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Diane Reeve

Mi novio infiel me contagió el virus del VIH... y así logré que se hiciera justicia

Cuando Diane Reeve descubrió que su pareja se acostaba con otras mujeres, acabó con la relación, pero se enteró de que la había contagiado deliberadamente el virus del VIH. Así es cómo consiguió que fuera juzgado y encarcelado.
Diane Reeve
18 de octubre, 2018
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Diane Reeve no esperaba encontrar de nuevo el amor después de que su matrimonio de 18 años se viniera abajo. Pero en 2002, cuando tenía 50 años, sucedió. Sin embargo, resultó que su nueva pareja, Philippe Padieu, se acostaba con otras mujeres, y le transmitió el virus del VIH. Esta es su historia contada por ella misma.

“Yo había más o menos renunciado al amor, pero un par de personas me convencieron de que era demasiado joven para eso y de que debía volver al mercado. Me sugirieron usar aplicaciones de citas online. La experiencia fue bastante brutal y estaba a punto de renunciar cuando me llegó un mensaje de Philippe”.

Era un breve “me gusta tu perfil, me gustaría conocerte”, pero me intrigó. Era francés y guapo, y pensé: ‘Bueno, una última vez y ya’.

Nos conocimos en mi escuela de artes marciales -el también era un artista de las artes marciales- y luego fuimos a un restaurante cercano y tomamos tragos y aperitivos, nos sentamos por una hora y hablamos. Yo estaba fascinada y supongo que él también.

Contaba buenas historias y me contó mucho de sí mismo. Era refrescante porque normalmente es al revés, la mujer habla todo el rato y a mí esto me parecía agotador.

En esa primera cita, me interesó bastante, pero no sabía si él sentía lo mismo. Pero de pronto hizo un comentario insinuante y pensé ‘ah, vale, está interesado’ y ahí empezamos a salir con bastante frecuencia.

Philippe era analista de seguridad para una gran empresa, pero fue despedido al año de empezar a salir juntos. Mientras buscaba trabajo, le pedí que me ayudara en la escuela.

Cuando daba clases allí, salíamos juntos después del trabajo y pasábamos la noche juntos. Habíamos hablado de no salir con otras personas desde bastante pronto en la relación, así que nos veíamos tres o cuatro veces a la semana, y el resto del tiempo yo estaba ocupada con mi escuela.

Estaba contenta, él estaba contento, era bueno, y estuvimos juntos durante cuatro años y medio.

Desencanto

En 2006, mi hija se iba a casar y tuvimos una ceremonia estupenda.

Philippe estuvo allí -tomó un video de la gran ocasión- e íbamos a ir todos a una cena familiar luego. Pero después me llamó desde su teléfono y dijo que no podía venir porque no se sentía bien.

No llamó desde el teléfono de su casa, lo cual me hizo sospechar, y estaba furiosa porque la cena era muy importante para mí.

Fui sola, pero de camino de vuelta a casa pensé que pasaría por la de Philippe para ver qué tal estaba ese pobre enfermo que no pudo venir a la cena familiar.

La puerta estaba cerrada, la casa a oscuras y su coche no estaba. Me senté en el acceso y lloré durante largo rato. Luego empecé a enojarme.

Como había estado pagando sus facturas de celular, pude escuchar sus mensajes de voz. Dos mujeres distintas le habían dejado mensajes, y era obvio que se trataba de mujeres con las que tenía planes.

Esperé durante una hora y media más y luego finalmente le vi aparecer por la esquina.

Diane Reeve

Alyssa Vincent Photography
Diane y Philippe compartían un interés en las artes marciales.

Al ver mi coche inmediatamente aceleró -sabía que pasaba algo- así que le seguí arriba y abajo por las calles del barrio hasta que finalmente se metió a la autopista. Iba a 145 km/hora y yo iba justo detrás. Pensé: ‘puedo perseguirte toda la noche, tengo el depósito lleno’.

Finalmente se hizo a un lado. Grité y lo acusé de engañarme. Dijo ‘¡no deberías haber entrado en mi buzón de voz!’ y así estuvimos discutiendo. Estaba tan enfadado que empezó a golpear el coche y esto me asustó, así que decidí que era el final.

Rompimos un sábado. El lunes siguiente fui a un examen médico y cuando llegaron los resultados, había anomalías en las células del cérvix.

Me dijeron que era el virus del papiloma. Nunca había tenido eso antes, así que supe que me lo había pasado él. Esto me produjo un choque y me asustó: tenían que operarme para eliminar esas células y no sabía si esto iba a convertirse o no en un cáncer.

Me pregunté si debería avisar a las otras dos mujeres. Revisé los nueve meses de registros telefónicos de Philippe que tenía. Llamaba a los distintos números y cuando me contestaba una mujer, yo preguntaba: “¿Estás viendo a Philippe Padieu?”, y si decían que sí, contestaba: “Bueno, necesito hablar contigo”.

Encontré a otras nueve mujeres.

Una llamada

Algunas estaban enojadas, otras me colgaron, otras se interesaron mucho, y algunas estaban agradecidas: obtuve todo tipo de respuestas.

Una mujer que había estado viendo a Philippe y que vivía cerca de él estaba tan enojada que decidimos encontrarnos con otras dos mujeres. Pasamos una comida bastante interesante, comparando impresiones, y nos tomamos una foto haciendo un gesto obsceno que luego le mandamos.

Hubo otra mujer a la que contacté luego. Nos encontramos en un pequeño bar de jazz. Ella llevaba como un año y medio viendo a Philippe tres veces a la semana.

No tenía una relación exclusiva con él, pero esperaba que eso llegara, yo creo. Le conté todo lo que me había pasado: cuán románticas habían sido las cosas para nosotros durante años, que estábamos construyendo una casa, que nos íbamos a mudar a vivir juntos cuando rompimos.

Le conté lo del virus del papiloma y que seguía teniendo problemas médicos.

Escuchó muy atentamente lo que le conté.

Le dije: “Es tu decisión y si quieres seguir viéndole, es asunto tuyo” y pensé que sería la última vez que nos veríamos.

Tres meses después me llamaron del departamento de salud y me dijeron que tenían que hacerme un examen. Me dio pánico porque había estado teniendo muchos problemas de salud, además del resultado de las células anómalas.

Había guardado el celular de Philippe por si alguien llamaba y así podría avisarlas. Volví a mirarlo después de que me contactara el departamento de salud y me di cuenta de que la última persona que había llamado era la mujer con la que me había encontrado en el bar de jazz.

La llamé y dije: “Me acaba de llamar el departamento de salud, ¿qué puedes decirme sobre esto?”.

Dijo tres palabras que nunca olvidaré: tenemos que hablar.

Ella había seguido viendo a Philippe después de encontrarse conmigo pero había decidido luego dejarle. Empezó a preocuparse por las enfermedades de transmisión sexual y había ido a hacerse exámenes.

Su médico la había llamado y le había dicho que traía malas noticias. Tenía el virus del VIH.

Diane y su hija

Diane Reeve
Su hija se casó en el 2006 y Philippe acudió a la ceremonia.

En ese momento, supe que todo por lo que había pasado en los últimos seis meses, los problemas de salud, no tener energía, cosas que había atribuido a hacerme un poco mayor, todas esas piezas de rompecabezas cuadraban, y supe entonces a lo que me enfrentaba.

Al día siguiente tenía una cita con mi ginecólogo y me sacaron un poco de sangre. Un días después me llamaron con los resultados.

“Diane, lo siento. Es positivo”

Dejé caer el teléfono y me puse de rodillas. Pensé que iba a morir.

No había seguido de cerca las noticias sobre el VIH. Recordaba cuando no había cura y sabía que hoy en día había tratamientos, pero no conocía realmente cuán efectivos eran. Y sabía que yo estaba muy, muy enferma.

Esto pasó en enero de 2007.

Cuando fui a hacerme más exámenes me enteré de que tenía el Sida. Esto significa que tu sistema inmune está dañado hasta el punto que eres vulnerable a cualquier enfermedad.

Tu cuerpo no se defiende porque el virus ha dañado las células que luchan contra la infección.

Una extraña reacción

Tenía seguro médico porque era trabajadora independiente; dos meses después del diagnóstico había cambiado de póliza. Y al final de la póliza nueva había una exclusión: “Por favor, sepa que no cubrimos el VIH”, la cual yo había firmado sin problemas porque sabía que no tenía VIH. Lo que pasa es que dos meses después supe que en realidad sí.

Así que tenía un seguro que no cubría el VIH y el tratamiento costaba unos US$2.000 al mes, por lo que no me lo podía permitir.

Casi inmediatamente después de recibir los resultados, fui a terapia. Necesitaba ayuda para procesar las cosas. Estaba muy deprimida, asustada y enojada hasta niveles homicidas.

Decidí volver a hablar con la mujer que había conocido en el bar de jazz. Lloramos juntas y nos enfadamos juntas. Cuando ella recibió su diagnóstico había llamado inmediatamente a Philippe para decírselo. Y él había contestado: “Eh, tampoco es para tanto, todo el mundo muere de algo. ¿Por qué no sigues con tu vida y me dejas en paz?”.

Era una reacción muy rara de alguien que debería haber estado en shock.

Sospechamos que Philippe nos lo había contagiado a ambas y pensamos que tenía que haber algo que pudiéramos hacer.

Hicimos averiguaciones y unas semanas después de mi diagnóstico habíamos puesto una denuncia policial.

Queríamos que la policía lo parara. Queríamos que averiguaran si él efectivamente tenía el virus y queríamos saber si había algo que pudiéramos hacer para evitar que hiciera daño a otras mujeres.

La policía fue muy empática y comprensiva pero dijo que como éramos solo dos no íbamos a ser capaces de probarlo.

Pero si otras cuatro o cinco mujeres hablaban, dijeron, quizás conseguían que el fiscal del distrito echase un vistazo.

Volvimos a los registros telefónicos. La primera persona a la que llamé fue la persona que había vivido en el barrio de Philippe a la que había conocido antes. Se hizo los exámenes y también le diagnosticaron VIH.

Nos ayudó vigilando la casa y anotando las matrículas de los coches que paraban en la casa de Philippe por la noche.

Estábamos bastante ocupadas porque él pasaba cada noche con una mujer distinta, era increíble.

Diane Reeve

Alyssa Vincent Photography
Diane Reeve luchó para evitar que otras mujeres fueran perjudicadas.

Yo tenía un amigo que podía averiguar nombres y direcciones a través de las matrículas, y una vez con esto fuimos a visitarlas.

En total encontramos 13 mujeres que fueron diagnosticadas con VIH.

Yo estaba devastada porque esto hubiera estado sucediendo durante tanto tiempo. Yo había estado viendo a Philippe desde 2002, pero algunas de las mujeres con las que hablé me predecían, y con un coche diferente cada noche a las puertas de su casa, muchas mujeres habían estado expuestas.

A medida que progresaba el caso, el departamento de policía y la fiscalía empezaron a involucrarse.

Para intentar probar que Philippe sabía que había sido diagnosticado, la policía organizó lo que se conoce como llamada telefónica de pretexto.

Me senté en la comisaría y lo llamé para intentar conseguir que admitiera que sabía que estaba viviendo con VIH. No salió muy bien.

Dijo, “¿cómo has conseguido este número?” y a partir de ahí fue cuesta abajo.

Le dije: “Eh, oí que no has estado sintiéndote muy bien y llamaba para saber cómo estás”, y me colgó.

Había una mujer en el departamento de salud que nos estaba ayudando a encontrar a las mujeres. Le pregunté si alguna vez lo había visto, pero no le sonaba.

Luego me acordé de que Philippe a veces usaba un alias, el nombre Phil White, y ella lo recordó. El periodo de tiempo durante el que ella lo había visto era más o menos el mismo en el que yo recordaba haberlo enviado al médico porque se sentía como si tuviera piedras en el riñón.

Pensé, “me pregunto si fue entonces cuando le diagnosticaron”.

Era 2005. un año y medio antes de que rompiéramos. Había ido al médico y le habían hecho unos exámenes.

Yo había pagado ese tratamiento, así que recuperé esos cheques y se los llevé al fiscal del distrito: fue la primera vez que la vi sonreír.

Los cheques le dieron “causa probable” para pedir su historial médico, así que lo hizo. Sin esto hubiera sido muy difícil, si no imposible, obtenerlos, debido a las leyes de privacidad. Y fue así como probamos que él había sido diagnosticado con VIH.

De las 13 mujeres que encontramos que habían sido diagnosticadas con VIH, solo cinco acordaron testificar, debido al estigma asociado con el virus.

Philippe Padieu y Diane Reeve en un restaurante

Diane Reeve
La relación progresaba, hasta que un día ella sospechó que algo no iba bien.

Creamos un grupo de apoyo y nos encontramos en nuestra casa de forma rutinaria. Pasamos por ello todas juntas.

Uno de los motivos para pasar por todo eso fue que el estado de Texas paga el tratamiento médico si el mal es resultado de un crimen, y a Philippe lo estaban persiguiendo por “asalto con arma letal”.

Fue un proceso largo, de cinco o seis meses, el de encontrar a las mujeres. Casi cada día de la semana estábamos vigilando.

Era agotador -yo seguía con Sida- pero estábamos resueltas a evitar que le hiciera esto a alguien más.

Juicio y condena

El juicio empezó finalmente en 2009, tres años después de que Philippe y yo hubiéramos roto y dos años después de mi diagnóstico.

El fiscal del distrito nos había avisado de que cualquier trapo sucio que Philippe tuviera sobre nosotras iba a ser compartido en público. Aunque estaba preparada para ello, no sabía que iba a ser tan brutal como fue: estuve en el estrado durante una hora, pero lo superé.

Tras la sentencia, reunimos a todos nuestros amigos y familia y celebramos, porque sabíamos que ya no podría herir a nadie más.

Philippe nunca asumió su responsabilidad. Dijo que había sido yo la que contagió a todo el mundo con el VIH, lo cual era obviamente absurdo. Encontramos a una mujer en Michigan a la que había transmitido el virus en 1997.

Y también hicimos un estudio de ADN muy riguroso que mostró que el virus que estaba en cada una de nosotras tenía un origen común, y Philippe era lo que teníamos en común.

Yo sospecho que él había estado transmitiendo el VIH a mujeres, a sabiendas, desde años antes de que yo lo conocí y que el diagnóstico de 2005 no era el primero.

He tenido dificultades con el perdón, pero estoy en paz porque, honestamente, cuando la vida me dio limones, hice limonada.

Pero una de las cosas que más resiento de lo que me hizo Philippe a mí y a las otras mujeres es que destruyó mi capacidad de confiar, y esto hace muy difíciles las relaciones.

Diane and Philippe

Diane Reeve
Otras 13 mujeres fueron contagiadas por Philippe.

Estoy superándolo, pero es un proceso difícil.

Tengo mucha suerte de tener ahora una buena relación con alguien que entiende y que me quiere y me acepta.

Empezamos a vernos en 2008 y en la segunda cita le conté. Empecé a llorar y me tomó y dijo: “Está bien, mi hermano murió de Sida”, y esa experiencia fue muy curativa para mí.

La medicina ha avanzado tanto que para mucha gente hoy basta con tomar una pastilla al día, y eso es lo que yo he estado haciendo por largo tiempo.

Tengo una carga viral indetectable, lo cual implica que el virus no se puede detectar en mi sangre.

Se ha mostrado que si estás viviendo con VIH y tienes durante seis meses de forma consistente una carga viral indetectable, el riesgo de transmisión es cero. Esto cambió todo para nosotras.

Todavía estoy en contacto con muchas de las otras mujeres. Fui al Gran cañón de vacaciones con una de ellas el año pasado, la del bar de jazz.

Si yo no la hubiera conocido ella nunca se hubiera examinado, y si ella no hubiera dado mi nombre al departamento de salud, nunca me hubieran llamado para examinarme a mí. De verdad que nos salvamos mutuamente la vida.


Esta nota fue escrita por Sarah McDermott

Philippe Padieu fue condenado por seis crímenes de asalto agravado con un arma letal su fluido corporal, y sentenciado a 45 años de cárcel.

Standing Strong: An Unlikely Sisterhood and the Court Case that Made History“, de Diane Reeve,es un libro publicado por Health Communications.


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¿Por qué detuvieron a Irineo y Cristóbal, defensores de derechos de migrantes?

Durante el último año, altos funcionarios del gobierno de Andrés Manuel López Obrador han señalado a Pueblo Sin Fronteras como promotor de las caravanas.
Por Manu Ureste y Alberto Pradilla
6 de junio, 2019
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Irineo Mujica, presidente de Pueblo Sin Fronteras (PSF) y Cristóbal Sánchez, activista en defensa de los derechos de los migrantes, fueron detenidos el miércoles por orden de la Fiscalía General de la República (FGR). Según fuentes cercanas a la investigación, los dos están acusados de tráfico de personas según el artículo 159 de la Ley de Migración, es decir, de haber introducido a extranjeros sin documentación en México y lucrarse con ello.

Se trata de un delito especial que está contemplado en los casos de “polleros” que cobran altas sumas a los migrantes por trasladarlos desde Guatemala, Honduras o El Salvador hasta Estados Unidos. Animal Político preguntó a Fiscalía por los detalles del operativo, pero al cierre de la nota no había dado una respuesta.

Lee: Organización denuncia la detención de los defensores de migrantes Irineo Mujica y Cristóbal Sánchez

La organización Pueblo Sin Fronteras, formada por abogados y activistas centroamericanos, mexicanos y estadounidenses, apoya desde hace años a los migrantes que tratan de llegar a Estados Unidos. En febrero fue señalada por la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, de ser la que “recluta” a los migrantes centroamericanos para participar en las caravanas que, desde octubre de 2018, tratan de atravesar México con destino a la frontera norte. Ya entonces, PSF denunció el intento de “criminalización” por parte del gobierno de México.

Mujica y Sánchez están acusados de tráfico de personas y han sido vinculados a las caravanas; un fenómeno que, en la práctica, permite a los migrantes atravesar México sin recurrir a un coyote, ya que avanzan en grupo como forma de protección.

Organizaciones de Derechos Humanos y de apoyo a los migrantes como el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, Cafemin (Casa de Acogida y Formación para Mujeres y Familias Migrantes), Movimiento Migrante Mesoamericano o el Colectivo de Observación y Monitoreo de Derechos Humanos en el Sureste Mexicano denunciaron el arresto como “detención arbitraria” y cuestionaron lo que consideran “una forma de criminalización contra las personas defensoras de los derechos humanos de los migrantes”.

Irineo Mujica fue arrestado en Sonoyta, Sonora, alrededor de las 14:00 horas. Según informó Pueblo Sin Fronteras, la organización que dirige, el activista se encontraba en la oficina de una empresa de transporte propiedad de su familia. Este despacho está muy cerca de la garita fronteriza con Estados Unidos. Según este relato, que cita al hermano del detenido como testigo de la aprehensión, tres hombres vestidos de civil le esposaron sobre las 14:00 horas, cuando salió del despacho. Uno de ellos mostró una identificación y aseguró que existía una orden de captura. Dos horas después, Mujica era trasladado a Hermosillo, capital del estado.

El gobierno persigue migrantes y deja en promesa el discurso sobre derechos humanos

Una hora después, aproximadamente, fue detenido Cristóbal Sánchez. Según fuentes cercanas al activista, seis personas vestidas de civil lo detuvieron al salir de su casa, en Xochimilco, Ciudad de México. Según este relato, los hombres afirmaron ser agentes “ministeriales”, sin mostrar identificación alguna ni la orden de aprehensión. Al parecer, Sánchez llegó a ser encañonado por uno de los agentes hasta que lo introdujeron un vehículo y lo trasladaron a la sede del Ministerio Público ubicada en Camarones.

Está previsto que ambos sean trasladados a Tapachula, donde se instruye la causa.

No es la primera vez que ambos son arrestados por su activismo a favor de los derechos de los migrantes. Mujica fue detenido en Ciudad Hidalgo el 17 octubre de 2018, un día antes de que la caravana procedente de Centroamérica fuese interceptada por decenas de antimotines en el puente internacional Rodolfo Robles, que une Guatemala y México. En aquel momento fue acusado de resistencia a la autoridad cuando acompañaba a un grupo de migrantes que se dirigía al puesto fronterizo para apoyar a los que querían entrar en territorio mexicano.

Por su parte, Sánchez fue arrestado el 15 de febrero en el exterior del estadio Jesús Martínez Palillo, en Ciudad de México. En aquel momento, una caravana de alrededor de dos mil hondureños, guatemaltecos y salvadoreños atravesaba México en dirección a la frontera norte. Sánchez, junto a otros activistas, acompañaba el tránsito. Fue detenido al interponerse cuando agentes de la Policía Federal trataban de arrestar a otro activista, en este caso hondureño, a quien identificaron como líder de la marcha. En febrero al menos dos activistas fueron arrestados y deportados a Honduras por ser considerados como promotores de la caravana.

AMLO defiende a migrantes frente a Trump, pero las detenciones en México se disparan 100%

Durante el último año, altos funcionarios del gobierno de Andrés Manuel López Obrador han señalado a Pueblo Sin Fronteras como promotor de las caravanas. El 28 de febrero, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, señaló a la organización como principal “reclutadora” para las caravanas migrantes. Lo hizo desde Washington, donde participaba en un foro organizado por el Instituto de Políticas Migratorias. Un mes después, también desde Estados Unidos, la misma funcionaria vaticinó la llegada de la “caravana madre” procedente de Honduras. Según sostuvo, 20 mil personas se preparaban para alcanzar México. Finalmente, apenas un 10% de estas estimaciones, unas 2 mil 500 personas transitaron por el sur de México hasta desperdigarse en su camino hacia el norte.

En realidad, el fenómeno de marchar en grupo hacia Estados Unido no es nuevo, aunque toma especial relevancia en 2018, cuando se convierte en un fenómeno masivo en el que llegan a participar más de diez mil personas.

En realidad, las caravanas llevan marchando desde 2011, aunque siempre partiendo desde territorio mexicano.

En 2018, por primera vez, una marcha fue convocada desde Centroamérica. Partió el 12 de octubre desde San Pedro Sula, en Honduras. Los integrantes de PSF no estaban en el inicio. Solo hicieron acto de presencia a partir de Tecún Umán, último municipio en la frontera de Guatemala, el 17 de octubre, justo cuando Irineo Mujica fue arrestado en Ciudad Hidalgo. Sus portavoces siempre han negado estar detrás de las caravanas y se han presentado como “acompañantes”.

Alex Mensing, director de programas de PSF, denunció las detenciones y aseguró que ambos son defensores “muy conocidos desde hace muchos años”. “Nos vemos señalados, como chivos expiatorios”, señaló. En su opinión, el operativo supone un ataque “contra cualquiera que critique la política migratoria” del gobierno de López Obrador, especialmente en lo relativo a las caravanas. Mensing recordó que, en los últimos meses, entre 20 y 25 mil personas atravesaron México en caravana. “Se trata de un porcentaje mínimo”, dijo, tras reivindicar a los dos detenidos como “defensores de los derechos de los migrantes”.

El discurso sobre las caravanas se ha endurecido en los últimos meses. Pasó de la aparente comprensión, por ser un modo de protección de los centroamericanos, a ser visto como un fenómeno “instrumentalizado”. En enero, cuando la primera caravana del año llegó a la frontera, el Gobierno mexicano dio más de 12 mil tarjetas de visitante por motivos humanitarios, que permitían libre tránsito por el país durante un año. Cinco meses después la política hacia las caravanas vuelve a ser de detención y arresto.

Autoridades federales frenan a nueva caravana de migrantes en Chiapas

De hecho, el operativo contra los dos defensores llega en un contexto en el que se ha incrementado la presión contra los migrantes que tratan de cruzar México para llegar hacia Estados Unidos. Al mismo tiempo que se practicaban los dos arrestos, agentes de la Instituto Nacional de Migración (INM), acompañados por Policía Federal y Guardia Nacional, se desplegaban en la carretera entre Ciudad Hidalgo y Tapachula, en Chiapas, para arrestar a cerca de 400 indocumentados que atravesaron la frontera en caravana.

Además del aumento en el número de detenciones y deportaciones, el aumento de la presión en el control migratorio de las autoridades mexicanas puede documentarse a través de otras medidas que están llevando a cabo, como los operativos en hoteles y moteles de la frontera sur para capturar a personas sin documentos, y la orden que el Instituto Nacional de Migración dio a los propietarios, concesionarios y operadores de autotransportes de pasaje y turismo.

En un oficio fechado el 16 de abril de este año, el INM pidió a los transportistas que no trasladen a migrantes indocumentados en territorio nacional, bajo advertencia de ser sancionados si así lo hacen.

En el escrito firmado por el director jurídico del Instituto, Luis Alberto Cortés Ortiz, la autoridad migratoria cita los artículos 153 y 159 de la Ley de Migración vigente para recordar a los transportistas que quienes trasladen a migrantes sin documentos “serán sancionados con multa de mil a diez mil días de salario mínimo”, pudiendo, incluso, ser sancionados con penas de ocho a 16 años de prisión y multa de 5 mil a 15 mil días de salario mínimo, si la autoridad detecta que el traslado se hace “con propósito de tráfico” de personas y obtener un lucro de ello.

Esta medida, sin embargo, entra en contradicción con la propia Ley de Migración, que desde 2006 establece que la migración indocumentada no es un delito, sino una falta administrativa. Y, aunque si bien el INM asegura que con ella busca combatir a las redes de tráfico de personas que hacen uso del transporte público para llevar a los migrantes hasta la frontera norte, organizaciones civiles criticaron que también puede provocar el efecto de orillar, aún más, al migrante a la clandestinidad, puesto que tendrán que recurrir al tren conocido como La Bestia, o caminar a pie por caminos de terracería y monte, donde son presa fácil de la delincuencia y el crimen organizado.

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