Policías de la CDMX presuntamente secuestraron y torturaron a un estudiante
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Cuartoscuro Archivo

Policías de la CDMX presuntamente secuestraron y torturaron a un estudiante

Un video desmintió la narración de cinco policías, y mostró que a Juan Ramón fue extraído de su casa por agentes de la SSP  capitalina y privado de la libertad.
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29 de octubre, 2018
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El pasado 23 de abril, a las 20:20 horas, cinco motopatrulleros de la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México, presentaron ante el Ministerio Público a Juan Ramón, de 30 años, estudiante de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, y lo acusaron de extorsión.

Según la narración de estos policías, el universitario fue capturado a las 19:03 horas en el Centro Histórico, junto con otras cuatro personas, minutos después de que supuestamente despojaron a un transeúnte de mil pesos, bajo amenaza de muerte.

En la detallada narración que hicieron los policías cuando presentaron al universitario ante el MP, se asegura que los cinco señalados huyeron de los policías a bordo de tres motocicletas, a las que lograron darles alcance calles adelante, luego de una persecución motorizada.

Los policías, además, aseguraron que al capturar a los cinco jóvenes, éstos supuestamente afirmaron ser integrantes del “cártel de la Unión de Tepito y que mejor nos convenía que los dejáramos ir, si no queríamos atenernos a las consecuencias, ya que saben que somos policías del sector, por lo que los policías procedemos de manera simultánea al aseguramiento de todos los imputados, mismos que se opusieron a la detención, por lo que tuvo que emplearse la fuerza”.

Esta narración de los cinco policías de la SSP, no obstante, quedó desmentida por un video (captado por una cámara de seguridad de un negocio), el cual revela que el universitario no fue capturado en calles del Centro Histórico tras una persecución en motocicleta, sino que, en realidad, fue extraído de su casa por agentes de la SSP y privado de la libertad, una hora y media antes del momento en que supuestamente se cometió el delito del que se le acusa.

La cámara que captó el video está colocada en un inmueble ubicado frente a la casa del estudiante, razón por la cual, la entrada al domicilio del joven siempre queda dentro del cuadro de su lente.

Tal como muestra el video captado el 23 de abril de 2018 por esta cámara de seguridad, el estudiante universitario llegó a su casa a las 13:17 horas, momento en el que se le ve estacionando su motoneta frente a su reja de entrada, y luego el joven ingresa a su domicilio.

Juan Ramón porta una playera de tres franjas, una blanca, una roja y una verde.

El video muestra que Juan Ramón permaneció dentro de su domicilio durante las siguientes cuatro horas, hasta las 17:07 horas, momento en que brevemente sale a la reja para mover su motoneta, y permitir a su hermano y a su cuñada estacionar su propia motocicleta, también frente al domicilio.

Esta maniobra de acomodo de los vehículos es acompañada por un hombre canoso, en short y con el pecho descubierto, es el papá de los dos jóvenes que estacionan sus motos, luego los jóvenes entran a la vivienda, mientras el papá se queda barriendo el paso y, finalmente, él también entra. 

Quince minutos después, a las 17:24 horas, la cámara de vigilancia registra cómo al menos tres policías de la SSP se acercan a la motoneta de Juan Ramón estacionada fuera de la vivienda, la inspeccionan ocularmente, se alejan unos pasos, y luego uno de ellos vuelve y coloca un objeto no identificable junto al tubo de escape del vehículo.

Los policías permanecen unos instantes junto a la motoneta, observando en torno suyo, y en el momento en el que el papá asoma a su reja de entrada para ver lo que ocurre, los policías toman la motoneta y comienzan a llevársela, arrastrándola (ya que tiene un candado de seguridad que impide que las llantas giren cuando está estacionada).

El video, de hecho, muestra cómo los policías intentan averiguar por qué las llantas no se mueven, y finalmente deciden continuar con la extracción del vehículo a rastras.

No obstante, antes de que logren alejarse, el video muestra que la familia del joven Juan Ramón logró alcanzarlos, y se ve cómo dialogan con los policías, sin que éstos exhiban ningún documento oficial que avale su proceder.

El video muestra luego cómo Juan Ramón vuelve a su casa para extraer la documentación de la moto, y nuevamente sale, para mostrarle los papeles a la policía. El reloj de la cámara de seguridad marca las 17:26 horas.

Los policías aprovechan para alejarse aún más del domicilio (y de la cámara de seguridad) arrastrando la motoneta, hasta que el joven logra alcanzarlos para presentar el tarjetón del vehículo. Según el testimonio de Juan Ramón, sus familiares y vecinos, fue en ese momento que los policías detuvieron al universitario, y lo pusieron a bordo de una patrulla tipo panel, junto con su motocicleta, aunque el arresto ya no alcanza a ser registrado por la cámara.

Tortura sexual

Si se toma en cuenta que Juan Ramón fue extraído de su vivienda por agentes de la SSP (que también cargaron con su motoneta) a las 17:26 horas, y presentado al MP a las 20:20 horas (tal como consta en el acta oficial de puesta a disposición), los policías aprehensores tardaron tres horas en trasladar al estudiante arrestado a la Fiscalía Antisecuestro de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México. ¿Qué ocurrió en ese tiempo?

Según la declaración del universitario, nunca le fue informada la razón de su aprehensión y, por el contrario, tan pronto como fue puesto a bordo de una patrulla tipo panel, los agentes comenzaron golpearlo.

“Sólo se limitaban a agredirme verbalmente –señala su declaración–, me daban ‘mazapanazos’ (golpes en la cabeza) y patadas en las espinillas”.

El joven afirma que luego de que se alejaron de su vivienda, los agentes aprehensores lo entregaron a otro grupo de policías (a los cuales no pudo identificar) quienes lo pusieron a bordo de otra camioneta, cubriéndole el rostro con su misma playera de franjas.

Así, amordazado, el estudiante afirma haber sido trasladado a una “base de policías”, y ahí, “me meten a un cuarto”, en donde agentes de policía le exigen empuñar una pistola que ellos mismos le proporcionan, a lo que él, afirma haberse resistido.

Por eso, señala su testimonio, “estando en el cuarto me tiran al piso, esposado, me bajan mis pants y la ropa interior”.

Según su declaración, el joven fue atacado sexualmente por los policías de la Ciudad de México, mientras “me decían que no me sintiera muy vergas, y me seguían pegando de patadas en las espinillas, y de mazapanazos, todo esto yo encapuchado con mi propia playera”.

Luego de esta agresión, el universitario afirma haber sido trasladado a una segunda estancia, en donde otros cuatro agentes “me insisten en que agarre el arma de fuego, por lo que me niego y aprieto los puños”.

Finalmente, según su testimonio, “me suben a otra camioneta”, junto con cuatro personas más (no sabía en ese momento que se trataba de sus coacusados). En ese vehículo “empiezan a darnos vueltas, trayéndonos como una hora, u hora y quince minutos, y de ahí nos trajeron a esta fiscalía (Antisecuestro) sin decirnos el motivo”.

Debido a que el universitario no pudo identificar el lugar en el que fue torturado, no queda claro si de origen fue conducido a la Fiscalía Antisecuestro y ahí atacado, para luego ser puesto a bordo de un vehículo en el cual darle vueltas para, finalmente, regresar a las mismas instalaciones; o si fue torturado en instalaciones diferentes.

No fue sino hasta las 20:20 horas, afirma el universitario, “que me hacen saber mis derechos y que me entero del motivo por el que estoy detenido”.

Es en ese momento, además, que fue evaluado por un médico legista que certificó diversas lesiones en su cuerpo, especialmente moretones y desprendimiento de piel en las piernas. No obstante, tal como denunció el estudiante, el médico que le realizó la inspección permitió que ésta fuera presenciada por los mismos agentes que lo torturaron, y finalmente, el médico no inscribió en su reporte el origen y naturaleza de las lesiones.

Justicia con la marca CDMX

Aunque existe un video que prueba que el universitario no fue detenido en el lugar ni en en la hora que afirman los policías de la Ciudad de México que lo privaron de la libertad, este video no obra en la carpeta de investigación, ni ha sido admitido por el juez que lleva la causa, tal como informó Margarito Tolentino, abogado defensor de Juan Ramón.

La existencia de este video le fue informada desde un inicio al Ministerio Público, informó el abogado, sin embargo, el MP nunca acudió al negocio propietario de la cámara de seguridad, y finalmente consignó el caso ante un juez, sin esta evidencia.

Luego, lamentó el abogado, el primer defensor del universitario actuó en contubernio con las autoridades y, aunque tuvo la posibilidad de introducir esta prueba, nunca lo hizo.

Tras asumir la defensa del universitario, explicó el abogado Margarito Tolentino, “yo intenté hacer valer un incidente de revisión de medidas cautelares”, que permitiera reevaluar si la captura del estudiante fue legal y tal como afirmaron los agentes aprehensores. Sin embargo, lamentó, la respuesta del juez fue “que no era procedente, porque hay un acuerdo de la Judicatura de la Ciudad de México, que cuando se trate de un auto de vinculación a proceso justificado, el procesado no es sujeto de revisión de medidas cautelares, que no es sujeto de ese tipo de beneficios”.

Sin embargo, destacó, esta revisión de las medidas cautelares, es decir, de la determinación de mantenerlo cautivo, está incluida en el Código Nacional de Procedimientos Penales, el cual obliga a los jueces a tomar medidas “extremas” para verificar si existen razones o no para mantener a una persona en prisión, y en este caso, dicho precepto no se está cumpliendo.

Cabe destacar que, hasta la fecha, la supuesta persona que fue despojada de mil pesos por Juan Ramón y los otros cuatro coacusados (según versión de la policía) no se ha presentado a formular denuncia y, de hecho, no existen elementos que permitan confirmar que esta persona realmente existe.

Consultada en torno a estas denuncias, la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México aseguró que en el caso del joven estudiante de la UACM “en todo momento se ha cumplido cabalmente el debido proceso”.

La Procuraduría no quiso explicar por qué nunca revisó el video que muestra que la captura de Juan Ramón se dio en circunstancias distintas a las narradas por la policía. La Procuraduría tampoco aceptó explicar ni por qué dicha evidencia no fue incluida en la carpeta de investigación iniciada por su personal en contra del universitario.

Octavio Juárez, vocero de la Procuraduría capitalina, únicamente informó que cuando el estudiante fue presentado ante el juez, su abogado pidió que este video fuera incluido en el expediente, lo cual fue rechazado.

Tal como informó el vocero de la PGJ-CDMX, en respuesta dirigida a Animal Político, efectivamente el video “no fue valorado por el juez, de ahí que (el estudiante) fue vinculado a proceso”.

Aún así, la Procuraduría insistió en que el proceso seguido contra el universitario es ejemplar.

Durante la conferencia de prensa en la que fue expuesto el video que evidencia que Juan Ramón no fue capturado in fragantti cuando consumaba una extorsión, tal como afirma la policía de la Ciudad de México, sino extraído de su vivienda, también fueron presentadas 200 firmas de apoyo al estudiante, aportadas por otros alumnos de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, además de que se anunció que a su acompañamiento legal se sumarán dos organismos civiles: el Grupo de Acción por la Justicia y los Derechos Humanos, y el Colectivo Contra la Tortura y la Impunidad.

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Cómo eran las relaciones sexuales de los neandertales

Te contamos lo que los científicos han descubierto hasta ahora sobre el momento de la historia de la humanidad en el que los humanos modernos primitivos y los neandertales tuvieron sus primeros encuentros.
6 de abril, 2021
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Recreación de una mujer neandertal.

Getty Images
El sexo entre los humanos modernos primitivos y los neandertales no era un evento raro.

Sus ojos se encontraron a través del accidentado paisaje montañoso de la Rumania prehistórica.

Era un neandertal y estaba casi al desnudo. Tenía buena postura y piel pálida, quizás ligeramente enrojecida por las quemaduras solares. Alrededor de uno de sus gruesos y musculosos bíceps llevaba un brazalete de garras de águila.

Ella era una humana modernaprimitiva, vestida con un abrigo de piel de animal con un ribete de piel de lobo. Tenía la piel oscura, piernas largas y su cabello estaba recogido en trenzas.

Él se aclaró la garganta, la miró de arriba abajo y, con una voz nasal absurdamente aguda, hizo su mejor presentación. Ella le devolvió la mirada sin comprender. Por suerte para él, no hablaban el mismo idioma. Se rieron incómodamente y, bueno, todos podemos adivinar lo que pasó después.

Por supuesto, eso podría haber sido mucho menos parecido a una escena de una apasionante novela romántica. Quizás la mujer era en realidad neandertal y el hombre pertenecía a nuestra propia especie. Tal vez su relación era de tipo informal y pragmática, porque simplemente no había mucha gente alrededor en ese momento. Incluso se ha sugerido, también, que tales conexiones no fueron consensuadas.

Si bien nunca sabremos qué sucedió realmente en este encuentro, o en otros similares, de lo que podemos estar seguros es que se dio la unión de esa pareja.

Aproximadamente entre 37.000 y 42.000 años después, en febrero de 2002, dos exploradores hicieron un descubrimiento extraordinario en un sistema de cuevas subterráneas en las montañas del suroeste de los Cárpatos, cerca de la ciudad rumana de Anina.

Dentro de la Peştera cu Oase, o “Cueva con huesos”, encontraron miles de huesos de mamíferos. Entre ellos había una mandíbula humana, cuya datación por radiocarbono reveló que era de uno de los humanos modernos primitivos más antiguos conocidos en Europa.

Se cree que los restos permanecieron intactos desde entonces. En ese momento, los científicos notaron que, si bien la mandíbula era inconfundiblemente moderna en su apariencia, también contenía algunas características inusuales similares a las de los neandertales.

Años más tarde, esta corazonada se confirmó.

Los científicos descubrieron que el individuo era un hombre y que probablemente era un 6-9% de neandertal. Esta es la concentración más alta jamás encontrada en un ser humano moderno primitivo, y alrededor de tres veces la cantidad encontrada en los europeos y asiáticos actuales, cuya composición genética es aproximadamente del 1-3% neandertal.

Debido a que el genoma contenía grandes extensiones de secuencias neandertales ininterrumpidas, los expertos calcularon que es probable que el dueño de la mandíbula haya tenido un ancestro neandertal tan solo cuatro o seis generaciones antes. Determinaron que el enlace probablemente ocurrió menos de 200 años antes de la época en que vivió.

Paisaje de los Cárpatos en Rumania.

Getty Images
Un encuentro amoroso entre nuestros ancestros humanos modernos y los neandertales pudo haber tenido lugar en las montañas de los Cárpatos.

Además de la mandíbula, el equipo encontró fragmentos de cráneo de otro individuo en Peştera cu Oase, que poseía una mezcla similar de características. Los científicos aún no han podido extraer ADN de estos restos, pero al igual que la mandíbula, se cree que pueden haber pertenecido a alguien que tenía ascendencia neandertal cercana.

Desde entonces, se ha ido acumulando la evidencia de que el sexo entre los humanos modernos primitivos y los neandertales no era un evento raro.

Escondidos en los genomas de las poblaciones actuales, hay indicios reveladores de que sucedió en muchas ocasiones distintas y en una amplia zona geográfica.

De hecho, el ADN neandertal se puede encontrar en todas las personas que viven hoy en día, incluidas las de ascendencia africana, cuyos antepasados no se cree que hayan entrado en contacto directamente con este grupo.

Y la transferencia también ocurrió al revés. En 2016, los científicos descubrieron que los neandertales de las montañas de Altai en Siberia pueden haber compartido del 1 al 7% de su genética con los antepasados de los humanos modernos, que vivieron hace aproximadamente 100.000 años.

Los besos

En 2017, Laura Weyrich, antropóloga de la Universidad Estatal de Pensilvania, descubrió la marca fantasmal de un parásito microscópico de 48.000 años aferrado a un diente prehistórico.

“Veo a los microbios antiguos como una forma de aprender más sobre el pasado, y el sarro es realmente la única forma confiable de reconstruir los microorganismos que vivían dentro de los humanos antiguos”, dice Weyrich.

Estaba particularmente interesada en lo que comían los neandertales y cómo interactuaban con su entorno. Para averiguarlo, secuenció el ADN de la placa dental en dientes hallados en tres cuevas diferentes.

Dos de las muestras se tomaron de 13 neandertales encontrados en El Sidrón, en el noroeste de España. Para sorpresa de Weyrich, uno de los dientes contenía la firma genética de un microorganismo parecido a una bacteria, Methanobrevibacter oralis, que todavía se encuentra en nuestra boca hoy en día.

Cráneo de un neandertal.

Getty Images
Los neandertales tenían rasgos faciales distintivos, pero se han encontrado algunos cráneos con una mezcla de rasgos.

“Para mí, lo que es fascinante es que este es también uno de los primeros períodos en los que describimos el mestizaje entre humanos y neandertales”, dice Weyrich. “Así que es maravilloso ver una especie de microbio envuelto en esa interacción”.

Weyrich explica que una posible ruta para la transferencia son los besos: “Cuando besas a alguien, los microbios orales van y vienen entre las bocas”, dice.

“Pudo haber sucedido una vez, pero luego de alguna manera se propagó mágicamente, si el grupo de personas infectadas tuvo éxito. Pero también podría ser algo que ocurriera con más regularidad”.

Otra forma de transferir sus microbios orales es compartiendo alimentos. Y aunque no hay evidencia directa de que un neandertal esté preparando una comida para un humano moderno primitivo, una comida romántica podría haber sido una fuente alternativa de M. oralis.

Para Weyrich, el descubrimiento es emocionante porque sugiere que nuestras interacciones con otros tipos de humanos hace mucho tiempo han dado forma a las comunidades de microorganismos que tenemos hoy.

Neandertales masculinos o femeninos

Es imposible decir con certeza si fueron en su mayoría mujeres neandertales las que se acostaron con los hombres humanos modernos primitivos, o al revés, pero hay algunas pistas.

En 2008, los arqueólogos descubrieron un hueso de un dedo roto y un solo diente molar en la cueva Denisova, en las montañas de Altai en Rusia, a partir de la cual se reveló una nueva subespecie de humanos.

Durante años, los “denisovanos” se conocían solo por el puñado de muestras desenterradas en este sitio, junto con su ADN, del cual los científicos descubrieron que su legado continúa hasta el día de hoy en los genomas de personas de ascendencia melanesia y de Asia oriental.

Los denisovanos estaban mucho más relacionados con los neandertales que los humanos actuales; las dos subespecies pueden haber tenido rangos que se superpusieron en Asia durante cientos de miles de años.

Reconstrucción de un denisovano

Maayan Harel
Los denisovanos tienen rasgos comunes con los humanos modernos y los neandertales.

Esto se hizo particularmente evidente en 2018, con el descubrimiento de un fragmento de hueso que pertenecía a una niña, apodada Denny, que tenía una madre neandertal y un padre denisovano.

En consecuencia, tendría sentido si los cromosomas sexuales masculinos de los neandertales fueran similares a los de los denisovanos. Pero cuando los científicos secuenciaron el ADN de tres neandertales, que vivieron hace 38.000 a 53.000 años, se sorprendieron al descubrir que sus cromosomas Y tenían más en común con los de los humanos actuales.

Los investigadores dicen que esto es evidencia de un “fuerte flujo de genes” entre los neandertales y los primeros humanos modernos: se cruzaban mucho.

Otra investigación ha demostrado que casi exactamente el mismo destino tuvieron las mitocondrias neandertales: la maquinaria celular que ayuda a convertir los azúcares en energía aprovechable.

Estos se transmiten exclusivamente de madres a hijos, por lo que cuando se encontraron las primeras mitocondrias humanas modernas en restos de neandertales en 2017, insinuó que nuestros antepasados también estaban teniendo relaciones sexuales con neandertales masculinos.

Enfermedades de transmisión sexual

Hace unos años, Ville Pimenoff estaba estudiando la infección de transmisión sexual por el virus del papiloma humano (VPH) cuando notó algo extraño.

Existe una clara división a nivel mundial entre dónde se encuentran ciertas variantes de este virus. En la mayor parte del planeta, lo más probable es que encuentre el tipo A, mientras que en el África subsahariana la mayoría de las personas están infectadas con los tipos B y C.

Curiosamente, el patrón coincide exactamente con la distribución del ADN neandertal en todo el mundo, pues las personas en África subsahariana no solo portan cepas inusuales del VPH, sino que tienen relativamente poco material genético neandertal.

Para averiguar qué estaba pasando, Pimenoff utilizó la diversidad genética entre el tipo A actual para determinar que surgió por primera vez hace 60.000-120.000 años aproximadamente. Esto lo hace mucho más anterior que los otros tipos de VPH-16 y, lo que es más importante, ocurre en la época en que los primeros humanos modernos emergieron de África y entraron en contacto con los neandertales.

Aunque es difícil de probar definitivamente, Pimenoff cree que inmediatamente comenzaron a intercambiar enfermedades de transmisión sexual, y que la división en las variantes del VPH-16 refleja el hecho de que adquirimos el tipo A de sus antecesores.

“Lo probé miles de veces usando técnicas computacionales, y el resultado siempre fue el mismo: que este es el escenario más plausible”, dice Pimenoff.

Curiosamente, Pimenoff también cree que la adquisición del tipo A de los neandertales explica por qué es tan canceroso en los seres humanos: debido a que lo encontramos por primera vez hace relativamente poco, nuestro sistema inmunológico aún no ha evolucionado para poder eliminar la infección.

Neandertal

Lambert/Ullstein Bild/Getty Images
Tanto hombres como mujeres neandertales se cruzaron con nuestra propia especie, según registros genéticos.

De hecho, el sexo con neandertales podría habernos dejado otros virus, incluido un antiguo pariente del VIH. Pero no hay necesidad de sentirse resentido con nuestros parientes, porque también hay evidencia de que les contagiamos ETS, incluido el herpes.

Los órganos sexuales

Aunque pueda parecer burdo preguntarse cómo eran los penes y las vaginas de los neandertales, los genitales de diferentes organismos han sido objeto de un vasto cuerpo de investigación científica.

Resulta que los órganos sexuales de un animal pueden revelar una cantidad sorprendente de información sobre su estilo de vida, estrategias de apareamiento e historia evolutiva, por lo que hacer preguntas sobre ellos es solo otra ruta para comprenderlos.

El reino animal contiene una variedad caleidoscópica de diseños. Estos incluyen el pulpo argonauta y su pene desmontable con forma de gusano, que puede nadar solo para aparearse con las hembras, o las vaginas triples de canguros, que hacen posible que las hembras estén embarazadas perpetuamente.

Una de las formas en las que los penes humanos son inusuales es que son lisos.

Nuestros parientes vivos más cercanos, los chimpancés comunes y los bonobos, con quienes compartimos alrededor del 99% de nuestro ADN, tienen “espinas del pene”.

Se cree que estas pequeñas púas, que están hechas de la misma sustancia que la piel y el cabello (queratina), evolucionaron para eliminar los espermatozoides de los machos competidores o para irritar ligeramente la vagina de la hembra y hacer que deje de tener relaciones sexuales por un tiempo.

En 2013, los científicos descubrieron que el código genético de las espinas del pene no existe en los genomas neandertal y denisovano, al igual que en los humanos modernos, lo que sugiere que desapareció de nuestros antepasados comunes hace al menos 800.000 años.

Esto es significativo, porque se cree que las espinas del pene son más útiles en especies promiscuas, donde pueden ayudar a los machos a competir con otros y maximizar las posibilidades de reproducción.

Esto ha llevado a la especulación de que, como nosotros, los neandertales y los denisovanos eran en su mayoría monógamos.

Evolución

Getty Images
Hace 100.000 años convivieron diferentes grupos de humanos.

Más promiscuos

Sin embargo, hay alguna evidencia que sugiere que los neandertales tenían más sexo que los humanos modernos.

Los estudios en fetos han demostrado que la presencia de andrógenos como la testosterona en el útero puede afectar la “proporción de los dígitos” de una persona en la edad adulta, una medida de cómo se comparan las longitudes de los dedos índice y anular, calculada dividiendo el primero por el segundo.

En un entorno con niveles altos de testosterona, las personas tienden a terminar con proporciones más bajas. Esto es así independientemente del sexo biológico.

Desde este descubrimiento, se han encontrado vínculos entre la proporción de dígitos y el atractivo facial, la orientación sexual, la asunción de riesgos, el rendimiento académico, cuán empáticas son las mujeres, cuán dominantes parecen los hombres e incluso el tamaño de sus testículos, aunque algunos estudios en esta área son controvertidos.

En 2010, un equipo de científicos también notó un patrón entre los parientes más cercanos de los humanos. Resulta que los chimpancés, gorilas y orangutanes, que generalmente son más promiscuos, tienen proporciones de dígitos más bajas en promedio, mientras que un humano moderno primitivo encontrado en una cueva israelí y los humanos actuales tenían proporciones más altas (0,935 y 0,957, respectivamente).

Los humanos son ampliamente monógamos, por lo que los investigadores sugirieron que podría haber un vínculo entre la proporción de dígitos de una especie y la estrategia sexual.

Si tienen razón, los neandertales, que tenían proporciones entre los dos grupos (0,928), eran un poco menos monógamos que los humanos modernos y actuales.

En familia

Una vez que una pareja de humanos neandertales-modernos-primitivos se encontraban, es posible que se establecieran cerca de donde vivía el hombre, y cada generación seguía el mismo patrón.

La evidencia genética de los neandertales sugiere que los hogares estaban compuestos por hombres, sus parejas e hijos. Las mujeres parecían abandonar el hogar familiar cuando encontraban pareja.

Otra idea de su unión para siempre proviene de un estudio de los genes que dejaron en los islandeses de la actualidad.

El año pasado, un análisis de los genomas de 27.566 de estos individuos reveló las edades en las que los neandertales tendían a tener hijos: mientras que las mujeres eran generalmente mayores que sus homólogas humanas modernas, los hombres generalmente eran padres jóvenes.

Garra de un águila.

STR/AFP/Getty Images
Hace cerca de 130.000 años, un neandertal en lo que hoy es Croacia cortó la garra de un águila posiblemente para hacer joyas.

Si la pareja del principio de este artículo hubiera tenido un un bebé, tal vez, como otros neandertales, la madre lo habría amamantado durante unos nueve meses y destetado por completo alrededor de los 14 meses, que es antes que los humanos en las sociedades modernas no industriales.

La curiosidad sobre estas interacciones antiguas está revelando nueva información sobre cómo vivían los neandertales en general y por qué desaparecieron.

Se cree que estas uniones han contribuido a una variedad de rasgos que los humanos modernos llevamos hoy, desde el tono de piel, el color del cabello y la altura hasta nuestros patrones de sueño, estado de ánimo y sistema inmunológico.

Aprender sobre ellos ya está llevando a posibles tratamientos para enfermedades modernas, como los medicamentos que se dirigen a un gen neandertal que se cree que contribuye a los casos graves de covid-19 .

Ahora se cree que la extinción de los neandertales hace aproximadamente 40.000 años puede haber sido impulsada en parte por nuestra atracción mutua, así como por factores como el cambio climático repentino y la endogamia.

Una teoría emergente es que las enfermedades transmitidas por las dos subespecies, como el VPH y el herpes, inicialmente formaron una barrera invisible, que impedía expandir su territorio y potencialmente entrar en contacto.

En las pocas áreas en las que se superpusieron, se cruzaron y los primeros humanos modernos adquirieron genes de inmunidad útiles que de repente hicieron posible aventurarse más lejos.

Pero los neandertales no tuvieron tanta suerte: el modelo sugiere que si tuvieran una mayor carga de enfermedades, es posible que hayan permanecido vulnerables a estas nuevas cepas exóticas durante más tiempo, independientemente del mestizaje, y esto significa que estaban estancados.

Finalmente, los antepasados de los humanos actuales llegaron a sus territorios y los aniquilaron.

Otra idea es que absorbimos gradualmente su población relativamente pequeña en la de los primeros humanos modernos. Después de todo, ya habían adoptado en gran medida nuestros cromosomas Y así como las mitocondrias, y al menos el 20% de su ADN todavía existe en personas vivas en la actualidad.

Quizás la pareja que se unió en la Rumania prehistórica sobreviva en alguien que lee este artículo.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en BBC Future.


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