En Nicaragua nos callan con una pistola en la cabeza: víctimas huyen ante los abusos de Daniel Ortega
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En Nicaragua nos callan con una pistola en la cabeza: víctimas huyen ante los abusos de Daniel Ortega

Unos 30 mil nicaragüenses se encuentran refugiados en Costa Rica tras sufrir un violento acoso por parte del gobierno de Daniel Ortega, quien dio concesiones a un magnate chino para crear un canal y desalojar a los campesinos que viven en esos territorios.
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Francisca Ramírez nació y ha vivido toda su vida en el municipio Nueva Guinea, a tres mil kilómetros de Managua, la capital nicaragüense. Su sueño desde muy joven fue crecer y envejecer en ese pueblo, adquirir un terreno para tener ahí a sus hijos y sus nietos, trabajando la tierra toda su vida. Así lo hizo hasta 2013, cuando unos hombres chinos llegaron a su colonia acompañados del Ejército para medir su casa, sus terrenos y los de sus vecinos.

“Nosotros pedíamos una explicación y nos decían que no estaban autorizados a darnos información, que lo único que sabían era que esos territorios ya no eran de nosotros y que íbamos a ser desplazados”, contó la activista a Animal Político.

Sin ninguna consulta previa ni explicación sobre esas “visitas”, sus terrenos fueron concesionados al magnate chino Wang Jing para desarrollar proyectos de explotación, principalmente el ‘Gran Canal Interoceánico de Nicaragua’, que pretende competir con el Canal de Panamá, pero también dos puertos, un oleoducto, un canal seco para ferrovías, un aeropuerto y zonas de libre comercio.

Francisca Ramírez tuvo que dejar su pueblo natal ante las condiciones de violencia que imperan en Nicaragua. Foto: Especial

El despojo está institucionalizado: el congreso nicaragüense aprobó una ley que obliga a los campesinos a desalojar los terrenos sin reubicación y sin indemnización, ya que la concesión es exclusiva por 50 años y prorrogable por otros 50 “a elección del inversionista”. Además, la ley 840 otorga al concesionario “la entera discreción para decidir si solicita a La Comisión la expropiación de una Propiedad Requerida y en qué momento”, de manera que los habitantes de los pueblos afectados por el proyecto no tienen más opción que abandonarlos cuando se les requiera.

Aunque Naciones Unidas mandata que antes de iniciar un proyecto comercial en una zona habitada por pueblos indígenas u originarios, se les debe consultar para llegar a un consenso, los campesinos de Nicaragua no fueron consultados ni informados del proyecto. Incluso, señala Ramírez, la ley se publicó primero en inglés y fue hasta que las organizaciones ambientalistas presionaron, que se publicó en español. “Nosotros no sabíamos que existía la ley hasta que llegaron los chinos a medir nuestras casas, protegidos por el ejército”, asegura.

Este proyecto ha sido interpretado por los habitantes como una total entrega de la soberanía de Nicaragua, y ha sido enfrentado con diversas manifestaciones desde 2013. Cada vez que esas personas han protestado para no ser expulsados del lugar donde nacieron, han sido reprimidos, detenidos, secuestrados, amenazados e incluso las casas de alguno han sido incendiadas, según cuenta la campesina Francisca Ramírez.

“En Nicaragua te ponen una pistola en la cabeza y te dicen ‘te callas o te mueres’”, relató la activista, quien se encuentra refugiada en Costa Rica junto con 41 miembros de su familia y otros 30 mil nicaragüenses, que abandonaron sus casas, tierras, animales y todas sus posesiones ante las amenazas de su propio gobierno. “Habíamos luchado por cinco años solos y deseábamos tener el respaldo del pueblo. Todo lo que ustedes pueden ver que se vive desde el 18 de abril, ya los campesinos lo vivíamos desde 2013”, expresó.

Como ejemplos de esta represión, Francisca citó dos ataques violentos de los que responsabilizan al gobierno y sus fuerzas de seguridad: un tiroteo en medio de una marcha realizada en Managua el pasado 30 de mayo -día de las madres en Nicaragua- donde fueron asesinadas 11 personas, presuntamente por francotiradores que dispararon desde un estadio. El otro episodio es el incendio ocurrido en la casa de un hombre que presuntamente se negó a prestarla para que el gobierno instalara en su azotea un francotirador; esa misma noche, según Francisca y los reportes de la prensa local, la casa ardió en llamas y la policía cercó el lugar impidiendo que los vecinos ayudaran a las víctimas, por lo que murieron seis personas, incluidos niños.

Además, la familia de Francisca ha sufrido intimidaciones, amenazas, intentos de secuestro de uno de sus hijos, detenciones temporales arbitrarias y la permanente amenaza de que tendrán que entregar sus tierras sin posibilidad de elegir si quieren irse o no, ni a dónde.

“Lo más difícil que hemos tenido que vivir los nicaragüenses es un desplazamiento forzoso, estamos más de 30 mil en Costa Rica; hemos salido no porque andemos buscando cómo salir adelante económicamente sino por la persecución, Daniel Ortega ha hecho leyes para calificar de terrorismo cualquier protesta”, cuenta la actualmente emigrante.

Apoyada por organizaciones internacionales, Francisca relata desde México que nació en 1976 en una familia muy pobre, siendo la mayor de siete hermanos, en el municipio de Nueva Guinea, una comunidad de unas dos mil 500 personas a 310 kilómetros de la capital. “Esa pobreza me hizo valorar que la tierra era como una empresa, que quien tiene tierra no sufre hambre. Lo que se siembra se cosecha, si no tiene dinero, usted siempre come”, recuerda.

Ahí mismo planeaba permanecer hasta su muerte, sin embargo, en septiembre pasado salió hacia el vecino Costa Rica con su familia, dejando sus casas y sus pertenencias tal como estaban. Con ayuda de la organización de derechos humanos Cenderos, se refugiaron primero a una iglesia y luego alquilando una casa para unas 15 personas. Aunque reconocen la hospitalidad de Costa Rica, admiten que tendrán que irse pronto de allí porque no tienen empleo y los gastos los van a superar. “Hemos venido vendiendo lo que teníamos pero Costa Rica es muy caro, no nos va a quedar más que volver a nuestro país. Algunas organizaciones nos han ayudado pero no alcanza”, lamenta la mujer de 42 años.

Así, después de cinco años de luchar por no ser expulsados de su tierra, la violencia del gobierno de Daniel Ortega ha obligado a salir en un desplazamiento forzoso a 30 mil campesinos que viven una crisis humanitaria, perseguidos por grupos paramilitares y con cientos de presos políticos y desaparecidos. “Hay miles en Honduras también que han salido por el norte, especialmente indígenas que han salido por la persecución desde 2013. Nosotros agradecemos a Costa Rica la oportunidad de vivir, porque en nuestro país no tenemos esas garantías”, sentencia Francisca.

La nicaragüense es parte de las caravanas que desde hace unos meses han viajado a Europa, Sudamérica, Estados Unidos y México buscando la solidaridad mundial ante su situación, no sólo de la ciudadanía sino de autoridades de otros países u organismos de derechos humanos que exijan al gobierno de Nicaragua que cumpla con sus compromisos internacionales. “Con esa fe luchamos mucho para no ver otra guerra, pero también nos decepcionamos cuando vemos sólo condenas y  comunicados pero nunca actúan para que esas personas sean enjuiciadas por crímenes de lesa humanidad”, dijo en entrevista Francisca Ramírez.

Cuando los campesinos organizados que luchan desde 2013 contra el despojo de sus tierras advirtieron el tamaño del movimiento estudiantil de abril pasado, decidieron formar la Articulación de movimientos sociales y organizaciones de la sociedad civil de Nicaragua: una organización emergente que aglutina a grupos opositores. Ha habido caravanas de solidaridad con Nicaragua en Costa Rica, España, Estados Unidos y México, donde visitaron los estados de Colima, Jalisco, Ciudad de México y Chiapas, en este último visitaron el “caracol zapatista” o Junta de Buen Gobierno de Oventik para compartir experiencias con miembros del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), según explica uno de los coordinadores de la Articulación, que solicitó el anonimato por motivos de seguridad.

Francisca calificó a los zapatistas como un ejemplo de resistencia y rebeldía, “por no dejarse despojar de sus tierras, nosotros lo hicimos pero a veces uno siente que ya no tiene fuerzas y necesita la experiencia de gente que lo ha vivido”.

Las caravanas nicaragüenses también han recibido apoyo de organizaciones sociales, civiles y las comunidades de nicaragüenses residentes en los países que visitan, así como de otros grupos de activistas conocidos internacionalmente, como las Madres de Plaza de mayo de Argentina, los mineros  de chile y el Congreso Nacional Indígena mexicano.

“Lo que queremos es retornar a nuestra patria y para eso necesitamos una garantía ciudadana de que se van a respetar nuestros derechos y se van a liberar a los presos que están siendo torturados por exigir democracia y respeto a los derechos humanos”, puntualizó Francisca Ramírez.

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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3 casos que explican cómo una reunión se puede convertir en un evento superpropagador de covid-19

Las reuniones en bares o la celebración de cumpleaños han sido fuente comprobada de contagios masivos de coronavirus. Un médico explica por qué eventos que antes solían ser cotidianos ahora pueden resultar tan peligrosos.
6 de julio, 2020
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Una mesera en un restaurante de Washington DC

Getty Images
A pesar de que se sigan las medidas sanitarias adecuadas, algunos lugares son fuente de alto riesgo de contagio.

Con la pandemia de covid-19 presente desde hace meses, las precauciones sanitarias se han convertido en una rutina: mantenerse a dos metros de distancia de otros, usar mascarilla y lavarse las manos constantemente.

Estados Unidos, el país con más contagios del mundo, no ha sido la excepción.

Aun así, ciertos eventos considerados como superpropagadores parecen ser los culpables de una gran cantidad de infecciones de covid-19.

¿Cómo una simple noche o una sola persona infectada puede desencadenar decenas de casos?

Le pedimos al doctor Abraar Karan, médico e investigador de salud pública de la Facultad de Medicina de Harvard, que examinara tres casos diferentes ocurridos en EE.UU. para comprender cómo algunos eventos pueden pasar de bajo a alto riesgo, y cómo evitar asistir a uno.

Pero primero, para aclarar qué se considera superpropagador, Karan señala que un evento en el que el número de casos de contagio se convierte desproporcionadamente alto en comparación con la transmisión general.

Una fiesta de cumpleaños en California

Reuters
Una simple fiesta de cumpleaños se puede convertir en un evento superpropagador de coronavirus.

Todavía se están realizando investigaciones, dice Karan, pero los primeros resultados indican que la propagación del coronavirus se debe principalmente a estos eventos superpropagadores.

Y aunque los perfiles de riesgo variarán ampliamente entre eventos similares, Karan dice que hay ciertos factores que deberían encender la señal de alarma.

Que haya una reunión en un lugar cerrado, que esté muy concurrido, que los asistentes no tengan ningún tipo de protección, como mascarillas.

“Creo que todos son de alto riesgo”, dice.

1. Una fiesta de cumpleaños

El 30 de mayo, la familia Barbosa reunió un grupo de 25 personas para una fiesta sorpresa de cumpleaños en el norte de Texas, EE.UU. El anfitrión, sin saberlo, estaba infectado con SARS-CoV-2.

Para fines de junio, uno de los asistentes, Chance O’Shel, dijo que ocho miembros de la familia y 10 amigos habían contraído el virus, incluidos los abuelos Frank y Carole Barbosa.

Una protesta en Texas contra las mascarillas

Getty Images
Texas, uno de los estados con más casos de covid-19, ha tenido manifestaciones de rechazo a las medidas sanitarias.

Tanto Frank como Carole Barbosa fueron hospitalizados más tarde y, el 1 de julio, Frank murió, informaron los familiares.

“Fueron aún más cautelosos que antes, pero aun así llevó a mi abuela, abuelo y tía al hospital”, dijo O’Shel sobre la reunión a la emisora KAVU.

Para el doctor Karan, una fiesta de cumpleaños como la de los Barbosa podría tener todos los ingredientes para un evento superpropagador.

“Si estás en una fiesta de cumpleaños, hay mucho contacto. También hay personas que hacen cola para usar el baño”, lo cual los pone juntos en pequeños pasillos donde el distanciamiento social es imposible.

A medida que las personas beben y comen, surgen más problemas, comenzando por el hecho de que es poco probable que usen protección facial mientras lo hacen, lo que permite una propagación más fácil.

Un desfile de cumpleaños

Reuters
Los desfiles de invitados en sus autos han sido una alternativa a las fiestas tradicionales de cumpleaños en EE.UU.

En segundo lugar, si los invitados a la fiesta comienzan a beber, el distanciamiento social se va perdiendo o se ignora por completo.

“Estamos pidiendo a las personas que cambien sus comportamientos, que hagan cosas que no son naturales para ellos”, resalta Karan.

“Si se añaden cosas como el alcohol, es más probable que las personas vuelvan a su comportamiento normal, están menos inhibidas y puedan olvidarlo”.

2. Un bar restaurante

El 8 de junio, los propietarios del Harper’s Restaurant y Brew Pub, un restaurante cubierto con una gran terraza al aire libre en East Lansing, Michigan, abrieron sus puertas después de semanas de cierre obligado por el covid-19.

Los gerentes brindaron capacitación sobre prácticas seguras, las mesas se separaron y el aforo se redujo a la mitad, lo que permitía recibir hasta 225 clientes.

Semanas después, el 2 de julio, 152 infecciones en 13 condados de Michigan han sido vinculadas al bar Harper‘s.

Un restaruante en Nueva York

Getty Images
Algunos modelos sugieren que solo el 20% de las personas, los superpropagadores, son responsables del 80% de las infecciones.

De estos casos, 128 informaron que estuvieron presentes en el establecimiento entre el 12 de junio y el 20 de junio, y el resto son contactos cercanos de quienes lo hicieron.

Acudir a un bar o restaurante cubierto puede llevar a un territorio arriesgado, dice Karan.

Al igual que en una fiesta de cumpleaños, la comida puede ser un factor: “Cuando hay personas que comen, no usan máscaras, mastican y hablan, y van a estar cara a cara, uno frente al otro“, señala.

Esto permite que las gotas bucales se transmitan entre los invitados.

Un bar en Texas

Getty Images
El consumo de bebidas alcohólicas inhibe el respeto a las reglas sanitarias, advierten los expertos.

Si hay música a alto volumen o si la concurrencia hace difícil escuchar, el hablar en voz más alta también aumentará el riesgo “como una fiesta en su apogeo”, añade Karan.

Y las altas temperaturas en el verano son un factor más.

“Existe alguna evidencia de que los aires acondicionados pueden contribuir a la propagación, al tener potencial de hacer volar las gotas a lo largo del camino del aire”.

El compartir los baños y varias áreas de alto contacto, como las puertas, tienen potencial de superpropagación.

La calle Ocean Drive en Florida

Getty Images
Florida ha vuelto a reimponer el cierre de restaurantes debido al repunte de casos de covid-19.

“Es importante tomar precauciones. Pero al final del día, no importa cuántas precauciones tomes, algunas cosas son de alto riesgo y los bares son una“, dice el médico.

3. El ensayo de un coro

En marzo, cuando iniciaba la primera ola de contagios en EE.UU., 61 miembros de un coro en el condado de Skagit, en el estado de Washington, se reunieron para su ensayo semanal.

Una persona mostró síntomas parecidos al de un resfriado.

Mujer con una caja de mascarillas

AFP
Una de las principales funciones de las mascarillas es evitar la dispersión o absorción de gotas de saliva.

Días después, tras una investigación realizada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) se identificaron 53 casos de covid-19, dos miembros del grupo murieron después.

En este caso, el factor clave es probablemente la razón del grupo para reunirse: el canto.

Cuando se canta, al igual que cuando se habla en voz alta o se grita, se expulsan gotas de la boca y la nariz, dice Karan.

“Cuando realmente estás respirando fuerte, estás produciendo más aerosol, gotas más pequeñas que pueden flotar en el aire”, explica.

En el coro, el enfermo inicial podría haber expulsado estas gotitas mientras ensayaban que luego flotaban en el aire mientras los demás cantaban y socializaban a lo largo de dos horas.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

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