado no remunerado, que de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), consiste en dos tipos de actividades: las de cuidado directo, personal y relacional -como dar de comer a un bebé o cuidar de un cónyuge enfermo- y las actividades de cuidado indirecto, como cocinar y limpiar. Todas las personas necesitan cuidados y en distintas etapas de su vida serán sus beneficiarios: niños, adultos mayores, personas enfermas o con discapacidad y eventualmente, mujeres embarazadas.

A nivel mundial, los cuidados son el trabajo más demandado y su tendencia es creciente: en 2015 había 2,100 millones de personas necesitadas de cuidados (1,900 millones menores de 15 años y 200 millones de adultos mayores), de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Para 2030, se prevé que el número de beneficiarios de cuidados en el planeta ascenderá a 2,300 millones.

El acelerado envejecimiento de la población está provocando que el índice de dependencia crezca a pasos agigantados, de acuerdo con las más recientes proyecciones del Conapo, publicadas en septiembre pasado. En este 2018, el índice de envejecimiento según el Consejo es de 27.3 puntos, para 2030 crecerá a 45.8 y, de continuar al ritmo actual, para 2050 llegará hasta 93.7.

También los adultos independientes requieren de cuidados indirectos para desarrollarse. “Dichas actividades podrían parecer irrelevantes, pero sin ellas el mundo social, económico y político no se pondría en marcha; si no están resueltas, ningún sujeto realizaría sus labores cotidianas con disposición plena de tiempo, y los otros espacios de interacción social no funcionarían adecuadamente”, advierte la investigadora de la UNAM Pilar Velázquez.

Justo por esta alta demanda, el Inegi señala que el Trabajo de Cuidado equivale al 23.2 % del Producto Interno Bruto (PIB); es decir que si se remunerara a todos los que lo hacen, sería el sector productivo más grande, por encima del comercio y la industria manufacturera. Si se le suma el trabajo no remunerado en bienes de autoconsumo (como sembrar y cosechar sus propios alimentos) esta cifra asciende a 24.9 %.

Pese a ello, la oferta de servicios públicos para satisfacer estas necesidades sociales es muy baja, ya que no existe un sistema que integre todas las iniciativas para cubrir a toda la población: sólo hay programas dispersos en algunas instituciones o para trabajadores del sector formal, que apenas representa el 40 %.

Es por ello que estas necesidades son resueltas por las familias y, dentro de los hogares, este trabajo es realizado en casi 80 % por mujeres. Los organismos y los expertos coinciden: las mujeres están haciendo el trabajo del Estado.

Atadas a la informalidad

Las investigaciones de la OIT, el Colegio de México, las comisiones de Derechos Humanos nacional y capitalina, la Cámara de Diputados y las organizaciones feministas refieren que muchas de las mujeres que tienen un familiar a cargo sólo pueden aceptar un empleo cuando les da la oportunidad de combinarlo con sus labores de cuidado, lo que las limita a trabajos de medio tiempo, informales, mal pagados o en condiciones irregulares.

En un estudio de la OIT sobre Comercio al por mayor, los entrevistadores preguntaron a mujeres que tienen micronegocios en Ciudad de México por qué trabajan por cuenta propia. La respuesta de la mayoría fue que necesitan flexibilidad de horario para seguir atendiendo hijos pequeños y las labores en casa.

“El cuidado es una gran limitante para que las mujeres accedan a un trabajo decente, porque esto las condiciona a que acepten condiciones precarias de trabajo, a que trabajen en la informalidad; porque esta les permite combinar el tiempo de cuidado y de trabajo doméstico con el remunerado”, dijo en entrevista Soledad Aragón, Oficial Nacional de Formalización del Empleo de la OIT.

Y es que el Trabajo de Cuidado comprende una amplia variedad de actividades que demandan tiempo y, con ello, obstaculiza las oportunidades de las mujeres para acceder al mercado laboral en condiciones más favorables, así como su participación en las actividades sociales, políticas, recreativas y de capacitación, señala el reporte ‘Mujeres y hombres en México 2017’ del Instituto Nacional de la Mujeres (Inmujeres).

Eso limita su vida y desarrollo profesional, nosotras estamos siempre buscando trabajos de medio tiempo. Se considera que el tiempo de las mujeres es infinitamente elástico, que ahí estamos y que vamos a seguir donde hay menos posibilidades de pasar el trabajo al sector remunerado”, agregó Lucía Pérez-Fragoso, autora del estudio ‘¿Quién cuida en la ciudad?’, de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

En el mundo, el principal motivo indicado por las mujeres en edad de trabajar para estar fuera de la fuerza laboral es el trabajo de cuidados no remunerado, mientras que para los hombres el principal motivo es estar “estudiando, enfermo o discapacitado”, agrega el informe de la OIT. Y en esos casos, es precisamente una mujer quien los cuida.

Ausencia del Estado

En México solo una de las 32 entidades ha presentado una iniciativa integral para crear un Sistema de Cuidados, derivada del recientemente reconocido Derecho al Cuidado, previsto en la nueva Constitución de CDMX. Aunque pretende ser un esquema parecido al de Uruguay –único país en Latinoamérica con un sistema de Cuidados-, las estudiosas del tema no están satisfechas aún con la propuesta, pues consideran que sigue sin poner en el centro el derecho al cuidado.

“La propuesta para la CDMX dice que habrá un incentivo fiscal para las empresas que participen. No podría estar más desdibujado el Estado ahí”, puntualizó Gabriela Ríos Cázares, especialista en Geriatría y miembro asimismo de la Red de Cuidados.

En el resto de las entidades, ni a nivel federal, hay planes ni proyectos globales para el Cuidado. Algunas instituciones ofrecen estancias o atención para satisfacer estas necesidades, pero conservan el enfoque asistencialista y se dirigen a grupos vulnerables específicos: personas en situación de calle; adultos mayores pero independientes y sin enfermedades psiquiátricas; niños pero solo si no hay tutores o si su madre trabaja (como las guarderías del Instituto Mexicano del Seguro Social). Los requisitos hacen que sólo algunos puedan acceder a estos servicios y no cualquier trabajador que requiera atención para sus familiares dependientes.

También es necesario revisar la calidad de los servicios y prestaciones que ya existen, advierten las investigadoras, pues muchos son deficientes pero se cuentan dentro de la oferta del Estado, aunque a los trabajadores no les sirvan.

Uno de los ejemplos más recurrentes son las restricciones que los hospitales públicos ponen a las familias de menores enfermos: los únicos autorizados para hacer guardia son los padres y deben permanecer allí las 24 horas. De manera que deben ausentarse de sus empleos y no pueden echar mano de la red familiar que suele apoyar en los cuidados.

Fue el caso de Elizabeth Vargas y su hija. En una de las múltiples ocasiones en que la menor estuvo hospitalizada, duró un mes y medio en coma, durante el cual Elizabeth tuvo que asistir el día entero y faltar a su trabajo. “Era un área de cuidado intensivo y sólo le permiten a la madre estar. Ni la abuela, nadie. En ese entonces tenía una directora muy estricta, yo le decía que por favor me dejara ausentarme porque si no iba al hospital, de inmediato mandaban a la trabajadora social. Me hicieron un escrito donde casi me acusan de abandono de empleo, pero mi sindicato pudo intervenir y seguí trabajando”, recuerda la madre de Isaura.

Paty Osnaya también se vio obligada emprender batallas laborales para conservar su empleo, también en una escuela de la Secretaría de Educación Pública (SEP), por ausentarse para cuidar a su hijo. Aunque ella cuenta con una prestación llamada ‘Cuidados Maternos’ que le otorga un permiso para faltar cinco días al trabajo en caso de que el niño enferme, sus empleadores decidieron suspenderle sus pagos porque ya había tenido “muchas ausencias”. Patricia ganó el caso, le fueron restituidos sus pagos y conservó el empleo, pero la relación con sus superiores fue cada vez más difícil porque ya la habían estigmatizado como alguien que casi nunca se presenta a trabajar.

En la Cámara de Diputados se han presentado diversas iniciativas relativas a este tipo de trabajo, pero son específicas para alguna de sus aristas: para otorgar ausencias laborales de menos de un año a trabajadores que deban cuidar de alguien, sin goce de sueldo pero respetando su plaza; o para equilibrar la vida laboral con la privada, a fin de que los cuidadores tengan suficiente tiempo para su labor. Ninguna es para crear un sistema completo que satisfaga las necesidades sociales de espacios, recursos materiales y humanos para realizar las tareas de cuidado que requieren los trabajadores y trabajadoras para sus familias.

Además, Soledad Aragón advirtió que México no ha ratificado los convenios de la OIT que harían más compatible el trabajo remunerado con el que se hace en casa: el 156, sobre los trabajadores con responsabilidades familiares; el 183, que extiende la licencia de maternidad a 14 semanas, contra las 12 vigentes en México; ni el 189, a través del cual las trabajadoras del hogar pueden obtener prestaciones como guarderías para sus hijos pequeños.

En su informe, la OIT urge a los gobiernos, empleadores, sindicatos y ciudadanos de todos los países a adoptar medidas en lo que respecta a la organización del trabajo de cuidados, para enfrentar el envejecimiento de las sociedades, las familias cambiantes, el lugar todavía secundario de las mujeres en los mercados de trabajo y las deficiencias en las políticas sociales.

“Si no se afrontan de manera adecuada, los déficits actuales en la prestación de servicios de cuidado y su calidad crearán una grave e insostenible crisis del cuidado a nivel mundial y aumentarán más aún la desigualdad de género en el trabajo”, anticipa la Organización Internacional del Trabajo.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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Ayman al Zawahiri: cómo la CIA encontró y mató al sucesor de Bin Laden en Afganistán

Luego de estar prófugo por más de 20 años, el hombre falleció en un ataque con drones.
2 de agosto, 2022
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Cuando el año pasado Estados Unidos se retiró apresuradamente de Afganistán, el presidente Joe Biden prometió no permitir que el nuevo régimen de los talibanes hiciera del país un refugio seguro para los terroristas.

Esto dejó claro que, para la administración de Biden, la prolongada guerra contra el terrorismo no se acercaba a su fin.

Casi un año después, los principales asesores de seguridad del presidente le sugirieron que agentes de inteligencia podrían haber localizado al líder de al Qaeda, Ayman al Zawahiri, en Afganistán.

Un objetivo de alto valor

En sesiones informativas, autoridades del gobierno indicaron a la prensa que creían que Al Zawahiri había regresado a Afganistán el año pasado, tras producirse el colapso del gobierno respaldado por Occidente.

Los espías estadounidenses prestaban especial atención a Afganistán desde la retirada de sus tropas, en busca de señales de que los líderes de al Qaeda estuvieran regresando poco a poco al país, declaró un asesor de Biden.

Ayman al-Zawahiri. Junio de 2011

AFP
Aún no es claro qué ocurrió con el cuerpo de Al Zawahiri luego del ataque.

Al Zawahiri se habría instalado con su esposa e hija en un gran complejo con altos muros protectores en el centro de Kabul.

El barrio que escogió, un área relativamente próspera llamada Choorpur, había acogido embajadas y viviendas de diplomáticos extranjeros bajo la anterior administración.

Ahora, la mayoría de los altos funcionarios talibanes viven en las lujosas instalaciones de esa zona.

A principios de abril, autoridades de la CIA comunicaron algo importante a los asesores de Biden y luego al propio presidente: habían identificado una red que apoyaba al líder de al Qaeda y su familia, según varias fuentes de inteligencia.

Los espías estudiaron patrones de comportamiento de los residentes de la casa, incluidos los particulares gestos de una mujer que los espías identificaron como la esposa de Al Zawahiri.

Los funcionarios aseguraron haber reconocido su uso de las “habilidades” terroristas al intentar evitar el acceso de personas a la vivienda de seguridad de su esposo en Kabul.

Observaron que, desde que llegó a la casa, Al Zawahiri nunca abandonó las instalaciones y tenía el hábito de asomarse, de vez en cuando y por cortos periodos, a un balcón frente a los muros de la propiedad.

Lee: El día que mataron a Osama Bin Laden

Cómo se planeó la operación

Para Biden, la oportunidad de matar a uno de los hombres más buscados por Estados Unidos entrañaba muchos riesgos.

Al Zawahiri vivía en un barrio residencial densamente poblado.

Probablemente Biden tenía presente no repetir ciertos errores, como el ataque con aviones no tripulados que mató accidentalmente a 10 inocentes en Kabul entre ellos un trabajador humanitario y siete niños en los últimos días de la presencia estadounidense en Afganistán.

Mapa de donde se cree ocurrió el ataque

En mayo y junio, el líder estadounidense se centró en la guerra en Ucrania y en impulsar una legislación histórica sobre el control de armas y el cambio climático.

Pero, en secreto, un grupo “muy pequeño y selecto” de altos funcionarios de inteligencia preparaba varias opciones para mostrárselas.

Biden había encargado a los agentes de inteligencia asegurarse que en el ataque no murieran civiles, incluyendo la familia de Al Zawahiri y funcionarios talibanes.

El 1 de julio, el presidente estadounidense reunió a altos funcionarios, entre ellos el director de la CIA, William Burns, y la directora de inteligencia nacional, Avril Haines, para una sesión informativa.

Biden evaluó junto a sus asesores un modelo a escala de la vivienda de Al Zawahiri que los agentes de inteligencia habían construido y llevado a la Casa Blanca.

“Se centró particularmente en garantizar que se tomaran todas las medidas necesarias para garantizar que la operación minimizara ese riesgo”, declaró un asesor principal.

Biden pidió información sobre la estructura del edificio y, en particular, sobre cómo recibiría el impacto de un proyectil, antes de volar a Camp David para un receso de fin de semana.

En las semanas siguientes, los funcionarios se reunieron en la sala de crisis de la Casa Blanca, un centro de comando similar a un búnker bajo el edificio pensado para que el presidente controle situaciones límite dentro y fuera del país.

Planearon metódicamente la operación, tratando de anticipar cualquier pregunta que pudiera hacer el presidente.

En paralelo, un reducido equipo de abogados se reunió para evaluar la legalidad del ataque y concluyó que Al Zawahiri era un objetivo legítimo por “su papel de liderazgo continuo en al Qaeda, y su participación y apoyo operativo para los ataques del grupo”.

El 25 de julio, tras convocar a su equipo por última vez y pedir la opinión de sus principales asesores, Biden autorizó el ataque.

Inquietud entre los talibanes

A las 6:18 hora local, dos misiles Hellfire disparados por un dron alcanzaron el balcón de la casa de Al Zawahiri, matando al líder de al Qaeda. Los miembros de su familia resultaron ilesos, informaron autoridades de inteligencia.

Las ventanas de la casa parecían destruidas, pero sorprendentemente no se observaban más daños.

Muchos analistas creen que se utilizó una versión poco conocida del misil Hellfire, sin ojiva explosiva.

El cohete que se usó en el ataque

Esta variante llamada AGM-114R9X posee seis cuchillas que se despliegan en la superficie del misil a medida que se acerca al objetivo.

La energía cinética provocada por la velocidad de esta arma es lo que causa la destrucción, ya que hace trizas todo lo que alcanza y minimiza los daños colaterales.

A miles de kilómetros de distancia, en Washington, el presidente fue informado del éxito de la operación.

El domingo, el Ministerio del Interior talibán comunicó al medio local Tolo que un cohete había impactado en una vivienda vacía sin causar víctimas. No aportó detalles adicionales en ese momento.

Sin embargo, poco después la administración Biden anunció que combatientes de la red Haqqani, un ala ultraviolenta de los talibanes, habían sacado a la familia de Al Zawahiri del lugar y tratado de encubrir su presencia.

Cuando un periodista de la BBC acudió la mañana del lunes a la vivienda, un cordón del talibán lo detuvo, apuntándole con rifles e insistiendo en que “no había nada que ver”.

La supuesta locación del ataque con drones

BBC
Este es el supuesto sitio en el que se mató a Al Zawahiri.

Funcionarios estadounidenses afirmaron que “múltiples” fuentes de inteligencia habían confirmado la muerte de Al Zawahiri, pero enfatizaron que no hay personal estadounidense sobre el terreno en Kabul.

Se negaron a dar más detalles sobre cómo fue posible confirmar el éxito del ataque.

El cuerpo

Las agencias de inteligencia preservan con celo las identidades de sus espías. James Clapper, exdirector de inteligencia nacional durante la presidencia de Barack Obama, explicó a BBC que los exaliados de EU en Kabul pueden haber proporcionado alguna información.

No está claro qué ocurrió con el cuerpo de Al Zawahiri tras el ataque.

Según fuentes de la administración Biden, las autoridades de Estados Unidos no trataron de recuperar los restos de Al Zawahiri, a diferencia de la operación en la que se dio muerte a Osama Bin Laden.

En aquella ocasión, las fuerzas especiales recuperaron el cuerpo de Bin Laden para confirmar su identidad antes de lanzarlo al mar para evitar que su tumba se convirtiera en un santuario para los islamistas.

Mientras Biden transmitía la noticia al mundo desde la Casa Blanca, los líderes talibanes condenaron enérgicamente la incursión de Estados Unidos en su territorio.

Pero en sus comentarios no mencionaron a Al Zawahiri.

Ahora toca preguntarse hasta qué punto los altos líderes talibanes sabían de la presencia de Al Zawahiri en Kabul y qué ayuda le podrían haber estado brindando.

Un afgano que vive en la zona aseguró a BBC que los combatientes talibanes habían estado vigilando la calle y que la presencia de “residentes no afganos” era un secreto a voces entre los vecinos.

Es probable que esta hipótesis plantee algunas preguntas incómodas para los líderes talibanes.

Informes adicionales sobre el sistema Hellfire de Chris Partridge.


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