Falla sistema de vacunación: 1.5 millones de menores podrían estar en riesgo de enfermarse
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Falla sistema de vacunación: 1.5 millones de menores podrían estar en riesgo de enfermarse

En una investigación, Mexicanos Contra la Corrupción detectó también que el gobierno no ha conseguido las mejores condiciones para la compra de vacunas, ya que la adquisición está fragmentada y hay algunos sobreprecios.
Por Itxaro Arteta
16 de octubre, 2018
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Nota del editor: Esta es la primera entrega de una serie de textos sobre las condiciones del sector salud en México. “Salud deteriorada” es un estudio realizado por Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, cuyos hallazgos son la base de textos periodísticos publicados por la unidad de periodismo de Mexicanos contra la Corrupción , Mexico.com y Animal Político.

Este martes puedes leer “México Diabético” en mexico.com, y el próximo jueves 18 de octubre Animal Político publicará una serie sobre hospitales regionales de alta especialidad. 

***

Solo una tercera parte de los niños mexicanos de un año tiene todas las vacunas indicadas y las recibió oportunamente, mientras que el 66% —1.5 millones de menores— podría estar en riesgo de enfermarse, de acuerdo con una investigación de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) dada a conocer este martes.

La organización llegó a esta cifra usando una metodología del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y descubrió que la Secretaría de Salud (SS) sobreestima la cobertura de vacunación, ya que asegura que es del 90% porque promedia algunas vacunas en 100%, pero no toma en cuenta que se hayan puesto de forma oportuna y en todas sus dosis, o que hay otras aplicadas en porcentajes más bajos, lo que implica que muchos niños recibieron unas pero no otras.

“Esto es una preocupación. Este 90% (que reporta Salud) nos crea la falsa sensación de seguridad, de que estamos bien protegidos, y nos invita a no invertir en el programa (nacional de vacunación), a no componer el programa, y eso pues es grave”, advirtió el doctor Mauricio Hernández, coordinador de la investigación Salud Deteriorada: opacidad y negligencia en el sistema público de salud.

En la presentación del estudio, los investigadores lamentaron que no hay certeza total sobre cuántos niños están realmente bien vacunados. Se explicó que en 2012 cambió la forma de registrar las vacunas y ahora se tiene la Cartilla Electrónica de Vacunación, que funciona en colaboración con la Fundación Carlos Slim, pero no tiene la información completa sobre si las vacunas fueron puestas oportunamente.

“Es una excelente plataforma, pero tristemente, lo que estamos viendo es que seis años después no la tenemos ni a nivel nacional, porque sólo hay 17 estados, al mes de agosto, ni la tenemos a nivel sectorial, pero es lo mejor que tenemos en este punto. Si queremos ser pesimistas, cómo es posible que estábamos mejor en 1991 que ahorita, o en el 2012 que ahorita, porque no tenemos un sistema de información completo”, señaló Vesta Richardson, exsecretaria de Salud de Morelos que trabajó en Salud federal en el sexenio pasado.

En la presentación, María Amparo Casar, presidenta ejecutiva de MCCI, advirtió que hace falta mejorar la rectoría del sistema nacional de vacunación y transparentarlo.

“Impulsar la inclusión del registro nominal de vacunación en la ley de salud, incluyendo desde luego indicadores que puedan distinguir –porque ahí está la gran trampa que nos hacen a los ciudadanos— distinguir entre la cobertura oportuna y aquella que es tardía o, como se dice, de rescate posterior”, pidió.

Compra de vacunas a un solo proveedor

Mexicanos Contra la Corrupción detectó también que el gobierno no ha conseguido las mejores condiciones para la compra de vacunas, ya que la adquisición está fragmentada y hay algunos sobreprecios.

Por ejemplo, la vacuna de la rabia para aplicar a 18 millones de perros y gatos, y así evitar contagios humanos, se ha comprado durante 15 años al mismo proveedor, cuando si se buscara entrar a un mecanismo de compra de vacunas de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), podría adquirirla hasta tres veces más barata y el ahorro potencial es de 242 millones de pesos al año. Ni siquiera hay un mismo precio para todo el país, ya que hay estados que la consiguen desde 299 pesos por vacuna, hasta 520 en otros lugares.

Una de las explicaciones, señaló Hernández, es que la Norma Oficial Mexicana (NOM) exige una mayor cantidad de antígenos por vacuna que en el resto del mundo, y por eso la mayoría de proveedores no la cumple, pero sería deseable que la NOM se ajuste.

El informe completo de Salud Deteriorada: opacidad y negligencia en el sistema público de salud se integra por cuatro capítulos: vacunas, diabetes, Hospitales Regionales de Alta Especialidad y gastos de Comunicación Social. Desde este martes y hasta el viernes se irá publicando cada investigación, que podrá consultarse completa en el sitio saluddeteriorada.contralacorrupcion.mx.

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'No volverá a poblarse jamás': los 5 años en los que CDMX desapareció

Una tragedia tan importante como desconocida marcó a una generación entera de habitantes de la capital de lo que hoy es México y llevó incluso a plantear el traslado de la ciudad.
15 de mayo, 2021
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Quien vive en Ciudad de México sabe que su ubicación no solo la hace especialmente susceptible de sufrir terremotos.

Su fundación sobre un lago hace que sea también tremendamente vulnerable ante inundaciones. Es por eso que, desde hace siete siglos, los habitantes de esta zona miran con cierto recelo al cielo cuando llueve con fuerza ante el temor de dramáticas consecuencias.

Este 13 de mayo, el gobierno mexicano conmemoró los 700 años de la fundación de Tenochtitlan, antigua capital mexica y actual Ciudad de México.

Y aunque hay grandes dudas sobre la veracidad de esta fecha —muchos historiadores creen que el aniversario se celebraría en 2025—, de lo que no hay duda es que la megaurbe se ha enfrentado a grandes inundaciones a lo largo de su historia.

Pero entre todas, destaca la registrada en 1629: un desastre que, aunque desconocido por muchos, fue sin duda una de las mayores tragedias de todos los tiempos para la ciudad.

La fuerza de la lluvia fue tal que la capital “desapareció” bajo las aguas durante nada menos que cinco años y se llegó a plantear su traslado a otro lugar. La ciudad tuvo que emerger, literalmente, y reconstruirse casi desde cero.

Aquella catástrofe que marcó a una generación entera es conocida como el diluvio o inundación de San Mateo.

Los problemas de vivir sobre un lago

Cuando los mexicas fundaron Tenochtitlan en el siglo XIV sabían el riesgo de ubicarla en medio del lago de Tezcuco. Por eso realizaron obras como diques y muros de piedra para controlar el nivel de las aguas que les rodeaban.

Mapa de Tenochtitlan

Getty Images
La ciudad de México-Tenochtitlan comenzó como una isla conectada por canales a los pueblos vecinos.

Cuando cayó ante los españoles dos siglos después, Hernán Cortés lideró la construcción sobre aquellas ruinas de una magnífica ciudad destinada a ser la capital del virreinato de Nueva España.

Entre lagos se levantaron palacios, iglesias, plazas y hospitales, pero no los sistemas de drenaje adecuados para aquel entorno.

A inicios del siglo XVII, Ciudad de México sufrió hasta cinco grandes inundaciones.

Las autoridades pensaron como solución en construir un gran desagüe que fuera drenando los lagos de la cuenca de México.

El proyecto le fue encomendado al ingeniero Enrico Martínez, que comenzó las obras del canal de Huehuetoca en 1607. Pero el desastre se veía cada vez más cerca.

“Enrico Martínez comprendió que la deforestación, el pastoreo sin discriminación y la expansión de los cultivos habían erosionado la capa de tierra. Año con año, las fuertes lluvias arrastraban más tierra a los lagos, elevando el nivel del agua”, escribió Richard Everett Boyer en su libro “La gran inundación”.

Monumento a Enrico Martínez

Marcos González
Una estatua junto a la catedral del Zócalo de Ciudad de México recuerda a Enrico Martínez. En su base, existen cuatro medidores que señalan los niveles de agua de otros tantos lagos.

Dos décadas después del inicio de su construcción, las constantes modificaciones y la falta de inversión hicieron que el canal aún no estuviera funcionando.

Una ciudad desierta

Cuando entre el 20 y 21 de septiembre de 1629 una gran tromba de agua azotó la capital, Martínez decidió bloquear la entrada del canal para evitar que el agua afectara a las reparaciones que se le estaban realizando.

Las consecuencias para los habitantes de la ciudad fueron dramáticas. La lluvia que cayó con furia durante 36 horas seguidas bajó imparable desde los montes hasta la ciudad, donde el nivel del agua superó los dos metros de altura.

El torrente arrasó con las frágiles casas de adobe de la población indígena que vivía en la periferia de Ciudad de México.

Mapa de la ciudad inundada

INAH
Este mapa representa la Ciudad de México anegada de agua tras la inundación de 1629.

Los muertos se contaban por miles, que flotaban entre animales y muebles llevados por la corriente que alcanzaba los pisos altos de las casas que habían quedado en pie.

Muchos de los habitantes de clases pudientes que sobrevivieron decidieron marcharse. Algunas fuentes apuntan a que de 20.000 familias que vivían antes de la inundación, quedaron solo 400.

“Aquella gran ciudad quedó casi abandonada, desierta. El panorama era desolador y las escenas que se veían eran apocalípticas”, le dice a BBC Mundo Enrique Ortiz García, escritor y cronista de Ciudad de México.

Una de ellas, destaca el divulgador cultural, es la procesión que se organizó sobre las aguas y en la que participaron unas 200 canoas encabezadas por la virgen de Guadalupe, a quienes los habitantes pedían que intercediera para que las aguas se disiparan.

O la llamada “isla de los perros”, un montículo en el desparejo suelo de la actual plaza del Zócalo a donde acudieron desesperados todos los perros callejeros de la ciudad para refugiarse y evitar ahogarse.

Este dibujo muestra una vista panorámica de Tenochtitlan y del llamado "Valle de México".

Getty Images
Este dibujo muestra una vista panorámica de Tenochtitlan y del valle de México sobre el lago.

Vivir inundados

Las aguas no bajaban, por lo que quienes se quedaron tuvieron que aprender a convivir con ellas.

Se colocaron puentes de madera en las azoteas y se recuperaron las canoas, como se usaban en la antigua Tenochtitlan, como única manera de desplazarse por la ciudad. A las casas solo se podía entrar por las ventanas del segundo piso.

Los sacerdotes celebraban misas en los techos de los conventos para tratar de confortar a los vecinos, que les escuchaban desde sus casas creyendo que estaban condenados, como aquella ciudad, a desaparecer.

Había carestía de alimentos y los saqueos eran continuos. La falta de higiene y el agua contaminada estancada en la ciudad inundada propagaron las enfermedades como la pólvora.

“Esta ciudad no volverá a poblarse jamás”, escribió fray Gonzalo de Córdoba, según destaca Héctor de Mauleón en su libro “La ciudad oculta”.

Dos años después de la inundación, e incapaces de descubrir un sistema para que las aguas desaparecieran, las autoridades discutieron sobre la posibilidad de trasladar la ciudad a otro lugar.

Rodrigo Pacheco y Osorio, marqués de Cerralvo y virrey de Nueva España, se planteó establecer la capital en Coyoacán o Tacuba.

Pero la idea fue finalmente desechada. La inversión para crear Ciudad de México había sido millonaria, por lo que reconstruir las obras y edificios afectados por el agua sería más barato que empezar una urbe desde cero.

Rodrigo Pacheco, virrey de Nueva España

Dominio público
Rodrigo Pacheco y Osorio, virrey de Nueva España, perdió a su hija dos años después de que la ciudad quedara inundada.

Una generación marcada

La ciudad siguió sufriendo lluvias torrenciales y permaneció bajo el agua nada menos que durante cinco años.

No fue hasta 1634 que una sequía disminuyó el nivel del agua. Muchos prefirieron pensar que fueron sus plegarias a la virgen de Guadalupe las que salvaron la capital.

Se estima que unas 30.000 personas murieron en total, ahogadas o por las enfermedades causadas por las inundaciones durante los años posteriores.

La catástrofe marcó, por lo tanto, a una generación entera de capitalinos. Los cimientos de todas las construcciones quedaron dañados y muchas acabaron colapsando tiempo después.

“En la Ciudad de México actual no quedan más de 10 construcciones anteriores a 1629. De tal grado fue la inundación, que prácticamente hubo que reconstruir con el tiempo toda la ciudad”, señala Ortiz García.

Cabeza de león en la calle Madero

Marcos González
En la concurrida calle Madero, en el centro histórico de Ciudad de México, una cabeza de león de piedra marca el nivel al que llegaron las aguas de las inundaciones de 1629.

Aquella decisión de mantener Ciudad de México en su emplazamiento original marca innegablemente el destino de quienes viven en ella siglos después. “Es un deporte extremo vivir en esta ciudad porque te cuidas de las inundaciones, de los temblores por ser zona sísmica…”, afirma el escritor.

Sin embargo, y pese a ser una de las tragedias más importantes en la historia de la capital con efectos y consecuencias hasta el día de hoy, la tragedia de la inundación de San Mateo no es ampliamente conocida.

Según Ortiz García, “el periodo virreinal en México es en general poco estudiado porque todavía, de algún modo, ‘cala’ en el ánimo de los mexicanos. Los gobiernos posrevolucionarios enaltecieron las culturas originarias y todo lo que marca el origen del México independiente”.

“Algunos incluso inculcaron un menosprecio hacia la ocupación española porque lo veían desde un contexto actual. Eso es entender la historia de mala forma, porque son hechos del pasado que también forman parte de nuestra existencia”, remata.


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