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Narcotráfico en México: la misteriosa vida de las familias de los capos de la droga

De los líderes del narcotráfico mexicano suelen conocerse muchos detalles por filtraciones policíacas o “narcocorridos”. Pero sus familias permanecen en el misterio. Pocas veces se sabe de su vida cotidiana. Permanecen en un misterioso y estrecho círculo que pocas veces abandonan.
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16 de octubre, 2018
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Suelen tener un perfil bajo, discreto. En muchos casos solo se conoce su nombre cuando las autoridades –sobre todo de Estados Unidos- los vinculan con alguna investigación.

Es entonces que aparecen detalles de sus actividades o negocios. Pero el resto del tiempo su vida es un misterio.

Son las familias de los líderes de narcotráfico, que en algunos casos juegan un papel fundamental para los carteles: con frecuencia de entre ellos surgen los sucesores de los capos.

En otros se encargan de las operaciones financieras, y lo más común es que establezcan negocios o adquieran propiedades para invertir las ganancias del tráfico de drogas.

Rosa Isela Guzman Ortiz

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Rosa Isela Guzman Ortiz asegura que es hija de El Chapo.

Pero de su vida familiar, los barrios donde viven, sus aficiones o estudios que cursan se conoce muy poco.

Ocurre incluso en los casos de quienes tienen cierta presencia pública como Emma Coronel, la última esposa de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”.

Recientemente en algunos medios y redes sociales se publicaron fotos de lo que, aparentemente, fue el festejo por el cumpleaños 7 de las hijas gemelas de la pareja.

La reunión se diseñó con colores y adornos inspirados en la muñeca Barbie. En Instagram y Facebook se crearon cuentas supuestamente de Coronel.

En una carta la esposa de “El Chapo” reconoció que las imágenes fueron de la fiesta, pero no las difundió en internet.

“No tengo redes sociales, no soy la persona detrás de esas páginas”, indicó.

“Yo nunca quise estar en esta situación de tener mi vida expuesta, lo cual no es nada agradable debido a que ya es muy difícil lidiar por la situación en la que me encuentro y todavía tener que exponerme por personas ajenas a mí, que están dedicándose a exhibir a nombre mío, mi vida privada”.

Clanes familiares

Ciertamente, por la naturaleza de sus negocios es lógico que los capos sean recelosos de la vida privada de su familia.

Por eso establecen relaciones muy cerradas y casi siempre discretas, le dice a BBC Mundo el especialista José Reveles, autor de varios libros sobre el tráfico de drogas.

Son grupos endogámicos, no se salen de su propio circulo de influencia, no se casan con cualquiera”, explica.

“Se van uniendo, son como clanes familiares que se amplían con los matrimonios, y eso es muy evidente en todos los grupos mexicanos dedicados a la droga”.

Un ejemplo es Giselle Guzmán Salazar, la hija mayor de “El Chapo” quien estuvo casada con Vicente Zambada Niebla, encarcelado en Estados Unidos.

Vicente Zambada Niebla

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Giselle Guzmán Salazar, la hija mayor de “El Chapo”, estuvo casada con Vicente Zambada Niebla, encarcelado en Estados Unidos.

“El Vicentillo”, como se le conoce, es hijo de Ismael Zambada García “El Mayo”, el principal líder del Cartel de Sinaloa.

Otro caso es Guzmán Loera. Su esposa es sobrina de Ignacio Coronel Villarreal, “El Nacho”, uno de los fundadores del cartel y quien fue abatido por la Marina en 2010.

Una razón para crear estos clanes y restringir el acceso a extraños es la seguridad.

Los vínculos familiares son más seguros, pero además permiten un mayor orden en el rumbo de las organizaciones.

“Las ligas de parentesco aseguran la confianza, eso se da porque no puedes meter a gente que no es de la familia”.

Pero en el caso del Cartel de Sinaloa hay otra razón: la mayoría de los fundadores y actuales líderes provienen del llamado Triángulo Dorado.

Es una región montañosa que comparten los estados de Durango, Chihuahua y Sinaloa.

Allí se escondió “El Chapo” los años que permaneció libre tras sus dos fugas, y allí se encuentra también la residencia de “El Mayo”.

Estados Unidos acusa a la familia de Rafael Caro Quintero de mantener negocios ilegales.

DEA
Estados Unidos acusa a la familia de Rafael Caro Quintero de mantener negocios ilegales.

Empresarios

Un rasgo de las organizaciones de narcotráfico, sobre todo las vinculadas a Sinaloa, es su esfuerzo por integrarse a la sociedad donde viven.

Es el caso de la familia de Rafael Caro Quintero, uno de los fundadores del Cartel de Guadalajara y quien permaneció 27 años en prisión por el asesinato del agente de la DEA Enrique Camarena Salazar, “El Kike”.

Según el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, los hijos del capo tienen conjuntos inmobiliarios, restaurantes, hoteles y negocios de spa.

La familia fue incluida en la lista de la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés), donde se incluye a los personajes vinculados con delincuencia o terrorismo con quienes se prohíbe a los estadounidenses hacer negocios.

Una de las hijas del capo, Roxana Caro Elenes, estudió en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), una de las universidades privadas con más prestigio en la región.

Héctor, otro de los hijos, practica equitación y formó parte del equipo mexicano que ganó medalla de oro en los Juegos Centroamericanos de 2006.

OFAC señala que el dinero obtenido por el tráfico de drogas de Caro Quintero se invierte en las empresas de sus hijos.

Otro ejemplo es Sandra Ávila Beltrán, conocida como “La Reina del Pacífico”, quien estudió en la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), un instituto privado de alto costo.

Algunos compañeros de esa época –mediados de los años 80- la recuerdan como una chica callada, con pocos amigos, que llegaba a clases en autos de lujo vestida con ropa nueva y joyas.

El de Sandra Ávila es un ejemplo de cómo funcionan los clanes familiares en algunos carteles.

Eduardo Arellano Félix

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Eduardo Arellano Félix, “el doctor”, uno de los supuestos líderes del notorio cartel de los Arellano Félix.

Desde muy joven conoció a personajes que luego se volvieron famosos, como “El Chapo”, “El Mayo” o los hermanos Arellano Félix líderes del desaparecido Cartel de Tijuana.

Y también, en su historia, se mezcla otra parte de la vida familiar en los carteles, la violencia y amenazas que siempre están presentes.

El primer esposo de Ávila Beltrán fue asesinado, y uno de sus hijos sufrió un secuestro. Sandra permaneció encarcelada durante siete años.

“La Barby Grupera”

Hay algunos casos en que hijos o parejas de capos se involucran fuertemente en los negocios, e incluso disputan violentamente el control de la organización.

Eso ocurrió con dos de los hijos de “El Chapo”, Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán Salazar, quienes enfrentaron una guerra contra Dámaso López, “El Licenciado” y su hijo del mismo nombre pero con el alias de “El Mini Lic”.

Ambos pretendieron quedarse con la parte del Cartel de Sinaloa que encabezaba Guzmán Loera.

Pero hay otros casos donde el vínculo con algún capo pasa desapercibido por mucho tiempo, como sucede con algunos hijos de los hermanos Arellano Félix.

Bernarda Guzmán, hermana de Joaquín "El Chapo" Guzmán. Su familia vive en Sinaloa.

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Bernarda Guzmán, hermana de Joaquín “El Chapo” Guzmán. Su familia vive en Sinaloa.

Según el semanario Zeta los jóvenes son ciudadanos estadounidenses e incluso viven en ese país.

Otro caso es Melissa Plancarte una cantante de música grupera conocida como “La Barby Grupera”.

Es hija de Enrique Plancarte Solís, quien fue uno de los principales jefes del desaparecido cartel de Los Caballeros Templarios.

La cantante tenía su propio grupo, grabó algunos discos y realizaba presentaciones en ferias y otros eventos.

El vínculo con el capo se supo después de que estee fuera abatido durante un enfrentamiento con la Marina en 2014.

Melissa asegura que dejó de ver a su padre cuando tenía 15 años de edad, aunque reconoce que sabía a qué se dedicaba.

Algo común en las familias de los capos, señala el especialista José Reveles. Por más que lo intenten difícilmente pueden ser como sus vecinos.

“Tienen una vida especial, no tienen carencias, no sufren por el dinero ni vehículos o guardaespaldas”.


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Cuartoscuro

¿Adiós a los monopatines en CDMX? Lime no pagará el permiso anual de Semovi, acusa proceso irregular

La empresa pagaría más de 12 millones de pesos, pero asegura que no hubo certeza jurídica para determinar el monto.
Cuartoscuro
19 de julio, 2019
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La empresa de monopatines Lime anunció que no pagará la contraprestación fijada por la Secretaría de Movilidad (Semovi) para brindar servicio en la capital hasta por un año más. 

Las razones: falta de certeza jurídica en el proceso para definir el costo del permiso anual y nula claridad sobre el futuro de la micromovilidad en la CDMX.

Lee: ¿Usas bicis y monopatines de aplicaciones? Autoridades de CDMX dicen que solo recibirán permiso temporal

Con esto los monopatines de Lime estarían solo unos meses más en las calles de la Ciudad de México. 

A través de un comunicado, la empresa líder de monopatines eléctricos en el mundo argumenta que mostró su inconformidad a través de cartas enviadas a las autoridades desde que la Semovi emitió los primeros lineamientos de operación los Sistemas de Transporte individual sustentable (SiTIS) y hasta que dio a conocer el pasado 11 de junio los resultados para obtener un permiso anual.

“La subasta fijada como mecanismo de asignación no está sustentada en legislación alguna, y la distribución de unidades a través de un algoritmo no ha sido probada ni validada por alguna instancia independiente a la administración que llevó el proceso”, plantea la empresa. 

Lee: Gobierno de CDMX le quita permiso a una empresa de scooters por no entregar información

Julia Ortiz, directora de Relaciones de Lime México, también señala que la Semovi ha privilegiado los beneficios económicos por encima de los beneficios de sustentabilidad y movilidad, permitiendo que gane “quien pueda pagar más, y no quien ofrezca el mejor servicio o los mejores patines eléctricos”. 

La empresa dice que algunos de los funcionarios de la Semovi están violando los lineamientos y asumiendo facultades de supervisión y sanción que no les corresponden. Resaltan que en ningún otro país de los más de 20 en los que operan se utilizan mecanismos de esta índole para asignar patines. 

“Por último, no hay certeza de qué sucederá en los siguientes pasos o si la autoridad podrá garantizar el cumplimiento de sus propios lineamientos”, agregan.

El pasado 11 de junio la Semovi fijó el costo de las contraprestaciones para cada una de las empresas bicicletas sin anclaje y monopatines eléctricos que presten servicio en la capital. 

El costo del permiso anual para Lime es de 12 millones 600 mil pesos para las mil 750 unidades que prestan servicio. 

En un comunicado, Semovi definió el proceso para determinar las contraprestaciones como “un ejercicio sin precedente en favor de la transparencia y de gran beneficio para la ciudad”. 

Según Semovi, de seis empresas de monopatines eléctricos (Jump, Movo, Lime, Bird, Grin, Motum) y cinco de bicicletas sin anclaje (Jump, Dezba, Mobike, Movo, Motum), Movo no entregó información alguna, y Motum no presentó la documentación completa requerida dentro del plazo establecido en el aviso.

La Semovi detalló que los representantes legales de Jump, Dezba, Mobike, Lime, Bird y Grin sí entregaron su documentación completa para tener el derecho a pagar la contraprestación. 

La dependencia explicó que los datos de las empresas fueron ingresadas al sistema desarrollado para determinar de manera objetiva y automática el costo de la contraprestación total.

De acuerdo con la Semovi, los recursos obtenidos de las contraprestaciones se utilizarán para financiar infraestructura necesaria para ordenar estos nuevos modos de transporte. 

Según datos de Lime, a principios de 2019 había cerca de 11 mil unidades de distintas empresas desplegados en la ciudad, que atendían más de 20 mil viajes al día, mejorando la movilidad de los capitalinos. 

Lee: Solo tres ciudades en México tienen servicios adecuados de transporte y movilidad

Después de las medidas tomadas por Semovi para la regulación de estas unidades se perdió cerca del 63% de operatividad de todas las empresas que brindan servicio. 

Ana Daniela Portillo, directora general de Lime México, señaló que, tanto en la Ciudad de México ha quedado demostrado “que los patines eléctricos agilizan la movilidad urbana de manera sustentable, eficiente y respetuosa con el medio ambiente y son una solución”.

Una encuesta hecha por la consultora Parametría revela que en mayo pasado, 67% de los residentes en distintas zonas de la CDMX están de acuerdo con la operación de los patines eléctricos; 39% porque son prácticos, rápidos y fáciles de utilizar y 28% porque son una buena opción de movilidad.  

“Es de nuestro pleno interés continuar operando en el país, conminamos a las autoridades a desbloquear la Ciudad de México bajo esta premisa por lo que esperaremos la resolución del proceso judicial en curso”, añadió Portillo.

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